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lunes, 18 de julio de 2011

El estigma del impuesto progresivo

"Hay un sistema feudal que se está estableciendo a través del impuesto progresivo y que perjudica una dimensión muy importante de la sociedad abierta; esto es la movilidad social.

Si planteamos la sociedad como una pirámide: en un sistema abierto quien esté en el vértice y no sirva, debiera bajar con la velocidad necesaria y quien esté en la base y sirva, debiera subir con la velocidad necesaria.

En países donde hay fuertes impuestos progresivos y vemos que hay alguna movilidad social, es porque están evadiendo o se ganaron la lotería, pero dentro del sistema es imposíble progresar.

El impuesto progresivo en algunos países es un verdadero privilegio para los más ricos porque están eliminando a los que vienen de abajo. Se establece un verdadero sistema feudal donde el que nace rico muere rico y el que nace pobre muere pobre, independiente de sus eficiencias"

jueves, 12 de mayo de 2011

El "oro tinto" chileno

No solamente del cobre vive Chile, una industria de exportación mucho más sofisticada y actualmente en plena expansión es sin duda la del vino. Si años atrás los productores masivos de esta bebida típica de la dieta mediterránea alcanzaban prestigio poniendo la cata de sus productos en las grandes subastadoras en Nueva York, Londres o Berlín, hoy en día morirían por ingresar al mercado chino y a las grandes subastas de Hong Kong.

Hoy por hoy, no son ni Estados Unidos ni Europa los principales mercados a los que están apuntando las firmas vitivinícolas, lo es en cambio uno menos tradicional dentro de este negocio y cultura culinaria: Asia. El enfrenable crecimiento económico de países como China, la India, Corea y Taiwán, como así mismo del golpeado Japón está cambiando el rostro y configuración del mercado del vino, como también de otros productos occidentales que sólo se consumían en países del hemisferio... no es un dato menor considerar las altas tasas de crecimiento de estos países; en China por ejemplo, donde la economía crece en un promedio de 9% anual, son de a miles los "nuevos ricos" que surgen a diario e indudablemente esta gente ha ingresado a un quintil de la población en que los gustos y estilo de vida son más distinguidos y primorosos, el clima propicio donde el buen vino encuentra sus espacios. Si sumamos a esto la incalculable cantidad de hoteles y restaurantes de lujo que se construyen cada hora en China, las posibilidades del vino como producto de exportación de primer orden, aumentan considerablemente.

Otra economía a la que no debiéramos quitar los ojos de encima, es Taiwán, otrora un país pobre, pero hoy en día la economía que más crece en el mundo: un 18% de promedio anual. Son además el segundo productor mundial de artículos tecnológicos, pero en cuanto a recursos primarios, energía, industria básica y productos de consumo, son altamente dependientes, un país con el cual todo el mundo quisiera comerciar.

Sin duda, son incalculables las posibilidades que ofrecen los mercados asiáticos para pujantes economías como la nuestra y creo que Chile, desde los años '90 a la fecha ha sido eficiente en colgarse del actual boom económico de estos países, aunque muy probablemente no esté aprovechando las ventajas comparativas sobre sus competidores más directos. Respecto del cobre está todo dicho: China y los países del sudeste asiático son nuestros principales compradores, pero en la industria alimenticia es evidente que Perú va algunos pasos adelante: el vino peruano, por ejemplo, no goza de gran fama en los mercados tradicionales, pero está igual de posicionado que el nuestro en las grandes subastas de Shangai y Hong Kong, a la par del Pisco.

Actualmente los países latinoamericanos junto con diversificar sus mercados (para no ser dependientes y sobrevivir a potenciales periodos de crisis de sus compradores) están produciendo un sesgo hacia Asia; Venezuela y Perú son dos economías que ven en el continente amarillo, una mayor proyección futura para sus productos, mientras otras naciones se quedaron estancadas en los intercambios tradicionales con EE.UU., Europa y el subcontinente o en el mercado internismo en los casos puntuales de Argentina y Brasil. Es una ventaja enorme que nuestro "oro tinto", más que competir, se cotice bastante bien en países que tienen gran conocimiento sobre este elixir y que desde luego figuran como principales productores: España, Italia, Francia, EE.UU., Brasil, etc.

Sería factible, por lo tanto, esperar que el gran prestigio internacional del cual goza nuestro vino, explose en un boom de dimensiones inimaginables, acorde al nuevo estilo de vida al que están accediendo varios millones de personas en China y el resto de Asia, lo que también devendría en un cambio de patrones culturales, de tal forma que dentro de unos años el vino no sólo estará al alcance de los bolsillos más pudientes en estos países, sería esperable que toda la producción nacional - incluyendo al vino de "no almacenaje" - sea demandado por un mercado que crece sin tope visible. Indudablemente esto forjaría en el país otro microclima cultural y económico, respecto del cual cada chileno - desde el inversionista al agrónomo, pasando por el comerciante y los entendidos de marketing - querrá formar parte para obtener su propia tajada. Mientras tanto las enotecas en China y otros países de la región, continúan acumulando millones de botellas que pasados los años serán vendidas a precios mucho más altos, porque el buen vino "no se pica", el buen vino se revaloriza con el tiempo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Venta de medicamentos en supermercados: ¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

En la última semana, mucho revuelo ha causado en la opinión pública nacional la promulgación de un polémico proyecto de ley que permitiría vender ciertos fármacos a supermercados y pequeños almacenes, con el claro fin de aumentar la competencia y bajar los precios. Inmediato manifestaron su descontento con esta política los dueños de pequeñas farmacias mediante su organismo representativo: la UNFACH.
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Por donde se mire, una disposición absolutamente neo-liberal y que apuntala claramente a lo que debiera ser una prioridad fundamental en todo gobierno: abaratar el costo de la vida a los enfermos. Sabemos de sobra que no es ningún cliché el que salud, educación y condiciones dignas de vida para todos los ciudadanos de un país son las bases incuestionables hacia el progreso y de ahí en adelante cada cual está en condiciones de pisar sobre sus propios pies y construír su destino, sin embargo en este sentido a lo largo de los años Chile ha demostrado ser otra plaza tercermundista, consolidando por un lado políticas públicas que valen oro (como Plan Auge, Sonrisa de Mujer o planes para población en riesgo, adultos mayores, etcétera) y haciendo aguas por otro. La incorregible distancia entre la salud pública y la privada, sigue siendo la gran deuda a saldar y si a esto sumamos los altos costos de los medicamentos que merman buena parte del ingreso de las familias más pobres, como así mismo la ineficiencia de los intermediarios para discriminar entre quienes tienen derecho de ser subsidiados y quienes no, la situación se torna más gris todavía.
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Lo cierto es que por ecuación simple, cuando se incentifica la competencia, tienden a disminuir los precios SIEMPRE. Por lo tanto debieramos tener también en mente esta realidad como solución a los problemas sociales de todo orden, por mucho que los abanderados del socialismo (o de la economía social) estén en contra de las bondades del libre mercado. En materia de salud esta apertura, es igual de plausible que la iniciativa en curso de hace unos cinco o seis años de permitir la entrada a médicos y dentistas de otros países como son Ecuador, Colombia e inclúso Cuba, que justificando su título pueden ejercer con total libertad en el país, y que por preferencias del mercado han quedado proscritos del nivel de ingresos de los profesionales nacionales, quienes una vez egresados naturalmente prefieren llenarse los bolsillos en hospitales y clínicas privadas de cierto prestigio, dejando en el olvido la vocación de servicio público que ya muchos daban por desaparecida, esta la vinieron a suplir en parte los profesionales extrajeros, atendiendo en policlínicos y distintos centros desplegados en la urbe a aquella población "menos acomodada" económicamente (los más), pero que no por ello debiera quedar relegada de un derecho humano tan prioritario como es la salud.
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Reconozco que lo anterior constituye una típica defensa liberal a este tipo de leyes, de las cuales sin embargo no pretendo hacerme ningún "eco omiso". Ciertamente aquí gana el consumidor, pero a ¿costo de quién?, obviamente no a costa de las grandes cadenas farmacéuticas como Cruz Verde, Ahumada o Salcobrand, puesto que el pez gordo nunca muere y estas - aliadas hace rato de los grandes supermercados - conocen el negocio mejor que nadie, habiéndose auxiliado en algunos casos de información privilegiada o prácticas poco ortodoxas (es de público conocimiento) y es indudable que continuarán manteniendo sus plazas superiores, con todo lo que eso conlleva: prestigio, noción de excelencia y una pretención común, aunque muchas veces errada en los consumidores de que comprarles equivale a "economizar". Aquí seamos tajantes, se terminó de rematar a todas las "boticas" y hago uso de este nombre tan antiguo para diferenciarlas de las grandes cadenas de la actualidad.
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La farmacia de la esquina, las de barrio, la pequeña PYME familiar que duró tantos años haciendo una competencia digna, esa ya no estará en condiciones de competir con las grandes cadenas (con las que hasta ahora pudieron convivir, gracias a que estas inflaron siempre los precios, optimizando al máximo las ganancias) y los supermercados que comprando al por mayor obtendrán los medicamentos a precios muy inferiores, al punto de que el precio final de venta podría acercarse y ser inclúso menor al costo que pagan las pequeñas farmacias a sus distribuidores.
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El lado poco amable del cuento, el "quitarle nicho" a los pequeños comerciantes es algo que se apronta a ocurrir en una escala tal vez impensada. ¿Qué opciones les quedan a esas pequeñas "boticas" para sobrevivir?, primero que el Gobierno se apiade de ellas y no por beneficiar al consumidor, termine perjudicando en todas las áreas al pequeño emprendedor (es el resguardo de ellos lo que distancia al liberalismo clásico que defiendo de aquel neo-liberalismo depredador que unánimemente debiéramos repudiar) y segundo cambiar de rubros, no radicalmente desde luego, pues no se trata de poner una zapatería donde ántes se vendía Paracetamol o Amoxicilina, lo que además conllevaría la tediosa labor de cambiar de patentes, sino más bien seguir dando batalla pero desde los genéricos o la medicina naturista. Mientras las "empresas abarca-todo" no hayan puesto sus ojos en este nicho de mercado más alternativo, existe ahí una pequeña posibilidad de sobrevivir (no sabemos por cuanto tiempo) a los males del capitalismo moderno.
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jueves, 4 de diciembre de 2008

El mercado es anterior al Estado

Es común tildar de capitalistas a quienes exaltan las virtudes del mercado. Pues bien, yo digo que quien esté en contra del mismo, o es un ignorante o desconoce una de las principales leyes en que se fundan las relaciones humanas y que históricamente ha forzado la convivencia de distintos pueblos, llamados en principio a ser enemigos. Con esto último afirmo que el mercado es en esencia pacífico y del Estado, lamentablemente, no siempre podemos decir lo mismo.

El título de este post no es un mero cliché, es sólo una afrimación en base a lo que ha sido la historia del hombre. El mercado es anterior al Estado, por que las naciones son anteriores al Estado también y naciones completas sin Estado definido, fueron comerciantes en la antiguedad. Así mismo el mercado llama a la oportunidad, a la astucia e inteligencia del comerciante, no es por ende una cuestión social como lo es el Estado, es mucho más individualista y el Estado en principio fue sólo la organización de la nación destinada a velar por la integridad de los individuos y su titularidad sobre las propiedades obtenidas (propiedad privada), castigando a quienes se hicieran de ellos ilegítimamente.

El Estado es por ende regulador y coercitivo, tanto poder ha permitido que su función primaria ya mencionada se desvirtuara y que en la actualidad se tome más atribuciones de las correspondientes, es así como hoy el Estado se impone como Estado subsidiario, distributivo y Estado regulador del mercado y la riqueza (todos lo son). El Estado, se podría decir que es el justiciero arbitrario, un Robin Hood trasnochado. El mercado en cambio premia las buenas decisiones y se constituye en castigo a las malas. Libre de ataduras el mercado es un medio perfecto para la gente arriesgada, sacrificada y trabajadora. El Estado en cambio alimenta un parasitismo peligroso, en el que unos cuantos ganan en base a la merma de las ganancias legítimas de muchos.

Entre los pueblos de la antiguedad, se puede observar a simple vista que aquellos aparentemente más sofisticados desarrollaron formas estatales que no tardarían en volverse absolutistas, imponiendo una moral peligrosa, jerarquías raciales y sociales como las de los arios en la India o sus homólogos en el Imperio Romano (Patricios vs Plebeyos) y Grecia (los ciudadanos de la polis griega vs los de las ciudades aliadas o conquistadas). Los francos en la Galia hicieron exactamente igual sobre una mayoría romano-gálica y los efectos tardíos de aquella segregación terminarían con la sublevación del tercer Estado en el siglo XVIII sobre la aristocracia, el clero y la monarquía, dando inicio a la ilustración, un mítico episodio revolucionario y la toma de fuerza de los preceptos liberales de igualdad y fraternidad en todo el mundo, así como también un freno al expansionismo totalitario del Estado, aquel Robin Hood, cada vez más semejante a Nerón, emperador de Roma.
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Petra, una de las rutas de comercio más antiguas del mundo. Unía el mercado mediterráneo con las rutas de la India. Se ubica en la actual Jordania.

Sin embargo otros pueblos llamados "errantes" se fundaron en el comercio y algunos de ellos se constituyeron en poderosas factorías, que más tarde bajo una forma estatal terminarían desapareciendo. Nada más claro que el caso de los fenicios y sus herederos, los cartagineses. Fueron los fenicios de origen cananeo (emparentados con árabes y hebreos), uno de los primeros pueblos en gestar una identidad nacional en los márgenes del mercado mediterráneo y no en el Estado y su innata belicosidad como hizo la mayoría de los pueblos vecinos.

Los fenicios fundaron colonias en España, sur de Italia, sur de Francia, África, costas de la actual Inglaterra y hasta en los bordes costeros del sur de Gales y Suecia. Comerciaron con todo el mundo conocido y más allá. Se dice inclúso que habrían sido los verdaderos descubridores de América y si en principio su raza era la cananea, con la apertura al mercado y el contacto con decenas de pueblos distintos (además del comercio de exclavos hacia oriente y occidente), terminaron por ser una de las primeras sociedades cosmopolitas, inclúso anteriores a Roma. No obstante, la riqueza de sus tierras y de su gente (aventajados mercaderes), terminó atrayendo a aquellos pueblos mediterráneos de Estados más fuertes, que como el Imperio Persa, Egipcio, Griego y Romano los absorvieron lentamente.

Otros pueblos de consitución similar a la fenicia, aparte de los cartagineses, fueron los pueblos del mar o pelásgicos que se establecieron a orillas del mar negro y las costas mediterráneas turcas, para luego crear algunas colonias que quedarían registradas en la historia al menos nominalmente, como es el caso de los filisteos o filistinos, probables ancestros de los actuales palestinos. Así como ellos, también los hebreos son un "pueblo errante", perseguidos en algunos casos y comerciantes en otros tantos, se dispersaron tempranamente en el Imperio Persa, luego en las tierras romanizadas y de ahí a tierras más abandonadas por la occidentalización, como es el sur de la India. A partir del comercio romano en Egipto, muchos mercaderes hebreos fueron los que viajaron a la India (a traves del mar rojo) formando colonias hasta el día de hoy persistentes. La tradición judaica subsiste al paso de los siglos y eso permitió que no se perdieran sus vestigios.

Así mismo los judíos asquenazis colonizaron hace siglos el corazón de Europa (Europa Central), fueron tratados de marranos en España, como ciudadanos de segunda clase en Italia (italquims) o en la actual Rusia. Todo en base a prejucios e ignorancia del europeo tipo, intolerante con las tradiciones y con el hecho de que este ha sido desde siempre uno de los pueblos más prósperos, comerciantes y exitosos capitalistas que alimentaron la insana envidia de sus coterráneos y que más allá del prejuicio y del racismo, desde siempre constituyó un aporte al progreso europeo, a su música, las letras, la ciencia, la política, la filosofía, la física, etcétera. Spinoza, Disraeli, Einstein, Marx, Lenin, Chaplin, Kafka, son sólo algunos nombres en que se reconoce un legado y hasta un cambio de rumbo en la historia de la humanidad.
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Gran mercado pesquero de Catania, Sicilia.

Así como judíos, fenicios y pueblos del mar, fueron los errantes de la antiguedad. Ergo aquellos pueblos sin estructura estatal o estructura estatal derroída, en el caso del antiguo reino de Israel. En la actualidad siguen existiendo otras naciones, desprovistas de un Estado que vele por sus intereses nacionales, pero jamás ha existido una sola nación o individuo fuera del mercado, pues este es el medio en que interactúan los seres humanos desde temprana edad y sin el cual no podrían subsistir.
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El mercado es una esfera individual y a la vez colectiva, no como el Estado que es absolutamente colectivo y dominado por unos pocos. Quizás no todos esten conscientes de lo siguiente, pero: "Todo es mercado", absolutamente todo se tranza, desde un favor pagado con otro favor no oneroso, a una relación afectuosa en que cada uno de los amantes (mujeres y hombres) se ofertan en el mercado amoroso como "buenos partidos" - chicas lindas o inteligentes, tipos feos pero con plata, mujeres de edad avanzada que te puedan mantener en el caso de ser un parásito, etcétera. En el mercado del amor como en cualquier otro mercado, es el plus de una virtud lo que vende y capta la atención de quien a la vez actúa como ofertante y comprador.
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Ayn Rand lo diría mejor: "El capitalismo convierte a los hombres en comerciantes que se relacionan voluntariamente". Sin embargo el capitalismo del que nos habló Rand es sólo la aceptación de la existencia del mercado. El mercado es anterior al Estado, porque desde siempre han existido pueblos e individuos libres y desprovistos de Estado, en cambio jamás un sólo ser humano ajeno al mercado, salvo que fuera un ermitaño.
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Es pertinente al actual nivel de globalización que vive el mundo, replantearnos este tema. Podríamos ser el día de mañana nosotros mismos quienes estemos lejos de nuestro Estado, pero estaremos completamente seguros de sobrevivir, teniendo en mente que somos individuos independientes que necesitamos establecer relaciones con nuestros pares y tranzar prestaciones de acuerdo y beneficio mutuo. Para esto no se necesitó ni se necesitará nunca del Estado, pues el Estado es dueño de otra naturaleza, a veces muy distinta a la libertad del individuo, no así el mercado que es el mejor escenario en el que este puede desenvolverse, libre de falsos patriotismos, lejos del "deber social", sólo guiado por un legítimo interés personal o en último caso de la familia.
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Durante siglos fue el mar el medio más habitual que permitió transacciones comerciales entre los distintos Estados, fomentando entre ellos una competencia muchas veces insana por hacerse con el dominio de los mismos. Así son interesantes las historias de rivalidad entre Venecia y Génova por el control del mediterráneo en el medioveo o los reinos de España y Gran Bretaña por el predominio del comercio atlántico en la época moderna.
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El mercado es libre y accesible a todo el mundo, no hace diferencias de raza, estatus social, ni establece jerarquías de poder, ni promueve la distribución de la riqueza. En la transacción se entiende que todos ganan, en los buenos negocios se triunfa y en los malos se corre el peligro de quebrar. El Estado en cambio promueve la mantención de un status quo de estratificación social o étnica, una estructura cohibitiva de la libertad y de los naturales procesos sociales. Se empina como garante de la nacionalidad, cosa que no debe ser. Por regla aplica la fuerza para mantener el orden interno y acallar las voces disidentes y no así la seguridad e integridad de la nación como era su función vital.
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El Estado sigue siendo la herramienta de los poderosos para mantenerse en la cúpula de las sociedades y dirgir el teatro político y económico. Pero sabemos algo ya y es que al márgen de la política, la economía y el mercado son competencia de todos y cada uno de los individuos sin excepción. Es por tanto darle demasiada atribución al Estado permitir que se haga con esa mano, sean cuales sean sus intereses, pues como dijo alguien por ahí: el "altruismo no existe" y tras cada noble iniciativa, corre el interés de ciudadanos deshonestos.
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Si apelamos a la libertad, el mercado que nos representa ha de ser tambien libre, igual de libre que cada uno de nosotros.
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