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jueves, 25 de agosto de 2011

Romanticismo reaccionario

Ciertamente ningún país puede concebir el progreso sin haber fomentado antes una real base de igualdad (igualdad de oportunidades) a la nación o ciudadanía sobre la que gobierna. La seguridad social o el Estado Benefactor son aquí instrumentos prioritarios para lograr la real integración de los desprotegidos, debiendo ser necesariamente fuertes en países subdesarrollados o en vías de desarrollo donde queda por concebirse un capitalismo social y bastante más débil en el pequeño tercio de países ricos e industrializados donde el bienestar o socorro económico/social recae exclusivamente en una minoría que puede estar representada en las últimas generaciones de emigrantes, en las capas más desposeídas del proletariado industrial o en quienes desprovistos de plaza requieran para sobrevivir de un bono de cesantía.

Chile es a todas luces un caso curioso, pues siendo un país en vías de desarrollo, el Estado como ente benefactor es más bien débil y las franquicias públicas a la que todo ciudadano aporta como contribuyente mediante los impuestos, se traducen en servicios pobres y deficientes (todo lo público es de mala calidad: salud, vivienda, educación, etcétera) a esto debemos incluir también los bonos periódicos que se asimilan mejor a un criterio de caridad. Ocasionalmente Chile se piensa así mismo como un país desarrollado, aunque cabe destacar que todavía no rompe del todo con el yugo del feudalismo. Hay quienes adjudican al modelo neoliberal el mal reparto del pastel económico chileno, cuando en verdad esto viene de mucho más atrás.

Del vigente modelo se abrazó con aprensión culposa tanto la derecha liberal (recordemos que los conservadores de antaño eran tremendamente pro estatistas) como la Concertación que gobernó durante dos décadas con él, condenándolo en ocasiones para obtener divisas políticas y continuar apernados en el poder, más sin duda es el modelo que la clase política fagocitó y que hasta nosotros mismos -ciudadanos- fagocitamos sin grandes cuestionamientos. Forjó la cultura de los malls, del retail, de las tarjetas comerciales, de los leasing y los créditos universitarios a destajo que hoy comprometen a familias de escasos recursos a pagar con creces el valor de costosas carreras universitarias en instituciones privadas, planificadas en un principio como prestadoras de un bien de consumo, suplementario al de las universidades tradicionales.

El gran paradigma mercantilista de los noventa: "universidad para todos" acalló en una rarifica mixtura entre lo público y lo privado, al punto de volverse insostenible. De tal manera que ¡no es ético! que el Estado financie créditos en universidades privadas, debiera en cambio procurar gratuidad en las instituciones tradicionales, premiando de paso a los mejores estudiantes secundarios, pero no a cuota de mercado: el cuoteo debe ir de la mano con la cantidad de profesionales que se requieran por cada sector productivo en el país y en tanto el Estado debiera además poner tope a la cantidad de carreras (como así mismo a la cantidad de universidades, muchas de las cuales han aflorado de la nada) que una universidad privada pone en circulación cada año, incluido un cuoteo en las matrículas. Lo que ha logrado este odioso paradigma de "universidad para todos" es endeudar a más no poder a miles de familias desprotegidas y forjar la inaudita realidad de que en Chile sobran profesionales y faltan técnicos.

Defensores o detractores, lo importante es tener claras las cualidades del modelo que convirtió a Chile en epicentro mismo de la globalización económica, material y psicológica, mutiló a la vez nuestro costumbrismo ruralista y nos abrió a una serie de posibilidades de las que no gozaron ni nuestros abuelos ni nuestros padres, pero que continúan y continuarán chocando con nuestras estructuras de pensamiento tradicional. Evidentemente la modernización, la globalización y la apertura radical de los mercados se adaptan mejor a la realidad de un país fundacionalmente rico e igualitario, pero esta dista de ser por mucho la realidad de Chile, segmentado fuertemente entre el grueso de la ciudadanía y sus élites. No es de extrañar entonces que cerca de un 10% de los nacionales, vivan en un verdadero espejismo: concibiendo un Chile desarrollado, o que apenas un 20% crea férreamente en las posibilidades de emprendimiento y el 70% restante (sumido en un mayor pesimismo) conozca de cerca sus injusticias e inequidades.

Apuntaba al inicio de este post, que Chile no derruyó del todo las bases de un feudalismo histórico, basado en el criterio de dominación del colono sobre el criollo, es la razón que nos ha impedido hasta ahora concebir el tan vital capitalismo social que no es el equivalente exacto ni debe justificar entusiasmos por un capitalismo de Estado (la viciada matriz Estado-céntrica o dirigismo económico). La deuda parte de nuestras antiguas élites que jamás estuvieron dispuestas a renunciar a parte de sus regalías en pro de la consolidación de una nación igualitaria de pequeños comerciantes: la pequeña burguesía independiente.

El señor feudal de otros tiempos, conocido en este lado del mundo como "patrón de fundo" sigue siendo dueño absoluto del gran capital, pasando en los últimos decenios del Siglo XX, de ser del dueño del latifundio al poseedor de los consorcios que monopolizan todo el comercio y el sector financiero. El peón actual, no es más que el trabajador común (sin gran capacidad de ahorro) ligado de por vida a aquel séquito de familias burguesas -o más bien aristócratas- por medio de la deuda con sus casas comerciales, instituciones financieras, grandes cadenas de supermercados y universidades privadas, dado que el paradigma mercantilista de estos tiempos es: "universidad para todos".

Me conmueve cuan sabio fue el antiguo pensamiento liberal que previó hace más de dos siglos toda esta suerte de nueva esclavitud: la esclavitud a la banca, la nueva opresión de los burgueses al proletariado, con base en el culto y preeminencia de lo material sobre el espíritu, condena evidente en el pensamiento práctico y sensibilidad protestante de los ideólogos norteamericanos Thomas Jefferson y Abraham Lincoln o en el gnosticismo de los trascendentalistas, entre quienes Ralph W. Emerson y Henry David Thoreau llevaron la batuta.

En nuestra actual situación, no sé si la solución pase por promover un nuevo contrato social, que presione la libertad de elección de las clases acomodadas y directamente de los ricos o de las grandes empresas (dispuestas como siempre a ofrecer simplemente caridad o limosnas), hipotecándolas a la misión de constituir un país más equitativo y justo. No siento que la solución pase por promulgar una nueva constitución política, ni siquiera le tengo fe a los cambios "radicales" en la subvención y reforma educativa, que seguro en menos de diez años volverán a evidenciar toda gama de vicios. Pienso que ninguna solución propuesta (tanto desde la vereda del Gobierno como del evidente populismo en los grupos de presión) aportará gran cosa a lo que debiera paliarse con una revolución más inmediata: de las consciencias y del espíritu.

Tanta modernidad forzada, tanto slogan mercantilista, tanta irrealidad dialéctica nos está ahogando, el hecho vivir en un país con realidades difusas, con doble discurso y hasta con doble estirpe nos ha hecho perder a todos el norte, ignorar nuestra verdadera identidad y hasta nuestras verdaderas necesidades (quien no tiene que comer no necesita de una universidad gratuita, necesita un buen trabajo!)... vivir en un Chile que ejerce por todos los medios la propaganda del desarrollo y de la fastuosidad, cuando lo único concreto es que cuatro millones de nuestros coterráneos -1/4 de la población total, que espera todo del Estado- continúan viviendo en las peores condiciones de pobreza y marginación.

En este sentido, la gratuidad o no gratuidad de la educación superior no es para nada el problema de fondo, sino apenas el pequeño matiz de una realidad país mucho más agobiante e insostenible. Es natural que la abismante desigualdad genere frustración colectiva y esta se convierta en sustento del nuevo romanticismo reaccionario que nos tiene a todos sumidos (ciudadano y gobernantes) en profunda letanía, en un total desconcierto.

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lunes, 18 de julio de 2011

El estigma del impuesto progresivo

"Hay un sistema feudal que se está estableciendo a través del impuesto progresivo y que perjudica una dimensión muy importante de la sociedad abierta; esto es la movilidad social.

Si planteamos la sociedad como una pirámide: en un sistema abierto quien esté en el vértice y no sirva, debiera bajar con la velocidad necesaria y quien esté en la base y sirva, debiera subir con la velocidad necesaria.

En países donde hay fuertes impuestos progresivos y vemos que hay alguna movilidad social, es porque están evadiendo o se ganaron la lotería, pero dentro del sistema es imposíble progresar.

El impuesto progresivo en algunos países es un verdadero privilegio para los más ricos porque están eliminando a los que vienen de abajo. Se establece un verdadero sistema feudal donde el que nace rico muere rico y el que nace pobre muere pobre, independiente de sus eficiencias"

jueves, 31 de marzo de 2011

"El rol óptimo del gobierno en una sociedad que busca el crecimiento económico, no es el de productor ni actor en la economía. Si la economía la vemos como un juego de fútbol entre productores y consumidores, el rol del Estado es el del árbitro (el regulador). En un juego de fútbol que se aprecia como tal, el árbitro, solo declara las faltas, no patea goles"

"La historia nos enseña que la libertad y la riqueza no se logran por la generosidad de los poderosos sino por el esfuerzo sostenido y certero de cada país. El detallar la causa del fracaso propio en fuerzas externas es una reacción patológica más que una racionalidad económica. La pobreza produce sentimientos de inferioridad que causan rencor e inseguridad y disparan conductas innatas en busca del agraviador, del ente causante del mal".

"En cualquier interacción comercial, mientras más rico es el cliente, más rico el comerciante. No es posible en forma sostenida crear riquezas basado en la pobreza de otras naciones. Por ello, cualquier complot ultra-racional para enriquecer a un grupo de individuos o naciones, sólo podrá tener éxito si fomenta la riqueza de los supuestamente explotados".

"La INCAPACIDAD DE LOS POLÍTICOS encargados en diseñar y ejecutar planes y medidas económicas ciertamente es la causa principal de los exagerados índices de pobreza de las naciones en desarrollo. La búsqueda de responsables fuera del ámbito nacional sólo busca esconder este hecho. La irracionalidad económica de muchos políticos y de una parte importante de la población de los países en desarrollo, evidencia la falta de educación sobre asuntos económicos y por tanto la carencia de nociones básicas en economía. El ignorar conceptos básicos como la relación inseparable entre la riqueza, el trabajo y el ahorro; o el aceptar promesas populistas irracionales, como por ejemplo expandir el gasto publico reduciendo los impuestos, sólo llevará a retrasar el crecimiento industrial. La falta de educación económica, tanto en la población como en las elites responsables del manejo de la economía de un país, constituye una causa más de la pobreza".

"Cuando las cosas van mal, es muy confortable asignarle la culpa a hombres malos o a fuerzas malignas fuera de nuestro control. Hacer esto implica que el mundo es un lugar bueno y apacible y que si no fuera por algunos sujetos repugnantes y egoístas, todos seríamos felices. El populismo, el facilismo, la ignorancia, el subdesarrollo y el rencor son elementos que favorecen una visión económica en la que los pobres son víctima de la avaricia desmedida de los ricos. Esta actitud, aunque pudiera tener elementos de verdad, no es constructiva. La libertad y el bienestar pleno es una conquista de cada quien y no un regalo de los poderosos. Es sólo con nuestra acción que lograremos enrumbarnos en una ruta de progreso.

Remitámonos a las sabias palabras de los orientales:

“El hombre superior busca en si mismo todo lo que quiere; el hombre inferior lo busca en los demás” Confucio (551-479 AD)


KLAUS JAFFE
"La Riqueza de las Naciones: Una Visión Interdisciplinaria"

domingo, 20 de marzo de 2011

¿Existe una ciencia para hacerse rico?

Hace unos cuantos días llegó a mi poder la interesante obra del norteamericano Wallace Wattles, "La Ciencia de Hacerse Rico" (1910), la cual, a diferencia de lo que muchos podrían pensar no es un libro de tips: en ella no se condensan datos de creación de riqueza forjados en el ahorro, la inversión, el buen desempeño en el negocio bursátil ni nada por el estílo. Expone en cambio que el hacerse rico es una disposición personal, un reto mental, que significa pensar y actuar de "UN CIERTO MODO", alineados con la naturaleza del universo (que es expansiva), y en tanto el hacerse rico corresponde a una especie de deber y este deber, este actuar de "UN CIERTO MODO" va ligado a una esencia creativa, no así competitita: el mentalizarnos en nuestros objetivos y trabajar en pro de ellos, sin sacrificar a nadie más que a nosotros mismos con tal de alcanzarlos.
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"Cuando realmente anhelas una cosa, todo el universo conspira para que la obtengas" sostenía Coelho en su bestseller "El Alquimista" (1988), y el optimismo liberal de autores como Wattles no es más que la prima expresión de esta forma de pensamiento, una comprensión de la vida y del Universo como fuentes inagotables de recursos. En Wattles, un emprendedor de los Estados Unidos del Siglo XIX, se comprende y entrevé la gran influencia de autores como el economista Adam Smith y del metafísico liberal, padre del trascendentalismo: Ralph Waldo Emerson. Según Wattles la gran "Mente creadora" del Universo (Dios) quiere vivir y hacer el milagro de la multiplicación a través de nosotros, que el hombre se convierta en brazo ejecutor de su eterna obra de creación: Ideas que sin duda conmueven por su tremendo optimismo y belleza, y que por otra parte he querido contrastar en el cuadro de abajo con las características de otro de los autores que más me inspiran, la rusa-americana: Ayn Rand.
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Como en otros muchos grandes autores de los siglos XIX y XX, en Wallace y Rand la ontología liberal se respira en toda plenitud a lo largo de su vida y obra. Es sin duda "la mano invisible" de Smith la teoría desde la cual implosionan sus reflexiones, en el caso de Wallace con un enfoque igual de optimista que su mentor y como una dura crítica existencial en el caso de Rand. En "La Ciencia de Hacerse Rico", además de mencionar y diferenciar los conceptos smithianos de "valor de uso" y "valor de cambio", Wattles nos exhorta a lo siguiente: "Si quiere ayudar a las personas, hágalo haciéndose rico y póngase usted mismo como ejemplo de superación", mensaje símil al de M. Gandhi: "Quien quiera cambiar al mundo, que se cambie primero así mismo". Desde luego en Wattles los sentimientos altruistas están presentes, debido a su formación cristiana, al hecho de militar en el socialismo y por haber conocido muy de cerca la pobreza.

Ayn Rand en cambio, posee una biografía muy distinta: nacida en la Rusia de los zares, en el seno de una familia de prósperos comerciantes judíos, vió como tras la revolución bolchevique sus padres lo perdieron todo, siendo obligados a emigrar a los EEUU. Este fue el punto de inflexión de sus ideas contra el altruismo (al cual consideraba la más parasitaria de todas las mentiras) y su visión crítica respecto de la "mano invisible" o "teoría del chorreo" de Smith, siendo la primera autora en considerar que dichas externalidades, sólo resultan negativas para el creador de riquezas o arquitecto de las grandes ideas, pues tal como expuso en su potente obra "The Fountainhead" (1943): "El interés del hombre creador es conquistar la naturaleza y el interés del parásito es conquistar a los hombres".

Para finalizar, me encantaría responder de manera afirmativa a la pregunta de este post y sostener como Wattles la infalibilidad de su (supuesta) ciencia para generar riqueza, aunque no me quede tan claro el alcance que puedan tener estas ideas en realidades como la nuestra, donde las desigualdades sociales son alarmantes y hasta la libertad de soñar parece haber quedado restringida a una estática minoría. De todas formas, soy tremendamente liberal y creo en el poder que carga cada uno de nosotros para hacer del mundo lo que que deseemos, más allá de toda traba o limitación. Wattles también exhorta a olvidarnos de que a los gobiernos prexistentes conviene "mantener a la masa en la pobreza" o de que los grandes sistemas industriales continúan dictando la norma del mercado. "Una MENTE QUE AVANZA y tiene FE en que podrá generar riqueza, no se mantendrá mucho tiempo en la pobreza", apunta con toda convicción el americano.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Venta de medicamentos en supermercados: ¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

En la última semana, mucho revuelo ha causado en la opinión pública nacional la promulgación de un polémico proyecto de ley que permitiría vender ciertos fármacos a supermercados y pequeños almacenes, con el claro fin de aumentar la competencia y bajar los precios. Inmediato manifestaron su descontento con esta política los dueños de pequeñas farmacias mediante su organismo representativo: la UNFACH.
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Por donde se mire, una disposición absolutamente neo-liberal y que apuntala claramente a lo que debiera ser una prioridad fundamental en todo gobierno: abaratar el costo de la vida a los enfermos. Sabemos de sobra que no es ningún cliché el que salud, educación y condiciones dignas de vida para todos los ciudadanos de un país son las bases incuestionables hacia el progreso y de ahí en adelante cada cual está en condiciones de pisar sobre sus propios pies y construír su destino, sin embargo en este sentido a lo largo de los años Chile ha demostrado ser otra plaza tercermundista, consolidando por un lado políticas públicas que valen oro (como Plan Auge, Sonrisa de Mujer o planes para población en riesgo, adultos mayores, etcétera) y haciendo aguas por otro. La incorregible distancia entre la salud pública y la privada, sigue siendo la gran deuda a saldar y si a esto sumamos los altos costos de los medicamentos que merman buena parte del ingreso de las familias más pobres, como así mismo la ineficiencia de los intermediarios para discriminar entre quienes tienen derecho de ser subsidiados y quienes no, la situación se torna más gris todavía.
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Lo cierto es que por ecuación simple, cuando se incentifica la competencia, tienden a disminuir los precios SIEMPRE. Por lo tanto debieramos tener también en mente esta realidad como solución a los problemas sociales de todo orden, por mucho que los abanderados del socialismo (o de la economía social) estén en contra de las bondades del libre mercado. En materia de salud esta apertura, es igual de plausible que la iniciativa en curso de hace unos cinco o seis años de permitir la entrada a médicos y dentistas de otros países como son Ecuador, Colombia e inclúso Cuba, que justificando su título pueden ejercer con total libertad en el país, y que por preferencias del mercado han quedado proscritos del nivel de ingresos de los profesionales nacionales, quienes una vez egresados naturalmente prefieren llenarse los bolsillos en hospitales y clínicas privadas de cierto prestigio, dejando en el olvido la vocación de servicio público que ya muchos daban por desaparecida, esta la vinieron a suplir en parte los profesionales extrajeros, atendiendo en policlínicos y distintos centros desplegados en la urbe a aquella población "menos acomodada" económicamente (los más), pero que no por ello debiera quedar relegada de un derecho humano tan prioritario como es la salud.
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Reconozco que lo anterior constituye una típica defensa liberal a este tipo de leyes, de las cuales sin embargo no pretendo hacerme ningún "eco omiso". Ciertamente aquí gana el consumidor, pero a ¿costo de quién?, obviamente no a costa de las grandes cadenas farmacéuticas como Cruz Verde, Ahumada o Salcobrand, puesto que el pez gordo nunca muere y estas - aliadas hace rato de los grandes supermercados - conocen el negocio mejor que nadie, habiéndose auxiliado en algunos casos de información privilegiada o prácticas poco ortodoxas (es de público conocimiento) y es indudable que continuarán manteniendo sus plazas superiores, con todo lo que eso conlleva: prestigio, noción de excelencia y una pretención común, aunque muchas veces errada en los consumidores de que comprarles equivale a "economizar". Aquí seamos tajantes, se terminó de rematar a todas las "boticas" y hago uso de este nombre tan antiguo para diferenciarlas de las grandes cadenas de la actualidad.
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La farmacia de la esquina, las de barrio, la pequeña PYME familiar que duró tantos años haciendo una competencia digna, esa ya no estará en condiciones de competir con las grandes cadenas (con las que hasta ahora pudieron convivir, gracias a que estas inflaron siempre los precios, optimizando al máximo las ganancias) y los supermercados que comprando al por mayor obtendrán los medicamentos a precios muy inferiores, al punto de que el precio final de venta podría acercarse y ser inclúso menor al costo que pagan las pequeñas farmacias a sus distribuidores.
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El lado poco amable del cuento, el "quitarle nicho" a los pequeños comerciantes es algo que se apronta a ocurrir en una escala tal vez impensada. ¿Qué opciones les quedan a esas pequeñas "boticas" para sobrevivir?, primero que el Gobierno se apiade de ellas y no por beneficiar al consumidor, termine perjudicando en todas las áreas al pequeño emprendedor (es el resguardo de ellos lo que distancia al liberalismo clásico que defiendo de aquel neo-liberalismo depredador que unánimemente debiéramos repudiar) y segundo cambiar de rubros, no radicalmente desde luego, pues no se trata de poner una zapatería donde ántes se vendía Paracetamol o Amoxicilina, lo que además conllevaría la tediosa labor de cambiar de patentes, sino más bien seguir dando batalla pero desde los genéricos o la medicina naturista. Mientras las "empresas abarca-todo" no hayan puesto sus ojos en este nicho de mercado más alternativo, existe ahí una pequeña posibilidad de sobrevivir (no sabemos por cuanto tiempo) a los males del capitalismo moderno.
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sábado, 13 de junio de 2009

En busca del liberalismo perdido...

Arturo Alessandri Palma, "El León de Tarapacá". Máximo ícono del liberalismo chileno.
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Hace casi tres meses, cuando subí mi último post a La Bitácora Liberal, a propósito del día internacional contra la discriminación y el racismo, la política chilena marchaba al ritmo heredado desde fines del año pasado, afloraban sin embargo los primeros aletazos perceptibles de la crisis económica mundial y un llamado general a la calma hacia los empresarios y las familias en general.
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En la carrera política, hace no mucho se había bajado por propia determinación el estrafalario Sr. Farkas, que aunque era una verdadera burla al pueblo (y por cierto su extraño personaje, una burla hacia el mismo) con su particular populismo y triplicada aura clientelista, había logrado incomodar a más de un político tradicional y me atrevería a decir que muchos en la Alianza temieron que con el paso del tiempo, Mr. Farkas se convirtiera en el candidato de una "tercera vía", destinada desde luego a beneficiar finalmente a los atornillados de la Concertación.
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Libre el camino de todo el teatro farkista, verdadero voladero de luces y típica humorada tercermunista (que ocultaba desde luego la convicción de un outsider contra-partidista), la Concertación tenía que empezar a mover sus mejores piezas y así ganar terreno en contra del candidato afianzado de la Alianza por Chile.
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Además del auto-proclamado candidato por la Democracia Cristiana, el otrora Senador Frei, se habían barajado nombres como el de Ricardo Lagos (otro que quería repetirse el plato), su hijo Ricardo Lagos Weber, que por supuesto tiene el "gran mérito" de ser el hijo de su padre y nada más, el Panzer (o 'Panza') y por ahí otros que querían asomar la ñata como el patético de Camilo Escalona y un descarriado Alejandro Navarro que no sumaban ni la raya para la suma.
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Finalmente una especie de pre-primarias fue peleada en esta, la sexta región, entre el candidato Frei y su contendiente por el partido radical, José Antonio Gómez. Bastante bullada luego del numerito del "bichi" Escalona, un digno político poblacional.
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Por este mismo tiempo, el senador Flores se paseaba por todos lados con Piñera y los aliancistas, en una insólita "vuelta de chaqueta", que en algo recordaba las declaraciones de "bacheletismo-aliancista" que hiciera alguna vez el bufoncillo de Joaquín Lavín. Por su lado Zaldivar y los colorines, seguían transmitiendo con el cuento de siempre: la convicción de ser una tercera fuerza que más que decidir las elecciones, podrían inclúso ganarlas (Cueeeeeeeeeeckkkkkk!!), como si algunos desencantados de la D.C. nunca aprendieran, el mismo numerito alguna vez lo hizo un tal Arturo Frei Bolivar y pasó luego a la historia por una simple trivialidad, adjudicable a tener el jingle más estúpido en una campaña política.
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En los meses siguientes, algo extraño pasó, la balanza concertacionista que de mala gana parecía conformarse con la figura de Frei candidato, se empezó inclinar nuevamente hacia el ala izquierdista, el responsable: un disléxico engominado, mejor conocido como Marco Enríquez-Ominami comenzó a crecer con fuerza en las encuestas y luego a afianzar su candidatura, más allá del cobijo de la Concertación.
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Candidato jóven, alternativo y supuestamente LIBERAL (ja!), Enríquez-Ominami vino para reencantar a jóvenes y adultos con la política, para encaminarlos luego hacia la luz del progreso, no a partir de su experiencia (la cual no es sólo poca, es simplemente nula), sino en base a sus ganas, visión de futuro y esfuerzo. El hijo de un mirista, un autoproclamado progresista que se compara con Obama, que se presenta como la llave que abrirá las puertas de un nuevo Chile!... En pocas palabras, el actual escenario es tan semejante al de 1970 que llega a estremecer. Estamos frente a un nuevo Salvador Allende, a un utopista inexperto, a un "pipiolo", pero no en la acepción política del término, más bien en su carga despectiva.
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Atrás está quedando Eduardo Frei, el mal menor sin duda o al menos así es para los que creemos en la política seria, en la tradición y la estabilidad de los modelos, más allá de cuan liberales o conservadores nos estimemos. Este nuevo engendro de la política del descontento, está lejos de ser el político moderno, liberal y visionario que algunos declaran y muy por el contrario, es simple y llanamente un "CHANTA" (dicho en buen chileno), un tipo que no ha hecho una carrera política respetable, no sigue un programa definido ni mucho menos aporta nada. Asegura no contrariar el modelo económico actual, pero como el común de los socialistas, se cree con la posibilidad de configurarlo a su manera, poniendolo al servicio del Estado, de un gobierno que con el paso de los años es cada vez menos próspero (pues la economía chilena se ha estancado) y en cambio, cada vez más parasitario.
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Pero más allá de todo el bluff que rodea la figura de este aparecido Marco Enríquez-Ominami, lo que más me molesta sin duda, es el gesto de unos cuantos politiquillos y gente de los medios que ni siquiera se arrugan al dar a Enríquez-Ominami el apelativo de liberal. ¿Liberal en qué?, en lo moral podría ser, pero eso simplemente no basta para considerarse liberal en el sentido convencional de la palabra... un liberal jamás pondrá al Estado por sobre la economía, ni aquí ni en ningún país del mundo, comprende que ambos responden a dos realidades independientes, que deben desarrollarse en libertad para luego complementarse. Además, es el "atomismo" y no el "colectivismo" la verdadera tendencia de lo liberal, Marco Enríquez-Ominami y toda su colectividad no pueden ser más ajenos a esta visión.
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Tristemente el único y verdadero Partido Liberal chileno desapareció el año 66 al haber perdido fuerzas por más de treinta años y visto obligados sus sostenedores a rehubicarse en las filas del Partido Conservador, desde ahí la historia de la derecha chilena ha sido una sóla, una con fricciones internas muy marcadas, donde los liberales (más cercados en Renovación Nacional) no han tenido pocas tentativas de reformar una facción única y bien definida en lo político, aunque lamentablemente sin mucho éxito.
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El Partido Liberal gobernó Chile ántes y después de la Guerra Civil de 1890, cuando Chile tuvo oportunidad de nivelarse con los países más prósperos del mundo y el salitre (nuestro oro blanco) aportaba más ganancias per cápita que la que tenían países como Suecia.
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Luego de la explosión social y de irreversibles cambios en su proceso a nivel mundial, fué la jerarquía Alessandri la encargada de reconquistar la estabilidad del país, en la primera parte del siglo XX."Sin una economía próspera resultará vana la más avanzada legislación social", fué la gran sentencia liberal que legara "El León de Tarapacá" a todas las generaciones precedentes en la política, aunque algunos quisieron olvidarlo, particularmente entre 1970-1973. Resulta curioso, sin embargo, escuchar un discurso de nuestra presidenta socialista reconociendo la trascendencia de estas palabras, repitiéndolas tal cual y poniéndo a la economía en el lugar que le corresponde. Ellos, los socialistas reformados, bien lo han entendido... un díscolo como Enríquez-Ominami, no me queda muy claro.
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Sea como sea, este 11 de diciembre todo se decide en las urnas. Frei, Piñera, Arrate, el díscolo, Zalvidar y quién (es) se quiera subir al carro en los próximos meses, se estarán disputando el añorado cargo de Doña Gordi... mientras tanto espero no ver a políticos en ejercicio haciendo campaña por los suyos, ni mucho menos a la Presidenta, porque de más está decir que ese es el tipo de cosas que restan seriedad a la política, aunque que lamentablemente sean el plato de cada elección. Para todos los efectos conviene tener en claro además que: "candidato liberal, no existe, no en esta campaña", Sebastián Piñera es lo más cercano ideológicamente hablando, pero desafortunadamente de gobernar lo hará junto a la UDI, por lo que se subentienden varias barreras y pesos en contra de cualquier iniciativa demasiado jugada, aunque de todas maneras este sea el menor de los males.
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Todos los grandes males siguen pesando sin duda por el lado de la Concertación. Ya es hora de sanear el aire de la política nacional, abrir las ventanas y echar fuera las moscas que han comido y cagado por 20 años sobre la misma torta. Basta de Frei, de díscolos y de colorines... es hora de que las cosas vuelvan a un buen curso, de dejar de tapar hoyos y caminar nuevamente y de una vez por todas hacia el crecimiento económico, nuestra principal prioridad.
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domingo, 28 de diciembre de 2008

¿Porqué tanta bronca contra el guatón Melnick?

Permítanme porfavor manifestar algún sesgo político (por ende opiniones poco objetivas). Bueno en realidad da lo mismo, en este blog con reatrolimentación cero y carente de comentarios a favor o en contra, yo me sigo tomando la palabra y me doy libertad de escribir las sandeces que se me ocurran y punto, aunque ¿sandeces?, no creo que lo sean tanto.

Me parece que a la sociedad chilena hace rato perdió el norte y hoy como antaño vuelven a contrastar la utopía con la realidad. Que poco práctico es el discurso colectivizante de los políticos, lleno de buenas intenciones como el infierno mismo y cargado de un peligroso idealismo socialista. Y pobre del que no comparta las ideas inconexas de ese discurso mecánico y populista porque a ese inmediato le atribuyen la pesada carga de "pinochetista", como si la triste derecha de este país (menos triste que la izquierda por cierto) no fuera igual de instrumental de lo que es y ha sido la Concertación desde 1990 a la fecha.

Hay que ser realistas, la derecha en este país está perdida. Sino se suben al tren de los socialistas y absorven por osmosis sus discursos e iniciativas, jamás van a gobernar Chile, no al menos su clase política (igual de desgastada que la Concertación) y esto han hecho últimamente. El mismo Sebastián Piñera aprendió a disfrazar sus verdaderas iniciativas en un "discursillo" que en nada se diferencia del de los políticos que nos han gobernado durante casi 20 años y con los cuales ya muchos quieren barrer por sanidad del país, de la vida política y en general de la transparencia.

No es mentira que la política chilena como la hemos conocido en los últimos años, está anunciando escandalosamente su desaparición como en la crónica de una muerte anunciada. Ya no nos sirve realmente, no a un pueblo más maduro, más independiente, más libre, más individualista, que siente una mayor lejanía con el Estado, un pueblo que ni siquiera se moviliza para votar porque no le interesa realmente, se saben más dueños de sus destinos y es de esperar que ya no se permitan llevar por criterios tribales o por la tendencias masivas (como ocurrió hasta los años sesenta) de las cuales su mentor ha sido siempre un caudillo en el puesto de Presidente de la República, el pater familis, la encarnación de Diego Portales.

Ya no necesitamos a ningún Diego Portales, sino analicen y expliquénse el fracaso actual en la popularidad de Ricardo Lagos o la fascilitada ascendencia de Bachelet a la moneda, una mujer en un país históricamente MACHISTA. No es simplemente raro, es señal de un cambio, de un cambio radical e importante.

Ricardo Solari y su álter ego: Mafalda.
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En este nuevo Chile, se hace más evidente que existen materias que ya no pueden prestarse más a criterio de los partidos políticos. El buen manejo económico en los años de la democracia, guste o no guste, fue la mejor herencia de la dictadura, pero no un logro de los militares (los militares no existen para concebir logros en la vida cívica) sino de economistas eficientes, doctorados en Harvard o Chicago a fines de los setenta y principio de los ochenta. La Democracia Cristiana lo hizo extremadamente bien para mantener la regularidad del modelo, por mucho que algunos personeros del partido lo critiquen, pero se hace innegable que la DC en más de un sentido es mucho más cercana al espectro de la derecha y curiosamente de la derecha conservadora, que a la ala izquierda concertacionista, con la cual se ha mantenido debilmente unida durante todo este tiempo.

Sin embargo la politica antigua, esa con un dejo de demagogia irresponsable, anduvo regresando con los gobiernos socialistas (Lagos-Bachelet) y no necesariamente por responsabilidad de sus principales caudillos, cuyos empujes doctrinarios en mucho les cobraron la cuenta. Pero que diputados/personajes como Navarro, Carlos Ominami o los más ridiculos Marco Enrriquez Ominami, Alvaro Escobar y Ramón Farias, tengan voz en algún gobierno es francamente surrealista y más aún que revistan credibilidad para ciertos sectores. Eso para mi al menos es una pésima señal.

Y no voy a presentar el argumento a favor de la Derecha, por que por ese lado las cosas (hace tiempo) marchan igual o peor. Todos los partidos están contaminados con esa nueva demagogia, con esa farandulización que avecina hace tiempo el ocaso de la política nacional y aún así, con toda la ignorancia y la falta de profesionalismo que esto conlleva, muchos pseudo-políticos y parte de la opinión pública (que pesa menos que un paquete de cabritas en este país) se dan el gustito de basurear a la poca gente objetiva, a esos pocos que cargan con una luz de realismo porque saben de lo que hablan, comprenden que un país no vive de ilusiones sino de tareas y de reformas concretas, que ataquen el hambre hoy y nos auguren también pan para mañana. En síntesis del realismo que necesita la política, porque la política es el "arte de lo posíble" y no "el arte de la oratoria".

En relación a lo ya dicho, mi pregunta el día de hoy es, ¿Porqué tanta bronca contra Sergio Melnick?. El actual panelista de Manos Libres de Megavisión parece tener a todo el mundo en su contra, entre los mismos panelistas (con cierta excepción de Constanza Stipici), la gente en la calle y hasta ciertos personajes públicos que se la han ido en contra. ¿Porque no se ponen a analizar mejor el populismo asqueroso de Ricardo Solari (alias Mafalda) o la poca convicción de Ximena Rincón?, ¿Es razonable dar más asidero a la utopía que cargan en las mentes estos personajes en lugar de las verdades que dice Melnick?.

Si soy de los pocos que da crédito a Melnick no pienso que este mal, es que decididamente nunca me tragué las quimeras del político chilensis común y corriente. Todos los panelistas de Manos Libres son lideres de opinión y con tremendos respaldos tras de si que son sus propias trayectorias en la política nacional, sin embargo la mayoría dilapida populismo en sus comentarios demagógicos y cínicos que ni ellos mismos se creen. Melnick no es así y por eso más de la mitad de los chilenos lo odia, aunque lamentablemente el tipo también ha sumado a su mala fama algunos desafortunados comentarios y condoros varios.

domingo, 9 de noviembre de 2008

¿Está descartada la teoría del chorreo?

La teoría del chorreo, símil y corolario de la mano invisible de Adam Smith, divide al mundo casi desde que su publicación en "La Riqueza de las Naciones" de 1767, en ella se exponen los básicos preceptos liberales en el campo de la economía y aunque estoy lejos de ser un diestro en estas áreas y me siento hasta un poco charlatán tomando el tema, es indudable mi fascinación por el mismo, claro que como el más común de los mortales; no lo veo más allá de un cuasi utópico ideal, mucho más ameno a economías y sociedades avanzadas del primer mundo que tienen extremadamente profundizados los criterios de propiedad privada, diferenciación de desempeños, cooperación y potencial movilidad entre los estatus sociales, algo que no ocurre por ejemplo en Latinoamérica.

Sostiene la teoría del chorreo que la prosperidad económica de los individuos, de un conglomerado de ellos o de las organizaciones empresariales, se traduce luego en un beneficio social que literalmente llega de chorreo a raíz del éxito de terceras personas y sin ser necesariamente premeditado. En cierta manera el individuo en términos de una economía liberal, clásica y no intervenida por el Estado (como lo proponía Smith) tiene total libertad para dar impulso a sus ganas (ambiciones) e ideas y de conseguir logros personales. Junto a disfrutar de ellos puede potencialmente dar alcance a otras personas ya sea ofreciéndoles trabajo o quizás erigiendo alguna herramienta u objeto a merced social, como puede ser la construcción de un hospital, un condominio, un edificio de departamentos o un casino de divertimento público, etcétera.

Interesante es la visión de Ayn Rand al respecto, quien ve con cierto ojo crítico este beneficio social en base a logros individuales e inmortaliza al respecto la célebre frase "El ego del hombre es el manantial del progreso humano". Nada más sugerente que su novela El Manantial, cuyo protagonista Howard Roark, un arquitecto idealista, diestro y muy individualista es la propia encarnación de la mano invisible, aunque revelándose contra el aprovechamiento de un grupo de constructores que pretende modificar y amoldar una de sus altas creaciones, lastimándole el ego y de paso poniendo a la sociedad (colectivizante y pro altruista) en su contra. Impar la defensa jurídica de Roark quien sostiene que no existe tal cosa como una mente colectiva, sino individual - a orden de las grandes ideas y logros de la humanidad y así mismo sentencia que "El interés del creador es conquistar la naturaleza y el interés del parásito es conquistar a los hombres".

A la luz de este tipo de reflexiones es indudable que la visión de Ayn Rand defiende la mano invisible, pero a la vez la critica, porque en general la gente común confunde la entrega de determinados individuos hacia sus propias ideas (que pueden traducirse en beneplácito del resto), con altruismo, una materia de santos o de individuos realmente poco convencionales.

Pero más allá de todos estos alcances éticos y del eterno conflicto hombre/colectivo, ¿Sería plausible en la práctica la teoría del chorreo?.- Definitivamente pienso que sí. Pongamos el caso de una industria en ciernes que necesita para funcionar de gran capital humano, esta industria es probablemente producto del logro de un emprendedor que exigiéndose así mismo y buscando su personal beneficio y máxima individual, logró de por sí otorgar un beneficio social, traducido en trabajo para una decena, quizás cientos o tal vez miles de personas. Si más industrias de este tipo surgen, habrán mayores puestos de trabajo (en el mejor de los casos pleno empleo) y cobrará más fuerza el criterio de especialización de la mano de obra. Así los trabajadores tendrán mayores incentivos para ser productivos si su empleador sabe como motivarlos en base a beneficios tales como bonos y probablemente las industrias del rubro comiencen a "pelearse" a los mejores trabajadores, en base a seductores aumentos de sueldo, mejores condiciones de trabajo o beneficios extra.

Todo lo anterior es un continuum, una evolución que en la práctica no se da tal como fue ejemplificado, ya que las economías son de corte keynesiano, existen rigideces en el mercado laboral a raíz de la participación estatal en estas materias, que en tanto se traducen en mayores desincentivos al brote de nuevas empresas o industrias, ya que la plena competitividad está descartada, no existe.

De esta forma, todo parece indicar que la teoría del chorreo es muy útil para alcanzar logros como el pleno empleo, lo que en definitiva es utópico porque el Estado siempre mantendrá cierta rigidez en el mercado laboral y así las empresas se verán enfrentadas siempre a restricciones en materias de sueldo (existencia de estándares mínimos), previsión y otras condiciones necesarias para el bienestar social de los trabajadores.

Sin embargo, es loable hacer funcional la teoría del chorreo en el campo laboral, para que los rubros empresariales sean competitivos y la oferta de trabajo no sólo aumente sino que además existan claros incentivos al trabajador por mejorar su eficiencia y así acreciente el valor agregado de su trabajo, con posibilidad de cambiar de empresa o hasta de rubro si su especialización no se lo impide, guiado por mejores remuneraciones, a la vez indexadas a una mayor productividad general de las empresas que haría que estas junto con aumentar sus ingresos aumentaran a igual ritmo los salarios nominales como también reales, toda vez que los sueldos crezcan más que la media de la inflación o el costo de la vida y también con el mejor escenario que estas empresas ofrezcan al trabajador en términos de previsión, condiciones de trabajo, imposiciones compensativas, salud, etcétera.

En definitiva la teoría del chorreo es estimable en los términos indicados (productividad, competencia por el trabajo y aumentos en el sueldo, mejor desempeño...) pero que baste por si sola es darle demasiado crédito a las teorías liberales clásicas. Se necesita irremisiblemente de un intervencionismo estatal y con este queda triangulada la relación: Estado-empresas-trabajadores, sin la cual se hace imposible entender la economía real, moderna, actual.- A estas alturas, difícil es no arrimarse al keynesianismo, aunque es indudable que un Estado muy omnipresente en esta relación, no será nunca la solución.