Mostrando entradas con la etiqueta Adam Smith. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adam Smith. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de marzo de 2011

¿Existe una ciencia para hacerse rico?

Hace unos cuantos días llegó a mi poder la interesante obra del norteamericano Wallace Wattles, "La Ciencia de Hacerse Rico" (1910), la cual, a diferencia de lo que muchos podrían pensar no es un libro de tips: en ella no se condensan datos de creación de riqueza forjados en el ahorro, la inversión, el buen desempeño en el negocio bursátil ni nada por el estílo. Expone en cambio que el hacerse rico es una disposición personal, un reto mental, que significa pensar y actuar de "UN CIERTO MODO", alineados con la naturaleza del universo (que es expansiva), y en tanto el hacerse rico corresponde a una especie de deber y este deber, este actuar de "UN CIERTO MODO" va ligado a una esencia creativa, no así competitita: el mentalizarnos en nuestros objetivos y trabajar en pro de ellos, sin sacrificar a nadie más que a nosotros mismos con tal de alcanzarlos.
.
"Cuando realmente anhelas una cosa, todo el universo conspira para que la obtengas" sostenía Coelho en su bestseller "El Alquimista" (1988), y el optimismo liberal de autores como Wattles no es más que la prima expresión de esta forma de pensamiento, una comprensión de la vida y del Universo como fuentes inagotables de recursos. En Wattles, un emprendedor de los Estados Unidos del Siglo XIX, se comprende y entrevé la gran influencia de autores como el economista Adam Smith y del metafísico liberal, padre del trascendentalismo: Ralph Waldo Emerson. Según Wattles la gran "Mente creadora" del Universo (Dios) quiere vivir y hacer el milagro de la multiplicación a través de nosotros, que el hombre se convierta en brazo ejecutor de su eterna obra de creación: Ideas que sin duda conmueven por su tremendo optimismo y belleza, y que por otra parte he querido contrastar en el cuadro de abajo con las características de otro de los autores que más me inspiran, la rusa-americana: Ayn Rand.
,
Ház click sobre la imágen para agrandar
.
Como en otros muchos grandes autores de los siglos XIX y XX, en Wallace y Rand la ontología liberal se respira en toda plenitud a lo largo de su vida y obra. Es sin duda "la mano invisible" de Smith la teoría desde la cual implosionan sus reflexiones, en el caso de Wallace con un enfoque igual de optimista que su mentor y como una dura crítica existencial en el caso de Rand. En "La Ciencia de Hacerse Rico", además de mencionar y diferenciar los conceptos smithianos de "valor de uso" y "valor de cambio", Wattles nos exhorta a lo siguiente: "Si quiere ayudar a las personas, hágalo haciéndose rico y póngase usted mismo como ejemplo de superación", mensaje símil al de M. Gandhi: "Quien quiera cambiar al mundo, que se cambie primero así mismo". Desde luego en Wattles los sentimientos altruistas están presentes, debido a su formación cristiana, al hecho de militar en el socialismo y por haber conocido muy de cerca la pobreza.

Ayn Rand en cambio, posee una biografía muy distinta: nacida en la Rusia de los zares, en el seno de una familia de prósperos comerciantes judíos, vió como tras la revolución bolchevique sus padres lo perdieron todo, siendo obligados a emigrar a los EEUU. Este fue el punto de inflexión de sus ideas contra el altruismo (al cual consideraba la más parasitaria de todas las mentiras) y su visión crítica respecto de la "mano invisible" o "teoría del chorreo" de Smith, siendo la primera autora en considerar que dichas externalidades, sólo resultan negativas para el creador de riquezas o arquitecto de las grandes ideas, pues tal como expuso en su potente obra "The Fountainhead" (1943): "El interés del hombre creador es conquistar la naturaleza y el interés del parásito es conquistar a los hombres".

Para finalizar, me encantaría responder de manera afirmativa a la pregunta de este post y sostener como Wattles la infalibilidad de su (supuesta) ciencia para generar riqueza, aunque no me quede tan claro el alcance que puedan tener estas ideas en realidades como la nuestra, donde las desigualdades sociales son alarmantes y hasta la libertad de soñar parece haber quedado restringida a una estática minoría. De todas formas, soy tremendamente liberal y creo en el poder que carga cada uno de nosotros para hacer del mundo lo que que deseemos, más allá de toda traba o limitación. Wattles también exhorta a olvidarnos de que a los gobiernos prexistentes conviene "mantener a la masa en la pobreza" o de que los grandes sistemas industriales continúan dictando la norma del mercado. "Una MENTE QUE AVANZA y tiene FE en que podrá generar riqueza, no se mantendrá mucho tiempo en la pobreza", apunta con toda convicción el americano.

domingo, 9 de noviembre de 2008

¿Está descartada la teoría del chorreo?

La teoría del chorreo, símil y corolario de la mano invisible de Adam Smith, divide al mundo casi desde que su publicación en "La Riqueza de las Naciones" de 1767, en ella se exponen los básicos preceptos liberales en el campo de la economía y aunque estoy lejos de ser un diestro en estas áreas y me siento hasta un poco charlatán tomando el tema, es indudable mi fascinación por el mismo, claro que como el más común de los mortales; no lo veo más allá de un cuasi utópico ideal, mucho más ameno a economías y sociedades avanzadas del primer mundo que tienen extremadamente profundizados los criterios de propiedad privada, diferenciación de desempeños, cooperación y potencial movilidad entre los estatus sociales, algo que no ocurre por ejemplo en Latinoamérica.

Sostiene la teoría del chorreo que la prosperidad económica de los individuos, de un conglomerado de ellos o de las organizaciones empresariales, se traduce luego en un beneficio social que literalmente llega de chorreo a raíz del éxito de terceras personas y sin ser necesariamente premeditado. En cierta manera el individuo en términos de una economía liberal, clásica y no intervenida por el Estado (como lo proponía Smith) tiene total libertad para dar impulso a sus ganas (ambiciones) e ideas y de conseguir logros personales. Junto a disfrutar de ellos puede potencialmente dar alcance a otras personas ya sea ofreciéndoles trabajo o quizás erigiendo alguna herramienta u objeto a merced social, como puede ser la construcción de un hospital, un condominio, un edificio de departamentos o un casino de divertimento público, etcétera.

Interesante es la visión de Ayn Rand al respecto, quien ve con cierto ojo crítico este beneficio social en base a logros individuales e inmortaliza al respecto la célebre frase "El ego del hombre es el manantial del progreso humano". Nada más sugerente que su novela El Manantial, cuyo protagonista Howard Roark, un arquitecto idealista, diestro y muy individualista es la propia encarnación de la mano invisible, aunque revelándose contra el aprovechamiento de un grupo de constructores que pretende modificar y amoldar una de sus altas creaciones, lastimándole el ego y de paso poniendo a la sociedad (colectivizante y pro altruista) en su contra. Impar la defensa jurídica de Roark quien sostiene que no existe tal cosa como una mente colectiva, sino individual - a orden de las grandes ideas y logros de la humanidad y así mismo sentencia que "El interés del creador es conquistar la naturaleza y el interés del parásito es conquistar a los hombres".

A la luz de este tipo de reflexiones es indudable que la visión de Ayn Rand defiende la mano invisible, pero a la vez la critica, porque en general la gente común confunde la entrega de determinados individuos hacia sus propias ideas (que pueden traducirse en beneplácito del resto), con altruismo, una materia de santos o de individuos realmente poco convencionales.

Pero más allá de todos estos alcances éticos y del eterno conflicto hombre/colectivo, ¿Sería plausible en la práctica la teoría del chorreo?.- Definitivamente pienso que sí. Pongamos el caso de una industria en ciernes que necesita para funcionar de gran capital humano, esta industria es probablemente producto del logro de un emprendedor que exigiéndose así mismo y buscando su personal beneficio y máxima individual, logró de por sí otorgar un beneficio social, traducido en trabajo para una decena, quizás cientos o tal vez miles de personas. Si más industrias de este tipo surgen, habrán mayores puestos de trabajo (en el mejor de los casos pleno empleo) y cobrará más fuerza el criterio de especialización de la mano de obra. Así los trabajadores tendrán mayores incentivos para ser productivos si su empleador sabe como motivarlos en base a beneficios tales como bonos y probablemente las industrias del rubro comiencen a "pelearse" a los mejores trabajadores, en base a seductores aumentos de sueldo, mejores condiciones de trabajo o beneficios extra.

Todo lo anterior es un continuum, una evolución que en la práctica no se da tal como fue ejemplificado, ya que las economías son de corte keynesiano, existen rigideces en el mercado laboral a raíz de la participación estatal en estas materias, que en tanto se traducen en mayores desincentivos al brote de nuevas empresas o industrias, ya que la plena competitividad está descartada, no existe.

De esta forma, todo parece indicar que la teoría del chorreo es muy útil para alcanzar logros como el pleno empleo, lo que en definitiva es utópico porque el Estado siempre mantendrá cierta rigidez en el mercado laboral y así las empresas se verán enfrentadas siempre a restricciones en materias de sueldo (existencia de estándares mínimos), previsión y otras condiciones necesarias para el bienestar social de los trabajadores.

Sin embargo, es loable hacer funcional la teoría del chorreo en el campo laboral, para que los rubros empresariales sean competitivos y la oferta de trabajo no sólo aumente sino que además existan claros incentivos al trabajador por mejorar su eficiencia y así acreciente el valor agregado de su trabajo, con posibilidad de cambiar de empresa o hasta de rubro si su especialización no se lo impide, guiado por mejores remuneraciones, a la vez indexadas a una mayor productividad general de las empresas que haría que estas junto con aumentar sus ingresos aumentaran a igual ritmo los salarios nominales como también reales, toda vez que los sueldos crezcan más que la media de la inflación o el costo de la vida y también con el mejor escenario que estas empresas ofrezcan al trabajador en términos de previsión, condiciones de trabajo, imposiciones compensativas, salud, etcétera.

En definitiva la teoría del chorreo es estimable en los términos indicados (productividad, competencia por el trabajo y aumentos en el sueldo, mejor desempeño...) pero que baste por si sola es darle demasiado crédito a las teorías liberales clásicas. Se necesita irremisiblemente de un intervencionismo estatal y con este queda triangulada la relación: Estado-empresas-trabajadores, sin la cual se hace imposible entender la economía real, moderna, actual.- A estas alturas, difícil es no arrimarse al keynesianismo, aunque es indudable que un Estado muy omnipresente en esta relación, no será nunca la solución.