lunes, 9 de febrero de 2015

Mi nuevo blog


Tras siete años de publicar en La Bitácora Liberal, decidí que llegó la hora de cambiar de casa y abrir la mente a un espectro más amplio de ideas.

Este blog me dió la gran oportunidad de ordenar mi propio pensamiento y de reconocer mi nomos espiritual, filosófico y político.- Comencé escribiendo en La Bitácora Liberal a fines del 2008, desde la vereda de un tipo objetivista y agnóstico, y hoy me despido siendo casi lo contrario: un gran entusiasta del tradicionalismo evoliano, estudioso de las religiones (en especial del Islam y del Mazdeísmo) e iniciado en las ciencias del Interaccionismo Simbólico o Arte Real.

La vida nos cambia y es justo hacer carne la evolución de nuestro pensamiento; yo amo escribir, pero no me siento (cien por cien) representado en La Bitácora Liberal, que si bien es un espacio que amo, seguirá aquí como un registro histórico, velando mis ideas, paradigmas y la manera en que enfrentaba la realidad cuando tenía entre 24 y 27 años de edad.

La rueda del destino sigue girando y el presente direcciona mi pluma sobre un nuevo sitio: Civilización en Movimiento, una plataforma menos ideológica y más compenetrada -quizás- con la que siempre ha sido mi pasión primera: el estudio de la historia y de la antropología.

martes, 21 de octubre de 2014

Giordano Bruno


A cuatro siglos de su silenciamiento: Giordano Bruno, nombre que da vida a innumerables logias masónicas, editoriales, bibliotecas e instituciones de pensamiento laico en general, se transmutó en mensaje, en acción y en la encarnación misma de la metafísica occidental, una que -a juicio del gran Nietzsche- debemos desprender de toda una carga de superchería judeo-cristiana, hasta llegar a la lucidéz filosófica de los griegos y al espíritu práctico y fría racionalidad de los romanos.

Condenado a la hoguera por la Santa Inquisición en el año 1600 de nuestra era, por defender un orden de ideas -rastreable hacia los presocráticos- que contrariaba los dogmas eclesiásticos, más no la verdadera naturaleza de Dios, el "gran nolano": astrónomo, místico y sofista, fue principal precursor del pensamiento renacentista, un gnóstico panteísta para quien Dios y su creación (el Universo) son el UNO (el TODO) e indivisibles, lo incombustible, lo infinito.

Bruno, intelectual libertario de naturaleza inconformista, nace desde luego en la cuna más privilegiada del pensamiento europeo y escolástico: la Italia de fines del Medioevo, particularmente en un villorrio cercano a Nápoles (la antigua "Nea Polis" de los griegos), capital del mundo de las ideas y cruce de civilizaciones (latina, griega, germánica, bizantina). Contrario en gran medida a Aristóteles (y en tanto a sus traductores: Santo Tomás y Averroes), Bruno no está de acuerdo con la idea de que el universo tiene límites y el tiempo es infinito, propone en cambio que el primero es infinito y el tiempo -aunque no lo señala claramente- una ilusión: los "ciclos del ser" que no son más que meros "accidentes" en el eterno transcurrir de la existencia única: la de Dios.

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Aquello que llamamos mundo (ya sea la tierra, ya sea el Universo/Multiverso o nuestro habitat más cercano) está plagado de "seres": existencias efímeras, "accidentes" (como los llama Bruno), ilusiones, falsos dioses, insignificantes porciones del TODO. Aquellos seres nacen, se desarrollan, mueren y remergen bajo un sin fin de formas, siendo "el cambio" la principal ley que les rige, una constante que atemoriza a los "seres conscientes", ansiosos frente a la certidumbre de la muerte; la semilla germina, se expande por la tierra, se convierte en raíces, las raíces afloran en forma de planta para trocarse en árbol, luego el árbol fenece y se convierte en abono y oxígeno, es decir en más vida y así una y otra vez la parte vuelve al TODO, nada es ajeno al TODO, nada puede serlo. Tras todas aquellas máscaras, invariable únicamente es la naturaleza de Dios y en ella Bruno contempla una voluntad de eterna vida, de lo cual se desprende que Dios no es un "ser" (un Demiurgo) que reviene sobre sí mismo, sino la escencia única e infinita que está en constante expansión, como el Universo/Multiverso (su obra y alma).

Aquel pensar libre de dogmas (librepensamiento) e indiferente ante la "palabra revelada" es sin duda la génesis misma del pensamiento liberal, el gran legado que nos dejara Giordano Bruno y por el cual bien valió su sacrificio en calidad de mártir. El orden de ideas -refrescante para la época- es de todas formas un revenir de la cosmovisión griega y tras ella, de las enseñanzas más herméticas del Antiguo Egipto, que a su vez fueron atribuídas a la mítica Atlántida y que aún hoy encontramos disgregadas y mezcladas con las más adulteradas supercherías en todo el mundo euroasiático, donde han pugnado y colisionado desde tiempos inmemoriales la espiritualidad ario-solar y el materialismo de los entes telúricos, representando unos la gnosis (el "conoce por ti mismo") y otros el dogma (la "palabra revelada es ley"), dualidad que hasta estos días siembra dudas y discordias en nuestras frágiles mentes y espíritus.

El panteísmo de Bruno se torna significativo a inicios del siglo XIX  en la gestación del llamado movimiento constitucionalista de Occidente, resuelto en separar la religión (vía espiritual) del Estado (vida civil), para dar fundamento a la república parlamentaria como forma de gobierno indispensable de los nuevos países independientes, gestados sobre la base de la pluralidad étnica. Es sustento metafísico en el ideario de Hobbes, Locke, Adam Smith y otros grandes precursores del liberalismo tradicional (prudente, honesto) y se respira también en las magnas obras del suizo Hermann Hesse: "Siddharta", "Demian", "El Lobo Estepario", "La Ruta Interior"... en el sufismo cristiano de "El Profeta" de Khalil Gibrán y en la filosofía positiva del New Thought (sgls XIX-XX) así como en los escritos del gran Emerson, quien en su ensayo "Compensación" (1841) expone lo siguiente:"El alma se esfuerza en vivir y obrar a través de todas las cosas. Quisiera ser el hecho único. Todo lo demás, poder, placeres, saber, belleza, le sería dado de añadidura".

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domingo, 28 de septiembre de 2014

Teorías y supuestos: ¹El origen celta de Jesucristo

La cruz celta, sus motivos fueron reivindicados en la Edad Media por el Temple francés

Más de la mitad de mi vida he estudiado la historia con total fascinación; indagar la grandeza del Imperio Romano, los misterios de Egipto, la magia de los babilonios, el fascinante mundo de los persas, las proezas de Alejandro Magno y la expansión de la cultura griega, los reinos germánicos y su aporte a la moderna matriz Estado-Nación, el Mundo Musulmán y las grandes urbes del conocimiento medieval: Bagdad, Damasco, Al Andaluz, el Renacimiento y el revenir de lo helénico, el descubrimiento de América, las culturas precolombinas, la Era Moderna, la Revolución Francesa, el iluminismo y la Independencia de los Estados Americanos, la Revolución Industrial, la Primera y Segunda Guerra Mundial... en fin, la historia lo es todo para mí, en especial porque mis orígenes raciales/culturales están en el viejo mundo donde el legado de todas las épocas convive con el presente y a menudo le sirven de referencia.

Pero así como existe una historia oficial, que se encuentra registrada en los libros y ha sido complementada con la arqueología y la tradición oral de los pueblos, existe también un "lado B" que da vida a versiones más heterodoxas de la historia, las cuales -si bien pueden dar espacio a las más disparatadas teorías- comúnnmente tienden a incomodar a la oficialidad, pues sin duda, en contadas ocaciones, ponen mayor claridad sobre los baches y sombras de muchos eventos históricos, apenas parcialmente explicitados por la historiografía oficial. 

Es un hecho, por ejemplo, que las grandes pirámides de Egipto no son las tumbas de farahones (como aún sostiene la oficialidad) sino templos de iniciación y magia, posicionados y construídos severamente sobre puntos de energía terrestre a modo de máquinas o generadores eléctricos. Se sabe que la técnica templaria empleada en las pirámides de Egipto fue imitada por los judíos en el mítico Templo de Salomón, construído en Jerusalén hacia el año 1000 antes de Cristo y varios siglos más tarde pasaría a formar parte de los misterios islámicos y cristianos, particularmente de los gremios de constructores, conocedores y empleadores de la llamada "geometría sagrada": técnicas, medidas y conocimientos ancestrales, en armonía con la perfección del Universo, que establecen los parámetros bajo los cuales fueron construídas las principales mezquitas del Mundo Islámico y las grandes catedrales de Europa. Llama la atención que el lugar de emplazamiento del antiguo Templo de Jerusalén se encuentre disputado desde la temprana Edad Media por el ideario de tres religiones (judaísmo, cristianismo e islam) en lo cual muchos historiadores heterodoxos como Mariano Fernández Urresti ven una causal esotérica: la de ser un centro de poder, es decir un verdadero imán espiritual que le convierte en punto de peregrinación obligado, a la par de construcciones templarias posteriores como la Kaaba o los templos del Camino de Santiago.

Ciertamente, el lado heterodoxo de la historia complementa y permea el conocimiento oficial con ideas interesantes, considerables y no pocas veces revolucionarias, una de ellas es la que hoy quiero presentar: la teoría del origen celta de Cristo, una teoria aún subterránea pero apoyada de sólidos fundamentos históricos y por la espiritualidad contrastante (en relación al judaísmo) del propio Cristo, registrado en las escrituras del Nuevo Testamento.

La de los celtas es tal vez una de las culturas más infravaloradas de la historia, dada a conocer principalmente por testimonio de los historiadores romanos. Provenientes de la Europa Central (Actual Francia y parte de Alemania) se extendieron hacia el norte por las islas británicas, hacia el oeste por la península ibérica, hacia el sur por la Padania (norte de Italia) y hacia el este por los Balcanes, incursionando inclúso hacia Grecia y fundando colonias en la Anatolia Central (Actual Turquía), la que recibió el nombre de Galatia. Sus incursiones por el este del Mediterráneo, los llevaron inclúso a fundar pequeñas colonias cerca de Gaza y en la Palestina histórica, una de las cuales habría sido Nazaret, pequeño villorrio ubicado en las colinas de Galilea (nombre que hace referencia a los galos = celtas) donde habría nacido el Mesías cristiano.

"Suicidio de un gálata", estatuilla griega que plasma el conflicto histórico en que muchos de los celtas anatólicos prefirieron el suicidio a entregarse a sus enemigos helénicos.

Se sabe además sobre la vida de Jesús, que este no estuvo cuadrado en ninguna de las principales facciones religiosas del judaísmo: ni saduceos (judíos ortodoxos) ni fariseos (judíos helenizados y heterodoxos) y que habría pertenecido, en cambio, a la secta de los esenios: un cultivo de influencias filosófico-espirituales helénicas, persas e inclúso egipcias, que era vista por el común de los judíos como una infiltración gentil. De Nazaret y otras regiones palestinas por las que transitó Cristo, conviene saber también que estaban habitadas por un alto número de gentiles (extranjeros), por lo que muy probablemente a su llegada a Jerusalén, Jesús fue considerado gentil y por la misma razón -atestiguan las escrituras- se le vió y trató con recelo entre los judíos. Jesús mismo se nos refleja particularmente distinto de los judíos, cuando se refiere a ellos en tercera persona, ataca en el Templo a los fariseos, a quienes llama "hijos de su padre el Diablo" o cuando pronuncia la parábola del Buen Samaritano, otorgando consideración a una nación -si bien desprendida del tronco israelí- odiada por el común de los judíos.

En los tiempos de Cristo la Palestina histórica formaba parte del Imperio Romano, sin embargo este no había logrado influír aún sobre su cultura e instituciones, a diferencia de la cultura greco-helénica instalada en la región desde la invasión de Alejandro Magno y la instauración del Imperio Seléucida que movilizó gran contingente de griegos, macedonios y sirios por la región. En ese contexto nace Jesús, en un mundo convulsionado y cargado de influencias, de religiones y cosmovisiones contrastantes, con la mitad del pueblo judío radicalizado políticamente y sus altos cargos, rendidos al poder romano. Entre tantos pseudo-profetas, guerrilleros y estafadores que prometieron salvar al mundo judío de sus dominadores, unos pocos vieron en Jesús al Mesías, pero la gran mayoría lo despreció, lo cierto es que Jesús hizo suyo un ministerio distinto del judaísmo, manifestando a un Dios tolerante y pluralista al que no llamó Jehová sino Padre y que más se asemeja al Aura Mazda de Zoroastro, es decir al Dios Luz de la tradición ario-iránica, que es el mismísimo Sol Invíctus, adaptado por Constantino como eje de la Iglesia Romana.

"Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá luz de vida" nos dice Jesús, convertido ya en el arquetipo ario de Cristo en Juan 8:12, lo cual sin duda es una referencia o devenir del mitraísmo o más bien del mazdeísmo iranio que concibe la existencia como una lucha entre la luz (el bien supremo) y la oscuridad. Otro hecho significativo que alimenta las pistas sobre el orígen zoroastriano del cristianismo, es el hecho de que el día de su nacimiento (25 de enero, coincidente con las fiestas solsticiales), el niño Jesús -nos cuenta la Biblia- fue visitado por tres reyes magos, provenientes de Persia que pusieron a sus pies regalos que huelen a simbolísmo alquimico: Oro, Mirra e Incienso.

De algún modo u otro, todo lo que rodea la vida de Cristo y su cisma del judaísmo tradicional, se encuentra copado de referencias a la espiritualidad aria, lo cual -a mi entender- explica el hecho de que poco tiempo después del sacrificio del Mesías cristiano, el Imperio de Roma, bajo el mando de Constantino adaptara la figura de Jesús-Cristo y la fusionara con el arquetipo del Sol Invictus, máxima espiritual de los romanos y de los pueblos arios de todas las épocas y latitudes, incluídos los hitititas: parciales ancestros del pueblo judío. Siglos más tarde, en época de las cruzadas, San Bernardo de Claraval y la orden del Temple (los caballeros Templarios) provenientes del este de Francia, aún siendo cristianos acérrimos como dictaba la época, parecieron interesados por conectar sus hallazgos en Tierra Santa con la vieja tradición druídica de los celtas, es así que el valle de Claraval se encuentra emplazado en un pantano, que en tiempos pre-romanos habría sido un enclave de poder para los cultos celtas, lo mismo la iglesia gótica de Chartres, construída con fondos templarios y bajo preceptos de la "geometría sagrada" que -supuestamente- los templarios rescataron de los planos originales del Templo de Salomón en Jerusalén, Chartres fue construída sobre las ruinas de un templo druida, donde tiempo más tarde sería encontrada la figura de una venus o virgen negra.

Otro tanto se ha dicho de la descendencia del Mesías, existiendo el supuesto de que entabló unión con María Magdalena y que la descendencia de ambos (el Santo Grial = Sangre Real) emigró al sur de Francia, donde curiosamente floreció la secta cristiana de los cátaros (exterminados por orden de la Iglesia de Roma hacia el siglo XII) que practicó un cristianismo de humildad (semejante a la posterior Orden Franciscana), en contacto con la naturaleza y lleno de preceptos gnósticos y dualistas, que recuerdan a la filosofía esenia. Una vez más, las Galias y el Mundo Celta entabla contacto mítico con el Cristo de Galilea como dos polos de energía que se atraen mutuamente, Será Jesús ¿un probable descendiente de los celtas?, ¿el nuevo Zoroastro? o ¿la encarnación de Ahura Mazda?, lo único certero es que Jesús-Cristo, a diferencia de los profetas de Israel, democratiza a Dios y lo desvincula del supuesto monopolio de una "nación elegida" como hace el judaísmo, para reflejarlo desde entónces como el padre de la creación y por tanto de toda la humanidad, ¿será por eso  que el Talmud y el Sionismo desprecian al Salvador, que el Islam místico espera su segunda venida junto al Mahdi o que la Iglesia Romana y la Ortodoxa -a diferencia del cristianismo evangélico filosionista- no puedan ocultar el ser abiertamente antisemitas?

Vista desde las montañas de Galilea, en la actual la Israel, la eterna Palestina

sábado, 14 de junio de 2014

El Kurdistán y los Arios de las Montañas

 Niña parsi de Irán, elevando sus manos hacia lo alto (hacia Ahura Mazda) en presencia del gran profeta Zoroastro

Veneran a Dios como fuente de la luz, de la vida, de la justicia y del amor sobre un universo dual, compuesto por la conjunción del espíritu y la materia, de lo inmortal y lo finito, de lo puro y lo corrupto. Practican desde hace miles de años una religión donde el Sol, el fuego y las montañas son lenguaje simbólico de purificación y el eje de sus ritos iniciáticos.

Se llaman así mismos arya, "los puros", "los nobles" en referencia etnica a sus ancestros nórdicos que se internaron en el Cáucaso y las montañas de Siria-Anatolia cerca de 2000 años antes del nacimiento de Cristo, para luego extenderse hacia el sudeste, hacia Mesopotamia, los montes Zagros, la meseta iraní y el norte de la India, donde el contacto con la raza dravidiana impulsó la creación de un sistema de castas, útil para mantener la pureza de la minoría racial dominante y una tradición solar, que subyuga los impulsos de la carne a las virtudes del espíritu.

En Siria-Anatolia, los arya optaron por crear herméticas comunidades sobre las montañas, de modo de mantener vivos el legado y tradición de su espiritualidad solar, y también como modo de protección natural (reducto o fortaleza) frente a la avanzada de los pueblos mesoorientales del desierto y el llano, cuya composición racial y espiritual eran divergentes. Es de suponer también que en las montañas, estas gentes se sintieron en mayor contacto con su Dios y libres de toda una procesión de dioses, idolatrías, ritos y convenciones espirituales, connaturales al espíritu cosmopolita de las grandes ciudades del antiguo Medio Oriente. La montañas son también, testigos privilegiados de las puestas de Sol, el lugar donde los arios depositaban los cuerpos de sus muertos para que fueran reducidos por los buitres, realizaban en ellas las ceremonias del fuego y sorbían condiciones climáticas semajantes al gran norte, de donde provenían sus antepasados.

 Ceremonias del fuego, en la primera imágen: parsis de Irán, en la segunda: musulmanes del Kurdistán
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Pero el concepto arya no es del todo una referencia étnica o racial, eso más bien sería su acepción exotérica o materialista, esotéricamente -y sobretodo en la India- arya es una alusión a aquellos iniciados en el ethos solar, los "nacidos dos veces", quienes -se sopone- han muerto para el materialismo y los vicios de la carne, para nacer en cambio a la vía del espíritu, conllevando esta la apertura de un tercer ojo (ajna chakra) hacia la dimensión del mito y de los arquetipos fundantes de la raza aria. Bajo esta perspectiva, sacerdotes y soldados deben configurar la cúpula de las sociedades, recae sobre ellos la iniciación o "segundo nacimiento" y en tanto la responsabilidad de cuidar el destino del pueblo o nación que tienen a cargo. 

Nadie mejor que "un nacido dos veces" está en condición de velar por la prosperidad de un conjunto social (comarca, pueblo, ciudad, país, imperio), bajo estos parámetros el líder o la casta dominante estará blindada frente a la corrupción que imponen la riqueza y la lujuria, prefieriendo ante todo el honor, la gloria y la integridad. Esta visión primó también en la Grecia de oro (funda por antiguos colonios arios) sobretodo en la visión platónica del filósofo-rey, aquel que hace suyo el tótem o alma de la nación, guiándola siempre hacia la virtud. Se nos refleja de forma patente también en el geist guerrero de la antigua Roma, una sociedad de soldados ario-latinos (arribados originalmente desde el sur de la actual Alemania) que despreciaron el espíritu burgués de sus civilizados dominadores etruscos y otras sociedades mediterrráneas, al punto de conqustarlos a todos, siglos después esas conquistas fueron también su pérdida pues el "romano civilizado" no era ya el romano guerrero y -parafrasieando a Julius Évola- tanto en la sangre como en el espíritu habría decaído.

En el Oriente, la concepción esotérica del arya refleja toda su grandilocuencia en la lápida del rey Dario, inmortalizada en Persépolis:
"Yo soy Dario, El Gran Rey, Rey de Reyes, … hijo de Vishtasp, el Aquemenide, un ARIO, hijo de un ARIO, un ARIO de linaje ARIO"
Es precisamente en las montañas al este de Persia donde emerge la religión del profeta Zoroastro: una filosofía solar aria, revestida con los colores del monoteísmo. En Zoroastro comprondemos que la luz ha de primar siempre sobre la oscuridad, sólo la luz da vida y que lo alto (el cielo) ha de ser la aspiración del alma humana y no su rendición al pavimento... todo viene de arriba, todo se construye desde arriba nos recuerda el gran profeta persa en la noble religión que precide, donde los dioses dorados de los arios occidentales y de los arios hindúes, se transmutan en el Dios único, de la luz: Ahura Mazda, el mismo Dios del nuevo testamento develado por Jesus-Cristo.

 Templo solar en algún lugar del Kurdistán turco

Existen sólidos fundamentos, para sostenter que los arquetipos espirituales del cristianismo son los mismos del zoroastrismo persa y ambos atribuíbles a la tradición solar aria. Esta tradición también es perceptible en las enseñanzas espirituales más herméticas del antiguo Egipto, atribuídas por los sacerdotes de los templos a un conocimiento atlante, también solar, pero probablemente anterior a la humanidad rastreable. Otro tanto se puede decir también de la religión judía y el islam, aquel judaísmo que nos habla de un reino añorado: Salem, de un rey justo: Melquisedec y de un templo solar, el templo de Salomón es un hebraísmo ario, pues los antiguos judíos -desde su cuna cananea- al igual que los fenicios tuvieron también mezcla de sangres con los arios residentes de las montañas del norte de Siria, aquellos que en su tiempo fueron conocidos como pueblos hititas y mitannis... los hititas, particularmente, son mencionados en el Antiguo Testamento y a la caída de su imperio en Siria-Anatolia habrían creado pequeñas ciudades-estado por todo el Levante (desde Siria a Palestina) tras lo cual se fundieron una tradición solar aria y una tradición lunar semita, resultante de ello la religión del judaísmo, que con el paso de los siglos hibridará también elementos de los saberes y religiones de Egipto, Mesopotamia y Grecia. El puritanismo de un Isaías y de un Cristo que ha llegado a vislumbrar la corrupción del templo (de Salomón) proponiendo reconstruírlo en tres días desde el plano espiritual, es un claro reflejo del sustrato solar-ario que se resiste a morir en el judaísmo.

En el Islam, muchos elementos hay también de cristianismo y judaísmo, pero es sobretodo la religión zoroastriana la que extiende sus luces a esta noble religión, particularmente en su veta persa o iraní: el chiísmo, tanto septimano como duodecimano. La misma palabra: Islam es traducible como sumisión a Dios y esta idea traducible a la vez como sumisión a la luz o sumisión a la nobleza del espíritu por sobre la corrupción del mundo material. La figura del sufi o del buen sheij es en tanto la encarnación islámica del filósofo-rey, un guía espiritual del pueblo, por lo general reducido a la dimensión de la comarca... para esta religión -menos desértica y mahometana de lo que se piensa- al igual que en todo el ethos ario, nada puede ser contrario a la integridad, por tanto no se practica una separación entre vida y fe, entre política y religión, todo ha de pertenecer al mismo orden y todo ha de ser dominado por la voluntad del espíritu, una voluntad de amor y de justica. Lamentablemente, aquel Islam corrompido que nos vienen vendiendo -en forma de integrismo religioso- desde el 11 de septiembre de 2001 los medios de comunicación sionistas, es el llamado "Islam Político", un Islam de laboratorio, fundado a comienzos del siglo XX por reformistas liberales, masones y agentes imperialistas como el egipcio Hassan el Banna, fundador de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes, que se oculta tras Al Qaeda y el Talibán, agrupaciones hoy financiadas por la CIA para desestabilizar políticamente la región.
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Los decendientes de los hititas, mitannis e iranios sobreviven aún hoy en la región del Kurdistán (extendida entre Turquía, Siria, Iraq e Irán), bajo signos de una pureza racial destacable, de sus aportes no sólo derivan las altas filosofías, religiones y ciencias de Persia y la India; el islam, el judaísmo y el cristianismo que emergieron y se extendieron por aquella región del Cercano Oriente y Asia Central son reminisencias de sus arquetipos, espiritualidad y cultos solares. Hoy en día, no sólo los kurdos, sino también los maronitas, los alauitas y drusos de Siria-Líbano así como la raza de los samaritanos -todos provenientes de las montañas de Siria- pueden jactarse de ser los más puros descendientes de aquellas nobles huestes solares que emigraron hacia el sur del Cáucaso y que con el paso de los siglos continúan practicando los mismos ritos, venerando con igual ímpetu al fuego y al Sol, rezando a los prodigios de la luz o retirandose a sus ermitas montañesas, alejadas del mundanal ruido, ministerio común en San Marún y San Charbel, incansables buscadores de Dios, de quienes se testifican grandes milagros en la dimensión de la fe. La montaña es el gran generador espiritual de los arios de Oriente, el refugio de chatrias y brahmanes solares, la Alamut del Viejo de la Montaña y el templo simbólico samaritano, donde aquellos judíos heréticos se reencontraron con la verdadera esencia del espíritu. No en vano también Cristo hizo sus retiros a la montaña para religar con el Padre Celestial y pronunció allí uno de sus más célebres sermones.

Niño kurdo junto a la bandera de aquel golpeado país que expone victoriosa al "Sol Invictus"

lunes, 2 de diciembre de 2013

El Islam, la Guerra Santa y la tradición aria en la percepción de Julius Evola


Giulio Andrea Evola (1898-1974) fue sin duda el filósofo más importante del fascismo italiano, un romanista, nacido en el núcleo de una noble familia siciliana de origen normando, que ostentó en vida el título de Barón y obtuvo del Duce (Benito Mussolini) el privilegio de exaltar las consignas republicanas. A Evola correspondió reedificar la mística del orgullo italiano, hundido en oscuros pantanos desde la Alta Edad Media, cuando la Italia Romana se convirtió en botín de los invasores germanos y la vida en sus múltiples regiones quedó asociada a reinos e imperios extranjeros.

En Evola resuenan ecos de un pasado glorioso, indisoluble del honor, de la lealtad y del amor por los símbolos raciales, religiosos y patrios, todo lo cual le posiciona como máximo referente del tradicionalismo. Fascista por convicción y por linaje, a temprana edad se alineó con el nazismo, manifestando años más tarde su abierta oposición a la barbarie y al pomposo culto a la personalidad que encarnaba el Führer. Nada le parece sin embargo más detestable que el Nuevo Orden Mundial -por aquel entonces en ciernes- plasmado por igual en el capitalismo como en el marxismo/socialismo y cuyos principales ejes son: el materialismo, el anti-nacionalismo, la anti-religión y el desprecio por la metafísica de la raza; apuestas que sólo pueden guiar al hombre y a las naciones al paroxismo biológico y espiritual, al fin de las ideas heroicas y de la integridad (de lo cual la separación entre religión, vida y política es sintomático), del honor y de la lucha por el "nosotros", de la sed de conquista y de progreso, entendido en términos no materiales.

Es por las razones arriba mencionadas que Evola contempla con nostalgia el fin de Occidente, del Occidente tradicionalista de antaño, aquel que era capaz de generar grandes proyectos colectivos en nombre del espíritu, fueran estas las cruzadas, el Sacro Imperio Romano-Germano o la Pax Romana. Taciturno entre los muros bombardeados de la Segunda Guerra Mundial, el barón llora lágrimas de tinta y se lamenta por la derrota de sus avatares, por aquellas batallas perdidas para siempre en favor del utilitarismo que ha ganado espacios a la consecuencia, a la rigidez valórica, al respeto por la tradición y por el honor patriótico y familiar.

La leyenda fundante de Roma: la de Rómulo y Remo siendo alimentados por la loba Capitolina, parece sin duda la fábula más absurda jamás contada, sin embargo posee todos los elementos de una epopeya guerrera, ayudando a identificar al romano con la naturaleza prima, dando impulso a su bravía conquistadora. Cuando Roma suavizó su espíritu cedió espacio a tradiciones y religiones foráneas mucho más elaboradas, pero paulatinamente perdió su imperio y sed de conquista, dejando hipotecada la historia de Italia al reparto de múltiples invasores.

Pocos quedan en Occidente y en la Italia pos guerra de Julius Evola, dispuestos a defender hasta la muerte un ideal, mucho menos llevar a cabo una guerra santa. En adelante, las fuerzas que mueven a Occidente poco tienen que ver con lo épico y lo sacro, cada guerra y cada revolución sopesa el materialismo, el honor se vendió al mejor postor, el amor dejó de ser aquella llama del espíritu que nos empuja a luchar y defender un ideal que supera la muerte y a un "nosotros" que nos define mucho más que las posesiones materiales. La triste evidencia sugiere que cada cosa, cada valor y cada sentimiento pasó a convertirse en un bien de consumo, hasta la política contraviene la tradición griega (la de los filósofos), no siendo más que una actividad de pillaje: a la derecha los privilegiados luchan por mantener sus parcelas de poder, a la izquierda los resentidos reclaman derechos donde no han fructificado virtudes, en el parecer del mismísmo Nietzsche.

Segregado el fascismo del continente europeo, Evola predice la disolución de su mundo, el antiguo orden. Ni Hitler ni Mussolini eran de hecho una gran opción -esto Evola lo manifiesta claramente- y sus regímenes de terror fueron justamente eso, coletazos desesperados por mantener en pie un mundo que ya no volverá y que se diluye cada día con la muerte de la tradición, para dar cabida a un orden mucho peor, de irreversible esclavismo. Tal vez el Islam -nos previene Evola- pueda poner en jaque a este Nuevo Orden Mundial de las no patrias, de las no religiones, de las razas diluidas y de las voluntades anuladas, el Islam y su concepto de "yihad" o guerra santa, que en Evola es la máxima expresión de una tradición ario-persa y ario-védica, ligada a la verdadera espiritualidad sufí y a las enseñanzas del Bhágavad-guitá.

La "yihad" consiste en dos naturalezas: una exotérica o pequeña yihad que es la guerra en su concepción tradicional (hombres contra hombres, naciones contra naciones, e imperios contra imperios), se considera inevitable, justificable, pero a la vez se intenta postergarla por la vía diplomática. Existe también una yihad esotérica o gran yihad liberada por el musulmán en su propio corazón, domeñando los bajos instintos, la pereza y los impulsos demoníacos que le alejan de Dios. Es esta última yihad la que Evola exalta como la esencia perdida de Occidente, destacando que mientras los espíritus deambulen a la sombra del materialismo, no seremos capaces de sacar a flote nuestra esencia divina: el ímpetu guerrero, la voluntad que desplaza montañas y que en tradición de los arios (persas, hindúes, romanos, germanos, vikingos, celtas, etcétera) trasciende la vida y es premiada tras la muerte con la ascención a los mundos superiores: llámese este Yanna, Valhalla, Nirvana, Paraíso o Campos Elíseos.

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sábado, 30 de noviembre de 2013

CRISTO: Entidad Solar


Estamos ad portas de celebrar una nueva navidad, pero después de 2013 años es curioso que muy pocos estén en conocimiento del origen simbólico de Cristo, quien lejos de ser un profeta judío con existencia real en la Palestina histórica, fue un plásmata (concepto de Philip K. Dick) o un imán (según el islam chiíta), es decir un arquetipo u entidad proveniente de los mundos superiores, encarnada en el mito, en las alegorías y los anhelos de los "hijos de la luz": seguidores de Mitras y de Ahura Mazda, los feligreces de la religión solar aria.

El nombre de Cristo, proviene de la palabra griega "Christos" que significa "el ungido", es decir un primo inter pares, nacido humano como cualquier otro, pero con una cualidad divina: la de ser mensajero o portador de la luz de Ahura Mazda, la misma que cargaba en su antorcha Prometeo, pupilo de Mercurio o el dios solar persa: Mitras, adoptado posteriormente por los romanos y que pudo haber sido eje de culto en Occidente, de no haberse inclinado Roma por el cristianismo como religión oficial.

En su máxima decadencia moral, espiritual, religiosa, económica y política, el Imperio Romano tuvo en Constantino al último gran estratega, que reunificó al imperio con el cemento de la nueva religión cristiana: un sincretismo entre el culto solar mitraico-ario y la figura histórica de un sabio judío, un tal Joshua (Jesús en español). De esta manera el cristianismo es otra tergiversación de la verdadera religión, combinando dos naturalezas de distinto origen en la figura de su salvador Jesús-Cristo (Joshua-Christos), por un lado un simbolismo grandilocuente solar-mitraico-ario: Christos y del otro, la filosofía de Joshua, ligada a la vida espiritual por sobre el materialismo y la fe en la resurrección, todo lo cual debió ser atractivo a los más desposeídos.

Anterior al cristianismo, el culto de Mitra fue el más extendido en el Imperio Romano, llegó a él por medio de los migrantes sirio-persas. A Mitras se lo representa como a un titán derrotando a un toro, en referencia a la victoria del hombre (o superhombre) sobre la naturaleza. Las corridas de toro -típicas en España- tienen un origen pagano, asociado al culto mitraico.

Puede que Joshua no haya sido siquiera judío, su nacimiento en Belén y prédica en Nazaret (tierras palestinas gobernadas débilmente por el reino de Judá), así como su abierto desprecio por los fariseos y sacerdotes de la época en Jerusalén, reflejan este indicio junto con el hecho de que las más antiguas referencias lo presentan como "el galileo", siendo la Galilea palestina, al igual que la Galacia anatólica, las principales colonias de origen celta o galo (de ahí sus respectivos nombres) que se conozcan en Medio Oriente. Se sabe también que Joshua -de haber sido judío- estaba muy lejos de la ortodoxia, ya que habría pertenecido a la secta de los esenios, en la cual se encontraba fuertemente enraizada la influencia greco-macedónica, las ideas del neo-platonismo y otras inspiraciones egipcias, persas, hindúes, además de las propiamente judías.

Fueron Saulo (el profeta Pablo) y otros seguidores judíos los que tergiversaron la rebelión ideológica de Joshua hasta transformarla en una nueva religión, fiduciaria del judaísmo. Los primeros cristianos fueron en su mayoría judíos en éxodo, luego los esclavos y las capas bajas de la sociedad romana, quienes por su limitada naturaleza estaban imposibilitados de comprender la filosofía esenia, mucho menos la crística.

De cara a una nueva celebración simbólica del nacimiento de Cristo, comprendamos que la Navidad es una celebración solar que festeja en el hemisferio norte la llegada del Solsticio de invierno, época de siembra para el año que viene. La luz de Cristo, es la luz de Dios, la acción creadora, sin la cual no es posible la vida; Cristo no es Dios, sino un profeta encarnado, un mensajero de los mundos superiores, como el Mahdi de los persas o el Buda de la India. Evitemos continuar viendo en Jesús-Cristo a un profeta judío, por sobre lo que realmente es: una alegoría libertadora, una manifestación de lo trascendente, la luz de Mazda filtrada en un mundo de sombras, hasta crear la ilusión óptica de "Cebra", en palabras del filósofo psicodélico Philip K. Dick.

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sábado, 23 de noviembre de 2013

Salomón: "Hombre de Paz"

Salomón y la corte del templo, recibiendo a la reina de Saba

"Shalom" y "Salam" son la definición de "Paz" en lengua hebrea y árabe respectivamente. Salomón, rey de Israel y referente simbólico de templarios y masones, más que un personaje real de la historia, encarna un arquetipo: el "hombre de paz": Shlomo en hebreo moderno y Suleiman en árabe, etimología de la cual derivan los nombres de Solomon en inglés y Salomón o Solimán en español. El nombre de su reino era Salem ("Tierra de Paz"), sobre la que los judíos edificaron el remedo Jerusalém, polis mística -en sus orígenes- que atrajo indistintamente la construcción simbólica de judíos, cristianos y musulmanes.

Parece ser que la verdadera raíz del nombre Salomón es la que deriva del árabe Suleiman (Salam-Man/Hombre-Paz), siendo el sufijo man la referencia a hombre y mente en lengua aria, la cual era empleada en la región del Levante con anterioridad a la llegada de los pastores semitas (entre ellos los cananeos y judíos) que se fusionaron u absorbieron a naciones cuya lengua vernácula era anatólico-indoeuropea: los pueblos hititas, hicsos, hurritas y pelásgicos, estos últimos ancestros de los filisteos (antiguos palestinos) y hebreos originales.

Es así como la leyenda de Salomón, al igual que muchas otras epopeyas bíblicas (como el "Diluvio Universal"), tendría un origen pre-judío, puesto que la historia del "rey justo" u "hombre de paz" proviene de los hebreos, una nación y raza distinta de los demiúrgicos judíos, que practicaba la religión solar de los antiguos arios y rendía culto a la Gran Luz. Los judíos por su parte, fue una raza de esclavos (tal como reflejan las historias de Moisés en Egipto y Abraham en Babilonia) que en su paso por las grandes civilizaciones de Medio Oriente a la par de ser sometidos, aprehendieron los aportes civilizadores de naciones mucho más avanzadas, convirtiendo al referente de Ahura Mazda de los arios en el dios tiránico, celoso y vengativo que es Yahvé: un Demiurgo o falso Dios, sustento de una filosofía o religión acorde a pueblos domeñados o sometidos que más que ver en Dios a un padre, un espíritu de amor y voluntad creadora, ven a un esclavista implacable, que a la vez es el as perfecto bajo la manga, pues siendo Yahvé el esclavista, no hay justificación posible para tolerar la dominación de otros seres humanos, y por el contrario surge el derecho de someter a los "goyim" como sacrificio al dios nacional.

La lámina muestra la repartición de Palestina en época bíblica. Nótese que el reino de Israel era distinto del de Judá y que los filisteos ocupaban una porción semejante de territorio al que están reducidos en la actualidad los palestinos por determinación sionista. La historia es un eterno retorno.

Las implicancias de esta nueva fe en Yahvé, fue la constitución de una nación sólida, tradicionalista pero también progresista, conformada por hombres y mujeres que cargan en sus frentes la seña del resentimiento. El judío en adelante (destinado a errar) se rebelará siempre de forma minuciosa y agazapada ante todo orden no judío: los estamentos de la Europa clásica, abolidos por la Revolución Francesa y el (falso) iluminismo, o la lucha de clases que terminó desatando no sólo la caída de la Rusia zarista en poder de los bolcheviques, sino que dos guerras mundiales desastrosas, son claras muestras de lo escrito, y que la vez son un simple reflejo de una guerra mucho más épica u cósmica (en palabras del barón Julius Evola), la lucha entre los nobles espíritus solares y las oscuras huestes del Demiurgo, entre los seguidores de Ahura Mazda y los esclavos de Yahvé.

Esta batalla cósmica de varios capítulos comenzó en Palestina, Egipto, Babilonia y el Imperio Romano en épocas remotas, continuó durante la Edad Media en Europa y engendró grandes hecatombes político-militares, durante el siglo pasado a nivel mundial. En 1947 la batalla retornó a Medio Oriente, plasmándose en el conflicto palestino-israelí (arquetipo del eterno retorno de las ancestrales luchas entre filisteos y hebreos contra judíos) y en la época en curso, avanza a pasos acelerados hacia una Tercera Guerra Mundial que enfrentará al islam ario, islam solar o islam persa (chií) contra el sionismo, cuya sombra envuelve a su favor no sólo a Estados Unidos y la mitad de Europa Occidental; el wahabbismo, el salafismo, el terrorismo islámico, el islam político y otras vertientes filosóficas del islam demiúrgico operan en la región a favor de Israel, puesto que la concepción de Alláh (Dios) en estas ideologías del resentimiento, está lejos de ser la de Ahura Mazda, el mal le reza siempre a Yahvé, del mismo modo que el Salomón judío tergiversa al Salomón hebreo hasta el punto de convertir al "hombre justo" u "hombre de paz" (un Imán o portador de la luz) en la encarnación arquetípica del súmmum imperialista.

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viernes, 15 de noviembre de 2013

RELIGIÓN SOLAR

Bandera macedonia bajo la que Alejandro Magno instauró un imponente imperio que abarcó desde el sur de Italia al norte de la India, pasando por Medio Oriente y Egipto. Al igual que la bandera actual y el escudo nacional de la Moderna República de Macedonia, representa al "Sol Invictus", símbolo transversal de los pueblos arios.

Donde hay luz las tinieblas se disipan y entonces -sólo entonces- nos es posible vislumbrar la verdadera faz de Dios: Ahura Mazda, el principio increado, padre de la vida, quien para manifestarse y crear todo lo aparentemente existente, debió bifurcarse en una doble naturaleza, creando a su opuesto: Ahriman, la oscuridad. Sin embargo y tal como sugiere el Islam, sólo Dios (Allah/Ahura Mazda) puede defendernos de él mismo (Ahriman) porque -parafrasiando a San Juan- en "el principio fue el Verbo, el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios", lo cual significa que nada queda fuera del creador, incluyendo el mal.

Gracias a Ahura Mazda es que existimos y somos conscientes de nuestra individualidad, aunque para ello debamos vivir a diario la dualidad: vida/muerte, luz/oscuridad, espíritu/materia, oriente/occidente, bien/mal, haciendo de nuestros actos constantes elecciones entre dos naturalezas opuestas. La misión del buen cristiano, del buen musulmán, del buen budista o del buen zoroastriano y hasta del buen pagano y del buen laico, es elegir con sabiduría: buscar la luz eterna de Ahura Mazda y fluir con él hacia la perfección para romper con la tragedia del Eterno Retorno.

Los anteriores párrafos sintetizan a grosso modo las enseñanzas del profeta persa Zoroastro, tan vívidas en el cristianismo como en el islam y plagiadas en parte por el judaísmo. La luz del creador, venerada por los persas en la figura de Ahura Mazda, fue representada por los antiguos arios de Europa, Asia Central, Medio Oriente y el Norte de la India, bajo el ícono del "Sol Invictus", el cual hace referencia a la luz creadora trascendental (el Verbo) y no así al Sol físico que alumbra la tierra, de la misma manera que el fuego fue para ellos una representación de la luz divina, en función de la sabiduría, del conocimiento y de la lucha, vitales para alcanzar el estatus de Super Hombres. 

De lo anterior se desprende que leyendas como las de Prometeo (héroe que robó el fuego de los dioses para dárselos a los humanos) o la de Melek Taus (Lucifer) para el yazidismo islámico, tengan una importancia relevante en la metafísica aria, al igual que las piras funerarias con las cuales los vikingos y hasta hoy en día los hindúes, continúan despidiendo a sus muertos, en su tránsito infinito a los mundos superiores, pues la muerte, al igual que la vida es vista como un ejercicio de búsqueda y perfeccionamiento constante, cuyo horizonte final es alcanzar al Sol mismo, al Sol Invictus o Sol Imbatible, una razón para vivir mucho más honesta y poderosa que el injustificado ascetismo judío, infiltrado en todas las religiones occidentales, que matan al espíritu brahamánico (guerrero) del humano en general.

Lamentablemente, la filosofía práctica de las religiones solares fue mutilada por la porción judaica del cristianismo que invita al hombre a "poner la otra mejilla" y a "amar al prójimo como así mismo" antes de buscar su propio equilibrio moral y espiritual (el cual desde luego está sujeto al contexto), fue cristianizando que los españoles pudieron robarle la virginidad a América y matar el espíritu guerrero del nativo. En la América india (desde México al Cuzco) se practicaban también las religiones solares y más de algún ariosofista del siglo pasado vio en ellas la influencia de los antiguos arios, apelando a la teoría del paso de Bering, en una migración centro-asiática anterior a la llegada de los mongoles desde Siberia o de los australoides desde Oceanía. ¿Serán las tribus gurayanas y chachapoyas el vivo vestigio que sustente la teoría?

Como sea, lo cierto es que a muy pocos nos acomoda hoy en día la idea de Dios en la forma de un rabino barbón y moralista que emplea a su favor el arma del remordimiento para castrar el espíritu humano. Dios ya era conocido siglos antes por los arios en la forma de Ahura Mazda: luz, fuego, Sol, Verbo, voluntad creadora y de hecho los hebreos (nación aria, distinta de los semíticos judíos con los que se fusionaron) erigieron el Templo del rey Salomón como culto al Sol naciente al igual que lo fueran las Pirámides de Egipto.

La religión Solar -en todas sus formas- es sin duda arcaica, pero esto no significa que no nos sirva de referencia (especialmente filosófica) para los tiempos nuevos, en que necesitamos respirar la simpleza y conectarnos con lo superior. Somos hijos, encarnaciones del Verbo, de nuestro padre Dios, principio creador: Ahura Mazda, todo lo demás (incluyendo a Ahriman: la sombra) son simples manifestaciones de Ahura Mazda. Así mismo, el politeísmo de la India no es per sé, pues los dioses menores representan los múltiples atributos del Dios último, del Dios único, del Dios luz, guerrero en Thor, festivo en Baco, carismático en Mercurio y seductor en Eros o Afrodita.

En imágenes: (Izquierda) Culto al Sol en el antiguo Egipto, (Derecha) el "Sol Invictus" iluminando al dios hindú Brahma.

La religión del "Sol Invictus" continúo siendo practicada en secreto durante la Edad Media por sociedades mistéricas como la de los cátaros y templarios. Muchos artistas de aquella época y del Renacimiento, conscientes de la religión eterna, encriptaron la figura del Sol entre los íconos cristianos en referencia al ulterior culto, herencia de los antepasados arios y del cual seguramente se sintieron orgullos Da Vinci, Botticelli y Giotto, entre otros.

La Estatua de la Libertad, regalo de los masones franceses al Estados Unidos independiente, es una referencia a la diosa romana Diana y al "Coloso de Rodas", una de las siete maravillas del mundo antiguo que recibía a los navegantes mediterráneos con la mano derecha alzando el fuego de Prometeo. El Coloso de Rodas fue una representación del dios del Sol griego: Helios. En ambos ejemplos son los rayos del Sol los que sobresalen -a modo de corona- sobre sus cabezas.

La cruz gamada o esvástica: otra referencia al Sol entre los hindúes, fue adoptada por los nazis para dar sustento esotérico a su desquiciado plan de dominación mundial y lucha contra el sionismo judeizante. Este símbolo solar místico, aparece dibujado también en un conjunto de cerámicas fenicias encontradas en las islas británicas.


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viernes, 8 de noviembre de 2013

ETERNO RETORNO

Clásica ilustración del dragón-serpiente devorando su propia cola, en referencia a la naturaleza cíclica del tiempo en el Universo: el eterno retorno de lo mismo. De fondo el Sol Invictus: alegoría mística de los pueblos arios, común en la simbología romana, persa y germánica, entre otras.

La primera vez que vi una reproducción de la imagen que abre el presente post fue hace muchos años en las primeras páginas del best seller "El Alquimista" de Paulo Coelho, libro ambientado en el Magreb, Egipto y el sur de España, parajes hoy considerados más bien exóticos pero que guardan buena parte del legado de la humanidad, además de los secretos y de la magia inextinguible, latente entre las ruinas de Cartago, las pirámides de Egipto y las mezquitas de Córdoba, donde alguna vez se sintetizaran los grandes aportes del paganismo germánico y romano, del islam, del cristianismo y del judaísmo. En aquel libro, Coelho hace además referencia a Salem (ciudad palestina, antesala de la Jerusalem judía, presumiblemente fundada por colonos arios), reviviendo al rey que habría gobernado sobre la misma: Melquisedec, clave en influenciar el arrojo del personaje hacia la búsqueda de su destino, más allá del Estrecho de Gibraltar.

Aunque "El Alquimista" es ante todo un libro simbólico y que obedece como tantos otros a la lógica de la autoayuda y al fermento de la ideología global new age (considerada más un peligro que un aporte por quien escribe estas líneas), es evidente que Coelho más que ficción, compila en rangos muy superficiales ciertas pildoritas del antiguo conocimiento esotérico, que tuvieron todos los pueblos desde el norte de la India al sur de Europa. Algunos de estos conocimientos, develados en "El Alquimista", tienen que ver con la importancia de los sueños (lo que en la década de los '30 Jung ligaría al "arquetipo") y con la búsqueda del oro alquímico, que no consiste en la transmutación física de los metales en piedras preciosas, sino de la evolución espiritual del mago-hombre al Ubermensch u hombre trascendental.

Curiosamente, fue este mismo orden de ideas lo que alejó al más grande de los filósofos occidentales: Friedrich Nietzsche, de su nihilsmo absoluto, pues comprendió el alemán que el Ubermensch es entre todos, el más importante y noble ideal u arquetipo humano, inspiración hacia una incesante búsqueda que no podría culminar jamás en una sola vida, a menos que esta fuera una vida eterna, algo similar pero en algún punto inconciliable con la idea de resurrección de la carne o de reencarnación. Para Nietzsche la idea del eterno retorno es también una invitación para romper con el karma judeizante del miedo, a modo de vivir una existencia plena y libre, relegando el remordimiento a un segundo plano, pues todo error -si se quiere- podrá ser corregido en la siguiente existencia.


"La muerte no es el fin y tras la muerte todo vuelve a acontecer hasta en el más mínimo detalle" sugirió alguna vez el ariosofista Miguel Serrano, de esta manera en otro espacio-tiempo los seres nacerán una vez más de las entrañas de la misma madre, el deja vú y los recuerdos del futuro (de los que tanto escribiera el incomparable Philip K. Dick) pueden así ser explicitados; esto es lo que al menos parecen haber supuesto sobre el misterio de la vida y del Universo, los alquimistas medievales que ilustraron tantas veces en sus crípticos la imagen de la serpiente circular (burlando las acusaciones de herejía), así como también los gnósticos y las antiguas escuelas de misterios griegas, persas y egipcias, a las cuales Nietzsche en honor a sus antepasados, toma demasiado en cuenta.

En lo sustancial, se puede concluir que la idea del "Eterno retorno" está impresa en lo más profundo del subconsciente humano, siendo regla de oro en "la gran patria" de los arios antes, durante y después de su dispersión por Eurasia. Es el nexo evidente entre la idea de reencarnación (propia de la India y ciertas sectas islámicas de Medio Oriente como los drusos y yazidistas), con la idea de resurrección en un mundo espiritual que nos legara el cristianismo, esta idea también parece haber sido fuerte entre los griegos y principalmente en el ideoscosmos platónico e igualmente poderosa en el zoroastrismo y en el islam chííta sepitamano y duodecimano, que sostiene la teoría de los "Imanes Ocultos": líderes espirituales que mueren y retornan varias veces al mundo físico, para señalar en su ejemplo de vida el camino recto y divino a las naciones de la tierra. 

Para el Islam Chiíta: religión persa, Jesús fue una encarnación más de los imanes. Curiosamente este mismo Jesús (el Mesías nazareno, no judío) fue según la leyenda visitado en su nacimiento por tres astrólogos persas que practicaban la religión de Zoroastro: el Zaratrustra de Nietzsche que nos descubre la idea del Eterno Retorno, ciclo de naceres y renaceres constantes que Miguel Serrano fundamenta en la teoría de que "en el Universo el tiempo es infinito, no así la energía y la materia que se reciclan constantemente, repitiendo inclinaciones conocidas". Aquel ciclo eterno y reiterativo sólo podría romperse -según Serrano- con la consecución del estatus de Ubermensch (Super Hombre), lo que para el hinduismo es "alcanzar el Nirvana" y el cristianismo y el islam reconocen como "el Paraíso", un arquetipo de los mundos superiores, descritos también por la Cábala babilónica.

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domingo, 27 de octubre de 2013

Águila Herida: La inminente resurrección del Panarabismo

"Nuestro objetivo básico es la destrucción de Israel, el pueblo árabe quiere luchar"
(Gamal Adbdel Nasser)

Son estos, tiempos decisivos para la "cuestión árabe": la exaltación de una lucha común que afecta a un gran contingente del Tercer Mundo y cuyo punto de inflexión fueron las expediciones napoleónicas y británicas del siglo XVIII, que darían premeditado impulso al deterioro del Imperio Otomano, dejando el camino libre al imperialismo atlántico, que se consagra en su máxima aberración con la instauración del Estado de Israel en 1948.

Israel: el sueño de Spinoza, Disraeli, Herzl y del congreso de los "Sabios de Sión", cenit de décadas y tal vez siglos de maquinación asquenazí cuyo objetivo final (y al que vamos a todo motor encaminados) es la consagración de un Nuevo Orden Mundial: secular, individualista, anti-religioso y anti-nacionalista en lo tocante a los "goyim" (gentiles o no judíos) que inconscientes o indiferentes ante el espirit de corp que encarna la identificación con los símbolos de la raza, de la cultura o de la religión propia (en esto consiste la actual propaganda sediciosa de los medios "sionizados" contra el Islam y la religión católica) llegará a ser simplemente una manada global, desprovista de voluntad y del romanticismo de nuestros antepasados, valorada en cifras y sacrificada al juego de la de la oferta y la demanda en el escenario de un capitalismo poco ético, acaparado por minorías avaladas por la judería internacional que tiene monopolizado hace mucho el control de la banca, de la política gubernamental de los países (izquierda o derecha son hoy la misma basura), de los organismos internacionales (ONU, Banco Mundial, FMI) y de las transnacionales. 

Ya desde el siglo XIX nos han venido advirtiendo del plan sionista muchos de los avatares nacionalistas y religiosos de la historia reciente: Henry Ford, Adolph Hitler, el Gran Muftí de Palestina, Nasser, el Ayatollah Jomeini... gran parte de ellos -lamentablemente- enemigos del régimen democrático que exalta la libertad individual, apela a la diversidad y abre las fronteras de los países al mercado global, aunque el precio por aquello lo estemos pagando hoy en día, con sociedades cada vez más empobrecidas, endeudadas y desmoralizadas, que suplen su falta de identidad en la aspiración e imitación de lo foráneo en un subconsciente culto al imperialismo americano. La manipulación sionista que tiene a su favor el control de los medios de comunicación globales y reproducen mántricamente las imágenes del Holocausto (como si de la Segunda Guerra Mundial sólo contaran los muertos judíos) ha cumplido con la labor de transmutar todo ícono nacionalista o religioso en "el eje del mal", en los representantes del Diablo, un diablo que desde luego no compra productos Kosher.

Muchos desconocen sin embargo que "el palo blanco" tras el Holocausto y la parafernalia de los nazis, fue la satánica familia judía Rothschild: los grandes banqueros internacionales a quienes el Imperio Inglés otorgó títulos nobiliarios y que tras aquella Segunda Guerra lograron tener al fin su propio país-feudo: Israel. Fueron representantes de esa misma familia los que prepararon el camino al cáncer socialista, financiando los escritos del judío alemán Carl Marx y a toda una manga de resentidos bolcheviques (cuyos principales líderes desde luego también eran judíos) que hicieron de Rusia la cuna de un imperio comunista, enemigo del nacionalismo y de la religión de los zares: el cristianismo. Curiosamente, el origen, destino y muerte de la Unión Soviética fue deparado desde la cuna del capitalismo occidental: Nueva York, ciudad que puede jactarse de tener tantos judíos como la propia Israel. 

La historia es un libro abierto que no miente y bien saben esto los hijos de Caín: Donde hayan nacionalistas, hombres de religión, amantes de su cultura, gente noble, honesta y determinada, los judíos estarán siempre en problemas ¿No se repite acaso la misma historia en Egipto, Babilonia, Roma, la Inquisición Española y la Alemania Nazi?

PANARABISMO VS PANISLAMISMO

Dos de los líderes más importantes del nacionalismo árabe: El gran Muftí de Palestina, Haj Amin Al Husseini  (izquierda) y el Rais egipcio, Gamal Abdel Nasser (derecha).

En imágen, el egipcio Hassan al Banna, masón, fundador de la polémica sociedad de los Hermanos Musulmanes, génesis del fundamentalismo islámico y de la intolerante ideología religiosa panislamista que tanto daño ha hecho a los países árabes y no árabes de Medio Oriente, para provecho y continuidad de los fines de políticos Israel y del imperialismo norteamericano. Hamás y Al Qaeda son filiales de la misma, cuya mano se oculta tras múltiples atentados y organizaciones que perjudican la paz en la región.

El panarabismo o nacionalismo árabe, surgió a mediados del siglo XIX secundando la lógica de los movimientos nacionalistas europeos, todos productos posteriores a la Revolución Industrial y al imperialismo asociado que significó movilizar capital y mano de obra del centro económico (Europa) a la periferia (Asia, África, el Subcontinente Indio) confrontando a los colonizadores con un "mundo de razas", dividido en adelante entre una mayoría de explotados y una minoría de explotadores. Fueron justamente estas cuestiones las que enfrentaron los árabes en plena disolución del Imperio Otomano, cuando queriendo diferenciarse de los odiados dominadores turcos, se plantearon una identidad idiomática: la nación árabe, una patria absolutamente heterogénea conformada por hombres de raza blanca, mediterránea, negra y asiática y en la que cabrían por igual levantinos (sirios, libaneses y palestinos), iraquíes, egipcios, magrebíes (marroquíes, argelinos, tunecinos) y sudaneses.

A comienzos del siglo XX, los imperios británico y francés reemplazaron al dominador otomano en el mundo árabe, prometiendo a los líderes políticos la pronta liberación y conformación de un Estado Árabe que unificaría el norte de África con el Medio Oriente. Desde luego esto no sólo no sucedió, tras la salida de los británicos se forjaron además todas las condiciones para que aquel mundo árabe fuera disgregado por nuevas corrientes nacionalistas y sectoriales en lo religioso que jamás permitirían la unión, sumado a ello el imperialismo no se retiró del todo de la región, dejaría enclavada para siempre una embajada en el corazón de Medio Oriente: la patria judía, Israel.

La ideología sionista que llevaron a oriente los judíos europeos, tras la ocupación ilegal y prepotente de Palestina a comienzos del siglo XX, ayudó a exacerbar la idea de nacionalismo árabe. Fue entonces cuando cobraron fuerza las ideas de filósofos sirios y libaneses como Zaki al Arsuzi y Michel Aflaq, quienes inspirados en la tradición prusiana, asumieron la responsabilidad de construir los símbolos comunes de la nación árabe, más allá del decaído orgullo, de la certera diversidad y de las diferencias locales, de esta manera secularizaron a la figura espiritual del profeta Mahoma y a la noble religión del Islam, convirtieron en ícono al beduino: antepasado común de los árabes y se hicieron de una simbología patríotico-militar-religiosa, consistente en la media luna, las espadas cruzadas o el águila (tomada de las banderas romanas, al igual que hicieran los nazis), todo ello sirvió como fermento de un sentimiento identitario propiamente árabe, el cual se fortalecerá aún más tras las derrotas diplomáticas y militares frente a Israel, comenzando por "la catástrofe palestina" o Nabka: el día que la ONU regló la creación del Estado judío.

El árabe, una raza más espiritual que antropológica, desciende de todas las grandes culturas antiguas, que forjaron el destino de la humanidad, desde Sumeria a Egipto, pasando por Babilonia, Asiria, Fenicia, el Imperio Hitita y Persia. Comparado con estas antiguas y prósperas civilizaciones, los míticos, bíblicos pero siempre mediocres reinos judíos, sólo fueron unos cuantos asentamientos en la Palestina histórica, totalmente rudimentarios y por lo mismo sus gentes más de alguna vez dominadas, desplazadas o vendidas como esclavos por los imperios colindantes. Sin embargo aquellos judíos tuvieron a su favor desde el primer día la perseverancia de la fe en el Dios único (fe por lo demás influenciada por los persas) lo que les generó una idea de identidad racial y el imperativo de no mezclarse entre las naciones receptoras al punto de desaparecer. Así lo han venido haciendo durante los últimos tres mil años y esto es en gran parte la génesis de la desconfianza mutua entre judíos y gentiles.

El vivir dispersos entre los reinos e imperios más avanzados de la antigüedad  conservando siempre la particularidad de su raza, les permitió a los judíos evolucionar intelectualmente y absorber durante siglos conocimientos científicos, alquímicos, matemáticos, filosóficos, numerológicos y esotéricos que vienen colectando desde su cautiverio en Babilonia y Egipto, así mismo supieron aprovechar el influjo cultural de los conquistadores persas y griegos que anexaron Palestina en la antigüedad  para luego abrirse paso por Roma, el Imperio Sasánida, la India, el norte de África, la España musulmana y la Europa del Renacimiento, logrando estar siempre a la vanguardia y liderando toda revolución política y social. 

Considerando todos estos eventos, es comprensible porqué los judíos han logrado dominar desde la Edad Media el arte de la diplomacia, de la economía, la especulación y la ciencia de la riqueza (fueron fundadores de los primeros bancos europeos y de la usura), llevando a cabo gran parte de su historia una estrategia de camuflaje o de asimilación engañosa (desde el hacerse pasar por cristiano o musulmán en el medioveo, a las más selectas prácticas de espionaje político), son también fundadores de la psicología (¿quién mejor que un judío puede comprender la mente humana?) y los primeros en razonar y practicar el poder persuasivo de la publicidad. Al margen de la religión -y a veces en contra- se les atribuye también ser los principales responsables de proliferar las ciencias ocultas, con aportes que van desde el empleo de la Cábala y el Talmud al Tarot, la cartomancia y las escuelas de misterios, tales como el Rosacrucismo y la Masonería.


Desde luego, una nación con tales antecedentes históricos no puede ser considerada menos que peligrosa por los partidarios del nacionalismo, por los hombres de religión o por los defensores de la economía local. Así lo entendió Bismarck, cuando promovió la asimilación y conversión de los judíos alemanes al cristianismo, pues no en vano fueron esos mismos judíos los que tres décadas más tarde traicionaron a Alemania y se aliaron con Francia y Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, desatando el odio alemán y la escalada del nazismo. Similar cosa hicieron los judíos negros de la India, quienes facilitaron el ingreso de la dominación e imperialismo británico al subcontinente, los judíos de China, responsables directos de las sanguinarias guerras del Opio junto con los británicos y desde luego, el imperialismo británico y francés estuvo infestado a todo nivel de machiavellos judíos, lo mismo que ocurre actualmente con la invasión norteamericana en Medio Oriente y su presencia siniestra pero no casual en Mesopotamia (la actual Irak), prostituta maldecida por los profetas de Israel. Tres mil años después, más allá de asirse con los recursos energéticos de Irak (petróleo y gas), están llevando a cabo su venganza onírica (simbólica).

Aquel pueblo oscuro y deicida es en esencia incompatible con el espíritu árabe, herencia de la ética integral zoroastriana (persa) practicada durante miles de años, que es el corazón mismo del Islam verdadero y que se traduce en la derrota del mundo material por el espiritual (los judíos encarnan la victoria del primero) a esto apelaban también los nazis y por esta razón muchos de ellos buscaron asilo en el Mundo Árabe tras la derrota de Hitler. El geist árabe es un arquetipo incapaz de separar vida de espíritu: patriotismo y religión de política, lo más cercano al Superhombre del que hablaran Nietzsche y Hesse y que es tan bien reproducido en ejemplos de integridad y lucha como Nasser, el Gran Muftí de Palestina o el héroe de las Malvinas: Mohamed Alí Seineldín, hombres que con tal de preservar los más altos valores de la nación: libertad, moral, tradición y orgullo, estuvieron dispuestos a sacrificarlo todo. Es este arquetipo épico, el que falta hoy en día entre los líderes de un Mundo Árabe e Islámico "sionizado" y plagado de Mubaracks, Gadafis, y Bin Ladens que no representan para nada la virtud de los mencionados anteriormente, pues desde luego son simples caricaturas, amigables a Israel y referenciales del "líder acéfalo" que facilita el camino al imperialismo, a la pobreza y a la desintegración interna de los países.

Sólo me resta agregar que hoy por hoy que poseo la madurez suficiente para entender que la idea de democracia es un suicidio en muchos países, prefiero que existan cien dictaduras como la de Bashar Al Assad en Siria y hasta otras tantas como las de Hussein a esa falacia que está promoviendo el sionismo a través de la ONU y EE.UU. en Siria, Irak, Egipto y Libia y que a la fecha sólo ha engendrado gatopardismo (confusión política) y multiplicado los muertos en la región. El mundo árabe comienza a despertarse de su mal sueño, pero reconociendo en lideres como Al Assad el heroísmo de aquellos grandes hombres que luchan contra gigantes o causas imposibles, la de Siria consistente en mantener a todo costo su autodeterminación política y económica (un ejemplo para todos los países corrompidos del Tercer Mundo), no resultando para nada extraño que los rebeldes que luchan contra el régimen sirio, sean una manga de hambrientos mercenarios, provenientes de muchos países y financiados por tres actores que tienen gran interés en debilitar a Irán y diluír toda la influencia que este país musulmán no árabe ejerce sobre la región y principalmente en Siria. Estos tres actores son Arabia Saudita, Israel y Estados Unidos. 

Pese a que el futuro no parece nada prometedor, estoy seguro -sin embargo- de que de las ruinas de aquel mundo árabe, heterogéneo en lo racial pero cada vez más UNO en el espíritu, remergerá sin duda un nacionalismo panárabe fuerte, mucho más consciente y pujante, un nacionalismo árabe secular, liderado por las naciones del Levante (Siria, Líbano, Palestina) y que mutilará la influencia de los petrodólares, del sectarismo religioso que tanto divide a cristianos y musulmanes, desterrando para siempre el fundamentalismo islámico (principal arma con la que opera el imperialismo su plan de desintegrar el Mundo Árabe) y poniendo en evidencia a los traidores gobernantes sauditas, peones del colonialismo, socios y pupilos de Israel. 

Es este tipo de nacionalismo el que se necesita para enfrentar al Nuevo Orden Mundial, el cual debe comprenderse como la victoria del capitalismo judío, traducido en pobreza, endeudamiento, esclavitud y tristeza para todas las demás naciones. Se necesita de un nacionalismo árabe indiferente a la ceguera ideológica y religiosa, como así mismo abiertamente opuesto a la Arabia profunda, rica en petróleo, pero ignorante y aún en pañales frente las conquistas y el legado histórico de los árabes blancos de las regiones meditérraneas, llamados a liderar el bloque regional. Este nacionalismo por el que muchos pugnamos, debe apostar por Irán y no por Arabia Saudita, por el amor a la tradición más que por al amor al dinero que tanto ha corrompido a las élites de nuestros países. Es el Irán de Jomeini: la antigua Persia de los arios, así como la gran obra de Nasser y de todos los prohombres árabes e islámicos, la guía necesaria para terminar con cien años de pesadilla en esta lucha final, secuela de otras tantas en las que nos robaron todo, menos la integridad.