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sábado, 23 de noviembre de 2013

Salomón: "Hombre de Paz"

Salomón y la corte del templo, recibiendo a la reina de Saba

"Shalom" y "Salam" son la definición de "Paz" en lengua hebrea y árabe respectivamente. Salomón, rey de Israel y referente simbólico de templarios y masones, más que un personaje real de la historia, encarna un arquetipo: el "hombre de paz": Shlomo en hebreo moderno y Suleiman en árabe, etimología de la cual derivan los nombres de Solomon en inglés y Salomón o Solimán en español. El nombre de su reino era Salem ("Tierra de Paz"), sobre la que los judíos edificaron el remedo Jerusalém, polis mística -en sus orígenes- que atrajo indistintamente la construcción simbólica de judíos, cristianos y musulmanes.

Parece ser que la verdadera raíz del nombre Salomón es la que deriva del árabe Suleiman (Salam-Man/Hombre-Paz), siendo el sufijo man la referencia a hombre y mente en lengua aria, la cual era empleada en la región del Levante con anterioridad a la llegada de los pastores semitas (entre ellos los cananeos y judíos) que se fusionaron u absorbieron a naciones cuya lengua vernácula era anatólico-indoeuropea: los pueblos hititas, hicsos, hurritas y pelásgicos, estos últimos ancestros de los filisteos (antiguos palestinos) y hebreos originales.

Es así como la leyenda de Salomón, al igual que muchas otras epopeyas bíblicas (como el "Diluvio Universal"), tendría un origen pre-judío, puesto que la historia del "rey justo" u "hombre de paz" proviene de los hebreos, una nación y raza distinta de los demiúrgicos judíos, que practicaba la religión solar de los antiguos arios y rendía culto a la Gran Luz. Los judíos por su parte, fue una raza de esclavos (tal como reflejan las historias de Moisés en Egipto y Abraham en Babilonia) que en su paso por las grandes civilizaciones de Medio Oriente a la par de ser sometidos, aprehendieron los aportes civilizadores de naciones mucho más avanzadas, convirtiendo al referente de Ahura Mazda de los arios en el dios tiránico, celoso y vengativo que es Yahvé: un Demiurgo o falso Dios, sustento de una filosofía o religión acorde a pueblos domeñados o sometidos que más que ver en Dios a un padre, un espíritu de amor y voluntad creadora, ven a un esclavista implacable, que a la vez es el as perfecto bajo la manga, pues siendo Yahvé el esclavista, no hay justificación posible para tolerar la dominación de otros seres humanos, y por el contrario surge el derecho de someter a los "goyim" como sacrificio al dios nacional.

La lámina muestra la repartición de Palestina en época bíblica. Nótese que el reino de Israel era distinto del de Judá y que los filisteos ocupaban una porción semejante de territorio al que están reducidos en la actualidad los palestinos por determinación sionista. La historia es un eterno retorno.

Las implicancias de esta nueva fe en Yahvé, fue la constitución de una nación sólida, tradicionalista pero también progresista, conformada por hombres y mujeres que cargan en sus frentes la seña del resentimiento. El judío en adelante (destinado a errar) se rebelará siempre de forma minuciosa y agazapada ante todo orden no judío: los estamentos de la Europa clásica, abolidos por la Revolución Francesa y el (falso) iluminismo, o la lucha de clases que terminó desatando no sólo la caída de la Rusia zarista en poder de los bolcheviques, sino que dos guerras mundiales desastrosas, son claras muestras de lo escrito, y que la vez son un simple reflejo de una guerra mucho más épica u cósmica (en palabras del barón Julius Evola), la lucha entre los nobles espíritus solares y las oscuras huestes del Demiurgo, entre los seguidores de Ahura Mazda y los esclavos de Yahvé.

Esta batalla cósmica de varios capítulos comenzó en Palestina, Egipto, Babilonia y el Imperio Romano en épocas remotas, continuó durante la Edad Media en Europa y engendró grandes hecatombes político-militares, durante el siglo pasado a nivel mundial. En 1947 la batalla retornó a Medio Oriente, plasmándose en el conflicto palestino-israelí (arquetipo del eterno retorno de las ancestrales luchas entre filisteos y hebreos contra judíos) y en la época en curso, avanza a pasos acelerados hacia una Tercera Guerra Mundial que enfrentará al islam ario, islam solar o islam persa (chií) contra el sionismo, cuya sombra envuelve a su favor no sólo a Estados Unidos y la mitad de Europa Occidental; el wahabbismo, el salafismo, el terrorismo islámico, el islam político y otras vertientes filosóficas del islam demiúrgico operan en la región a favor de Israel, puesto que la concepción de Alláh (Dios) en estas ideologías del resentimiento, está lejos de ser la de Ahura Mazda, el mal le reza siempre a Yahvé, del mismo modo que el Salomón judío tergiversa al Salomón hebreo hasta el punto de convertir al "hombre justo" u "hombre de paz" (un Imán o portador de la luz) en la encarnación arquetípica del súmmum imperialista.

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lunes, 22 de julio de 2013

El León de Judá: Algunas consideraciones sobre Jamaica, la cultura reggae y el sionismo negro

Enclavada en el corazón del Caribe, la exótica isla de Jamaica (Jah-maica: tierra de Dios) no sólo destaca por ser el país del reggae, de los velocistas olímpicos o de las mulatas más cautivantes de Centroamerica, su historia, ligada a la esclavitud y al éxodo, es digna de ser conocida e investigada a fondo, como punto de partida del llamado "sionismo negro". Un paraíso tercermundista, comparado por sus habitantes con el Edén de la Biblia y en el que africanos, judíos y árabes lograron forjar una sociedad símil a la bíblica Eritrea.

No es necesario ser un gran entendido de la música reggae, para estar en conocimiento de que Bob Marley además de exaltar la libertad, venerar el consumo de cannabis y condenar la violencia social, política e intrafamiliar (esta última manifiesta en su canción "No Woman No Cry") reflejó en muchas de sus composiciones una carga de espiritualidad y simbolismos judaicos, que quedarían impregnados por siempre en la cultura reggae y que hacen referencia a "Sión", "Babilonia", "Jah" (Jahvé) o el "León de Judá", entre otros. Desde luego los guiños no son nada casuales, el propio Bob, nacido en una familia interracial, descendía por línea paterna de ancestros sirio-judíos que emigraron a Inglaterra en el siglo XIX. Por otra parte, el movimiento rastafari, del cual fue su más viva expresión, entraña sus orígenes en la añoranza por Abisinia (Etiopía), lugar desde donde provino el grueso de los esclavos jamaiquinos y que en la antigüedad remota fue el espacio físico donde se consumó la unión entre la reina de Saba y el rey Salomón, entre la cultura afro-árabe y el judaísmo. Un grupo étnico llamado falasha (judíos negros) radica desde hace tres milenios en Etiopía.

De algún modo u otro, Jamaica es una recreación del Cuerno de África, el destino de centenares de exiliados y esclavos que hicieron de esta tierra el Edén del tercer mundo americano. Descubierta por el propio Cristóbal Colón (genovés cripto-judío) en 1494, la isla fue colonizada en el principio por piratas sefardíes que emigrados de España se negaron a convertirse al cristianismo, un siglo más tarde pasó a manos inglesas y esclavistas árabes transportaron contingentes de mano de obra proveniente del oriente africano. De aquella accidentada mezcla de poblaciones y eventos surgió una cultura fortalecida sobre los pilares del sionismo negro, el país de los "rastas" que además de ensoñar una Babilonia negra, rinden culto a un rey etíope (Haile Selassie I), presumible descendiente de Salomón y al que consideran la última encarnación de Jahvé.

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sábado, 1 de junio de 2013

Las Redes Judías: Infiltración, Dominio y Engaño

Que la historia es un relato favorable a los poderosos y a las clases dominantes, es una verdad en parte incuestionable y en parte a medias. Si sólo nos dejásemos llevar por el atemporal relato del pueblo judío y sus incontables deportaciones, persecuciones y sufrimientos, nuestro catalejo se empaña fácilmente y pasamos por alto el hecho de que se trata -al menos nominalmente- de la misma nación que encabeza desde hace cientos de años un imperio oculto pero cada vez más evidente, de los  financistas de cada una de las grandes revoluciones, de los autores/mentores de extendidas filosofías e "ismos" (capitalismo, liberalismo, socialismo, comunismo, anarquismo, terrorismo...) que cambiaron las directrices políticas, sociales y culturales no sólo de Occidente, sino del mundo entero y por cierto también, de una etnia racista que ha establecido parámetros estamentales en la propia Israel y que juramentó odio contra los "goyim" (gentiles o no judíos) desde el Talmud a los Protocolos de los Sabios de Sión.

No puedo negar que existe en mí una cierta admiración hacia el enmarañado constructo histórico del pueblo judío, fundamentado en sus altas convicciones y en su imbatible sentimiento de identidad forjada en símbolos, relatos y los fortísimos lazos a una fe estatal que se pierde en la noche de los tiempos. El hecho de ser un descendiente directo de cristianos maronitas (raza híbrida entre lo "semítico": arameos, cananeos y judíos y lo "ario": persas, griegos y templarios) tanto en la carga sanguínea como en lo espiritual/cultural me ha generado sentimientos contradictorios hacia aquella nación, de la cual es indudable todos poseemos algún nexo, ya sea racial (los judíos son parte hace siglos de la geografía europea, conociéndose estudios que revelan, por ejemplo, que al menos 1 de cada 3 españoles es un cripto descendiente) y sobre todo en lo metafísico e intelectual, pues independiente que te definas como "cristiano", "racionalista", "agnóstico", "marxista", "liberal" o lo que sea, todos aquellos ismos identitarios -sean religiosos, filosóficos o políticos- de algún modo u otro fueron sembrados por mentes judías, la élite intelectual par excellence del mundo occidental.

No puedo pasar por alto sin embargo, que se trata de la misma nación que a diario pisotea los derechos humanos de miles de palestinos y que los ha obligado a vivir en condiciones infrahumanas (con muros y apartheid de por medio, encerrados sin cargos en cárceles que violan la normativa internacional, convertidos en ciudadanos de tercera en Israel o desplazados hacia diferentes países árabes en los que se ha tercializado el conflicto), menos simpatía aún me generan las nefastas élites judías que mueven los hilos de la economía y de la política global, utilizando la triada hegeliana: tesis-antítesis-síntesis para la generación de efectos y respaldos sociológicos previamente estudiados. 

Tribunal Supremo de Israel. Construcción de inspiración masónica (con obeliscos, pirámides y referencias al "Ojo que todo lo Ve"), su construcción fue llevada a cabo con fondos de la familia Rothschild.

La Revolución Francesa, la Revolución Bolchevique, la Primera y Segunda Guerra Mundial, la Guerra del Golfo o el cobarde ataque al Word Trade Center (antesala de la Tercera Guerra Mundial, planeada hace siglos y documentada incluso en el siglo XIX, en una carta que el illuminati Albert Pike dirigiera al unionista italiano Giussepe Manzzini) son sin ningún atisbo de duda jugadas maestras de una élite judía que a la par de ocultismo y herejías condenadas por algunos de sus múltiples profetas (entre ellos Abraham, Amos y el propio Cristo), aprendió en las míticas tierras de Babilonia y Egipto, técnicas de manipulación psicológica y sobre la importancia de las ideas ("las palabras construyen la realidad", razón por la cual los grandes medios y consorcios de comunicación están en manos de judíos). Entre todas aquellas satánicas ardides menos que nada puedo pasar por alto la Segunda Guerra Mundial, cuyos sufrimientos son convenientemente acaparados por la memoria del Holocausto, relegándose al olvido la muerte de otro millar de europeos no judíos, entre ellos parte importante de la familia de mi abuelo materno, nacido en el norte de Italia, no sin justa razón un ferviente antisemita.

No son infundadas las sospechas que ligan tanto las dos guerras mundiales como el Holocausto con un plan perfectamente trazado por las potencias (y desde dentro por el lobby sionista), se comenta que fue la prominente casa bancaria de los Rothschild la encargada de financiar el plan de acción del nazismo alemán, teoría que parece consolidarse con el hecho de que destacados mandamases de las SS (entre ellos el propio Adolph Hitler), ocultaban su linaje judío. El plan desde luego fue sórdido, pero perfecto, su objetivo: desatar una gran matanza de judíos inocentes, para de este modo conmover a las consciencias europeas, de manera que surgiera la necesidad de compensar al "pobre pueblo judío", entregándoles "legítimamente" (por visación pseudodemocrática en las Naciones Unidas) un terruño en la Palestina histórica, la cual desde luego no era un lugar deshabitado. Favoreció al plan sionista el hecho de que Palestina estuviera por entonces bajo mandato británico y años antes formara parte del brazo meridional del Imperio Otomano. 

Tanto en uno como en otro imperio las influencias sionistas estaban consolidadas, de sangre judía eran muchos de los "jóvenes turcos" (facción nacionalista que terminó suprimiendo el imperio para fundar la República Secular de Turquía, dejando el destino de las últimas tierras árabes en manos de Occidente), destacó entre todos ellos el inteligente estratega y primer presidente turco Kemal Atatürk. En el Imperio Británico, casi desde su fundación, grandes consejeros, ciertos lords y ministros cargaron también la sangre de David, ninguno más emblemático que Benjamin Disraeli, el más cercano amigo y consejero de la Reina Victoria, quien se las arregló para obtener de los turcos los primeros asentamientos (kibutz) judíos en la Palestina Otomana.

La duquesa de Cambridge, Kate Middleton junto a su madre Carol Goldsmith. Ambas descienden de una noble familia judía, al igual que la difunta Diana de Gales y la Casa de Windsor.

Ciertamente la sangre es más espesa que el agua y bien lo saben los judíos. A los muchos civiles de aquel linaje que han logrado escalar a los más altos puestos políticos, militares u económicos de los distintos países, haciendo que el lobby sionista sea algo más que una simple teoría de conspiración, debe sumarse también a la totalidad de las familias reales europeas (todas ligadas entre sí). Ya desde tiempos de la dinastía Merovingia, la sangre judía comenzó a infiltrarse en las distintas coronas europeas; aquel fue el fundamento para que en la Edad Media se llevaran a cabo las cruzadas, menos para rescatar de la influencia islámica a los Santos Lugares por donde transitó Cristo, que para salvaguardar la tradición y las riquezas judaicas del Templo de Salomón, aquella construcción simbólica de la cual apenas sobrevive el Muro de los Lamentos y que fue destruida dos veces: primero en el 587 A.C. por los babilonios y luego en el 66 D.C. por los romanos.

Ello explica también porque siendo una institución surgida en Europa: la Francmasonería utiliza simbolismos y alegorías judaicas como el Trono de Salomón y el rito cabalístico, porqué la corona de Inglaterra (hoy ocupada por Isabel II) encarna para la masonería tradicional o regular a la figura de Salomón o el porqué de la relevante importancia de los masones en la configuración de los distintos movimientos republicanos en Europa, América y Asia para provecho del imperialismo inglés. Hacia comienzos del siglo XIX, la augusta institución sirvió indirectamente a los planes británicos (y franceses) de desmantelar al Imperio Español, fomentando las ideas independentistas y la lucha patriótica desde la créme militar de nuestro continente: O'Higgins, San Martín, Bolivar y De Miranda, destacan como insignes caudillos y militantes de las llamadas "Logias Lautarinas", irregulares, pero fiduciarias de la masonería escocesa. Desde entonces nuestra historia republicana quedó asociada al geist masónico, lo mismo que a nivel de RR.II., la estructura de las Naciones Unidas obedece a un esquema logial.

No debemos olvidar sin embargo, que pese a ser una institución que fomenta los nobles ideales de libertad, igualdad y fraternidad (los mismos de la Revolución Francesa) el alcance universal de la francmasonería ha desatado desde fines del siglo XVIII algo algo más que la discordia en gran parte de los países de Medio Oriente, donde fomentó el libre pensamiento entre las clases dominantes y los intelectuales liberales, lo cual explica muchos de los conflictos políticos y guerras civiles de la región, engendrados en  la insoluble disputa entre los ulemas (intérpretes de la ley religiosa) y los reformistas laicos a la hora de crear una nueva institucionalidad para los países, producto de ello prevalece una eterna anarquía que revuelve los mares para ganancia de las potencias occidentales: ayer Gran Bretaña y hoy Estados Unidos, ambos imperios capturados por la mano sionista, cuyos intereses posan sobre el petroleo, la geoestrategia y la salvaguarda del enclave occidental-israelí. 

Con todo, el hecho de que hoy en día los judíos sean literalmente "los dueños del mundo" se explica en que su poderío hoy como ayer, no se encuentra delimitado a un territorio o imperio particular, se liga más bien a la mística de la sangre y al hecho de que lograron "hacer familia" no sólo en las más altas esferas de la aristocracia económica y bancaria, sino también entre los linajes nobles de Europa. Se limita al "perraje" la influencia intelectual, ideológica, e incluso artística, proezas en las cuales la nación de David también destaca a la par o sobre los "goyim". Declararse antisemita o antijudío es probablemente la más suicida de todas las determinaciones, no por lo quijotesco que resulta revelarse contra una bien organizada red de poder, presente en todas las actividades humanas, sino porque muchos cargan también con el sino que dicen despreciar (es probable que todos tengan algún antepasado de la estirpe de Abraham). De modo que despreciar al pueblo judío es despreciarse a sí mismo, a la propia humanidad, por tanto no es mi intención velar los múltiples atropellos que se han cometido en nombre o en contra de la patria hebrea, tampoco desestimar sus certeros sufrimientos, ni la fortaleza de su fe en Yahvé que los terminó removiendo de la Tierra Prometida. Que quede claro, yo no odio a los judíos, pero tampoco niego que desprecio al ilegítimo Estado de Israel, al Sionismo y sus intenciones de acabar con el último reducto de espiritualidad aria: la República Islámica de Irán.

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sábado, 29 de septiembre de 2012

Siria también tiene derecho a la autodeterminación!

Desde el 26 de enero del año pasado, Siria quedó convertida en un triste campo de batalla donde se enfrentan los perniciosos planes del Sionismo internacional contra la resistencia y los planes geoestratégicos que Irán tiene para la región. En este contexto, Bashar Al Assad es sólo la cara visible de un gobierno gerontocrático, donde las decisiones del Presidente de la República están siempre subordinadas a la planificación de una cúpula dirigente, absolutamente clientelista, pro Irán y dueña de los recursos productivos del país. Los rebeldes en tanto, son las poblaciones despojadas de la gran repartija de beneficios estatales, estimulados al odio por medio de la soterrada presencia norteamericana e israelí (fundamentalmente israelí) que pretende una escalada del descontento popular, no sólo en Siria sino en todos los países del Medio Oriente, para hacer estallar una gran guerra en la región, la cual naturalmente enfrentaría a Estados Unidos contra Irán, sin que se derrame una sola gota de la sangre de Judas, de los maquinadores de siempre.

Ya lo advertía hace 90 años Henry Ford: es una cuestión propia del Sionismo servirse de otros Estados para hacer la guerra, enfrentando entre sí a naciones inocentes, 30.000 muertos en Siria no pesan nada en la conciencia de las finanzas judías. Sabemos que la política internacional norteamericana no tiene nada de norteamericana, dado que el Sionismo ha venido instalando en ella a sus mejores emisarios desde los años '20 y aunque probablemente no se trate de un sionista, resulta también sospechoso el origen cripto-judío del Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, quien puso al país de los persas en el "ojo del huracán" y al pie de una futura guerra, por sus planteamientos contra el Holocausto y la confrontación con la ONU en la política unilateral de enriquecimiento de urano.


jueves, 16 de agosto de 2012

La conexión islámica en el Nazismo alemán

El Nacional Socialismo alemán, como toda forma de fascismo existente, fue un fenómeno político y sociocultural a todas luces reprochable, aunque atribuible a una crisis nacional y a la desesperación de una nación sometida a las tropelías internacionales del Tratado de Versalles, cuyas disposiciones de paz y compensación favorecieron considerablemente a los franceses y a la Triple entente, con favor de la maquinaria oculta (financistas, propaganderos y lobbistas judíos) al servicio del Nuevo Orden Mundial: la gran confabulación hacia el capitalismo total-global. Abanderándose en una supuesta "espiritualidad aria" la Alemania Nazi le había declarado la guerra al proyecto judeo-sionista, consistente en convertir al planeta en una masa proletaria, desespiritualizada, materialista y consumista, esclavizada y manipulada además por el influjo de los productores de bienes/servicios y de los grandes prestamistas bancarios, oficios propios de la usurera nación judía que desde la Primera Conferencia Mundial Sionista (1897) y la filtración de los Protocolos de los Sabios de Sión, dejó bien en claro la existencia de un proyecto para dominar al resto de naciones, por medio del poder económico, la efervescencia ideológica, la psico-publicidad, la industria del entretenimiento y los vicios.

La llegada al poder de Adolph Hitler (curiosamente, un cripto-judío) y del Holocausto, son claras deformaciones en la evolución del nuevo pensamiento alemán que tuvo por adalides entre los siglos XIX y XX a filósofos existencialistas como Nietzsche y ariosofistas como Guido von List, todos de alguna manera antisemitas, que vieron en los judíos a un pueblo de "doble moral" (por un lado: una moralidad esotérica y espiritual que conocen sólo los de su casta y por el otro: un peligroso pragmatismo que practican en el día a día en su relación con los no-judíos, a quienes se permiten gravarlos con las peores usuras y engaños para obtener el máximo de beneficios egoístas, bajo la convicción de ser un pueblo privilegiado, elegido por Dios) y pretensiones de dominar la economía global. Tempranamente descubrirían los padres del Nacional Socialismo alemán que aquel desafecto hacia el pueblo judío, lo compartían también las naciones musulmanas al sur del Mediterráneo, igual de enemigas de la "doble moral" y embebidas en unos patrones espirituales que los nazis consideraron más afines a la "espiritualidad aria" que a la semita, pese a que el profeta del Islam: Muhammad, fue un beduino árabe, descendiente del linaje de Sem y de Abraham al igual que los judíos verdaderos.

Entre los ideólogos del Nacional Socialismo, destacó el Baron Rudolph von Sebottendorf, fundador de la Sociedad ariosofista Thule, una escuela iniciática de conocimientos esotéricos, plagada de alegorías y simbolismos arios, arrianos, cabalísticos y sufíes (misticismo islámico), von Sebottendorf vivió varios años en Turquía y viajó por países como Irán y Egipto en su búsqueda de la más elevada espiritualidad y de la ciencia gnóstica, con la misión de recuperarlas y de reinstalarlas en una Europa devastada por los vicios del materialismo dialéctico. En Thule militaron las principales mentes del Nacional Socialismo como Heinrich Himmler y el propio Adolph Hitler, quienes llegaron a tener sus propios aliados en el Mundo Musulmán, destacando entre todos el clérigo palestino Haj Ammin al-Husseini, un declarado líder antisemita que armó a los árabes contra los primeros colonos israelíes en Palestina y en quien los nazis confiaban plenamente, guiándose por su aclamación de la sublime espiritualidad musulmana, así como también por sus criterios racistas, dado que el Gran Muftí poseía también un sorprendente aspecto nórdico, nada infrecuente entre los árabes del Levante.

El Gran Muftí de Palestina (Haj Amin al-Husseini) saludando a las SS musulmanas

Derrotados los alemanes en 1945, las dos cosmovisiones materialistas del planeta: el capitalismo atlántico y el marxismo soviético se repartieron el destino de los países a ambos lados de la "Cortina de Hierro". Ya no habría cabida para los orgullos de raza ni para la alta espiritualidad en las naciones occidentales, dominadas en adelante por el yugo del pragmatismo y del escepticismo, comienza a proliferar allí un criterio de engañosa igualdad y de libertades civiles aparentemente sin límites, fundamentadas sobre la base del consumismo, tal cual se detalla en los Protocolos de los Sabios de Sión. Maquinadores sionistas movieron los hilos del mundo a ambos lados de la Cortina de Hierro y así como judíos fueron Lenin y Trotsky, también lo son Henry Kissinger y Paul Wolfowitz, los verdaderos Machiavello que se esconden detrás de todos los atropellos a los derechos humanos cometidos por los Estados Unidos en el mundo, incluida una intromisión directa en nuestro país durante la dictadura de Pinochet.

Finiquitadas las escollas del fascismo centroeuropeo, al maligno plan sionista de dominio mundial resta actualmente una barrera mucho más inquebrantable para los fines rastreros de la nación de Judas, dicha barrera la encarnan los cientos de millones de creyentes musulmanes de todos los orígenes que poseen la mejor de todas las armas para enfrentar a Sión: la integridad de espíritu. La guerra que hoy liberan los musulmanes contra sus opresores, al igual que la liberara Alemania y el Eje contra los Aliados no es ni ha sido nunca una guerra contra Occidente, es una guerra contra Sión, pero no se trata de aquella mínima franja de tierra robada por un grupo de europeos a los árabes en 1948, sino del Sionismo global, encarnado en los cientos de tratadistas y de personeros judíos que infiltrados en las distintas élites y gobiernos del planeta ejecutan día a día el gran plan protocolar de 1897. Aquellos sionistas (con más sangre jázara que judía) no encarnan para nada la espiritualidad de Moisés, Abraham, Jesucristo o Maimónides ni de los creyentes hebreos, hombres y mujeres honestos que han sido perseguidos durante siglos por la malignidad de unos pocos. El pueblo judío es de luces y sombras, y así como pertenecieron a él los grandes profetas bíblicos y los alquimistas medievales, también lo han hecho nefastos personajes como Herodes, Judas, Carl Marx, Hitler, Golda Meir, Anton LaVey o la familia Rotschild, lo que da para pensar que donde posa la mano de Dios, posa también la silueta de Satán.

¿En qué se equivocó el Nazismo?: en todo desde luego, pero más que nada en abrirle el camino a un demente megalomaniaco (o quizás un sionista encubierto) apellidado Hitler que llevó a cabo un Holocausto satánico que sacrificó la vida de millones de inocentes, judíos y no judíos que en su mayoría ignoraban la existencia de un plan sionista de dominio mundial. Aquel Holocausto fue el salvo conducto planificado por el gobierno oculto sionista en su plan de instaurar el Estado de Israel, lo que definitivamente ocurrió en 1948. Lo único rescatable del Nacional Socialismo fue su interés por rescatar la espiritualidad perdida de Occidente y hacerle frente a las maquinaciones del Nuevo orden en ciernes, mismo al que hoy enfrentan con todo ímpetu las naciones orientales del Cercano Oriente, sea en las caóticas calles de Bagdad, en la cárcel al aire libre llamada Palestina o en una Irán abiertamente antisemita, que ha llegado incluso a negar el Holocausto: la gran "propaganda de victimización" en palabras del judío anti-sionista Noam Chomsky.
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martes, 1 de mayo de 2012

Bin Laden y el "Asesino de la moto", máximos generalísimos en las campañas de Obama y Sarkozy

¿Qué tienen en común la captura de Bin Laden y los asesinatos en una escuela judía de Tolouse llevados a cabo (supuestamente) por el magrebí Mohamed Merah?, probablemente nada para quienes no están habituados a cuestionar la "historia oficial" ni observar más allá de sus narices, pero para quienes denunciamos y somos más sensibles a las descaradas maquinaciones del Sionismo Internacional, todo lo anterior obedece a la misma mano invisible, una que lleva cerca de un siglo interviniendo los destinos de Medio Oriente y casi tres dominando el tablero europeo desde veladas redes de contacto y poder, los medios de comunicación y la ineludbile influencia de las dinastías bancarias, maleadas desde siempre por linajes judíos como el de los Rothschild (principales mentores del Estado de Israel y guardianes de los Tesoros del Vaticano), los Schiff, Warbug, Loeb e inclúso por sionistas estratégicamente bien posicionados como es el caso del polémico Dominique Strauss-Khan, ex Director del Fondo Monetario Internacional, la institución financiera global que mantiene premeditadamente pobre al Tercer Mundo.

Lo curioso de ambos hechos, además de apuntar al chivo expiatorio de turno: el fundamentalismo islámico, es que hoy vuelven a salir a la palestra para potenciar las campañas presidenciales de dos de los principales aliados del Sionismo: Barack Obama y el judío Nicolás Sarkozy, el primero pretendiendo quedar como héroe en la captura y ajusticiamiento de un enemigo que jamás existió (Osama Bin Laden) acontecida el año pasado y el segundo sirviéndose de un simulacro de la inteligencia francesa destinado a revivir el miedo a los árabes y al Islam que es desde hace varias décadas el núcleo migratorio más importante en el país, constituyendo una población segregada, económicamente y socialmente riesgosa, pero en términos reales, jamás un peligro fundamentalista, pues se trata (en general) de familias poco cohesionadas y en tanto poco o nada conservadoras ni religiosas. El único peligro que hoy constituyen los árabes franceses (en su mayoría de orígen magrebí u africano) no viene por el lado del extremismo religioso, sino de la pobreza y sus dos principales corolarios: la delincuencia y el narcotráfico.

Mohamed Merah, el llamado "Asesino de la moto" puede que simplemente haya sido una víctima, sacrificada por el hecho de ser árabe (un miembro de la "minoría sospechosa") con el fin de hacer correr la gran maquinaria de la manipulación comunicacional presente hoy en todo el mundo y destinada a forjar por un lado Estados policiales (potenciados e interventores) y por el otro, aumentar la aprobación popular de las actuales administraciones o así mismo asegurar reelecciones presidenciales de gobiernos especialmente occidentalizantes (anti-pluralistas) o abiertamente anti-islámicos. Hace un tiempo conocimos de cerca esta maquiavélica artimaña en torno al confuso caso del jóven pakistaní Muhammad Saif Khan quien fuera procesado por posesión ilegal de explosivos y supuesto intento por atentar contra la Embajada de Estados Unidos, siendo liberado posteriormente dada la poca credibilidad que fraguó esta historia en la opinión pública chilena. Más de alguno sospechó entónces y con justificable razón que dicho simulacro pudo ser posíble dada la conexión Sionismo-Hizpeter en una época orbitada por el cuestionamiento a Israel y el reflote de la reivindicación palestina a niveles de discusión política.

Sin duda, se impone hoy ante nuestros ojos la era más absolutista del utilitarismo, nuestras frentes marcadas están desde el nacimiento por "valores de uso" y "valores de cambio", siendo evidente que una vida en Irak o Afganistán vale -en términos de transacción- una centésima parte de la de un occidental (o al menos corre mayor peligro), cobijado entre los algodones de la dulce ignorancia. En miras de aquella nefasta publicidad y del paradigma mediático sionista se estigmatiza y direcciona el futuro de miles de niños palestinos hacia la vía dolorosa de la revolución y la guerrilla sin que nos importe demasiado, o nos parece risible (pero no una incitación) la quema de coranes en Afganistán o Nueva York que pretenden irritar a las naciones amantes de su religión con el fin de generar que la guerra inducida  en Medio Oriente no termine jamás, dado que implica gruesos réditos para aquellos que la prodigan y financian, ocupando tierras validadas sólo por sus recursos naturales (petróleo, gas y opio) y esperando que Israel siga induciendo en la opinión pública global la idea de que es un país rodeado de enemigos peligrosos, ante los cuales debe protegerse, inclúso con ocupaciones ilegales en Gaza o planes de guerra preventiva... "Nos vienen jodiendo desde los tiempos de Cristo", diría Nietzsche, pero su antisemitismo (entendido como odio a los judíos) no calza para nada en esta reflexión, pues a mi entender no todos los judíos son sionistas y más peligrosos que los propios sionistas son los filosionistas no-judíos.

Los peligros que hoy sortea la humanidad no son los que publica ni exagera el New York Times o CNN ni mucho menos uno constituído por naciones o religiones puntuales, por tanto no se dirigen mis dardos a la etnicidad ni religiosidad judaica, identidades de un pueblo heterogéneo, pero admirablemente apegado a sus milenarias tradiciones y costumbres, tampoco son los musulmanes árabes, persas o de otros tantos orígenes el gran peligro que nos intentan inculcar, dado que son ellos los únicos valientes que persisten en batallar contra el manifiesto imperio de la causa sionista, una causa que poco tiene que ver con Abraham, David y la nación de Cristo y que va más allá de la mera representación y titularidad del Estado de Israel, desligándose de orgullos de raza y territorios, para abrazar en cambio una estructura de manipulación, injusticias y usura globalizada. Es el Sionismo aquel peligroso gérmen que denuncio, instaurado en todo cuanto nos rodea, un gérmen de exclavitud que somete las actitudes de occidente y al no poder conseguir nada del pobre y radicalizado oriente (salvo la descarada extracción de sus hidrocarburos), lo sacrifica y acomoda de la mejor manera que convenga a sus intereses previamente trazados, tal cual llegó a sacrificar e instrumentalizar en algún momento las vidas de seis millones de judíos europeos, muertos en el Holocausto.

Ni Obama ni Sarkozy representan los intereses de sus respectivos países y gentes, no así del Sionismo bancario y de la política sionista internacional a quienes sirven gustosos, lo mismo va para sus contrincantes. La política nacional y global hoy en día es un teatro excecrable, el gran nido de culebras sobre el que convergen todas las maquinaciones del Nuevo Orden. Administra finalmente una dinastía de megaempresarios nacionales e internacionales que ocupan a los políticos de fachada, consorcios y coaliciones que liquidan toda posibilidad de emprendimiento limpio y apuestan en todo momento a dos estrategias nefastas: simulacro comunicacional de antagonismos internacionales a la democracia o a la libertad (cuanta razón tenía Jean Baudrillard) y sucios manejos políticos y económicos tras bambalinas.

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jueves, 1 de marzo de 2012

El Islam: verdadera religión monoteísta

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Dijo Cristo a una habitante de Samaria: "La salvación viene de los judíos" (y análogamente -debemos suponer- la perdición también).

Los judíos de Europa (producto de una prolongada racía entre sus homólogos de oriente con jázaros túrquicos, eslavos y germanos centroeuropeos y varios linajes mediterráneos, más nunca verdaderos semitas, ni el equivalente exacto de judíos orientales, árabes y arameos) fueron la primera nación en separar política de religión y vida mundana de fe, instaurando un proyecto que desde el siglo XIX será conocido por el nombre de Sionismo.

Es el Sionismo uno de los primeros discursos políticos globales (excusado en la religión y en la convicción de los judíos de ser el pueblo elegido por Dios), fundamentado en una manipulada liberación de las sociedades occidentales y en la conservación del statu quo espiritual hebraico, para que entre una creciente polación de infieles, agnósticos y ateos, sean los judíos dueños de un secreto ya revelado: "Sólo existe un único Dios y todo aquel que crea en él, será dueño del mundo", porque para el creyente (y en especial para los judíos) el mundo es nada y Dios lo es todo, no habiendo más jerarquía que una verticalidad existente entre Dios y el hombre. Así, el creyente es relataviamente libre de ataduras ante la sociedad, sus instituciones y caudillos y sólo a Dios debe rendir cuentas por sus actos, errores y omisiones, siendo su deber cumplir las promesas visadas ante la Divina Providencia, además de multiplicar los talentos y bendiciones aportados por Dios en pos del bien común y la filantropía. Sin embargo ahí donde el verdadero judaísmo exhorta a un acto de fe, el Sionismo promueve un "negocio de raza" y esto es, aprovechar el paulatino "atontamiento" de los infieles y la trivialización de sus vidas, para venderle toda clase de vicios e inducidas necesidades, de modo de generar riquezas aprovechando los vacíos en que estos intentan llenar sus vidas a falta de una espiritualidad fuerte como la judía.


Es por todos conocida la fuerte presencia de capitales e intereses judío-sionistas en la industria del entretenimiento global (cine, televisión, música y estílo de vida). Ya en las décadas de los '20, '30 y '40 del pasado siglo, detractores cristianos como el sacerdote argentino Julio Meinville y el empresario norteamericano Henry Ford eran tildados de anti-semitas (concepto muy antojadizo y del todo erróneo) por acusar al Sionismo de la destrucción deliberada de los valores cristianos y occidentales por medio del monopolio de la industria del entretenimiento y de los medios de comunicación. De modo, que si viene a ser cierto aquello de que la historia casi siempre se explica en un conflicto entre dos religiones, podríamos concluír que la nueva era (que se extiende desde la Revolución Francesa y la Revolución Industrial hasta nuestros días) es un conflicto entre las religiones monoteístas y el auge de un nuevo paganismo iconoclasta, financiado y procurado por el Sionismo, y cuyo fin último sería concebir la disgregación del mundo y la unidad inquebrantable de los judíos, titulares hace seis décadas de un Estado ilegítimo robado a Palestina y que corona la primacía del imperialismo sobre el Tercer Mundo.

Los hechos mundiales de los últimos tres siglos, obedecen sin duda a un muy bien elaborado plan sionista, que tuvo como punto de partida la Revolución Francesa, en ella tomaron parte ricos banqueros, mercaderes e influyentes intelectuales y filósofos judíos franceses y centroeuropeos, que más que hartados por el anti-semitismo, decidieron actuar por odio a la aristocracia y sus privilegios de clase, movilizando a toda una gama de movimientos populares (artesanos, pre-sindicalistas, pequeños comerciantes) de las ciudades y a la burguesía galo-romana. Tras esta intervención nacería el iluminismo occidental, hecho que se hizo expansivo a todas las luchas de liberación en el mundo: la Independencia de Estados Unidos y de los Estados americanos, la "Nahda" egipcia, etcétera.

Humanismo, "Liberté, Igualité y Fraternité" se convirtieron en los catalizadores del nuevo mundo secular. Un mundo que no tardaría en declarar la muerte de Dios en el ideario colectivo, retornando a una esclavitud invisible, pero igualmente agobiante: la idolatría al mundo y toda su intrascendencia. Mientras tanto la salvación, las verdades últimas y la paz del alma, quedaron confinadas a la Sinagoga y en último término a las sociedades filantrópicas como la Francmasonería, mezcla de humanismo secular, mística judía (esoterismo gnóstico), observancia y sincretismo religioso.

El Cristianismo por otra parte, y fundamentalmente la conservadora Iglesia Católica, ha sido desde entónces blanco de ataques y de una propaganda sediciosa en su contra, no extrañando en tanto el creciente desengaño y desafección de sus fieles, pues después de todo para que sobreviviera la nueva religión humanista y secular, debía necesariamente perder fuerza y tender a desaparecer la vieja religión dogmática espiritual. En otros términos, el nuevo orden de occidente implicó que la gran masa retornara a la idolatría del mundo material (una condición pre-cristiana), mientas una minoría inteligente y en algunos casos manipuladora, conservaba intacto el secreto de Dios y de la trascendencia espiritual, sobrando entre sus filas mercaderes de la iconoclastia (en adelante llamados "capitalistas"), que al igual que en el mercado político, aprendieron a negociar con las aturdidas esperanzas del populacho ignorante y acérrimo de una imágen, delineada de antemano y bajo mil nombres o formas, por turbios publicistas, enemigos de la humanidad.

Hasta bien avanzado el siglo XX, directa o indirectamente todas las grandes revoluciones desde la sublevación del Tercer Estado en la Francia "iluminada", guardaron relación con el Sionismo, la siguiente gran revolución: la Bolchevique, fue trazada también por bien posicionados estrategas e intelecuales judíos que decidieron un buen día acabar con la Rusia de los zares ortodoxos (cristianos) y llevar a la práctica un regímen ateo, fundamentado en una forzosa igualdad de clases y que tenía como hoja de ruta la utopía marxista (es por todos conocido, además, el orígen judío de Carl Marx, como para no ser tan ciego de concluír que "todo es simple coincidencia") e incluso podríamos aventurarnos a conjeturar más y decir que el Nazismo sirvió también a los intereses sionistas, pues tras este irreprochable acto de odio y patética xenofobia, Sion quedó al fin establecida en una tierra que a lo mucho hace siglos o tal vez NUNCA perteneció a aquellos judíos europeos (azhkenazíes) que se dicen sus dueños legítimos, por sobre una población autóctona aramea (los árabes palestinos) que sin duda podrían reclamar ser los verdaderos judíos, conversos al Cristianismo y al Islam durante siglos de ocupación extranjera, y que nunca abandonaron ni dejaron de ser los verdaderos dueños del territorio.

En cada uno de los eventos que forjaron el nuevo mundo (o Nuevo Orden Mundial) siempre figuraron judíos europeos: altos mandos reformistas, dictadores y revolucionarios como Lennin, Trotsky, Adolph Hitler (involucrado en algunas teorías de conspiración, como probable agente sionista), Mustafá Kemal (cripto-judío y responsable de la venta de territorios palestinos al Imperio Británico y sus socios, los colonos sionistas), Henry Kissinger (un promotor de los fascismos sudamericanos, que irónicamente se las arregló para obtener el Premio Nobel de la Paz), Paul Wolfowitz (secretario de defensa norteamericano durante la falsa "Guerra contra el Terrorismo" y mentor de muchas de las políticas genocidas de George W. Bush) y el conservador y declarado enemigo del Islam: Nicolas Sarkozy, Presidente de Francia.

La temprana piedra de toque a todas estas revoluciones e intereses de mundanalización global, la encarnó sin duda oriente y en especial el Mundo Árabe-Islámico. Hace más de dos siglos que Europa y occidente vienen intentando insertar (sin éxito) al Mundo Islámico en su area de influencia, estableciendo regímenes piramidales que promueven la separación de la vida cívica de la fe, pero el Islam es un nombre glorificado que (al igual que el Cristianismo y Judaísmo originales) implica y significa: "Sumisión a Dios". Para el Islam no hay separación posíble entre vida y fe, Dios y mundo, pues sólo concibe en Dios al único y gran jerarca del Universo y en el hombre como tal, un segundo al mando. De tal forma que el Islam es en esencia (aunque las campañas de desinformación pretendan hacernos creer lo contrario) la religión más humanista y liberal entre lo que queda de los tres monoteísmos abrahámicos, también llamadas "religiones del libro".

Si el Cristianismo conoció en su época más oscura el exacerbado poder de reyes y papas, como así mismo una iconoclastia o divinización intermedia de angeles y santos, para el Islam en cambio, no existe más divinidad que Allah (y Muhammad es su mensajero) y sólo a Allah es a quien ha temerle el hombre y el único de quien debe procurar consentimiento... son sólo los ojos de Allah los que deben pesar sobre la conciencia humana y no las moralidades cartuchas, ni las extremas consideraciones sociales. El musulmán verdadero es un ser libre, regido por su libre voluntad y por sus propias reglas, siempre y cuando no olvide que los ojos de Dios (el único ser en el que reconoce superioridad) estan posados sobre él y que es Allah quien tiene siempre la última palabra, a él y a nadie más que a él deberá rendir cuenta en todo mometo y al final de sus días, por cada una de sus decisiones y actos, llamados a ser justos y fraternales, de modo que para glorificar a Dios, el musulmán (como cualquier otro buen creyente) debe procurar la paz y actuar en conformidad con el bien de la humanidad, ser siempre un aporte.

Mundanalismo, arrogancia y avaricia son males que aferran a esta vida y alejan al hombre de Allah. El buen musulmán, sin dejar de hacer y de vivir como cualquier mortal, sabe discriminar entre las cosas que no le llevan a nada (más que a un injustificado sufrimiento) de aquellas verdades divinas que atesorará en su alma de esta a la otra vida. En "La Justicia Social en el Islam", el pensador islamista egipcio Sayyed Qutb (mentor del movimiento Hermanos Musulmanes) nos advierte que el Islam es incompatible con el mundanalismo occidental y cómo pese a ser occidente la cuna del liberalismo y del socialismo, el Islam los supera ampliamente, pues todo buen musulmán sabe preocuparse por evolucionar indiviudalmente (encaminarse a la perfección divina) y a la vez dirigir sus talentos y energías a la comunidad (la Umma), de modo que la fe irrestricta en el Dios único logra por sí sola que el hombre sea a la vez de un gran liberal (porque se preocupa de crecer y de aprender cuanto más pueda en esta vida) y un socialista consciente que entiende que una vida para sí mismo no tiene ningún sentido y que todo proyecto emprendible (negocios, familia, defensa de la patria, etcétera), debe ser pensado como un aporte a la colectividad.

La presencia imperialista en el oriente, sin duda ha desvirtuado al Islam, inclúso entre los propios musulmanes, muchos de los cuales han optado por manifestaciones de extremo conservadurismo (Wahabismo, Salafía, etcétera), de modo de no caer víctimas de la mundanalización occidental... inclúso los movimientos reformistas en Egipto, Siria, Argelia, Marruecos, etcétera, mucha culpa han tenido en enajenar al Islam y alejarlo de su verdadera dimensión libertadora, hasta convertirlo en un movimiento reaccionario, abanderado en la lucha del Tercer Mundo contra la explotación centro-periferia. Por otra parte, la dura represión de la que son víctima a diario las sociedades musulmanas (desde hace más de un siglo) es una manifiesta herencia de los artificiosos procesos de autodeterminación presionados por occidente (crear Estados de la nada) y puesta en escena de gobiernos de minoría -en asociación con las FF.AA.- fieles al statu quo post-imperialista, y sordos ante las demandas populares. Ante esta verdad, surge el fanatismo islámico, que responde con la misma moneda en la que fue pagado desde un principio: con violencia!

Ha sido un error histórico, pero premeditado considerar al Islam contrario a los valores republicanos y a la democracia. Sin duda, el dogmatismo exacerbado (signo de una enfermedad en la religión) no es ninguna solución a fluir con los tiempos y evolucionar conforme a cómo avanza el mundo y esto lo aprendieron muy bien hace un tiempo las estancadas sociedades cristianas del sur de Europa. Sin embargo, no es menos cierto que el republicanismo y la democracia no nacieron de la nada y tienen su orígen en la dialéctica cristianismo-mundanalismo-sionismo, en un constante proceso hegeliano de tesis, antítesis y síntesis, de tal forma que no es nada extraño que las primeras constituciones europeas y occidentales comiecen señalando el nombre de Dios y la idea de igualdad entre todos los ciudadanos, más allá de razas y confesiones. Ese matíz no nació de la nada, es la resultante de siglos de humanismo judeo-cristiano en occidente, algo del todo semejante al humanismo en el Islam.

La razón por la que Islam en sus distintas vertientes se ha radicalizado en algunos países (principalmente en Arabia Saudita, Irán, Pakistán, Argelia o Marruecos) obedece más a una rebeldía de tipo político que a un rescate de la tradición o verdadera comprensión del Corán o algunas de sus suras... la verdadera ciencia del Islam la cargan los sufíes (místicos) y ellos concitan a vivir el mundo con la simpleza de los niños: en plenitud y como una gran aventura, saboreando cada derrota y triunfo, alegrías y tristezas, privándose de placeres cuando corresponda (en el mes del Ramadán y algunas otras celebraciones oficiales) y a vivir un verdadero carnaval de los sentidos cuando también corresponda. Después de todo en ello consiste la belleza del ritual, en que la vida no es plana y que estamos obligados a embebernos en cada una de las instancias (abundancia, carencia, sabiduría, ignorancia, niñez, juventud, vejez, vida, muerte...) el Islam como verdadera religión monoteísta nos invita a vivir en plenitud todo lo bueno y lo malo que nos traiga la vida, más nunca olvidando que lo único valioso que nos llevaremos al final de esta, llegó con nosotros y siempre estuvo en nosotros. Aquí radica el gran secreto que algunos quieren robarnos: ¡Allah Akbar!; ¡Dios es el más grande!

"A muchos de la gente de la Escritura les
gustaría hacer de vosotros infieles después de
haber sido creyentes, por envidia, después de
habérseles manifestado la Verdad. Vosotros,
empero, perdonad y olvidad hasta que venga
Dios con Su orden. Dios es omnipotente".

SAGRADO CORÁN
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miércoles, 9 de marzo de 2011

La sutil manera de Netanyahu de insultar a nuestro país

Estoy tan de acuerdo con Nietzsche en sus planteamientos sobre el pueblo judío, particularmente cuando sostiene que se trata de una raza de timadores, que a lo largo de la historia bien se las han arreglado para hacer el papel de víctimas y pueblo débil, siendo que son todo lo contrario. La soberbia del Dios judeo-cristiano, del supuesto Dios único, perfecto, moralista, corrector y castigador, encubre el evidente delirio de grandeza e ímpetu dominante de este pueblo, tan perseguido y repudiado a lo largo de los siglos, por naciones arias (romanos, íberos, eslavos, persas, centroeuropeos...), semitas (asirios, babilonios, árabes) y asiáticas por igual.
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La sorprendente sutileza con que el judío logra constituír grandes imperios económicos, hacer lobby y toparse con las altas cúpulas del poder en todos y cada uno de los países que habita, es la misma con la que nos logran oprimir el corazón al revivir hasta el cansansio (para conveniencia propia) el genocidio del que fueron víctimas en los años de entreguerra: una fórmula con altas cuotas de cinismo y manipulación. Es increíble que ese mismo pueblo que aún hoy llora las injusticias que vivieron sus abuelos, sea el mismo que día a día vulnera los derechos fundamentales de la nación palestina, el mismo que va a la vanguardia en métodos de tortura a prisioneros.
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Con esa misma sutileza, el premier Netanyahu, no tuvo reparos en comparar a Chile con un perro, esto a raíz del reconocimiento que hizo nuestro país del Estado Palestino y en el contexto de la visita de Sebastian Piñera a Tierra Insana. El mandatario israelí citó la conocida "teoría del reflejo" de Pavlov, para señalar que Chile no hizo más que seguir la determinación de otros países, de similar manera a la que actúa un perro, imitando. Una descalificación internacional clarísima, oculta desde luego bajo un mantel de típica ironía hebraica, digna de segundas interpretaciones como todo lo judío en general, partiendo por sus escrituras sagradas y su discurso. Como indicó hace ya siglos Nietzsche: raza cínica, raza timadora!
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Por otra parte, es necesario indicar que el reconocimiento que hizo el Estado de Chile de su par palestino, responde menos a un acto reflejo que a un lobby político. Recordemos que en Chile radica la mayor colonia palestina del mundo y entre sus descendientes, varios militan en la política local o ejercen algún tipo de influencia en las altas esferas de decisión de nuestro país. Un punto menos para el imperialismo israelí.
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martes, 26 de octubre de 2010

Neo-orientalismo: La revancha de las ideas

De la Ciencia Política, tres de mis temáticas favoritas son las siguientes: 1) El dualismo Estado/individuo (en mi caso, visto desde la óptica liberal); 2) Las relaciones élite/sociedad y las estructuras de dominación y 3) la creación de identidad: ciudadanía o nacionalismo. Esferas indispensables para comprender cualquier estado de las relaciones político-sociales y a la vez muy interdependientes.
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Quienes siguen este blog (si es que los hay), habrán notado probablemente, que en los más de dos años que llevo escribiendo de manera independiente en esta bitácora, el tema más abordado ha sido sin duda el primero y al cual achaco siempre como corolario inmediato a los otros dos. Es después de todo el Estado el ente responsable de la "mistificación" o de la creación de "símbolos" identitarios, una institución espuria manejada por un cerebro elítico que pretende dar coherencia a una historia de pertenencia e identidad racial o cultural, muchas veces fundamentada en meras mentiras o verdades a medias, incomprobables o de un eco muy lejano con el fin de mantener aquel statu quo tan antiguo como el propio hombre y presente desde las estructuras tribales: la realidad de un "doble estamento": el de los gobernantes y el de los gobernados, diferencias nada sutiles a las que continúan aportando las distancias económicas, la falta de oportunidades, el racismo y la tradición nobiliaria, entre otras muchas variables.
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Como chileno, como sudamericano y así mismo como descendiente directo de inmigrantes, nació temprano en mí el inusual interés de enfocarme gran parte de mi vida en estas materias. Al estudiarlas, no creo estar indagando a un "otro", sino más bien enfocándome en mi mismo y en la extensa historia forjada tras de mí. De esta manera es probable que mi comprensión de doctrinas relativamente modernas como son el "orientalismo" o su secuela actual: el "neo-orientalismo" toquen una fibra más sensitiva que cerebral. Más aún tomando en cuenta que dos de mis cuatro abuelos son de orígen libanés.
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Pero ¿Qué es el orientalismo?, ¿A que refiere este concepto?, ¿Es otro"ismo" ideológico?, ¿Un orgullo y veneración de lo oriental o de lo asiático como tantos erróneamente suponen?, la respuesta es un tajante NO. Edward Said, fue tal vez el primer autor en enarbolar la bandera del orientalismo, para luego prenderle fuego y echar por el suelo toda la horda de prejuicios que lo constituyen. Desde su punto de vista, "orientalismo" es una construcción intelectual occidental fundada en reflexiones y tópicos ignorantes, imputados a las tradiciones y a la cultura de quienes habitan el otro lado del hemisferio. De esta manera, similar a la sarta de mentiras con que se tiende a constuír el sentido de pertenencia de las naciones, el orientalismo vendría a ser otro tipo de construcción, una de tipo etnocéntrico y hacia fuera, hacia todo lo extranjero, en especial: lo no europeizado, lo no judeo-cristiano, lo no democrático, etcétera, exagerando en tales casos todo aquello que resulte pintoresco o grotesco, tachándolo con cierto aire de superioridad. Del otro lado, reviene la actitud contraria: el occidentalismo, la animadversión prejuiciosa hacia todo lo occidental, algo de lo que también escribió mucho Said.
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No es extraño imaginar que en un mundo donde persisten tales criterios, el conflicto esté siempre latente, especialmente en países donde deben lidiar dos religiones o cosmovisiones distintas, algo que en el actual estadio de globalización que vivimos, es una realidad cada vez más palpable y preocupante, especialmente en el primer mundo. Y ahí tenemos a Sarkozy tratando de impedir el uso de la "burka" entre las mujeres islámicas o la amenazas de quema en masa del Corán de parte de un pastor evangélico (así son los fundametalistas religiosos, un verdadero asco!), a raíz de la construcción de una Mezquita en las cercanías de "la zona cero".
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La ignorancia es la única llama del espíritu que prende hasta con agua, por esa razón todo lo "indocto" es tan grandilocuente; especialmente aquello en lo que ha mediado una especie de adoctrinamiento o lavado de cerebro, como ocurre justamente con el nacionalismo exacerbado y la religión. En medio de esta selva y haciendo justicia a la verdad como el filósofo (que no se conforma con ver el contorno de las sombras), surjen desde la vereda de la experiencia, con un pie en el Levante y otro en los Estados Unidos (actual cuna de la metafísica occidental), escritores como los que quiero presentar hoy, todos de orígen palestino o libanés, con un interés en común: mutilar el etnocentrismo, poniendo en evidencia la excesiva carga idealista que corre tras los bastimentos del orientalismo y del occidentalismo, analogamente.
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Conozcamos parte de sus biografías.
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EDWARD SAID (1935-2003)
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Muchos le llaman el "padre del orientalismo", aunque en tales casos el concepto está mal dimensionado. Said, no era un abanderado del "espíritu oriental", sino más bien un analista que con flagrantes argumentos históricos y denunciando el peso de los hechos, plasmó en sus libros, entrevistas y ensayos; la fragilidad de los dogmas de occidente en relación a medio oriente y viceversa. Una serie de inexactitudes arrastradas desde la antiguedad o la Edad Media; periódo en que ambas regiones se consideraron enemigos religiosos y se atribuyeron de manera mutua una serie de "mitos" denigrantes.
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Said nació en una familia cristiano-palestina de Jerusalén, que tras la ocupación israelí se vió obligada a emigrar primero a El Cairo (Egipto) y luego a los Estados Unidos, de estos eventos provino su tacto cosmpolita, como así mismo no fue extraño que desarrollara cierta enemistad hacia el sionismo, al que habría considerado como otro constructo nacionalista fundado en la pertenencia más religiosa que racial de los judíos del mundo, llamados a hacer nuevamente patria en Medio Oriente.
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Además de prolífico tratadista y filósofo, Said fue también activista político y músico docto, llegando a entablar gran amistad con el pianista argentino Daniel Barenboim, sobrellevando en este sentido cualquier prejuicio estúpido que desúne, como son la política o la raza (Barenboim es hijo de inmigrantes judíos) y tendiendo un puente a través del arte, juntos formaron luego una orquesta exclusivamente constituída por jóvenes árabes y judíos: la West-Eastern Divan, llamada en parte a romper el hielo entre ambas naciones, unidas por el hilo de la historia y un orígen más común de lo que se cree.
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En sus últimos años de vida, se instaló un tiempo en los territorios palestinos, para empaparse entre quienes consideró "su gente" en el polvorín del activismo. De estos años se intenta opacar la parte pacifista de su biografía, recalcando un hecho en particular: cierto día se vió preso de un arrebato de ira al ver como unos tanques israelíes pasaban por encima de propiedades palestinas, como uno más de los civiles descontentos, Said comenzó a lanzarles piedrazos desde cierta distancia. Falleció el 2003, dejando tremendas obras como "Orientalismo" de 1978, "Cultura e Imperialismo" del 93 y "El fin del proceso de paz" del 2000, de gran cuantía para analistas interesados en el conflicto árabe-israelí.
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RASHID KHALIDI

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Escritor e historiador neoyorkino, de padre palestino y madre libanesa. A Khalidi se le reconoce como continuador del legado de Edward Said y en tanto como uno de los máximos exponentes del neo-orientalismo. Debido a su religión musulmana y a que se manifiesta abiertamente como anti-sionista, lo que no es equivalente (necesariamente) del antisemitismo, ha generado una y otra vez ronchas entre sus detractores, en especial las élites judías de EEUU, de conocida influencia en el Gobierno y los medios de comunicación.
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En su libro "Identidad Palestina", Khalidi reconoce que aquel nacionalismo es relativamente nuevo y nacido prácticamente de la nada, construído en base a las circunstancias de una recolonización hebraica durante el siglo pasado y que incomodó tal vez de manera tardía a los árabes de la región. De la opresión del pueblo israelí, nacería finalmente la verdadera identidad palestina, forjada en la impotencia, el dolor y la desdicha común de tener que convivir con una nación más poderosa, que paulatinamente les fue ganando terreno y desplazándolos de la que siempre habrían considerado "su tierra" (eso finalmente no es tan así) o tierra de los árabes y tratándolos en el intertanto como un escollo a sus fines.
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Según Khalidi, en general todos los nacionalismos árabes son de creación muy reciente y en parte inducidos por la influencia europea en la región, en su condición de ex-protectorados. De hecho así como el nacionalismo libanés busca la individualidad, desligándose del resto de pueblos de lengua árabe (palestinos, sirios, jordanos, etcétera) para formularse sobre un pasado fenicio, el nacionalismo palestino se fundamentaría en otra inexactitud: tomando la nación su nombre de los "philistinos" o "filisteos", aquella extinta civilización enemiga y opresora de los antiguos judíos y a la que según el mito perteneciera el gigante Goliat, decapitado posteriormente por el Rey David.
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Para Khalidi, e igualmente para quien escribe estas líneas, la idea de una identidad árabe es también muy confusa, debido a la muy improbable homegeneidad racial y cultural de los pueblos que manejan aquel idioma, de hecho el árabe no es más que eso: una lengua y no una raza, como así mismo no toda la gente que habla español son ibéricos. Otro de los criterios presto a confusión del orientalismo, guarda relación con la religión: en particular, la percepción occidental del islam, una religión en plena expansión, vista por muchos postapocalípticos como "semillero de maldad", pero que en el fondo posee tantas aristas que enumerarlas no viene al caso y será tarea para un próximo post. El islam ultraconservador y el islam progresista varía de país en país y de región en región, de tal manera que un shiíta en Malasia no es el equivalente a un occidentalizado sunita en Estambúl o de un converso europeo en Lóndres.
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Finalmente, hay que destacar que Rashid Khalidi es un amigo cercano de Barack Obama, lo que en otro tiempo trajo algunos contratiempos al Presidente afro-americano, debido al siempre persistente lobby judío y su tendencia a satanizar a todo aquel que se muestre en franca oposición a sus estrategias o políticas. Cito a continuación palabras textuales del autor: "El que los israelíes se dediquen a maltratar a otro pueblo (a los palestinos) resulta a todas luces paradójico, puesto que muchos descienden de víctimas de la persecución, los pogroms y los campos de concentración".
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JAMES ZOGHBY
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Académico libanés-americano y presidente del prestigioso Arab American Insitute. De naturaleza muy conservadora y a diferencia del crítico constructivista anterior (Khalidi), bastante apegado también al nacionalismo americano.
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Zoghby encarna una importante posición, en representación de la estimable y no tan pequeña comunidad árabe de los Estados Unidos, también lo hace como portavoz de los países de orígen, extendiendo aquel puente tan necesario para la conciliación de los pueblos.
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Humanista, doctor en economía y experto en religiones, ha canalizado su lucha contra el etnocentrismo de occidente, mediante fórmulas liberales destinadas a minimizar la discriminación y a fomentar el conocimiento multicultural. Sin ir más lejos, la comunidad árabe en Estados Unidos tiene la misma data en aquel país que la de inmigrantes italianos, judíos y europeos orientales, todas por igual, vistas en menos en un primer momento como aporte formativo y valórico a la sociedad americana o consideradas apenas como "mano de obra barata", pero que sin embargo, en muy poco tiempo dieron vuelta tal persepción ayudando a fortalecer la cultura (tornándose inclúso ultra-nacionalistas) y al desarróllo económico sostenido del país.
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Los árabes llegados principalmente de países como Líbano o Siria, ayudaron a engrosar las listas de profesionales, empresarios y académicos, al punto de que algunos de sus descendientes lideran hoy grandes firmas nacionales como Apple (en el caso de Steve Jobs). En un mundo tan globalizado, pero a la vez tan segregador, gente como Zoghby pretende destacar el gran valor de la diversidad y el cómo después de tantas décadas, el aporte inmigrante continúa vigorizando al progreso americano, así mismo se vuelve a mirar atrás, a los hermanos de sangre que quedaron lejos, desprovistos muchos de iguales oportunidades para surgir en la vida, opacados además por la ignorancia y los prejuicios occidentales que ellos a toda costa están dispuestos a borrar, con ningún mejor respaldo que el de sus propios ejemplos y éxito.
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