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martes, 21 de octubre de 2014

Giordano Bruno


A cuatro siglos de su silenciamiento: Giordano Bruno, nombre que da vida a innumerables logias masónicas, editoriales, bibliotecas e instituciones de pensamiento laico en general, se transmutó en mensaje, en acción y en la encarnación misma de la metafísica occidental, una que -a juicio del gran Nietzsche- debemos desprender de toda una carga de superchería judeo-cristiana, hasta llegar a la lucidéz filosófica de los griegos y al espíritu práctico y fría racionalidad de los romanos.

Condenado a la hoguera por la Santa Inquisición en el año 1600 de nuestra era, por defender un orden de ideas -rastreable hacia los presocráticos- que contrariaba los dogmas eclesiásticos, más no la verdadera naturaleza de Dios, el "gran nolano": astrónomo, místico y sofista, fue principal precursor del pensamiento renacentista, un gnóstico panteísta para quien Dios y su creación (el Universo) son el UNO (el TODO) e indivisibles, lo incombustible, lo infinito.

Bruno, intelectual libertario de naturaleza inconformista, nace desde luego en la cuna más privilegiada del pensamiento europeo y escolástico: la Italia de fines del Medioevo, particularmente en un villorrio cercano a Nápoles (la antigua "Nea Polis" de los griegos), capital del mundo de las ideas y cruce de civilizaciones (latina, griega, germánica, bizantina). Contrario en gran medida a Aristóteles (y en tanto a sus traductores: Santo Tomás y Averroes), Bruno no está de acuerdo con la idea de que el universo tiene límites y el tiempo es infinito, propone en cambio que el primero es infinito y el tiempo -aunque no lo señala claramente- una ilusión: los "ciclos del ser" que no son más que meros "accidentes" en el eterno transcurrir de la existencia única: la de Dios.

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Aquello que llamamos mundo (ya sea la tierra, ya sea el Universo/Multiverso o nuestro habitat más cercano) está plagado de "seres": existencias efímeras, "accidentes" (como los llama Bruno), ilusiones, falsos dioses, insignificantes porciones del TODO. Aquellos seres nacen, se desarrollan, mueren y remergen bajo un sin fin de formas, siendo "el cambio" la principal ley que les rige, una constante que atemoriza a los "seres conscientes", ansiosos frente a la certidumbre de la muerte; la semilla germina, se expande por la tierra, se convierte en raíces, las raíces afloran en forma de planta para trocarse en árbol, luego el árbol fenece y se convierte en abono y oxígeno, es decir en más vida y así una y otra vez la parte vuelve al TODO, nada es ajeno al TODO, nada puede serlo. Tras todas aquellas máscaras, invariable únicamente es la naturaleza de Dios y en ella Bruno contempla una voluntad de eterna vida, de lo cual se desprende que Dios no es un "ser" (un Demiurgo) que reviene sobre sí mismo, sino la escencia única e infinita que está en constante expansión, como el Universo/Multiverso (su obra y alma).

Aquel pensar libre de dogmas (librepensamiento) e indiferente ante la "palabra revelada" es sin duda la génesis misma del pensamiento liberal, el gran legado que nos dejara Giordano Bruno y por el cual bien valió su sacrificio en calidad de mártir. El orden de ideas -refrescante para la época- es de todas formas un revenir de la cosmovisión griega y tras ella, de las enseñanzas más herméticas del Antiguo Egipto, que a su vez fueron atribuídas a la mítica Atlántida y que aún hoy encontramos disgregadas y mezcladas con las más adulteradas supercherías en todo el mundo euroasiático, donde han pugnado y colisionado desde tiempos inmemoriales la espiritualidad ario-solar y el materialismo de los entes telúricos, representando unos la gnosis (el "conoce por ti mismo") y otros el dogma (la "palabra revelada es ley"), dualidad que hasta estos días siembra dudas y discordias en nuestras frágiles mentes y espíritus.

El panteísmo de Bruno se torna significativo a inicios del siglo XIX  en la gestación del llamado movimiento constitucionalista de Occidente, resuelto en separar la religión (vía espiritual) del Estado (vida civil), para dar fundamento a la república parlamentaria como forma de gobierno indispensable de los nuevos países independientes, gestados sobre la base de la pluralidad étnica. Es sustento metafísico en el ideario de Hobbes, Locke, Adam Smith y otros grandes precursores del liberalismo tradicional (prudente, honesto) y se respira también en las magnas obras del suizo Hermann Hesse: "Siddharta", "Demian", "El Lobo Estepario", "La Ruta Interior"... en el sufismo cristiano de "El Profeta" de Khalil Gibrán y en la filosofía positiva del New Thought (sgls XIX-XX) así como en los escritos del gran Emerson, quien en su ensayo "Compensación" (1841) expone lo siguiente:"El alma se esfuerza en vivir y obrar a través de todas las cosas. Quisiera ser el hecho único. Todo lo demás, poder, placeres, saber, belleza, le sería dado de añadidura".

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lunes, 2 de diciembre de 2013

El Islam, la Guerra Santa y la tradición aria en la percepción de Julius Evola


Giulio Andrea Evola (1898-1974) fue sin duda el filósofo más importante del fascismo italiano, un romanista, nacido en el núcleo de una noble familia siciliana de origen normando, que ostentó en vida el título de Barón y obtuvo del Duce (Benito Mussolini) el privilegio de exaltar las consignas republicanas. A Evola correspondió reedificar la mística del orgullo italiano, hundido en oscuros pantanos desde la Alta Edad Media, cuando la Italia Romana se convirtió en botín de los invasores germanos y la vida en sus múltiples regiones quedó asociada a reinos e imperios extranjeros.

En Evola resuenan ecos de un pasado glorioso, indisoluble del honor, de la lealtad y del amor por los símbolos raciales, religiosos y patrios, todo lo cual le posiciona como máximo referente del tradicionalismo. Fascista por convicción y por linaje, a temprana edad se alineó con el nazismo, manifestando años más tarde su abierta oposición a la barbarie y al pomposo culto a la personalidad que encarnaba el Führer. Nada le parece sin embargo más detestable que el Nuevo Orden Mundial -por aquel entonces en ciernes- plasmado por igual en el capitalismo como en el marxismo/socialismo y cuyos principales ejes son: el materialismo, el anti-nacionalismo, la anti-religión y el desprecio por la metafísica de la raza; apuestas que sólo pueden guiar al hombre y a las naciones al paroxismo biológico y espiritual, al fin de las ideas heroicas y de la integridad (de lo cual la separación entre religión, vida y política es sintomático), del honor y de la lucha por el "nosotros", de la sed de conquista y de progreso, entendido en términos no materiales.

Es por las razones arriba mencionadas que Evola contempla con nostalgia el fin de Occidente, del Occidente tradicionalista de antaño, aquel que era capaz de generar grandes proyectos colectivos en nombre del espíritu, fueran estas las cruzadas, el Sacro Imperio Romano-Germano o la Pax Romana. Taciturno entre los muros bombardeados de la Segunda Guerra Mundial, el barón llora lágrimas de tinta y se lamenta por la derrota de sus avatares, por aquellas batallas perdidas para siempre en favor del utilitarismo que ha ganado espacios a la consecuencia, a la rigidez valórica, al respeto por la tradición y por el honor patriótico y familiar.

La leyenda fundante de Roma: la de Rómulo y Remo siendo alimentados por la loba Capitolina, parece sin duda la fábula más absurda jamás contada, sin embargo posee todos los elementos de una epopeya guerrera, ayudando a identificar al romano con la naturaleza prima, dando impulso a su bravía conquistadora. Cuando Roma suavizó su espíritu cedió espacio a tradiciones y religiones foráneas mucho más elaboradas, pero paulatinamente perdió su imperio y sed de conquista, dejando hipotecada la historia de Italia al reparto de múltiples invasores.

Pocos quedan en Occidente y en la Italia pos guerra de Julius Evola, dispuestos a defender hasta la muerte un ideal, mucho menos llevar a cabo una guerra santa. En adelante, las fuerzas que mueven a Occidente poco tienen que ver con lo épico y lo sacro, cada guerra y cada revolución sopesa el materialismo, el honor se vendió al mejor postor, el amor dejó de ser aquella llama del espíritu que nos empuja a luchar y defender un ideal que supera la muerte y a un "nosotros" que nos define mucho más que las posesiones materiales. La triste evidencia sugiere que cada cosa, cada valor y cada sentimiento pasó a convertirse en un bien de consumo, hasta la política contraviene la tradición griega (la de los filósofos), no siendo más que una actividad de pillaje: a la derecha los privilegiados luchan por mantener sus parcelas de poder, a la izquierda los resentidos reclaman derechos donde no han fructificado virtudes, en el parecer del mismísmo Nietzsche.

Segregado el fascismo del continente europeo, Evola predice la disolución de su mundo, el antiguo orden. Ni Hitler ni Mussolini eran de hecho una gran opción -esto Evola lo manifiesta claramente- y sus regímenes de terror fueron justamente eso, coletazos desesperados por mantener en pie un mundo que ya no volverá y que se diluye cada día con la muerte de la tradición, para dar cabida a un orden mucho peor, de irreversible esclavismo. Tal vez el Islam -nos previene Evola- pueda poner en jaque a este Nuevo Orden Mundial de las no patrias, de las no religiones, de las razas diluidas y de las voluntades anuladas, el Islam y su concepto de "yihad" o guerra santa, que en Evola es la máxima expresión de una tradición ario-persa y ario-védica, ligada a la verdadera espiritualidad sufí y a las enseñanzas del Bhágavad-guitá.

La "yihad" consiste en dos naturalezas: una exotérica o pequeña yihad que es la guerra en su concepción tradicional (hombres contra hombres, naciones contra naciones, e imperios contra imperios), se considera inevitable, justificable, pero a la vez se intenta postergarla por la vía diplomática. Existe también una yihad esotérica o gran yihad liberada por el musulmán en su propio corazón, domeñando los bajos instintos, la pereza y los impulsos demoníacos que le alejan de Dios. Es esta última yihad la que Evola exalta como la esencia perdida de Occidente, destacando que mientras los espíritus deambulen a la sombra del materialismo, no seremos capaces de sacar a flote nuestra esencia divina: el ímpetu guerrero, la voluntad que desplaza montañas y que en tradición de los arios (persas, hindúes, romanos, germanos, vikingos, celtas, etcétera) trasciende la vida y es premiada tras la muerte con la ascención a los mundos superiores: llámese este Yanna, Valhalla, Nirvana, Paraíso o Campos Elíseos.

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sábado, 30 de noviembre de 2013

CRISTO: Entidad Solar


Estamos ad portas de celebrar una nueva navidad, pero después de 2013 años es curioso que muy pocos estén en conocimiento del origen simbólico de Cristo, quien lejos de ser un profeta judío con existencia real en la Palestina histórica, fue un plásmata (concepto de Philip K. Dick) o un imán (según el islam chiíta), es decir un arquetipo u entidad proveniente de los mundos superiores, encarnada en el mito, en las alegorías y los anhelos de los "hijos de la luz": seguidores de Mitras y de Ahura Mazda, los feligreces de la religión solar aria.

El nombre de Cristo, proviene de la palabra griega "Christos" que significa "el ungido", es decir un primo inter pares, nacido humano como cualquier otro, pero con una cualidad divina: la de ser mensajero o portador de la luz de Ahura Mazda, la misma que cargaba en su antorcha Prometeo, pupilo de Mercurio o el dios solar persa: Mitras, adoptado posteriormente por los romanos y que pudo haber sido eje de culto en Occidente, de no haberse inclinado Roma por el cristianismo como religión oficial.

En su máxima decadencia moral, espiritual, religiosa, económica y política, el Imperio Romano tuvo en Constantino al último gran estratega, que reunificó al imperio con el cemento de la nueva religión cristiana: un sincretismo entre el culto solar mitraico-ario y la figura histórica de un sabio judío, un tal Joshua (Jesús en español). De esta manera el cristianismo es otra tergiversación de la verdadera religión, combinando dos naturalezas de distinto origen en la figura de su salvador Jesús-Cristo (Joshua-Christos), por un lado un simbolismo grandilocuente solar-mitraico-ario: Christos y del otro, la filosofía de Joshua, ligada a la vida espiritual por sobre el materialismo y la fe en la resurrección, todo lo cual debió ser atractivo a los más desposeídos.

Anterior al cristianismo, el culto de Mitra fue el más extendido en el Imperio Romano, llegó a él por medio de los migrantes sirio-persas. A Mitras se lo representa como a un titán derrotando a un toro, en referencia a la victoria del hombre (o superhombre) sobre la naturaleza. Las corridas de toro -típicas en España- tienen un origen pagano, asociado al culto mitraico.

Puede que Joshua no haya sido siquiera judío, su nacimiento en Belén y prédica en Nazaret (tierras palestinas gobernadas débilmente por el reino de Judá), así como su abierto desprecio por los fariseos y sacerdotes de la época en Jerusalén, reflejan este indicio junto con el hecho de que las más antiguas referencias lo presentan como "el galileo", siendo la Galilea palestina, al igual que la Galacia anatólica, las principales colonias de origen celta o galo (de ahí sus respectivos nombres) que se conozcan en Medio Oriente. Se sabe también que Joshua -de haber sido judío- estaba muy lejos de la ortodoxia, ya que habría pertenecido a la secta de los esenios, en la cual se encontraba fuertemente enraizada la influencia greco-macedónica, las ideas del neo-platonismo y otras inspiraciones egipcias, persas, hindúes, además de las propiamente judías.

Fueron Saulo (el profeta Pablo) y otros seguidores judíos los que tergiversaron la rebelión ideológica de Joshua hasta transformarla en una nueva religión, fiduciaria del judaísmo. Los primeros cristianos fueron en su mayoría judíos en éxodo, luego los esclavos y las capas bajas de la sociedad romana, quienes por su limitada naturaleza estaban imposibilitados de comprender la filosofía esenia, mucho menos la crística.

De cara a una nueva celebración simbólica del nacimiento de Cristo, comprendamos que la Navidad es una celebración solar que festeja en el hemisferio norte la llegada del Solsticio de invierno, época de siembra para el año que viene. La luz de Cristo, es la luz de Dios, la acción creadora, sin la cual no es posible la vida; Cristo no es Dios, sino un profeta encarnado, un mensajero de los mundos superiores, como el Mahdi de los persas o el Buda de la India. Evitemos continuar viendo en Jesús-Cristo a un profeta judío, por sobre lo que realmente es: una alegoría libertadora, una manifestación de lo trascendente, la luz de Mazda filtrada en un mundo de sombras, hasta crear la ilusión óptica de "Cebra", en palabras del filósofo psicodélico Philip K. Dick.

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viernes, 15 de noviembre de 2013

RELIGIÓN SOLAR

Bandera macedonia bajo la que Alejandro Magno instauró un imponente imperio que abarcó desde el sur de Italia al norte de la India, pasando por Medio Oriente y Egipto. Al igual que la bandera actual y el escudo nacional de la Moderna República de Macedonia, representa al "Sol Invictus", símbolo transversal de los pueblos arios.

Donde hay luz las tinieblas se disipan y entonces -sólo entonces- nos es posible vislumbrar la verdadera faz de Dios: Ahura Mazda, el principio increado, padre de la vida, quien para manifestarse y crear todo lo aparentemente existente, debió bifurcarse en una doble naturaleza, creando a su opuesto: Ahriman, la oscuridad. Sin embargo y tal como sugiere el Islam, sólo Dios (Allah/Ahura Mazda) puede defendernos de él mismo (Ahriman) porque -parafrasiando a San Juan- en "el principio fue el Verbo, el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios", lo cual significa que nada queda fuera del creador, incluyendo el mal.

Gracias a Ahura Mazda es que existimos y somos conscientes de nuestra individualidad, aunque para ello debamos vivir a diario la dualidad: vida/muerte, luz/oscuridad, espíritu/materia, oriente/occidente, bien/mal, haciendo de nuestros actos constantes elecciones entre dos naturalezas opuestas. La misión del buen cristiano, del buen musulmán, del buen budista o del buen zoroastriano y hasta del buen pagano y del buen laico, es elegir con sabiduría: buscar la luz eterna de Ahura Mazda y fluir con él hacia la perfección para romper con la tragedia del Eterno Retorno.

Los anteriores párrafos sintetizan a grosso modo las enseñanzas del profeta persa Zoroastro, tan vívidas en el cristianismo como en el islam y plagiadas en parte por el judaísmo. La luz del creador, venerada por los persas en la figura de Ahura Mazda, fue representada por los antiguos arios de Europa, Asia Central, Medio Oriente y el Norte de la India, bajo el ícono del "Sol Invictus", el cual hace referencia a la luz creadora trascendental (el Verbo) y no así al Sol físico que alumbra la tierra, de la misma manera que el fuego fue para ellos una representación de la luz divina, en función de la sabiduría, del conocimiento y de la lucha, vitales para alcanzar el estatus de Super Hombres. 

De lo anterior se desprende que leyendas como las de Prometeo (héroe que robó el fuego de los dioses para dárselos a los humanos) o la de Melek Taus (Lucifer) para el yazidismo islámico, tengan una importancia relevante en la metafísica aria, al igual que las piras funerarias con las cuales los vikingos y hasta hoy en día los hindúes, continúan despidiendo a sus muertos, en su tránsito infinito a los mundos superiores, pues la muerte, al igual que la vida es vista como un ejercicio de búsqueda y perfeccionamiento constante, cuyo horizonte final es alcanzar al Sol mismo, al Sol Invictus o Sol Imbatible, una razón para vivir mucho más honesta y poderosa que el injustificado ascetismo judío, infiltrado en todas las religiones occidentales, que matan al espíritu brahamánico (guerrero) del humano en general.

Lamentablemente, la filosofía práctica de las religiones solares fue mutilada por la porción judaica del cristianismo que invita al hombre a "poner la otra mejilla" y a "amar al prójimo como así mismo" antes de buscar su propio equilibrio moral y espiritual (el cual desde luego está sujeto al contexto), fue cristianizando que los españoles pudieron robarle la virginidad a América y matar el espíritu guerrero del nativo. En la América india (desde México al Cuzco) se practicaban también las religiones solares y más de algún ariosofista del siglo pasado vio en ellas la influencia de los antiguos arios, apelando a la teoría del paso de Bering, en una migración centro-asiática anterior a la llegada de los mongoles desde Siberia o de los australoides desde Oceanía. ¿Serán las tribus gurayanas y chachapoyas el vivo vestigio que sustente la teoría?

Como sea, lo cierto es que a muy pocos nos acomoda hoy en día la idea de Dios en la forma de un rabino barbón y moralista que emplea a su favor el arma del remordimiento para castrar el espíritu humano. Dios ya era conocido siglos antes por los arios en la forma de Ahura Mazda: luz, fuego, Sol, Verbo, voluntad creadora y de hecho los hebreos (nación aria, distinta de los semíticos judíos con los que se fusionaron) erigieron el Templo del rey Salomón como culto al Sol naciente al igual que lo fueran las Pirámides de Egipto.

La religión Solar -en todas sus formas- es sin duda arcaica, pero esto no significa que no nos sirva de referencia (especialmente filosófica) para los tiempos nuevos, en que necesitamos respirar la simpleza y conectarnos con lo superior. Somos hijos, encarnaciones del Verbo, de nuestro padre Dios, principio creador: Ahura Mazda, todo lo demás (incluyendo a Ahriman: la sombra) son simples manifestaciones de Ahura Mazda. Así mismo, el politeísmo de la India no es per sé, pues los dioses menores representan los múltiples atributos del Dios último, del Dios único, del Dios luz, guerrero en Thor, festivo en Baco, carismático en Mercurio y seductor en Eros o Afrodita.

En imágenes: (Izquierda) Culto al Sol en el antiguo Egipto, (Derecha) el "Sol Invictus" iluminando al dios hindú Brahma.

La religión del "Sol Invictus" continúo siendo practicada en secreto durante la Edad Media por sociedades mistéricas como la de los cátaros y templarios. Muchos artistas de aquella época y del Renacimiento, conscientes de la religión eterna, encriptaron la figura del Sol entre los íconos cristianos en referencia al ulterior culto, herencia de los antepasados arios y del cual seguramente se sintieron orgullos Da Vinci, Botticelli y Giotto, entre otros.

La Estatua de la Libertad, regalo de los masones franceses al Estados Unidos independiente, es una referencia a la diosa romana Diana y al "Coloso de Rodas", una de las siete maravillas del mundo antiguo que recibía a los navegantes mediterráneos con la mano derecha alzando el fuego de Prometeo. El Coloso de Rodas fue una representación del dios del Sol griego: Helios. En ambos ejemplos son los rayos del Sol los que sobresalen -a modo de corona- sobre sus cabezas.

La cruz gamada o esvástica: otra referencia al Sol entre los hindúes, fue adoptada por los nazis para dar sustento esotérico a su desquiciado plan de dominación mundial y lucha contra el sionismo judeizante. Este símbolo solar místico, aparece dibujado también en un conjunto de cerámicas fenicias encontradas en las islas británicas.


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viernes, 8 de noviembre de 2013

ETERNO RETORNO

Clásica ilustración del dragón-serpiente devorando su propia cola, en referencia a la naturaleza cíclica del tiempo en el Universo: el eterno retorno de lo mismo. De fondo el Sol Invictus: alegoría mística de los pueblos arios, común en la simbología romana, persa y germánica, entre otras.

La primera vez que vi una reproducción de la imagen que abre el presente post fue hace muchos años en las primeras páginas del best seller "El Alquimista" de Paulo Coelho, libro ambientado en el Magreb, Egipto y el sur de España, parajes hoy considerados más bien exóticos pero que guardan buena parte del legado de la humanidad, además de los secretos y de la magia inextinguible, latente entre las ruinas de Cartago, las pirámides de Egipto y las mezquitas de Córdoba, donde alguna vez se sintetizaran los grandes aportes del paganismo germánico y romano, del islam, del cristianismo y del judaísmo. En aquel libro, Coelho hace además referencia a Salem (ciudad palestina, antesala de la Jerusalem judía, presumiblemente fundada por colonos arios), reviviendo al rey que habría gobernado sobre la misma: Melquisedec, clave en influenciar el arrojo del personaje hacia la búsqueda de su destino, más allá del Estrecho de Gibraltar.

Aunque "El Alquimista" es ante todo un libro simbólico y que obedece como tantos otros a la lógica de la autoayuda y al fermento de la ideología global new age (considerada más un peligro que un aporte por quien escribe estas líneas), es evidente que Coelho más que ficción, compila en rangos muy superficiales ciertas pildoritas del antiguo conocimiento esotérico, que tuvieron todos los pueblos desde el norte de la India al sur de Europa. Algunos de estos conocimientos, develados en "El Alquimista", tienen que ver con la importancia de los sueños (lo que en la década de los '30 Jung ligaría al "arquetipo") y con la búsqueda del oro alquímico, que no consiste en la transmutación física de los metales en piedras preciosas, sino de la evolución espiritual del mago-hombre al Ubermensch u hombre trascendental.

Curiosamente, fue este mismo orden de ideas lo que alejó al más grande de los filósofos occidentales: Friedrich Nietzsche, de su nihilsmo absoluto, pues comprendió el alemán que el Ubermensch es entre todos, el más importante y noble ideal u arquetipo humano, inspiración hacia una incesante búsqueda que no podría culminar jamás en una sola vida, a menos que esta fuera una vida eterna, algo similar pero en algún punto inconciliable con la idea de resurrección de la carne o de reencarnación. Para Nietzsche la idea del eterno retorno es también una invitación para romper con el karma judeizante del miedo, a modo de vivir una existencia plena y libre, relegando el remordimiento a un segundo plano, pues todo error -si se quiere- podrá ser corregido en la siguiente existencia.


"La muerte no es el fin y tras la muerte todo vuelve a acontecer hasta en el más mínimo detalle" sugirió alguna vez el ariosofista Miguel Serrano, de esta manera en otro espacio-tiempo los seres nacerán una vez más de las entrañas de la misma madre, el deja vú y los recuerdos del futuro (de los que tanto escribiera el incomparable Philip K. Dick) pueden así ser explicitados; esto es lo que al menos parecen haber supuesto sobre el misterio de la vida y del Universo, los alquimistas medievales que ilustraron tantas veces en sus crípticos la imagen de la serpiente circular (burlando las acusaciones de herejía), así como también los gnósticos y las antiguas escuelas de misterios griegas, persas y egipcias, a las cuales Nietzsche en honor a sus antepasados, toma demasiado en cuenta.

En lo sustancial, se puede concluir que la idea del "Eterno retorno" está impresa en lo más profundo del subconsciente humano, siendo regla de oro en "la gran patria" de los arios antes, durante y después de su dispersión por Eurasia. Es el nexo evidente entre la idea de reencarnación (propia de la India y ciertas sectas islámicas de Medio Oriente como los drusos y yazidistas), con la idea de resurrección en un mundo espiritual que nos legara el cristianismo, esta idea también parece haber sido fuerte entre los griegos y principalmente en el ideoscosmos platónico e igualmente poderosa en el zoroastrismo y en el islam chííta sepitamano y duodecimano, que sostiene la teoría de los "Imanes Ocultos": líderes espirituales que mueren y retornan varias veces al mundo físico, para señalar en su ejemplo de vida el camino recto y divino a las naciones de la tierra. 

Para el Islam Chiíta: religión persa, Jesús fue una encarnación más de los imanes. Curiosamente este mismo Jesús (el Mesías nazareno, no judío) fue según la leyenda visitado en su nacimiento por tres astrólogos persas que practicaban la religión de Zoroastro: el Zaratrustra de Nietzsche que nos descubre la idea del Eterno Retorno, ciclo de naceres y renaceres constantes que Miguel Serrano fundamenta en la teoría de que "en el Universo el tiempo es infinito, no así la energía y la materia que se reciclan constantemente, repitiendo inclinaciones conocidas". Aquel ciclo eterno y reiterativo sólo podría romperse -según Serrano- con la consecución del estatus de Ubermensch (Super Hombre), lo que para el hinduismo es "alcanzar el Nirvana" y el cristianismo y el islam reconocen como "el Paraíso", un arquetipo de los mundos superiores, descritos también por la Cábala babilónica.

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miércoles, 11 de abril de 2012

Principio Zen

En base a la sabiduría iniciática de Ejo Takata


Vacía la mente, ponla en silencio
Todas las respuestas están en tí...
Y en el fondo de tu alma mora
Dios.

Encamínate a las profundidades del
Ser,
Ilumínate para iluminar!
De nada nos vale el conocimiento, sino la sabiduría.

Aprende a callar, a hacer el bien e irradiar paz
Actúa sin prisa ni escándalo como manda la modesta conciencia
Las palabras se las lleva el viento...


martes, 31 de enero de 2012

Viaje Cósmico

"La vida no es más que un breve viaje por el eterno fluir de un mar incierto, el cuerpo la nave, la mente el timón y el corazón la brújula. Capitanea el alma.

Sólo soy un viajero de paso por este mundo, mi viaje será corto y debo ver y disfrutar cuanto pueda"


Anónimo árabe, siglo XIV

sábado, 28 de enero de 2012

CONCIENCIA


Conciencia es aquello que nos construye, inquiere la gnósis universal, nos timonea y edita nuestro mundo interno/externo
Conciencia es luz, alma máter, Dios.

Infelices y criminales son en general quienes silencian su conciencia, tal como el moralista o los religiosos dogmáticos, cuyo patrón conductual nos es de autofidelidad ni de harmonía con el Universo, sino una esclavitud o vasallaje intrínseco a las estructuras de dominación del hombre por el hombre.

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lunes, 9 de enero de 2012

The Self Made Man (El Hombre Auto Hecho)

No existe obra alguna en esta vida, que no haya sido edificada con base en la voluntad, la obstinación, la búsqueda de la belleza, del equilibrio y de la harmonía, la devota entrega, un plan trazado -y rigurosamente ejecutado- y el correcto manejo del tiempo y de las fuerzas destinadas a hacer realidad el sueño (organización).

Así mismo, Dios trazó el Universo bajo los principios de la matemática pura y hermética que no deja nada al azar (ni tiempo, ni dimensión, ni espacio), cada loma, cada llano, cada cristal de nieve, los mares, las especies, el hombre... consciente este último del principio universal, se hizo arquitecto, constructor y albañil de la gran obra humana (réplica imperfecta de la divina) para aprecio y usufructo de sus pares y como legado a su descendencia. A ella se sumaron operarios, compositores, artistas, diseñadores, escritores, entretenedores, alquimistas y científicos: toda la raza humana invitada a aportar su grano de arena... el Partenón, el Foro Romano, La Capilla Sixtina, los instrumentos del Luthier, la música de los juglares, la Mecánica Cuántica, la Teoría de la Relatividad... todo es un humano devenir, una oda, una interpretación que hace el hombre de lo divino.

Una vez descubres las herramientas con las cuales has de construírte a ti mismo, comienza tu aporte a la gran edificación humana. Tributo a Dios (Deísmo) y a la sociedad en su conjunto (sin distinciones de razas, credos, culturas, religión ni países) a quienes te debes primero: te iluminaron y desde tiempos inmemoriales develaron las técnicas y herramientas que tu mismo has de poner en manos de quienes te sucedan. Porque nada nace en el vacío, salvo la voluntad (Dios hecho verbo), el hombre auto-hecho es resultante de una voluntad de vida y construcción interna-externa sobre la estructura perfectible e inacabada del SER, síntesis de todo lo humano y lo divino.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Nacimiento simbólico

Esta noche, los cristianos del mundo (incluidos quienes no hemos atestiguado nuestra fe en el dogma clerical) celebramos el nacimiento del Cristo ("el ungido"), aquel ser gnóstico y libertario que tal Buda, Confucio, Platón o Muhammad, vino a liberarnos del espejismo esclavisante de un mundo material, fugaz y precario, señalándolos los caminos iluminados del humanismo, de la fraternidad y de la gnosis mística (conócete a ti mismo y conocerás al alma del universo y a su creador).

La gran ilusión óptica llamada mundo, no es muy distinta en la actualidad que la que solía ser hace 2011 años, la esclavitud psicológica y corpórea de entónces, ha sido reemplazada por la esclavitud material y financiera del presente. El vasallaje feudal de antaño, se transmutó en la dependencia al crédito, a la banca y a la quimérica idea del estatus social. Los grandes paradigmas de "modernidad" y "progreso" se desdicen con las alarmantes inequidades en el desarrollo, la creciente miseria e injusticias sociales y los estragos del imperialismo contemporáneo en el Tercer Mundo, no más suave por cierto que el ejercido hace miles de años por los romanos sobre las tierras de Judea.

En épocas pretéritas, milenarias culturas de toda la faz de la tierra, tenían costumbre de celebrar a estas alturas del año los solsticios, para plantar o cosechar las semillas simbólicas del nuevo año, dependiendo del hemisferio donde estuvieran emplazadas. La Iglesia Cristiana hizo coincidir el nacimiento de su Cristo dogmático con este fin/inicio del año y sus correspondientes celebraciones, pese a que el día y la hora del nacimiento del salvador cristiano, sigue siendo un misterio histórico. Por tanto lo que celebramos hoy, no es ciertamente el nacimiento de Cristo, sino el solsticio de invierno (Polo Norte) y de verano (Polo Sur), una fecha que invita a proyectar nuestros deseos hacia el año que viene y hacer recuentos de nuestros logros en el año que se va.

Al cierre de esta reflexión, quiero dejar en claro que no es mi interés escudriñar en los falseados antecedentes del Cristo dogmático de la Iglesia. Soy de los que piensa que el Cristo verdadero no fue Dios, ni mitad Dios, sino el más virtuoso de los seres humanos, un ser gnóstico, un profeta, que se transformó en el hombre universal e hizo del ascetismo (tal como Francisco de Asis) un camino hacia el encuentro del Supremo y la existencia trascendente del espíritu. El hombre que jamás condenó al prójimo, ni lanzó la piedra y luego escondió la mano, que jamás fue seducido por el lujo, ni hizo tampoco de él una cacería de brujas, tan sólo separó las aguas, aconsejándonos: "Dad al César lo que es del César..." y exhortó a liberarse del engaño materialista de todas las épocas: "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan... porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón".

Aquel es Cristo, el verdadero Cristo, quien debe nacer simbólicamente en nuestras propias almas la Nochebuena del 24 de diciembre o un día cualquiera en nuestra evolución interna, para alcanzar en su ejemplo de libertad y desprendimiento, la plenitud espiritual, dando un espaldarazo definitivo a las injustificadas angustias de este mundo y prevaleciendo sobre tan lamentable vuelco de mercantilismo ramplón en el que han convertido la Navidad los poderes fácticos globales, así como también sobre la mitomanía estructural de un Iglesia que con suma facilidad convierte a seres gnósticos y libertos en seres sobrehumanos, moralistas o santos mojigatos, víctimas del fervor consumista de la iconoclastia.
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martes, 20 de septiembre de 2011

El Ocultismo (Eliphas Lévi)

Eliphas Lévi (traducción hebraica de su verdadero nombre: Louis Alphonse Constant) fue un sacerdote francés excomulgado por la Iglesia Católica, debido a su impronta librepensadora, su militancia en la Francmasonería y sus esfuerzos por converger fe y razón, por medio de las ciencias ocultas.

Entre sus vastos escritos -mezcla de gnosis con esoterismo y filosofía- figura El Libro de los Sabios, tratado publicado varios años después de su muerte en 1875. Uno de los capítulos, titulado "El Ocultismo", llama particularmente la atención por su perspicaz crítica a las religiones tradicionales, a la arrogante fragmentación de la concepción divina entre los cultos judío, islámico y cristiano, y por su departición de la humanidad en tres tipologías: los sabios o videntes (filósofos y librepensadores), los creyentes dogmáticos (ingnorantes y supersticiosos) y los nihilistas, aquellos sobre quienes pesa la negra nube de la vacilación y de la duda en todos los planos de la vida: intelectual, espiritual y anímica.

miércoles, 13 de julio de 2011

"Si la injusticia forma parte de los problemas inherentes a la máquina de gobierno, dejémosla funcionar, que funcione: quizá desaparecerán ciertamente las asperezas y la máquina se desgastará. Si la injusticia tiene una cuerda, una polea, una soga o un eje exclusivamente para ella misma, entonces se podría considerar si el remedio no sería peor que la enfermedad, pero si es de tal naturaleza que requiere que usted sea el agente de injusticia para otro, entonces, digo, ¡viole la ley! que su vida sirva de freno para parar la máquina. Lo que debo hacer es ver a cualquier precio que no me presto para fomentar el mal que condeno"

"El Estado jamás confronta intencionalmente el sentido intelectual general del hombre, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está armado con ingenio ni honestidad superior, sino con fuerza física superior. Yo no he nacido para ser obligado. Respiraré a mi propia manera. Veamos quién es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene una multitud? Sólo pueden forzarme quienes obedecen una ley superior a mí. Me obligan a llegar a ser como ellos. No sé de hombres que sean obligados a vivir de tal o cual manera por masas de hombres. ¿Qué clase de vida sería esa? Cuando encuentro un gobierno que me dice: Su dinero o su vida, ¿por qué he de apurarme a darle mi dinero? Puede estar en un gran apuro y no saber qué hacer; no puedo ayudar en esto. Que se ayude a sí mismo; que haga como hago yo. No vale la pena lloriquear por él. Yo no soy responsable del eficaz funcionamiento de la maquinaria de la sociedad. No soy el hijo del ingeniero. Percibo que, cuando una bellota y una castaña caen juntas, una no permanece inerte para ceder paso a la otra, sino que ambas obedecen sus propias leyes germinando, brotando, creciendo y floreciendo como mejor pueden hasta que una llega a ensombrecer y destruir a la otra. Si una planta no puede vivir de acuerdo con su naturaleza, muere; lo mismo sucede con el hombre.

Nunca me negué a pagar el impuesto de carretera porque estoy tan deseoso de ser buen vecino como de ser mal súbdito; y en cuanto al sostenimiento de las escuelas, participo educando ahora a mis conciudadanos. No es en relación al particular punto en la cuenta de impuestos que me niego a pagarla. Sencillamente quiero negar mi lealtad al Estado, retirarme y mantenerme realmente apartado de él. No me interesa trazar el recorrido de mi dólar, aunque pudiera, que hasta puede comprar a un hombre o un mosquete para matar a alguien -el dólar es inocente- sino me preocupa trazar los efectos de mi lealtad. En verdad, declaro en silencio la guerra al Estado a mi manera, aunque siempre haré el uso y conseguiré la ventaja que de él pueda, como suele suceder en tales casos"


Tratado liberal sobre la Desobediencia Civil (1849)

jueves, 9 de junio de 2011

KARMA

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¿Qué es el Karma?


El Karma es simplemente un autocastigo impreso en nuestro subconsciente, resultante de eventos pasados de los cuales no nos sentimos orgullosos y que fluctúan en nuestra vida presente como las imágenes de una atemporal pesadilla. Ten tu consciencia en calma y las culpas así como los pensamientos apremiantes no tendrán porqué seguirte.

El secreto de una vida próspera y exitosa, son los pensamientos felices.

Uno es lo que piensa.

lunes, 30 de mayo de 2011

YO (Constructo), Mente (Dios) y Mentalidad (Edición de la realidad)

El nobel escritor alemán Herman Hesse inicia una de sus escrituras más autobiográficas de la siguiente manera: "Cuando era niño, pensaba , actuaba y hacía cosas de niño, mi mundo era el de un niño..." reflexión simplista a primera vista, aunque de un alcance e interpretación mucho más profundo que nos guía a los conceptos de empatía y de perspectivismo.

El ego exacerbado rompe el equilibrio de la atemporalidad y de la cohesión espiritual.- Cuando nos mentamos única y exclusivamente en el YO estamos sesgando la realidad a una simple careta de nuestro espíritu: el sentir actual, desconocemos en tanto que dos segundos más tarde y en un potencial cambio de escenarios este YO pasará al olvido, de la misma manera que el desgastado YO de un anciano olvidó al activo YO de sus años más pueriles.

La vida se parece en todo al teatro y al final de este camino no terminaremos siendo nada en particular, con suerte nos llevaremos la experiencia de haber interpretado muchos personajes, que a su debido momento tuvimos que turnar y amoldar a los distintos desafíos y épocas... No soy amigo de la idea de la reencarnación, pero el azar podría haber determinado que en lugar de ser humano, fuera el perro que alegremente revolotea por mi patio y en tal caso mi mundo de humano y mi YO actual perdería todo el sentido de mi construcción mental. Cuando sea anciano, el YO de este momento tampoco existirá más... la vida es un constante flujo en el cual las identidades son muchas, finitas y aterradoramente pasajeras.

Asumir la levedad de esta, nuestra vida y la rapidez de los cambios es abrazar un espíritu progresista y no quedarse en el engaño del YO actual. El hombre actúa según piensa y aporta al mundo según la calidad de sus pensamientos, de esta manera una persona espiritualmente podrida, con poca o nula dificultad podría llegar a convertirse en asesino, estafador o en un simple "lanza" urbano, a diferencia de alguien que valora la virtud, el crecimiento intelectual y espiritual, esta persona jamás sería capaz de adueñarse ni de la propiedad ni del tiempo de otros a menos que exista un acuerdo explícito, mucho menos sería capaz de matar o de producir daños irreparables a terceros, porque en su mente no hay cabida para pensamientos autodestructivos que a la larga se transfieren por osmosis a los actos sociales.

Semejante ejemplo es el de la riqueza (material) auto producida, la cual es ante todo consecuencia de la riqueza del espíritu o de la mente y llega por añadidura. Es un hecho que los fatalistas no serán jamás personas exitosas, porque sus pensamientos están atestados de podredumbre, victimización y autoengaño, de la misma manera que los críticos anti-sistema pierden sus fuerzas constructivas al exaltar más de la cuenta las disparidades y los problemas sociales en lugar de plantear soluciones. Ellos también terminan hundidos en la miseria de su pesimismo y estériles críticas.

El lado contrario lo representa el optimismo liberal, consistente en la confianza en uno mismo y en la indiferencia por los vicios del sistema, a los cuales no se dará solución, simplemente se sortearán. El ser liberal jamás entra en conflicto con el sistema ni con los modelos sociales, porque a diferencia del activista de izquierda, no les presta más atención de la cuenta a los contratiempos... el liberal comprende que a la larga todo podría ser una barrera, a menos que no logre suprimirse mentalmente. Para el liberal, esperanza y Dios no descansan en el cielo, ni en ningún olimpo supra terrenal, mucho menos radica en la lucha política de los caudillos u en algún tipo de institución... para el liberal, los logros externos son una simple resultante de su virtud interna.

La autora objetivista Ayn Rand, resalta que la gran diferencia entre los seres humanos no estriba en la raza ni en el color de la piel, sino fundamentalmente en los patrones culturales que determinaron las psicologías individuales. En la visión de Rand sólo existen dos tipos de seres humanos: los individualistas o infatigables mentes creadoras y los colectivistas o parásitos, incapaces de crear nada y que se cuelgan del éxito o magnanimidad de los creadores. Según Rand el Estado es el gran intermediario que permite a los parásitos sorber el fruto del trabajo de quienes crean y viabilizan el desarrollo, esta relación se daría a través de la caridad inducida y del gravamen estatal o los impuestos. Tal visión es la exaltación cuasi anarquista del liberalismo, loable en muchos términos, pero demasiado triunfalista y carente de un elemento que debe poseer toda filosofía: la empatía.

Mentalidad y Mente son dos esferas diferenciadas de una misma naturaleza, la primera se entiende como un orden de ideas sesgadas u especie de ideología de sobrevivencia, mientras que la Mente es la inteligencia infinita, concepto que tendemos a relacionar con el código de la vida, la Metafísica, la naturaleza del Universo y el misterio de Dios. Ayn Rand como tantos filósofos de su época no profundizó realmente en este concepto de Mente (demasiado metafísico ante sus fundamentos objetivos), el cual es universal, neutral, expansivo y conciliador, indagó más bien en el de Mentalidad, describiendo su naturelaza selectiva y adoctrinable y diferenciando entre la buena Mentalidad de quienes sólo obran para sí mismos, sin sacrificar a nadie más y la mala o colectivizante que hace alarde de los principios altruistas con el fin de utilizar a las personas para dar cumplimiento a fines egoístas de uno o de un reducido grupo.

En su concepto más elevado, la Mente obedece al todo universal, es un sistema abierto, empático, en constante expansión y de acceso democrático, que existe más allá del tiempo y del espacio, en el cual están impresos todos los impulsos sensoriales y la experiencia del Universo, nos embutimos en la Mente a través de la iluminación (tal Buda, tal Cristo) y de la percepción extrasensorial (empatía, videncia, intuición, telepatía, experiencia de vidas pasadas, etc.) como de cualquier otro medio que sobrepase el sentido común y la finitud de nuestros instintos materiales, la Mentalidad por su lado es un sistema semi-abierto o permeable: una especie de micro inteligencia, material, finita, huraña, autorreferente y poco empática. Indagar en la Mente no es una función voluntaria ni que podamos dominar a gusto, pues corresponde al misterioso campo del subcosciente, mientras que la Mentalidad es inducida y creada por la experiencia de vida y los impulsos inteligentes y objetivos de nuestro cerebro.

La Mente es el soplido primario de Dios, la sustancia que contiene toda la información atemporal del Universo (de aquí se desprende la lógica platónica de "nunca aprendemos nada nuevo, simplemente recordamos" o la confesión de Dios a Jeremías: "antes de que te formaras en el vientre te conocí, y antes de que nacieses te santifiqué"), su naturaleza no es material como la del átomo ni energética como la nube de electrones, sino cuántica, imposíble de dimensionar por nuestros cerebros, aunque en la práctica se asemeja a la forma en como opera la energía eléctrica en el mundo material, energía que nos ha facilitado la vida moderna, ya que da empuje a todo tipo de sistemas que utilizamos a diario: lámparas, computadores, televisores, lavadoras, etcétera.

La Mentalidad es algo mucho más simple y menos trascendente, su impulso vital proviene de la Mente Universal, aunque si aterrizamos el concepto, vendría a semejar el funcionamiento de sólo uno de los electrodomésticos antes mencionados, los cuales por lo general no cohesionan o empatizan entre sí (como lo hacen por ejemplo el hombre y la naturaleza) debido a que son sistemas cerrados y condicionados al aislamiento. Piénsese en la Mente como en una gran planta hidroeléctrica o una central nuclear que suministra energía (vida) a todo un país (a todo el Universo) y en la Mentalidad humana como en un modesto laptop o algo inclúso más arcaico: una máquina de escribir eléctrica y la relación aún nos beneficiaría bastante. ¿Cómo podría el hombre dimensionar algo tan impresionante como la Mente de Dios?.

La filosofía de Rand es tremendamente práctica, pero al ser tan escéptica, nietzscheana y enemiga de la metafísica, se torna en otra mentalidad de sistema cerrado, muy distinta al pensamiento liberal e integracionista de la New Thought o del Trascendentalismo de fines del siglo XIX, que posicionó a Dios en el centro de la Mente y a nuestras limitantes humanas junto a la cercadas formas de la Mentalidad.

En Siddhartha, El Lobo Estepario y el Último Verano de Klingsor, Herman Hesse nos representa mejor que nadie y en sólo unos cuantos eventos el débil alcance de la Mentalidad y la finitud absoluta del YO. "Siddhartha el aprendíz", "Siddhartha el asceta", "Siddhartha el rico comerciante" y "Siddhartha el ermitaño" son los distintos YO de un mismo protagonista, al igual que el asesino, el niño hiperactivo y el buen amante emergieron todos del cuerpo de Harry Haller durante la gran función del Teatro Mágico.

En Jesús, el hijo del Hombre
, Khalil Gibrán describe al vecino como "reflejo encarnado de nosotros mismos" y asevera que los crímenes del asesino no son hechos aislados, toda la humanidad tiene en ellos una cuota de responsabilidad. En otras palabras tanto Hesse como Gibrán nos hablan del verdadero alcance de la Mente: empatía y perspectiva, alumbrando el hecho de que sólo el azar y las circunstancias determinaron que fuéramos de una manera y no de otra, lo que no quita que el día de mañana seamos completamente distintos, pensemos y actuemos distinto, pues simplemente no somos causa sino efecto. Alcanzar la iluminación, depende de cuanto logremos expandir el YO y extirpar triunfalismos e individualismos escamados en nuestra Mentalidad, es renunciar a ser uno e inmutable, romper con el miedo al cambio y disponer nuestros cuerpos y cerebros a la empatía receptiva con la gran Mente Universal.

"Nadie se sabe completamente malo", solía decir en sus discursos William Cooper, padre de la teoría conspirativa y hasta los más condenables crímenes de la humanidad se cometieron pensando en que se obró de la manera correcta. Nuestra Mentalidad no es perfecta y puede dar cabida a formas de pensamiento totalizantes, semejantes a todos nuestros discursos e ideologías, las cuales tienden a auto-flagelarnos psicológicamente y en contacto con terceros, aplicarles medidas coercitivas, exigencias o trabas.

En toda época y lugar, nunca ha existido cosa más peligrosa que una mentalidad radicalmente colectiva: llámese Fundamentalismo Islámico, Nacional Socialismo, Comunismo o hoy por hoy: Democracia (recordemos que actualmente Estados Unidos pretende imponerla en varios países de Medio Oriente, de manera invasiva y suprimiendo la libertad, sí, la misma que dice defender). Mientras no seamos capaces de instalar un poquito de empatía en nuestros pensamientos, el mundo continuará marchando al ritmo de una competencia desleal y destructiva entre los seres humanos.

Está en uno el cambio, es uno quien edita a gusto la realidad. Todos buscamos los mismos fines: libertad y plenitud mental o espiritual, Cristo nos enseñó un camino: "bendecir a quienes te odian", porque sólo de esta manera minimizamos en nuestra gnosis el daño que otros pretendan inferirnos a la vez que restamos protagonismo en nuestras vidas a quienes no lo merecen. Es en el cerebro donde se derroen primero las barreras que no permiten avanzar a nuestro espíritu. Cristo, germen de la bienaventuranza, verbo liberador y sanador, "Plásmata" o "Cebra" en palabras de Philip K. Dick, su mensaje es como un rayo de luz sobre la conciencia humana, una chispa de coherencia en un mundo de sombras. Fue él quien nos manifestó el valor de la empatía, nos legó el ideal del "vive y deja vivir" (inexistente en el darwiniano mundo pre-cristiano) y nos trazó el camino único hacia la Mente, la libertad, la independencia y el autodesarrollo.

martes, 19 de abril de 2011

El hombre que cambió el mundo

El título de este post lo tomé de una vieja entrega de la revista La Atalaya (1 de abril de 2010), aquel documento que noble y desinteresadamente los testigos de Jehová reparten cada domingo en las puertas de nuestras casas.

Relego hacia el final de este ensayo, mis apreciaciones sobre el rechazo que generan en mí aquella y otras sectas religiosas ligadas al cristianismo (incluyendo a los más cínicos de todos: los católicos apostólicos romanos, que en este país somos casi todos). La celebración de Semana Santa es el contexto que da vida a este escrito y centraré mi análisis fundamentalmente sobre el personaje más trascendental de la misma y por cierto el principal protagonista de la espirtualidad occidental, un ser que literalmente cambió nuestro mundo y que en su pasión silenciosa nos enseñó a vivir acorazados e indiferentes frente a la estupidéz humana, mostrándonos lo bello que es existir en la armonía del espíritu, libres e independientes frente a las caretas de la sociedad, mentalizados en un Dios de la no-condena, distinto al perfil de sanguinarias divinidades guerreras con las que convivieron los rústicos hombres de su época, dioses de sacrificio y segregación que pesaron más sobre la conciencia del colectivo de las naciones que del individuo.

Cristo encarna desde siempre una especie de héroe en el que no puedo ni pretendo verme reflejado, pero que me da a entender en su ejemplo de vida que la felicidad y la libertad son caminos de iluminación, forjados en la búsqueda personal, la plena independencia y la soledad. Para quien no tenga el despreciable sesgo de la religión y tal como yo, no crea en un Cristo de milagros o en el hijo de una vírgen, el trazado hecho por Khalil Gibrán en Jesús, El hijo del Hombre podrá dejarlo muy conforme, pues aterriza al ser mitológico y lo ubica en la única posición plausible: la de "iluminado", tal como un Buda, Confusio o Platón. Para aquellos que no creen en dogmas, la religión termina siendo reemplazada por la filosofía y la filosofía es el único medio que nos permite desvelar las sombras con que se nos presenta la realidad, para responder al gran enigma: de ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿a dónde vamos?, como así mismo ¿quién es Dios?, quién es aquella oculta y misteriosa mente, primera semilla de la existencia, la gran chispa detrás del Big-Bang.

Tal vez Cristo no haya sido el primer portavoz oficial de los derechos humanos en occidente, y su lucha de hecho no fue como la de un Espartaco, sublevado ante el más grande imperio que haya conocido la historia, sin embargo desde el silencio (el mágico artificio de Dios) y la no-violencia, el mensaje de Cristo fue capaz no sólo de infiltrarse en el corazón mismo del Imperio Romano, pasado los siglos se convirtió también en la religión oficial de este, carcomiendo constantemente (como una bacteria) los fundamentos darwinianos de la desigualdad y de la explotación, materia que hoy sigue en curso. El cristianismo es el gérmen fundante, el Big-Bang de todo nuevo órden basado en la igualdad, curiosamente el anti-clericalismo y el agnosticismo son los pasos más recientes de su evolución: de esta manera la religión que basara su perspectiva en la afirmación de que todos nacemos libres e iguales ante Dios, generó (irónicamente) los espacios suficientes hacia la negación del propio Dios.

El acto de negar a Dios sin embargo, puede que se explique mejor en la natural resistencia que el hombre libre manifiesta ante la religión. En su época, el propio Cristo estuvo en contra de ella, ganándose la desidia del alto sacerdocio de Israel al declarar: "Yo destruiré este templo hecho por las manos del hombre, y en tres días lo edificaré" lo cual hacía clara alusión al único templo que nos puede guiar a Dios y responder todos los misterios de la existencia: el templo del espíritu.

La religión, como al parecer también la entendió Cristo, es la anti-libertad: no permite que cuestionemos, no permite expresarse, no permite pensar y Cristo en todo momento del Nuevo Testamento se nos presenta como un individuo renovador, un antítesis revolucionario de la moral judaica, místico alejado del mundanal ruido: un ser en perfecta armonía con Dios, con la contemplación del espíritu y con la libertad. Cristo no es de la Sinagoga, el rezo inmolado o de la actitud animalezca o cavernícola de golpearse la cabeza contra un muro, Cristo es de la montaña, de las caminatas al aire libre o por varias ciudades predicando, es uno con la naturaleza, uno con la contemplación, un ser tan simple, agradecido y amante de la vida como el más humilde de los pastores u ovejeros del Levante.

Vuelvo al mencionado texto de La Atalaya, indago en su contenido y destaco un pequeño fragmento que me parece fundamental a la hora de dar en el clavo de lo que es el sentimiento religioso, el cual definí en líneas anteriores como la anti-libertad:

A la luz de lo expuesto en el texto escaneado, queda clarísimo que para la generalidad de los testigos de Jehová, mormones, evangélicos, católicos, ortodoxos, opus dei y cristianos en general, el mundo es una condena, una selva llena de peligros de la que sólo un ser de luz (llámase Dios, llámese Cristo o quien sea) podrá salvarnos y es de suponer que aquel ser - al no estar hoy presente en un mundo de maldad e injusticia generalizada - retrasará su llegada hasta la culminación de nuestra apocalíptica existencia para sepultar en el infierno del olvido los malos elementos de la sociedad y salvaguardar a los buenos.

Honesta y sincerarmente, no puedo concebir forma de pensamiento más pequeña, más arcaica, básica y bestial que la del hombre de religión: los primeros en lanzar la piedra y esconder la mano y en mirar la paja en el ojo ajeno (todo lo que Cristo había despreciado en vida). El mundo es lo que nosotros hagamos de él, y si tan sólo somos capaces de ver maldad y sufrimiento, es porque estas dimensiones deben estar más vivas que otras en nosotros mismos y como observadores las replicaremos en todo lo que nos rodea. Gente como Cristo (los místicos verdaderos) son capaces de apreciar y obrar maravillas en su entorno, porque culminaron la bendición de ser ellos mismos y de fundirse con el espíritu.- Es el hombre y no la religión quien se libera así mismo.

Las religiones como buenas antecesoras de la formación del Estado, emergieron como marco de leyes para la buena convivencia social, prohibiendo más que permitiendo: que el alcohol es pecado!, el sexo sin motivos de procreación: fornicación condenable!, la ambición es mala!... Si Dios es todo y vive en todo cuanto existe: ¿qué es lo malo? y ¿qué es lo bueno? sino simples subjeciones morales y en medio de tantas prohibiciones ¿para qué vivir entónces?. El hombre de religión se cree juez del mundo, pero sufre tremendamente al marginarse de la vida y de los impulsos, pretendiendo ignorar que su existencia es miserable, triste y cercada y que el miedo a pecar (algo que le impuso la sociedad) se transformó en el pozo negro que limitó su vida, tienen miedo de ser!, de ser ellos mismos, de abrazar los impulsos y de cuadrar carne y espíritu, temen tener CONCIENCIA PROPIA. El hombre de religión no es más que un puto cobarde.

Poca gente religiosa (salvo algunos santos y verdaderos mártires) podrían llegar a ser la mitad de lo valiente que fue Cristo ante a las adversidades de su época y la desconfianza de su propio pueblo que terminó sentenciándolo a muerte. Mucho menos habrían desafiado una autoridad tan magnificente como la de Roma, con poder de aplastar a cualquiera como a una hormiga.

Pechonios dispuestos a morir por un ideal o cargar con una pesada cruz, la verdad no conozco a ninguno, lo que me demuestra que Cristo al igual que Platón o Galileo, no fue hombre de religión sino de ideas, no extrañando por tanto que justamente sus ideales terminaran forjando similar desenlace. Del lado contrario están los profetas de la espada y de la ley como Mahoma, con más dotes de políticos y de conquistadores que de místicos.... el imperio del Islam como el del cristianismo, fueron ante todo organizaciones políticas escusadas en el plano extraterrenal y la metafísica, la escusa divina en la que seres con grandes ambiciones de poder lograron echarse al bolsillo al crédulo, desorganizado e ignorante pueblo... ¿Es tan inexplicable entónces que algunos de los peores sadomitas de la historia residieran justamente en la Santa Sede?, basta con recordar los excesos de la familia Borgia o que hoy la iglesia vuelva hacer aguas por todos lados con historias de curas y monjas sexualmente desviados y pedófilos que los altos mandos eclesiásticos se empecinan en proteger. Aquella no es más que una institución que se pudrió y hace siglos está oliendo mal, no es el mejor ejemplo ni lugar para reforzar la fe, sino justamente para despreciarla.

Cristo sin embargo vive! y el tiempo no lo ha marchitado, aunque no podría aseverar si tuvo o no una real existencia en el plano terrenal o fue más bien el mito a través del cual se encarnó un trascendental y divino mensaje de paz, libertad, igualdad y fraternidad que impregnó luz en un mundo de mera sobrevivencia y constante estado de guerra. Lo que sí es una evidencia, es que este hombre, esta idea o este espíritu logró cambiar el mundo, y que la iglesia se tomó de su nombre para que el imperio no desfalleciera. Aún sí lo mantuvo latente en el paso de los siglos y eso es tal vez lo único que hemos de agradecerle a la religión, el paso siguiente será que la humanidad comprenda a este personaje bíblico ajeno e independiente de aquella sórdida insitución que más mal que bien ha propiciado al mundo, partiendo por su condena psíquica, su imposición forzosa a los pueblos débiles y dominados, su cinismo moral y el hecho de que a diferencia de Cristo, siempre ha tenido a ponerse del lado de los poderosos y no de los oprimidos y segregados.

Aunque esta semana, por nada en el mundo pienso asistir a una misa, ni hacer cánticos estúpidos, escuchar sermones de un cura - probablemente - mil veces más pecador que yo, ni participar de parafernálicos actos eclesiásticos que más apelan al instinto de masa, que a la espiritualidad personal, yo en mi propio silencio y contemplación, con mis propios y humildes medios espirituales pensaré en tí Cristo y pronunciaré tu nombre como ya lo he hecho otras tantas veces en este ensayo. Mi intención no será manipular a los débiles de consciencia con el fin de obtener beneficios propios, mucho menos será por miedo de un Dios mal conceptualizado ni por simple protocolo. Mis sentimientos hacia tí no son más que de admiración y respeto... Cristo no fue un simple ser humano, no fue el hijo de Dios (porque de cierto modo todos los somos), Cristo es y será siempre el más elevado ideal de libertad.

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viernes, 11 de marzo de 2011

Nietzsche: el filósofo más aclamado y contraversial de la historia

En la cronología del pensamiento humano, muchos han sido los movimientos y cosmovisiones que han logrado interrumpir el curso de la historia, para bien o para mal.
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Algunos sostienen que el fin de la Antiguedad y la llegada de la Edad Media (los años oscuros): permutación del humanismo greco-romano por un teocentrismo judeo-cristiano, fue lo peor que ha sucedido a occidente, una prolongada época de involución que quedaría relegada con la llegada del Renacimiento y que sería definitivamente sepultada en los años de la Revolución Francesa, antesala de un nuevo orden social en el mundo y de la propagación de las ideas políticas y anticlericales. Entre los enemigos declarados de la Edad Media y del influjo judeo-cristiano en las sociedades occidentales, un acérrimo defensor (tal vez demasaido idealista) de la antiguedad europea, fue el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900).
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Un autodeclarado antisemita, detractor de Kant, de Lutero y del reformismo alemán, Nietzsche lideró las filas del esceptisismo, sembrando el camino a nuevas formas de filosofía europea (posmodernismo y postestructuralismo), promoviendo con ello el fin de Dios, la muerte de la metafísica en todo orden superior de ideas. Tal vez por haber matado a Dios, algunos lo mal interpretaron y creyeron anarquista, otros no tardarían en compararlo con Marx en cuanto al espíritu práctico ateísta, sin embargo Nietzsche dejó bien clara su postura respecto al colectivismo (socialismo y comunismo) estableciendo duras comparaciones con el cristianismo que tanto despreció en vida.
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Declaraciones como: "¿A quiénes odio yo más entre la plebe moderna?: a la plebe socialista, a los apóstoles de los tschandala, que minan en el obrero el instinto, el goce, el sentimiento de contentarse con su propia existencia pequeña, que le hacen envidioso, que le enseñan la venganza... La injusticia no se encuentra nunca en la desigualdad de derechos; se encuentra en la exigencia de derechos iguales" dejan entrever un espíritu segregacionista y anti-democrático, sumado a esto el hecho de que añoraba un orden estamental (social/racial) similar al de la antigua Roma o al sistema de castas de la India, es decir: la estructura política aria por excelencia, donde los elementos más puros se encuentran en las minorías, entre las clases dominantes y desde luego culpaba al cristianismo (y su manifiesta influencia hebraica) como responsable de la destrucción de dicho orden, de la desnaturalización.
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Nietzsche y sus ideas sobre el "Super Hombre", Nietzsche y sus planteamientos racistas, Nietzsche y su bestial admiración por el Imperio Romano, ningún otro con más fuerza que Nietzsche, fue tan responsable por la llegada del facismo y del nazismo a la Europa en crisis de mediados del siglo XX, que en el caso alemán pretendió manifestar su poderío sobre Europa y en la humilde Italia de Mussolini, reconquistar las glorias de antaño, esas que según Nietzsche fueron pulverizadas por el cristianismo.
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En honor a la verdad, es válido decir que muy pocos filósofos posteriores continuaron al pie de la letra la ideología nietzschiana, esto porque conforme progresaron los tiempos hacia la democracia social, más fuerza perdieron sus argumentos elíticos y darwinianos ("el más fuerte se impone"). Entre los alineados con Nietzsche, es curioso que dos de los más célebres sean de orígen judío, aunque agnósticos en la fe: Isaiah Berlin y Ayn Rand, el primero un elitista conservador, enemigo de la democracia y partidario de las "mentiras piadosas" para mantener a raya al pueblo y la segunda, la madre del objetivismo: exacerbación del individualismo y de la ontología política liberal, en abierto conflicto con el Estado, los colectivismos y la religión, que según su visión son males parasitarios del inviduo pues le roban tiempo, dinero, convicciones y vida.
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Entre los partidarios izquierdistas de Nietzche, figuran el alemán Adorno, los franceses Jean-Paul Sarte, Michel Foucault y Jean Baudrillard o el novelista de ciencia ficción norteamericano Philip K. Dick. La perspectiva de la historia como un discurso conveniente, lleno de vicios y falso, es el argumento que trasciende de Nietzsche a todos estos autores críticos del sistema. Entre todos, la porfía religiosa de Philip K. Dick es la que particularmente más me llama la atención, pues si bien este comprendía por igual a la historia como un discurso, su postura frente al cristianismo era la contraria de Nietzsche. Su tésis más conocida fue la de que el Imperio (y aquí más que referirse al Imperio Romano, acuñaba una metáfora sobre la dominación subliminal de fuerzas imperecederas en el tiempo) nunca tuvo fin y que los cristianos verdaderos seguían ocultos en las catacumbas, perdidos en su lucha y urdiendo un plan para destruírlo. Hasta el último aliento Philip K. Dick esperó la revenida del Mesías.
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