martes, 21 de octubre de 2014
Giordano Bruno
lunes, 2 de diciembre de 2013
El Islam, la Guerra Santa y la tradición aria en la percepción de Julius Evola
En Evola resuenan ecos de un pasado glorioso, indisoluble del honor, de la lealtad y del amor por los símbolos raciales, religiosos y patrios, todo lo cual le posiciona como máximo referente del tradicionalismo. Fascista por convicción y por linaje, a temprana edad se alineó con el nazismo, manifestando años más tarde su abierta oposición a la barbarie y al pomposo culto a la personalidad que encarnaba el Führer. Nada le parece sin embargo más detestable que el Nuevo Orden Mundial -por aquel entonces en ciernes- plasmado por igual en el capitalismo como en el marxismo/socialismo y cuyos principales ejes son: el materialismo, el anti-nacionalismo, la anti-religión y el desprecio por la metafísica de la raza; apuestas que sólo pueden guiar al hombre y a las naciones al paroxismo biológico y espiritual, al fin de las ideas heroicas y de la integridad (de lo cual la separación entre religión, vida y política es sintomático), del honor y de la lucha por el "nosotros", de la sed de conquista y de progreso, entendido en términos no materiales.
Es por las razones arriba mencionadas que Evola contempla con nostalgia el fin de Occidente, del Occidente tradicionalista de antaño, aquel que era capaz de generar grandes proyectos colectivos en nombre del espíritu, fueran estas las cruzadas, el Sacro Imperio Romano-Germano o la Pax Romana. Taciturno entre los muros bombardeados de la Segunda Guerra Mundial, el barón llora lágrimas de tinta y se lamenta por la derrota de sus avatares, por aquellas batallas perdidas para siempre en favor del utilitarismo que ha ganado espacios a la consecuencia, a la rigidez valórica, al respeto por la tradición y por el honor patriótico y familiar.
Pocos quedan en Occidente y en la Italia pos guerra de Julius Evola, dispuestos a defender hasta la muerte un ideal, mucho menos llevar a cabo una guerra santa. En adelante, las fuerzas que mueven a Occidente poco tienen que ver con lo épico y lo sacro, cada guerra y cada revolución sopesa el materialismo, el honor se vendió al mejor postor, el amor dejó de ser aquella llama del espíritu que nos empuja a luchar y defender un ideal que supera la muerte y a un "nosotros" que nos define mucho más que las posesiones materiales. La triste evidencia sugiere que cada cosa, cada valor y cada sentimiento pasó a convertirse en un bien de consumo, hasta la política contraviene la tradición griega (la de los filósofos), no siendo más que una actividad de pillaje: a la derecha los privilegiados luchan por mantener sus parcelas de poder, a la izquierda los resentidos reclaman derechos donde no han fructificado virtudes, en el parecer del mismísmo Nietzsche.
La "yihad" consiste en dos naturalezas: una exotérica o pequeña yihad que es la guerra en su concepción tradicional (hombres contra hombres, naciones contra naciones, e imperios contra imperios), se considera inevitable, justificable, pero a la vez se intenta postergarla por la vía diplomática. Existe también una yihad esotérica o gran yihad liberada por el musulmán en su propio corazón, domeñando los bajos instintos, la pereza y los impulsos demoníacos que le alejan de Dios. Es esta última yihad la que Evola exalta como la esencia perdida de Occidente, destacando que mientras los espíritus deambulen a la sombra del materialismo, no seremos capaces de sacar a flote nuestra esencia divina: el ímpetu guerrero, la voluntad que desplaza montañas y que en tradición de los arios (persas, hindúes, romanos, germanos, vikingos, celtas, etcétera) trasciende la vida y es premiada tras la muerte con la ascención a los mundos superiores: llámese este Yanna, Valhalla, Nirvana, Paraíso o Campos Elíseos.
sábado, 30 de noviembre de 2013
CRISTO: Entidad Solar
viernes, 15 de noviembre de 2013
RELIGIÓN SOLAR
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viernes, 8 de noviembre de 2013
ETERNO RETORNO
"La muerte no es el fin y tras la muerte todo vuelve a acontecer hasta en el más mínimo detalle" sugirió alguna vez el ariosofista Miguel Serrano, de esta manera en otro espacio-tiempo los seres nacerán una vez más de las entrañas de la misma madre, el deja vú y los recuerdos del futuro (de los que tanto escribiera el incomparable Philip K. Dick) pueden así ser explicitados; esto es lo que al menos parecen haber supuesto sobre el misterio de la vida y del Universo, los alquimistas medievales que ilustraron tantas veces en sus crípticos la imagen de la serpiente circular (burlando las acusaciones de herejía), así como también los gnósticos y las antiguas escuelas de misterios griegas, persas y egipcias, a las cuales Nietzsche en honor a sus antepasados, toma demasiado en cuenta.
miércoles, 11 de abril de 2012
Principio Zen
Todas las respuestas están en tí...
Y en el fondo de tu alma mora Dios.
Encamínate a las profundidades del Ser,
Ilumínate para iluminar!
De nada nos vale el conocimiento, sino la sabiduría.
Aprende a callar, a hacer el bien e irradiar paz
Actúa sin prisa ni escándalo como manda la modesta conciencia
Las palabras se las lleva el viento...
martes, 31 de enero de 2012
Viaje Cósmico
"La vida no es más que un breve viaje por el eterno fluir de un mar incierto, el cuerpo la nave, la mente el timón y el corazón la brújula. Capitanea el alma.
Sólo soy un viajero de paso por este mundo, mi viaje será corto y debo ver y disfrutar cuanto pueda"Anónimo árabe, siglo XIV
sábado, 28 de enero de 2012
CONCIENCIA
Conciencia es aquello que nos construye, inquiere la gnósis universal, nos timonea y edita nuestro mundo interno/externo
Conciencia es luz, alma máter, Dios.
Infelices y criminales son en general quienes silencian su conciencia, tal como el moralista o los religiosos dogmáticos, cuyo patrón conductual nos es de autofidelidad ni de harmonía con el Universo, sino una esclavitud o vasallaje intrínseco a las estructuras de dominación del hombre por el hombre.
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lunes, 9 de enero de 2012
The Self Made Man (El Hombre Auto Hecho)
No existe obra alguna en esta vida, que no haya sido edificada con base en la voluntad, la obstinación, la búsqueda de la belleza, del equilibrio y de la harmonía, la devota entrega, un plan trazado -y rigurosamente ejecutado- y el correcto manejo del tiempo y de las fuerzas destinadas a hacer realidad el sueño (organización).Así mismo, Dios trazó el Universo bajo los principios de la matemática pura y hermética que no deja nada al azar (ni tiempo, ni dimensión, ni espacio), cada loma, cada llano, cada cristal de nieve, los mares, las especies, el hombre... consciente este último del principio universal, se hizo arquitecto, constructor y albañil de la gran obra humana (réplica imperfecta de la divina) para aprecio y usufructo de sus pares y como legado a su descendencia. A ella se sumaron operarios, compositores, artistas, diseñadores, escritores, entretenedores, alquimistas y científicos: toda la raza humana invitada a aportar su grano de arena... el Partenón, el Foro Romano, La Capilla Sixtina, los instrumentos del Luthier, la música de los juglares, la Mecánica Cuántica, la Teoría de la Relatividad... todo es un humano devenir, una oda, una interpretación que hace el hombre de lo divino.
Una vez descubres las herramientas con las cuales has de construírte a ti mismo, comienza tu aporte a la gran edificación humana. Tributo a Dios (Deísmo) y a la sociedad en su conjunto (sin distinciones de razas, credos, culturas, religión ni países) a quienes te debes primero: te iluminaron y desde tiempos inmemoriales develaron las técnicas y herramientas que tu mismo has de poner en manos de quienes te sucedan. Porque nada nace en el vacío, salvo la voluntad (Dios hecho verbo), el hombre auto-hecho es resultante de una voluntad de vida y construcción interna-externa sobre la estructura perfectible e inacabada del SER, síntesis de todo lo humano y lo divino.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Nacimiento simbólico
La gran ilusión óptica llamada mundo, no es muy distinta en la actualidad que la que solía ser hace 2011 años, la esclavitud psicológica y corpórea de entónces, ha sido reemplazada por la esclavitud material y financiera del presente. El vasallaje feudal de antaño, se transmutó en la dependencia al crédito, a la banca y a la quimérica idea del estatus social. Los grandes paradigmas de "modernidad" y "progreso" se desdicen con las alarmantes inequidades en el desarrollo, la creciente miseria e injusticias sociales y los estragos del imperialismo contemporáneo en el Tercer Mundo, no más suave por cierto que el ejercido hace miles de años por los romanos sobre las tierras de Judea.
En épocas pretéritas, milenarias culturas de toda la faz de la tierra, tenían costumbre de celebrar a estas alturas del año los solsticios, para plantar o cosechar las semillas simbólicas del nuevo año, dependiendo del hemisferio donde estuvieran emplazadas. La Iglesia Cristiana hizo coincidir el nacimiento de su Cristo dogmático con este fin/inicio del año y sus correspondientes celebraciones, pese a que el día y la hora del nacimiento del salvador cristiano, sigue siendo un misterio histórico. Por tanto lo que celebramos hoy, no es ciertamente el nacimiento de Cristo, sino el solsticio de invierno (Polo Norte) y de verano (Polo Sur), una fecha que invita a proyectar nuestros deseos hacia el año que viene y hacer recuentos de nuestros logros en el año que se va.
Al cierre de esta reflexión, quiero dejar en claro que no es mi interés escudriñar en los falseados antecedentes del Cristo dogmático de la Iglesia. Soy de los que piensa que el Cristo verdadero no fue Dios, ni mitad Dios, sino el más virtuoso de los seres humanos, un ser gnóstico, un profeta, que se transformó en el hombre universal e hizo del ascetismo (tal como Francisco de Asis) un camino hacia el encuentro del Supremo y la existencia trascendente del espíritu. El hombre que jamás condenó al prójimo, ni lanzó la piedra y luego escondió la mano, que jamás fue seducido por el lujo, ni hizo tampoco de él una cacería de brujas, tan sólo separó las aguas, aconsejándonos: "Dad al César lo que es del César..." y exhortó a liberarse del engaño materialista de todas las épocas: "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan... porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón".
Aquel es Cristo, el verdadero Cristo, quien debe nacer simbólicamente en nuestras propias almas la Nochebuena del 24 de diciembre o un día cualquiera en nuestra evolución interna, para alcanzar en su ejemplo de libertad y desprendimiento, la plenitud espiritual, dando un espaldarazo definitivo a las injustificadas angustias de este mundo y prevaleciendo sobre tan lamentable vuelco de mercantilismo ramplón en el que han convertido la Navidad los poderes fácticos globales, así como también sobre la mitomanía estructural de un Iglesia que con suma facilidad convierte a seres gnósticos y libertos en seres sobrehumanos, moralistas o santos mojigatos, víctimas del fervor consumista de la iconoclastia.
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martes, 20 de septiembre de 2011
El Ocultismo (Eliphas Lévi)
Eliphas Lévi (traducción hebraica de su verdadero nombre: Louis Alphonse Constant) fue un sacerdote francés excomulgado por la Iglesia Católica, debido a su impronta librepensadora, su militancia en la Francmasonería y sus esfuerzos por converger fe y razón, por medio de las ciencias ocultas.miércoles, 13 de julio de 2011
"Si la injusticia forma parte de los problemas inherentes a la máquina de gobierno, dejémosla funcionar, que funcione: quizá desaparecerán ciertamente las asperezas y la máquina se desgastará. Si la injusticia tiene una cuerda, una polea, una soga o un eje exclusivamente para ella misma, entonces se podría considerar si el remedio no sería peor que la enfermedad, pero si es de tal naturaleza que requiere que usted sea el agente de injusticia para otro, entonces, digo, ¡viole la ley! que su vida sirva de freno para parar la máquina. Lo que debo hacer es ver a cualquier precio que no me presto para fomentar el mal que condeno"
"El Estado jamás confronta intencionalmente el sentido intelectual general del hombre, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está armado con ingenio ni honestidad superior, sino con fuerza física superior. Yo no he nacido para ser obligado. Respiraré a mi propia manera. Veamos quién es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene una multitud? Sólo pueden forzarme quienes obedecen una ley superior a mí. Me obligan a llegar a ser como ellos. No sé de hombres que sean obligados a vivir de tal o cual manera por masas de hombres. ¿Qué clase de vida sería esa? Cuando encuentro un gobierno que me dice: Su dinero o su vida, ¿por qué he de apurarme a darle mi dinero? Puede estar en un gran apuro y no saber qué hacer; no puedo ayudar en esto. Que se ayude a sí mismo; que haga como hago yo. No vale la pena lloriquear por él. Yo no soy responsable del eficaz funcionamiento de la maquinaria de la sociedad. No soy el hijo del ingeniero. Percibo que, cuando una bellota y una castaña caen juntas, una no permanece inerte para ceder paso a la otra, sino que ambas obedecen sus propias leyes germinando, brotando, creciendo y floreciendo como mejor pueden hasta que una llega a ensombrecer y destruir a la otra. Si una planta no puede vivir de acuerdo con su naturaleza, muere; lo mismo sucede con el hombre.
Nunca me negué a pagar el impuesto de carretera porque estoy tan deseoso de ser buen vecino como de ser mal súbdito; y en cuanto al sostenimiento de las escuelas, participo educando ahora a mis conciudadanos. No es en relación al particular punto en la cuenta de impuestos que me niego a pagarla. Sencillamente quiero negar mi lealtad al Estado, retirarme y mantenerme realmente apartado de él. No me interesa trazar el recorrido de mi dólar, aunque pudiera, que hasta puede comprar a un hombre o un mosquete para matar a alguien -el dólar es inocente- sino me preocupa trazar los efectos de mi lealtad. En verdad, declaro en silencio la guerra al Estado a mi manera, aunque siempre haré el uso y conseguiré la ventaja que de él pueda, como suele suceder en tales casos"
jueves, 9 de junio de 2011
KARMA
.¿Qué es el Karma?
Uno es lo que piensa.
lunes, 30 de mayo de 2011
YO (Constructo), Mente (Dios) y Mentalidad (Edición de la realidad)
El ego exacerbado rompe el equilibrio de la atemporalidad y de la cohesión espiritual.- Cuando nos mentamos única y exclusivamente en el YO estamos sesgando la realidad a una simple careta de nuestro espíritu: el sentir actual, desconocemos en tanto que dos segundos más tarde y en un potencial cambio de escenarios este YO pasará al olvido, de la misma manera que el desgastado YO de un anciano olvidó al activo YO de sus años más pueriles.
La vida se parece en todo al teatro y al final de este camino no terminaremos siendo nada en particular, con suerte nos llevaremos la experiencia de haber interpretado muchos personajes, que a su debido momento tuvimos que turnar y amoldar a los distintos desafíos y épocas... No soy amigo de la idea de la reencarnación, pero el azar podría haber determinado que en lugar de ser humano, fuera el perro que alegremente revolotea por mi patio y en tal caso mi mundo de humano y mi YO actual perdería todo el sentido de mi construcción mental. Cuando sea anciano, el YO de este momento tampoco existirá más... la vida es un constante flujo en el cual las identidades son muchas, finitas y aterradoramente pasajeras.
Asumir la levedad de esta, nuestra vida y la rapidez de los cambios es abrazar un espíritu progresista y no quedarse en el engaño del YO actual. El hombre actúa según piensa y aporta al mundo según la calidad de sus pensamientos, de esta manera una persona espiritualmente podrida, con poca o nula dificultad podría llegar a convertirse en asesino, estafador o en un simple "lanza" urbano, a diferencia de alguien que valora la virtud, el crecimiento intelectual y espiritual, esta persona jamás sería capaz de adueñarse ni de la propiedad ni del tiempo de otros a menos que exista un acuerdo explícito, mucho menos sería capaz de matar o de producir daños irreparables a terceros, porque en su mente no hay cabida para pensamientos autodestructivos que a la larga se transfieren por osmosis a los actos sociales.
Semejante ejemplo es el de la riqueza (material) auto producida, la cual es ante todo consecuencia de la riqueza del espíritu o de la mente y llega por añadidura. Es un hecho que los fatalistas no serán jamás personas exitosas, porque sus pensamientos están atestados de podredumbre, victimización y autoengaño, de la misma manera que los críticos anti-sistema pierden sus fuerzas constructivas al exaltar más de la cuenta las disparidades y los problemas sociales en lugar de plantear soluciones. Ellos también terminan hundidos en la miseria de su pesimismo y estériles críticas.
El lado contrario lo representa el optimismo liberal, consistente en la confianza en uno mismo y en la indiferencia por los vicios del sistema, a los cuales no se dará solución, simplemente se sortearán. El ser liberal jamás entra en conflicto con el sistema ni con los modelos sociales, porque a diferencia del activista de izquierda, no les presta más atención de la cuenta a los contratiempos... el liberal comprende que a la larga todo podría ser una barrera, a menos que no logre suprimirse mentalmente. Para el liberal, esperanza y Dios no descansan en el cielo, ni en ningún olimpo supra terrenal, mucho menos radica en la lucha política de los caudillos u en algún tipo de institución... para el liberal, los logros externos son una simple resultante de su virtud interna.
Mentalidad y Mente son dos esferas diferenciadas de una misma naturaleza, la primera se entiende como un orden de ideas sesgadas u especie de ideología de sobrevivencia, mientras que la Mente es la inteligencia infinita, concepto que tendemos a relacionar con el código de la vida, la Metafísica, la naturaleza del Universo y el misterio de Dios. Ayn Rand como tantos filósofos de su época no profundizó realmente en este concepto de Mente (demasiado metafísico ante sus fundamentos objetivos), el cual es universal, neutral, expansivo y conciliador, indagó más bien en el de Mentalidad, describiendo su naturelaza selectiva y adoctrinable y diferenciando entre la buena Mentalidad de quienes sólo obran para sí mismos, sin sacrificar a nadie más y la mala o colectivizante que hace alarde de los principios altruistas con el fin de utilizar a las personas para dar cumplimiento a fines egoístas de uno o de un reducido grupo.
En su concepto más elevado, la Mente obedece al todo universal, es un sistema abierto, empático, en constante expansión y de acceso democrático, que existe más allá del tiempo y del espacio, en el cual están impresos todos los impulsos sensoriales y la experiencia del Universo, nos embutimos en la Mente a través de la iluminación (tal Buda, tal Cristo) y de la percepción extrasensorial (empatía, videncia, intuición, telepatía, experiencia de vidas pasadas, etc.) como de cualquier otro medio que sobrepase el sentido común y la finitud de nuestros instintos materiales, la Mentalidad por su lado es un sistema semi-abierto o permeable: una especie de micro inteligencia, material, finita, huraña, autorreferente y poco empática. Indagar en la Mente no es una función voluntaria ni que podamos dominar a gusto, pues corresponde al misterioso campo del subcosciente, mientras que la Mentalidad es inducida y creada por la experiencia de vida y los impulsos inteligentes y objetivos de nuestro cerebro.
La Mente es el soplido primario de Dios, la sustancia que contiene toda la información atemporal del Universo (de aquí se desprende la lógica platónica de "nunca aprendemos nada nuevo, simplemente recordamos" o la confesión de Dios a Jeremías: "antes de que te formaras en el vientre te conocí, y antes de que nacieses te santifiqué"), su naturaleza no es material como la del átomo ni energética como la nube de electrones, sino cuántica, imposíble de dimensionar por nuestros cerebros, aunque en la práctica se asemeja a la forma en como opera la energía eléctrica en el mundo material, energía que nos ha facilitado la vida moderna, ya que da empuje a todo tipo de sistemas que utilizamos a diario: lámparas, computadores, televisores, lavadoras, etcétera.
La Mentalidad es algo mucho más simple y menos trascendente, su impulso vital proviene de la Mente Universal, aunque si aterrizamos el concepto, vendría a semejar el funcionamiento de sólo uno de los electrodomésticos antes mencionados, los cuales por lo general no cohesionan o empatizan entre sí (como lo hacen por ejemplo el hombre y la naturaleza) debido a que son sistemas cerrados y condicionados al aislamiento. Piénsese en la Mente como en una gran planta hidroeléctrica o una central nuclear que suministra energía (vida) a todo un país (a todo el Universo) y en la Mentalidad humana como en un modesto laptop o algo inclúso más arcaico: una máquina de escribir eléctrica y la relación aún nos beneficiaría bastante. ¿Cómo podría el hombre dimensionar algo tan impresionante como la Mente de Dios?.
La filosofía de Rand es tremendamente práctica, pero al ser tan escéptica, nietzscheana y enemiga de la metafísica, se torna en otra mentalidad de sistema cerrado, muy distinta al pensamiento liberal e integracionista de la New Thought o del Trascendentalismo de fines del siglo XIX, que posicionó a Dios en el centro de la Mente y a nuestras limitantes humanas junto a la cercadas formas de la Mentalidad.
En Jesús, el hijo del Hombre, Khalil Gibrán describe al vecino como "reflejo encarnado de nosotros mismos" y asevera que los crímenes del asesino no son hechos aislados, toda la humanidad tiene en ellos una cuota de responsabilidad. En otras palabras tanto Hesse como Gibrán nos hablan del verdadero alcance de la Mente: empatía y perspectiva, alumbrando el hecho de que sólo el azar y las circunstancias determinaron que fuéramos de una manera y no de otra, lo que no quita que el día de mañana seamos completamente distintos, pensemos y actuemos distinto, pues simplemente no somos causa sino efecto. Alcanzar la iluminación, depende de cuanto logremos expandir el YO y extirpar triunfalismos e individualismos escamados en nuestra Mentalidad, es renunciar a ser uno e inmutable, romper con el miedo al cambio y disponer nuestros cuerpos y cerebros a la empatía receptiva con la gran Mente Universal.
En toda época y lugar, nunca ha existido cosa más peligrosa que una mentalidad radicalmente colectiva: llámese Fundamentalismo Islámico, Nacional Socialismo, Comunismo o hoy por hoy: Democracia (recordemos que actualmente Estados Unidos pretende imponerla en varios países de Medio Oriente, de manera invasiva y suprimiendo la libertad, sí, la misma que dice defender). Mientras no seamos capaces de instalar un poquito de empatía en nuestros pensamientos, el mundo continuará marchando al ritmo de una competencia desleal y destructiva entre los seres humanos.
Está en uno el cambio, es uno quien edita a gusto la realidad. Todos buscamos los mismos fines: libertad y plenitud mental o espiritual, Cristo nos enseñó un camino: "bendecir a quienes te odian", porque sólo de esta manera minimizamos en nuestra gnosis el daño que otros pretendan inferirnos a la vez que restamos protagonismo en nuestras vidas a quienes no lo merecen. Es en el cerebro donde se derroen primero las barreras que no permiten avanzar a nuestro espíritu. Cristo, germen de la bienaventuranza, verbo liberador y sanador, "Plásmata" o "Cebra" en palabras de Philip K. Dick, su mensaje es como un rayo de luz sobre la conciencia humana, una chispa de coherencia en un mundo de sombras. Fue él quien nos manifestó el valor de la empatía, nos legó el ideal del "vive y deja vivir" (inexistente en el darwiniano mundo pre-cristiano) y nos trazó el camino único hacia la Mente, la libertad, la independencia y el autodesarrollo.
martes, 19 de abril de 2011
El hombre que cambió el mundo
El título de este post lo tomé de una vieja entrega de la revista La Atalaya (1 de abril de 2010), aquel documento que noble y desinteresadamente los testigos de Jehová reparten cada domingo en las puertas de nuestras casas.Relego hacia el final de este ensayo, mis apreciaciones sobre el rechazo que generan en mí aquella y otras sectas religiosas ligadas al cristianismo (incluyendo a los más cínicos de todos: los católicos apostólicos romanos, que en este país somos casi todos). La celebración de Semana Santa es el contexto que da vida a este escrito y centraré mi análisis fundamentalmente sobre el personaje más trascendental de la misma y por cierto el principal protagonista de la espirtualidad occidental, un ser que literalmente cambió nuestro mundo y que en su pasión silenciosa nos enseñó a vivir acorazados e indiferentes frente a la estupidéz humana, mostrándonos lo bello que es existir en la armonía del espíritu, libres e independientes frente a las caretas de la sociedad, mentalizados en un Dios de la no-condena, distinto al perfil de sanguinarias divinidades guerreras con las que convivieron los rústicos hombres de su época, dioses de sacrificio y segregación que pesaron más sobre la conciencia del colectivo de las naciones que del individuo.
Cristo encarna desde siempre una especie de héroe en el que no puedo ni pretendo verme reflejado, pero que me da a entender en su ejemplo de vida que la felicidad y la libertad son caminos de iluminación, forjados en la búsqueda personal, la plena independencia y la soledad. Para quien no tenga el despreciable sesgo de la religión y tal como yo, no crea en un Cristo de milagros o en el hijo de una vírgen, el trazado hecho por Khalil Gibrán en Jesús, El hijo del Hombre podrá dejarlo muy conforme, pues aterriza al ser mitológico y lo ubica en la única posición plausible: la de "iluminado", tal como un Buda, Confusio o Platón. Para aquellos que no creen en dogmas, la religión termina siendo reemplazada por la filosofía y la filosofía es el único medio que nos permite desvelar las sombras con que se nos presenta la realidad, para responder al gran enigma: de ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿a dónde vamos?, como así mismo ¿quién es Dios?, quién es aquella oculta y misteriosa mente, primera semilla de la existencia, la gran chispa detrás del Big-Bang.
Tal vez Cristo no haya sido el primer portavoz oficial de los derechos humanos en occidente, y su lucha de hecho no fue como la de un Espartaco, sublevado ante el más grande imperio que haya conocido la historia, sin embargo desde el silencio (el mágico artificio de Dios) y la no-violencia, el mensaje de Cristo fue capaz no sólo de infiltrarse en el corazón mismo del Imperio Romano, pasado los siglos se convirtió también en la religión oficial de este, carcomiendo constantemente (como una bacteria) los fundamentos darwinianos de la desigualdad y de la explotación, materia que hoy sigue en curso. El cristianismo es el gérmen fundante, el Big-Bang de todo nuevo órden basado en la igualdad, curiosamente el anti-clericalismo y el agnosticismo son los pasos más recientes de su evolución: de esta manera la religión que basara su perspectiva en la afirmación de que todos nacemos libres e iguales ante Dios, generó (irónicamente) los espacios suficientes hacia la negación del propio Dios.
El acto de negar a Dios sin embargo, puede que se explique mejor en la natural resistencia que el hombre libre manifiesta ante la religión. En su época, el propio Cristo estuvo en contra de ella, ganándose la desidia del alto sacerdocio de Israel al declarar: "Yo destruiré este templo hecho por las manos del hombre, y en tres días lo edificaré" lo cual hacía clara alusión al único templo que nos puede guiar a Dios y responder todos los misterios de la existencia: el templo del espíritu.
La religión, como al parecer también la entendió Cristo, es la anti-libertad: no permite que cuestionemos, no permite expresarse, no permite pensar y Cristo en todo momento del Nuevo Testamento se nos presenta como un individuo renovador, un antítesis revolucionario de la moral judaica, místico alejado del mundanal ruido: un ser en perfecta armonía con Dios, con la contemplación del espíritu y con la libertad. Cristo no es de la Sinagoga, el rezo inmolado o de la actitud animalezca o cavernícola de golpearse la cabeza contra un muro, Cristo es de la montaña, de las caminatas al aire libre o por varias ciudades predicando, es uno con la naturaleza, uno con la contemplación, un ser tan simple, agradecido y amante de la vida como el más humilde de los pastores u ovejeros del Levante.
Vuelvo al mencionado texto de La Atalaya, indago en su contenido y destaco un pequeño fragmento que me parece fundamental a la hora de dar en el clavo de lo que es el sentimiento religioso, el cual definí en líneas anteriores como la anti-libertad:
A la luz de lo expuesto en el texto escaneado, queda clarísimo que para la generalidad de los testigos de Jehová, mormones, evangélicos, católicos, ortodoxos, opus dei y cristianos en general, el mundo es una condena, una selva llena de peligros de la que sólo un ser de luz (llámase Dios, llámese Cristo o quien sea) podrá salvarnos y es de suponer que aquel ser - al no estar hoy presente en un mundo de maldad e injusticia generalizada - retrasará su llegada hasta la culminación de nuestra apocalíptica existencia para sepultar en el infierno del olvido los malos elementos de la sociedad y salvaguardar a los buenos.Honesta y sincerarmente, no puedo concebir forma de pensamiento más pequeña, más arcaica, básica y bestial que la del hombre de religión: los primeros en lanzar la piedra y esconder la mano y en mirar la paja en el ojo ajeno (todo lo que Cristo había despreciado en vida). El mundo es lo que nosotros hagamos de él, y si tan sólo somos capaces de ver maldad y sufrimiento, es porque estas dimensiones deben estar más vivas que otras en nosotros mismos y como observadores las replicaremos en todo lo que nos rodea. Gente como Cristo (los místicos verdaderos) son capaces de apreciar y obrar maravillas en su entorno, porque culminaron la bendición de ser ellos mismos y de fundirse con el espíritu.- Es el hombre y no la religión quien se libera así mismo.
Las religiones como buenas antecesoras de la formación del Estado, emergieron como marco de leyes para la buena convivencia social, prohibiendo más que permitiendo: que el alcohol es pecado!, el sexo sin motivos de procreación: fornicación condenable!, la ambición es mala!... Si Dios es todo y vive en todo cuanto existe: ¿qué es lo malo? y ¿qué es lo bueno? sino simples subjeciones morales y en medio de tantas prohibiciones ¿para qué vivir entónces?. El hombre de religión se cree juez del mundo, pero sufre tremendamente al marginarse de la vida y de los impulsos, pretendiendo ignorar que su existencia es miserable, triste y cercada y que el miedo a pecar (algo que le impuso la sociedad) se transformó en el pozo negro que limitó su vida, tienen miedo de ser!, de ser ellos mismos, de abrazar los impulsos y de cuadrar carne y espíritu, temen tener CONCIENCIA PROPIA. El hombre de religión no es más que un puto cobarde.
Poca gente religiosa (salvo algunos santos y verdaderos mártires) podrían llegar a ser la mitad de lo valiente que fue Cristo ante a las adversidades de su época y la desconfianza de su propio pueblo que terminó sentenciándolo a muerte. Mucho menos habrían desafiado una autoridad tan magnificente como la de Roma, con poder de aplastar a cualquiera como a una hormiga.
Pechonios dispuestos a morir por un ideal o cargar con una pesada cruz, la verdad no conozco a ninguno, lo que me demuestra que Cristo al igual que Platón o Galileo, no fue hombre de religión sino de ideas, no extrañando por tanto que justamente sus ideales terminaran forjando similar desenlace. Del lado contrario están los profetas de la espada y de la ley como Mahoma, con más dotes de políticos y de conquistadores que de místicos.... el imperio del Islam como el del cristianismo, fueron ante todo organizaciones políticas escusadas en el plano extraterrenal y la metafísica, la escusa divina en la que seres con grandes ambiciones de poder lograron echarse al bolsillo al crédulo, desorganizado e ignorante pueblo... ¿Es tan inexplicable entónces que algunos de los peores sadomitas de la historia residieran justamente en la Santa Sede?, basta con recordar los excesos de la familia Borgia o que hoy la iglesia vuelva hacer aguas por todos lados con historias de curas y monjas sexualmente desviados y pedófilos que los altos mandos eclesiásticos se empecinan en proteger. Aquella no es más que una institución que se pudrió y hace siglos está oliendo mal, no es el mejor ejemplo ni lugar para reforzar la fe, sino justamente para despreciarla.
Cristo sin embargo vive! y el tiempo no lo ha marchitado, aunque no podría aseverar si tuvo o no una real existencia en el plano terrenal o fue más bien el mito a través del cual se encarnó un trascendental y divino mensaje de paz, libertad, igualdad y fraternidad que impregnó luz en un mundo de mera sobrevivencia y constante estado de guerra. Lo que sí es una evidencia, es que este hombre, esta idea o este espíritu logró cambiar el mundo, y que la iglesia se tomó de su nombre para que el imperio no desfalleciera. Aún sí lo mantuvo latente en el paso de los siglos y eso es tal vez lo único que hemos de agradecerle a la religión, el paso siguiente será que la humanidad comprenda a este personaje bíblico ajeno e independiente de aquella sórdida insitución que más mal que bien ha propiciado al mundo, partiendo por su condena psíquica, su imposición forzosa a los pueblos débiles y dominados, su cinismo moral y el hecho de que a diferencia de Cristo, siempre ha tenido a ponerse del lado de los poderosos y no de los oprimidos y segregados.
Aunque esta semana, por nada en el mundo pienso asistir a una misa, ni hacer cánticos estúpidos, escuchar sermones de un cura - probablemente - mil veces más pecador que yo, ni participar de parafernálicos actos eclesiásticos que más apelan al instinto de masa, que a la espiritualidad personal, yo en mi propio silencio y contemplación, con mis propios y humildes medios espirituales pensaré en tí Cristo y pronunciaré tu nombre como ya lo he hecho otras tantas veces en este ensayo. Mi intención no será manipular a los débiles de consciencia con el fin de obtener beneficios propios, mucho menos será por miedo de un Dios mal conceptualizado ni por simple protocolo. Mis sentimientos hacia tí no son más que de admiración y respeto... Cristo no fue un simple ser humano, no fue el hijo de Dios (porque de cierto modo todos los somos), Cristo es y será siempre el más elevado ideal de libertad.
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viernes, 11 de marzo de 2011
Nietzsche: el filósofo más aclamado y contraversial de la historia
En la cronología del pensamiento humano, muchos han sido los movimientos y cosmovisiones que han logrado interrumpir el curso de la historia, para bien o para mal.
















