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domingo, 17 de julio de 2011

José Luis Sampedro y el análisis de la situación española (o mundial)

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En la presente entrevista, el veterano crítico y economista barcelonés José Luis Sampedro entra a describir la actual crisis española en un contexto eleccionario de bipartidismo, la manipulación de la opinión pública, los estragos del capitalismo (o mejor dicho: las adulteraciones que hacen de los equilibrios de mercado la gran mayoría de los gobiernos, presionados por el lobby empresarial e intervenciones escabrosas que superan por mucho el óptimo de sus atribuciones, generando perjuicio al desarrollo y a la equidad que dicen defender) en esta porción de Europa y en fin varios otros elementos que sirven como marco de referencia para comprender nuestra propia situación actual, a varias millas de distancia: en Chile.

Interesantes puntos de vista entre los que destaco ideas como la de que en occidente "los valores han sido substituídos por los intereses" (una innegable realidad que explica por ejemplo el actual choque de occidente con el Islam y otras sociedades teo-céntricas que conservan una visión más justicialista de la economía en el campo social) o que el imperativo por la producción y la competencia, mutiló en el occidental un progreso mucho más importante: el "desarrollo hacia dentro", hacia la intelectualidad y el autoconocimiento, o que las actuales movilizaciones sociales; comprendidas como una nueva revolución de la consciencia colectiva, están guiando hacia a un estadio diferente del que aún desconocemos los resultados, pero que en opinión un tanto utópica de Sampedro debiera ser más evolucionado que las disposiciones del capitalismo.

lunes, 30 de mayo de 2011

YO (Constructo), Mente (Dios) y Mentalidad (Edición de la realidad)

El nobel escritor alemán Herman Hesse inicia una de sus escrituras más autobiográficas de la siguiente manera: "Cuando era niño, pensaba , actuaba y hacía cosas de niño, mi mundo era el de un niño..." reflexión simplista a primera vista, aunque de un alcance e interpretación mucho más profundo que nos guía a los conceptos de empatía y de perspectivismo.

El ego exacerbado rompe el equilibrio de la atemporalidad y de la cohesión espiritual.- Cuando nos mentamos única y exclusivamente en el YO estamos sesgando la realidad a una simple careta de nuestro espíritu: el sentir actual, desconocemos en tanto que dos segundos más tarde y en un potencial cambio de escenarios este YO pasará al olvido, de la misma manera que el desgastado YO de un anciano olvidó al activo YO de sus años más pueriles.

La vida se parece en todo al teatro y al final de este camino no terminaremos siendo nada en particular, con suerte nos llevaremos la experiencia de haber interpretado muchos personajes, que a su debido momento tuvimos que turnar y amoldar a los distintos desafíos y épocas... No soy amigo de la idea de la reencarnación, pero el azar podría haber determinado que en lugar de ser humano, fuera el perro que alegremente revolotea por mi patio y en tal caso mi mundo de humano y mi YO actual perdería todo el sentido de mi construcción mental. Cuando sea anciano, el YO de este momento tampoco existirá más... la vida es un constante flujo en el cual las identidades son muchas, finitas y aterradoramente pasajeras.

Asumir la levedad de esta, nuestra vida y la rapidez de los cambios es abrazar un espíritu progresista y no quedarse en el engaño del YO actual. El hombre actúa según piensa y aporta al mundo según la calidad de sus pensamientos, de esta manera una persona espiritualmente podrida, con poca o nula dificultad podría llegar a convertirse en asesino, estafador o en un simple "lanza" urbano, a diferencia de alguien que valora la virtud, el crecimiento intelectual y espiritual, esta persona jamás sería capaz de adueñarse ni de la propiedad ni del tiempo de otros a menos que exista un acuerdo explícito, mucho menos sería capaz de matar o de producir daños irreparables a terceros, porque en su mente no hay cabida para pensamientos autodestructivos que a la larga se transfieren por osmosis a los actos sociales.

Semejante ejemplo es el de la riqueza (material) auto producida, la cual es ante todo consecuencia de la riqueza del espíritu o de la mente y llega por añadidura. Es un hecho que los fatalistas no serán jamás personas exitosas, porque sus pensamientos están atestados de podredumbre, victimización y autoengaño, de la misma manera que los críticos anti-sistema pierden sus fuerzas constructivas al exaltar más de la cuenta las disparidades y los problemas sociales en lugar de plantear soluciones. Ellos también terminan hundidos en la miseria de su pesimismo y estériles críticas.

El lado contrario lo representa el optimismo liberal, consistente en la confianza en uno mismo y en la indiferencia por los vicios del sistema, a los cuales no se dará solución, simplemente se sortearán. El ser liberal jamás entra en conflicto con el sistema ni con los modelos sociales, porque a diferencia del activista de izquierda, no les presta más atención de la cuenta a los contratiempos... el liberal comprende que a la larga todo podría ser una barrera, a menos que no logre suprimirse mentalmente. Para el liberal, esperanza y Dios no descansan en el cielo, ni en ningún olimpo supra terrenal, mucho menos radica en la lucha política de los caudillos u en algún tipo de institución... para el liberal, los logros externos son una simple resultante de su virtud interna.

La autora objetivista Ayn Rand, resalta que la gran diferencia entre los seres humanos no estriba en la raza ni en el color de la piel, sino fundamentalmente en los patrones culturales que determinaron las psicologías individuales. En la visión de Rand sólo existen dos tipos de seres humanos: los individualistas o infatigables mentes creadoras y los colectivistas o parásitos, incapaces de crear nada y que se cuelgan del éxito o magnanimidad de los creadores. Según Rand el Estado es el gran intermediario que permite a los parásitos sorber el fruto del trabajo de quienes crean y viabilizan el desarrollo, esta relación se daría a través de la caridad inducida y del gravamen estatal o los impuestos. Tal visión es la exaltación cuasi anarquista del liberalismo, loable en muchos términos, pero demasiado triunfalista y carente de un elemento que debe poseer toda filosofía: la empatía.

Mentalidad y Mente son dos esferas diferenciadas de una misma naturaleza, la primera se entiende como un orden de ideas sesgadas u especie de ideología de sobrevivencia, mientras que la Mente es la inteligencia infinita, concepto que tendemos a relacionar con el código de la vida, la Metafísica, la naturaleza del Universo y el misterio de Dios. Ayn Rand como tantos filósofos de su época no profundizó realmente en este concepto de Mente (demasiado metafísico ante sus fundamentos objetivos), el cual es universal, neutral, expansivo y conciliador, indagó más bien en el de Mentalidad, describiendo su naturelaza selectiva y adoctrinable y diferenciando entre la buena Mentalidad de quienes sólo obran para sí mismos, sin sacrificar a nadie más y la mala o colectivizante que hace alarde de los principios altruistas con el fin de utilizar a las personas para dar cumplimiento a fines egoístas de uno o de un reducido grupo.

En su concepto más elevado, la Mente obedece al todo universal, es un sistema abierto, empático, en constante expansión y de acceso democrático, que existe más allá del tiempo y del espacio, en el cual están impresos todos los impulsos sensoriales y la experiencia del Universo, nos embutimos en la Mente a través de la iluminación (tal Buda, tal Cristo) y de la percepción extrasensorial (empatía, videncia, intuición, telepatía, experiencia de vidas pasadas, etc.) como de cualquier otro medio que sobrepase el sentido común y la finitud de nuestros instintos materiales, la Mentalidad por su lado es un sistema semi-abierto o permeable: una especie de micro inteligencia, material, finita, huraña, autorreferente y poco empática. Indagar en la Mente no es una función voluntaria ni que podamos dominar a gusto, pues corresponde al misterioso campo del subcosciente, mientras que la Mentalidad es inducida y creada por la experiencia de vida y los impulsos inteligentes y objetivos de nuestro cerebro.

La Mente es el soplido primario de Dios, la sustancia que contiene toda la información atemporal del Universo (de aquí se desprende la lógica platónica de "nunca aprendemos nada nuevo, simplemente recordamos" o la confesión de Dios a Jeremías: "antes de que te formaras en el vientre te conocí, y antes de que nacieses te santifiqué"), su naturaleza no es material como la del átomo ni energética como la nube de electrones, sino cuántica, imposíble de dimensionar por nuestros cerebros, aunque en la práctica se asemeja a la forma en como opera la energía eléctrica en el mundo material, energía que nos ha facilitado la vida moderna, ya que da empuje a todo tipo de sistemas que utilizamos a diario: lámparas, computadores, televisores, lavadoras, etcétera.

La Mentalidad es algo mucho más simple y menos trascendente, su impulso vital proviene de la Mente Universal, aunque si aterrizamos el concepto, vendría a semejar el funcionamiento de sólo uno de los electrodomésticos antes mencionados, los cuales por lo general no cohesionan o empatizan entre sí (como lo hacen por ejemplo el hombre y la naturaleza) debido a que son sistemas cerrados y condicionados al aislamiento. Piénsese en la Mente como en una gran planta hidroeléctrica o una central nuclear que suministra energía (vida) a todo un país (a todo el Universo) y en la Mentalidad humana como en un modesto laptop o algo inclúso más arcaico: una máquina de escribir eléctrica y la relación aún nos beneficiaría bastante. ¿Cómo podría el hombre dimensionar algo tan impresionante como la Mente de Dios?.

La filosofía de Rand es tremendamente práctica, pero al ser tan escéptica, nietzscheana y enemiga de la metafísica, se torna en otra mentalidad de sistema cerrado, muy distinta al pensamiento liberal e integracionista de la New Thought o del Trascendentalismo de fines del siglo XIX, que posicionó a Dios en el centro de la Mente y a nuestras limitantes humanas junto a la cercadas formas de la Mentalidad.

En Siddhartha, El Lobo Estepario y el Último Verano de Klingsor, Herman Hesse nos representa mejor que nadie y en sólo unos cuantos eventos el débil alcance de la Mentalidad y la finitud absoluta del YO. "Siddhartha el aprendíz", "Siddhartha el asceta", "Siddhartha el rico comerciante" y "Siddhartha el ermitaño" son los distintos YO de un mismo protagonista, al igual que el asesino, el niño hiperactivo y el buen amante emergieron todos del cuerpo de Harry Haller durante la gran función del Teatro Mágico.

En Jesús, el hijo del Hombre
, Khalil Gibrán describe al vecino como "reflejo encarnado de nosotros mismos" y asevera que los crímenes del asesino no son hechos aislados, toda la humanidad tiene en ellos una cuota de responsabilidad. En otras palabras tanto Hesse como Gibrán nos hablan del verdadero alcance de la Mente: empatía y perspectiva, alumbrando el hecho de que sólo el azar y las circunstancias determinaron que fuéramos de una manera y no de otra, lo que no quita que el día de mañana seamos completamente distintos, pensemos y actuemos distinto, pues simplemente no somos causa sino efecto. Alcanzar la iluminación, depende de cuanto logremos expandir el YO y extirpar triunfalismos e individualismos escamados en nuestra Mentalidad, es renunciar a ser uno e inmutable, romper con el miedo al cambio y disponer nuestros cuerpos y cerebros a la empatía receptiva con la gran Mente Universal.

"Nadie se sabe completamente malo", solía decir en sus discursos William Cooper, padre de la teoría conspirativa y hasta los más condenables crímenes de la humanidad se cometieron pensando en que se obró de la manera correcta. Nuestra Mentalidad no es perfecta y puede dar cabida a formas de pensamiento totalizantes, semejantes a todos nuestros discursos e ideologías, las cuales tienden a auto-flagelarnos psicológicamente y en contacto con terceros, aplicarles medidas coercitivas, exigencias o trabas.

En toda época y lugar, nunca ha existido cosa más peligrosa que una mentalidad radicalmente colectiva: llámese Fundamentalismo Islámico, Nacional Socialismo, Comunismo o hoy por hoy: Democracia (recordemos que actualmente Estados Unidos pretende imponerla en varios países de Medio Oriente, de manera invasiva y suprimiendo la libertad, sí, la misma que dice defender). Mientras no seamos capaces de instalar un poquito de empatía en nuestros pensamientos, el mundo continuará marchando al ritmo de una competencia desleal y destructiva entre los seres humanos.

Está en uno el cambio, es uno quien edita a gusto la realidad. Todos buscamos los mismos fines: libertad y plenitud mental o espiritual, Cristo nos enseñó un camino: "bendecir a quienes te odian", porque sólo de esta manera minimizamos en nuestra gnosis el daño que otros pretendan inferirnos a la vez que restamos protagonismo en nuestras vidas a quienes no lo merecen. Es en el cerebro donde se derroen primero las barreras que no permiten avanzar a nuestro espíritu. Cristo, germen de la bienaventuranza, verbo liberador y sanador, "Plásmata" o "Cebra" en palabras de Philip K. Dick, su mensaje es como un rayo de luz sobre la conciencia humana, una chispa de coherencia en un mundo de sombras. Fue él quien nos manifestó el valor de la empatía, nos legó el ideal del "vive y deja vivir" (inexistente en el darwiniano mundo pre-cristiano) y nos trazó el camino único hacia la Mente, la libertad, la independencia y el autodesarrollo.

martes, 22 de marzo de 2011

No razones la vida, simplemente disfrútala!

El símbolo del pez: la primera señal del cristianismo en tiempos de la persecusión romana y que a diferencia de la macrabra cruz (que representa sacrificio, resignación y sufrimiento) enfatiza el "milagro de la multiplicación" de los panes y de los peces en el que Cristo nos quizo demostrar que la pobreza y las limitaciones materiales pueden solventarse en la abundancia de la FE y la entrega a los demás: esto constituye dejar a un lado el pensamiento pequeño e individualista y compartir la bienaventuranza con quienes te rodean.
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¿Qué cuantía puede tener la vida de una persona cuyo único fin en mente es satisfacerse así mismo?: El equivalente del suicidio, un sin sentido absoluto. No estoy proponiendo aquí el ser altruista o filántropo; quienes viven más para los demás que para sí mismos o se ofrecen como mártires de las causas perdidas: de todos ellos yo desconfío y los considero manga de charlatanes o en su defecto simplemente idiotas. Sin embargo no es menos cierto que estamos aquí para empujar el mismo carro.
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Cargamos el "alma del mundo" (no comulgo con Coelho, pero estoy empleando un término suyo), somos una pequeña luz en la gran luminaria del Universo, algo así como las pequeñas ampolletitas en el juego de luces del árbol de Navidad. Si una de estas ampolletitas llega a quemarse, pondría en jaque la perfección del sistema, pero difícilmente dejen de iluminar todas al mismo tiempo, porque en conjunto aquel juego fue hecho para un fin superior al de la existencia de cada luz por separado y nosotros como ellas estamos aquí para iluminar al mundo, confortarnos a nosotros mismos, siendo aportativos a los demás y a un fin superior que aún desconocemos, pero que descubriremos en el camino de la vida. "Ama mucho y serás mucho, ama poco y serás nada" escuché decir una vez a uno de los pocos sacerdotes de vocación que conozco.
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El sentido de la vida no es más que este: vivir! para iluminar al TODO y poder brillar con mucha intensidad en el trozo de éter que nos destinó Dios, dejar bien impreso el testimonio de nuestra existencia, TRASCENDER! y para trascender es necesario emplear todos los elementos a nuestra disposición, embebernos de nuestra generación y del legado de todas las que trascendieron hasta este punto. La historia ha sido forjada por los más diversos tipos de personalidades que trazaron su nombre en ella: santos, dictadores, asesinos, profetas, artistas, etcétera, sin embargo todos ellos tienen algo en común: vivieron para sí mismos, y con tanta intensidad que pudieron externalizar su influjo en el mundo entero, dejando una huella que duraría años, décadas e inclúso siglos y que hasta logró condicionar nuestro contexto.
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Así mismo, nosotros también podríamos engrosar la lista de quienes trascienden, y están en nosotros los medios y el modo. Mentalizarnos en cómo quisieramos que nos recordaran nuestros hijos, nuestros nietos y quienes sólo por tradición oral y cultural podrían saber que exisitimos. A muchos les dará lo mismo ser recordados como seres despreciables con tal de haber figurado (gente como Adolph Hitler, Stalin, Charles Manson o Mark David Chapman) o de lo contrario por haber traído un mensaje de alegría y esperanza a este mundo, tal como hacen los músicos o los artistas... dejo fuera del ejemplo al hombre de religión, porque la religión (a diferencia de la espiritualidad) deviene en más cosas malas que buenas para el mundo, leyes humanas disfrazadas de divinas, castigo, inmolación, represión, abstinencia de actos y sentimientos y mucha hipocrecía: HOY, AYER Y SIEMPRE!
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Somos dueños de nuestro destino y podemos tomar el camino que estimemos pertinente. Uno de los que yo he decidido para mi persona, por ejempo, es el de convertirme en escritor o en el peor de los casos tratadista (pues teorizar y citar es para perdedores del lenguaje y la comunicación). Tal vez muy poca gente tendría la osadía de leerme, aunque mi fin es justamente ese.- No tendría interés alguno de consolidarme dentro del mainstream, pues según yo la palabra "popular" - y sobretodo en literatura - simboliza mediocridad, ya que quienes respaldan tal criterio de popularidad, no tienen ideas y convicciones propias, es la masa que necesita de un referente, de un mentor o de un caudillo, semejante a los consumidores de las grandes carteleras cinematográficas (y para quienes el cine arte o cine independiente, al no lograr portadas no existe), o quienes dicen seguir el último grito de la moda, dictada desde luego por las multitiendas o que escuchan música muy oreja y de poco nivel, pero que según ellos es buena por el hecho de sonar en radios y en la televisión abierta.
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Como alguien que lee y lee mucho, desprecio a los Coelho, a los Dan Brown y a las Isabel Allende y en lo personal, ningún libro de los que figura en las primeras listas de venta me ha impresionando nunca en lo más mínimo, ninguno me dejó algún mensaje de peso, nada para reflexionar hoy ni mañana. Uno de mis fines como escritor, sería que al leerme, la gente vibrara con la misma intensidad que yo lo hago cuanto tengo en mis manos lecturas como el Valis de Philip K. Dick, Trópico de Capricornio de Henry Miller, Jesús. Hijo del Hombre de Khalil Gibrán, The Fountainhead y Atlas Shrugged de Ayn Rand, Problemas Materiales Soluciones Espirituales de Bhaktivedanta Swami o el Demian de Herman Hesse. Eso ya es ponerse una vara demasiado alta, aunque sino hacemos tal, estamos destinados a la mediocridad.
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Si a diferencia de mí, lo tuyo no es la literatura, sino tal vez algún deporte, la música, la tecnología, las ciencias, la psicología, la política, la moda, etcétera, este mensaje vale para tí de todas maneras: "No razones demasiado la vida (¿Para qué vivir formulando preguntas sin respueta?), primero que nada disfrútala", vivir no es razonar, vivir es HACER, hacer lo que nos compete y lo que hemos decidido libre y esporádicamente. Si hemos de razonar en algunos momentos, hágamoslo por diversión, por arte.
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La mística consiste en disfrutar la vida, no en analizarla demasiado, además los tipos que razonan y meditan más de la cuenta: sólo lo hacen por medir los pro y los contra de sus acciones. Son los modernos esclavos del "discurso pertinente" o "discurso social", de lo políticamente correcto, vale decir los débiles que viven condicionados por el qué dirán. Si hay algo metafísico que debieras no olvidar jamás es lo siguiente: una Mente Superior (y no el azar) fue quien dispuso que estuvieras aquí AHORA y que en esta existencia que te ha correspondido, no seas una piedra ni un insecto o algún animal inferior, en cuyo caso sería comprensible el "instinto de manada". En tu caso: eres un ser humano y tus propias verdades son las que te mueven.
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Tampoco es necesario alabar a Dios todo el tiempo, ni pensar en él como si fuera un rey que gobierna a millas de distancia sobre nuestras cabezas, en un Olimpo griego. Dios no está en ninguna parte que no podamos indicar más que en nosotros mismos y su plenitud no es otra sino el AMOR (la sustancia que construye vida). Para qué querer decifrar la existencia de aquello que no ves por medio de la ciencia o la fe, simplemente sé agradecido del misterio de la vida y para agradecer tal milagro, ház lo que te venga en mente cuando quieras y como quieras, sin esgrimir explicaciones ni disculpas. Ten en cuenta además que "El vecino es un reflejo reencarnado de nosotros mismos" como sostuvo alguna vez Khalil Gibrán: procura por tanto que tus actos estén en armonía con el universo.- Hacer las cosas bien equivale a poner toda tu PASIÓN y energía en ellas, no anulando, pero sí externalizando el YO, colocándolo en la posición del otro, como un observador crítico de tí mismo.
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jueves, 20 de enero de 2011

El aprendizaje y la enseñanza son más vastos que la oratoria

Sin importar quienes seamos, la actividades que realicemos a diario o la visión del mundo que tengamos, para todos sin excepción: la finalidad de la vida es un eterno y constante aprendizaje.
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Somos la especie más evolucionada e inteligente de este planeta, pero no estamos parados sobre ningún gran abismo, ni hemos construído realmente nada, pisamos un pedastal muy sólido de 5000 a 7000 años de cultura, de innovaciones, creencias y paradigmas. Somos la herencia de los sumerios, de los egipcios, de los antiguos chinos, de los griegos, los romanos, los persas, etc., etc.. No habría existido la era de la computación, de no haberse inventado miles de años ántes el Ábaco, ni Internet de no existir la escritura o la imprenta, los vehículos vinieron mucho después de las carretas y todo transporte tiene su orígen en un gran canasto con dos rudimentarias ruedas empujadas por una yunta de bueyes.
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La gracia de ser humano, es que somos esponjas cerebrales y espirituales ávidas de información, cualquiera nos puede cargar de aquella dósis de sabiduría que tanto necesitamos para sobrevivir en el mundo de las ideas, de los discursos y las creencias. A mí no me cabe la menor duda de que todo es falso o al menos: un acuerdo tácito de credibilidad social, la realidad no es más que una "ilusión colectiva" (en palabras de Philip K. Dick) y el pasado, presente y futuro de nuestra civilización humana, no más que un gran discurso. Entre relativistas, probablemente engruese las primeras filas, pero también sostengo que todo es "fiduciario", y funcionamos de semajante manera en este plano al mundo de la banca, de las inversiones, la bolsa: el mundo del dinero, el cual es menos tangible que las trasacciones hechas en su nombre
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Todo es fiduciario, sí, porque el mundo entero es un constructo edificado sobre una base de ideas, que evolucionan e involucionan constantemente. Que la Tierra era redonda y giraba en torno al Sol, sabían de sobra los antiguos ciudadanos de las polis griegas, plano y centro de todos los fenómenos astrológicos, creyó el retardado hombre medieval, y hoy en día si nadie nos hubiese mostrado desde temprana edad evidencias de que el planeta es redondo y el Universo está en expansión, no tendríamos porqué creerlo. Como ven, todo es un negocio de fe, no estamos seguros de nada, pero le creemos a los chamanes del presente (al científico, profesor, filósofo, economista, experto de todas las lides) aquel que dice saber más que nosotros y cuyo saber está avalado por otros que en algún momento dijeron saber más que él.
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Sin embargo, a lo que voy es a lo siguiente: ni mil aulas de clases, ni mil profesores, ni mil escuelas o institutos, nos pueden enseñar más que la propia vida, ni nosotros aprender nada de nadie, sino comenzamos por comprendernos a nosotros mismos. No hay enseñanza que no devenga de las preguntas, el aprendizaje autárquico siempre superó al docente, porque ahí están los libros para el sediento de conocimientos, ahí están los discos, para el músico que absorbe melodías, los ingredientes para el gastrónomo, las galerías para el artista, los manuales para el técnico y el mundo entero, para quien quiera observarlo o encontrar algo puntual en el, ya sea fijándole los ojos del poeta o ejerciendo el método científico. Todo está en observar.
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La vida por sí misma no te los dá los títulos que necesitas rendir para conseguir buenos trabajos, ni las ganancias (de manera directa al menos no) que requieres para sobrevivir en esta selva, pero te dá a tí mismo y a tu entorno, el Universo del cual crearás un microcosmos en donde formular preguntas y buscar las respuestas necesarias. La escuela de la vida, es infinitamente superior a la oratoria, a tal punto que no trascendieron más los pensadores institutanos, que los grandes filósofos existenciales: Cristo, Platón, Aristóteles, Confusio, Séneca, Virgilio, Averroes o Rosseau; aprendices de la vida, formuladores de preguntas sustanciales y no simples y cuadrados escolásticos.
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jueves, 23 de diciembre de 2010

Buon Natale!

Natale: natividad: nacimiento, el sentido puro y verdadero de estas festividades. Se vale en tanto, dejar atrás el pasado y replantearse una nueva vida, para el año que viene y hacia la gente que nos rodea a diario.
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Como todo adulto que guarda en su memoria gratos momentos de la niñez, para mí la navidad siempre fue sinónimo de alegría, pero también reconozco con cierta tristeza que hasta el día de hoy la he identificado más con el simbolismo mercantilista y capitalista que la desvirtuó hace más de un siglo, que con su verdadero trasfondo: espiritual y familiar.
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La navidad es la celebración de un nacimiento, de una vida: la de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios o para el no creyente: a lo menos un santo, a lo menos un filósofo epicurista. El más libre y práctico de los seres humanos que nació en la humildad de una pesebrera, rodeado de animales, visitado por pastores, por tres ricos mercaderes de Persia (los "Reyes Magos") y cobijado por el cariño de sus padres. "No hay mayor riqueza, que vivir con dignidad en la pobreza", más que un bello verso, el mayor de los ejemplos que nos aporta el nacimiento y la propia existencia de Cristo.
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El exitismo y el materialismo son dos terribles enfermedades que inmolan el alma humana y en este sentido, no ha sido peor la era en curso que los decenios, siglos y milenios ya quemados. Cristo enseño en cambio, que el camino a Dios, es el mismo que nos guía a la verdadera libertad, un camino de austeridad, tolerancia e independencia espiritual. El actuar sin condenar, caminar sin detenerse y lograr los propios fines, sin pisotear al resto.
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Cristo nos exhortó a "poner la otra mejilla", simbolismo metafórico de ser valiente, luchador y más que esquivar los golpes que nos da la vida y/o nuestros pares, recibirlos, sin detenerse en el curso hacia un destino mentalizado. Y en esa ley murió Jesús, perseguido y condenado por sus enemigos, logrando al fin y al cabo un propósito: trasnformar el mundo, traer el espíritu a un plano dominado por el exitismo y la barbarie, por la intrascendencia de los cánones plásticos y la gloria fútil. Cristo se instaló en la historia al lado de Augusto y César, pero su imperio sigue de pie frente a la derroída y legendaria Roma. Jamás levantó un ejército en armas, ni lo necesitó. A más de 2000 años de su nacimiento y muy a pesar de haberlo hecho en un pesebre o potrero, Cristo, el primer hijo del rigor, se convirtió en el rey que muchos temieron, un ejemplo indestructible de pulcridad, libertad y santidad.
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Este año no importa dónde y cómo recibas la navidad, más importante que recibir todo aquello que anhelas materialmente, es rescatar el sentido original: estar copado de las atenciones y del cariño de la gente que amas. Y mucho más valioso que dar, es darte a ti mismo, repartir tu espíritu entre la gente con la que compartes a diario e inclúso con quienes apenas conoces. La navidad debiera simbolizar siempre un renacimiento del espíritu y en esta vida, aunque muchos te pinten lo contario, no hay nada más importante. La riqueza del espiritu se acumula acción por acción en la bolsa de valores de la vida, te abre más puertas que el propio dinero, reparte más utilidades y te fascilita más socios en el camino. El amor no se mide económica, sino espiritualmente.
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Buon Natale para todos!
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domingo, 14 de noviembre de 2010

¡Viva el arte de escribir!

Porque escribiendo entreno mi mano, ordeno mis ideas y comunico mis pensamientos del momento a los más inverosímiles destinatarios. Además constituye mi autogestión de marketing.
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Previo a escribir hay que ser capaz de leer y liberarse, escuchar y aprender, observar y absorver, reproducirse y disfrutar, alimetarse y deleitarse. Cada segundo de vida debiera convertirse en una experiencia única y escribir nos da el alivio de la reflexión, para luego testimoniar que "hemos vivido" y que ya muy pocas cosas tienen poder sobre nosotros.
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Dirán algunos con muy poco tino que escribir es el "arte de los locos", pero ¿qué importa la locura si en el fondo la normalidad es el problema?. Son precisamente los excéntricos los que escriben buenos libros, hacen buena música, son buenos diseñadores, publicistas, cineastas y quienes por lo general viven encumbrados en sus propias ideas antes que en el predecible mundo que habitamos.
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Todo escritor abraza sus victorias, pero mucho más cariño le tiene a sus derrotas, pues ¿qué mejor material para escribir que el de las experiencias fallidas?. Un cristiano (o más bien un evangélico) daría como consejo a sus cercanos que recen y se rediman de sus problemas centrando la fe en Cristo, yo en cambio los exhorto a que escriban y disparen al mundo sin tapujos lo que sienten, para de esta manera abrir mejor sus propias mentes y comprender que todo cuanto nos esclaviza es sólo un mal cuento repetido hasta el cansancio en nuestras cabezas.
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Nada existe mientras no se le de importancia y sólo cobran vida las cosas a partir de los conceptos. La escritura no es más que eso: una estructura ordenada de conceptos, quien escribe por tanto, puede llegar a tener las cosas más claras que el resto y no por faena erudita (desprecia a los eruditos) sino más bien por obra y gracia de "la magia de las ideas", el único elemento metáfisico capaz de transformar el mundo, TÚ MUNDO.

martes, 30 de marzo de 2010

Humanismo Liberal

Gustavo Tovar Arroyo, activista pro derechos humanos en Venezuela y asesor jurídico del Movimiento Universitario, detractor del régimen chavista, escribió hace un tiempo un interesante artículo para la revista Petróleo YV en la que nos formula la idea del "humanismo liberal", no como una nueva ideología, sino más bien (en sus propias palabras) como un compromiso y una experiencia de vida.
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El humanismo liberal consiste justamente en imponer la palabra humanismo al concepto de libertad, entendiendo que la libertad no es un fin autónomo, es el producto de la dignificación de lo humano, de la comprensión de que "mi vida no es independiente del resto" y de que sólo cobra sentido en relación al prójimo, a los otros.
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Para dar fuerza a sus argumentos, Tovar Arroyo exalta la importancia de la Carta Universal de los Derechos Humanos (en la que reconoce la vara que mide el nivel de humanismo de cada sociedad), rescatando la utilidad del DNI de las huellas digitales como símbolo de la identidad individual y a la vez edicto de la igualdad entre las personas, más allá de sus particularidades genéricas, raciales, sociales, culturales, de credo, etcétera. Termina el breve texto con la historia de superación de un amigo parapléjico, para quien las limitaciones inmediatas y hasta los retos más complejos fueron solventados gracias a la impronta liberal de que "hasta lo imposíble puede lograrse" sumado a la abnegación de la gente que estuvo en su camino (en una sociedad, de hecho no chaquetera) y le ayudaron a alcanzar sus metas, forjados en la convicción de que las personas más que competir, pisotearse o ser estoicos entre sí, se necesitan, completan y sólo comienzan a existir cuando sus actos son recíprocos.
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jueves, 28 de enero de 2010

El arduo camino a la libertad

Liberté, égalité, fraternité. A tres siglos de la proclama mundial de estas consignas revolucionarias algo cambió definitivamente en las relaciones humanas occidentales, murió el feudalismo, desapareció la aristocracia (y los abusos de sus herederos), comenzaron a perder legitimidad prácticas como el mayorazgo y la exclavitud dejó de legitimarse por la mayoría de los pueblos de Europa y América, hasta que a fines del siglo XIX ya estuvo completamente erradicada.

No obstante la Revolución Francesa fue extremadamente necesaria para la evolución del hombre, no tardó en mostrar sus vicios como bien documenta Anatole France en su clásico Los Dioses tienen sed, se institucionalizó la revolución al punto de caer en la corrupción y en la paranoia extrema, un paso más adelante toda Francia se convirtió en el campo de batalla de una guerra civil entre ilustrados y los defensores del viejo orden, y no tardó Europa en ser arrastrada a décadas de lucha, atropello a los derechos del hombre y violencia extrema en un clima de inestabilidad en que se respiró la muerte hasta bien avanzado el siglo XX, años de las guerras más catastróficas que arrasaron al mundo y en especial a Europa.

La revolución en el siglo XX, tomó varios matices: nacionalista (facismo, nazismo, franquismo, doctrina de seguridad nacional, arabismo, panturianismo, etcétera), socialista (comunismo soviético, sublevación obrera en todo el mundo, revoluciones africanas y cubanas), y hasta religiosa con la emblemática revolución iraní de 1979. Todas estas revoluciones trataron de concretar la misma inspiración ilustrada: libertad, igualdad y fraternidad, evidentemente ninguna tenía el más mínimo matiz de aquello.

La única revolución posíble en pro de la igualdad, fraternidad, justicia y desde luego libetad se llama democracia, no es una revolución armada, ni impuesta; es el máximo estadio del pensamiento liberal al punto que nunca existió una democracia perfecta, la democracia se va perfeccionando (es progresista) y evoluciona al ritmo que evoluciona el hombre. Democracia es tolerancia y respeto por la individualidad, emplea el diálogo y asume a la sociedad como ente heterogéneo y hasta aquí la igualdad puede ser mal entendida. La igualdad extrema no es un fin de la democracia, lo es en cambio de las dictaduras (de todos los colores y direcciones) que pretenden convertir a la sociedad en el pueblo obediente e ignorante, que sigue al caudillo y confía el destino de sus vidas en manos de quien podría hacer y deshacer con dichas voluntades.

La fraternidad es corolario de la libertad, a la igualdad en cambio debiera ponérsele ciertas restricciones, porque extremándola muere la libertad, con menos libertad no existe democracia, y sino existe democracia, la voluntad del hombre hacia su medio se ve limitada y con ello hasta la propia vida pierde sentido. El hombre es un creador, un artista de vida y un artista vive escapando de aquella inquebrantable prisión de acero en que puede llegar a convertirse la sociedad en terminos dickianos.
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Tanto en la filosofía como en la teoría política existen ciertos autores cuya visión de la igualdad provoca bastante reticencia en quienes creemos y defendemos ante todo en la libetad. Isaiah Berlín por ejemplo habla de las "mentiras piadosas", recrea a Maquiavello y Platón desde un punto de vista muy personal y supone que la democracia es peligrosa para los seres humanos más virtuosos, aquellos que en la óptica de Platón representan a los filósofos, quienes piensan a la sociedad y hasta la regulan. Para autores como Berlín la democracia es entregar a las masas (ignorantes y de vida facilista) más poder y atribuciones de las que merecen, porque esas atribuciones van en desmedro o son restadas a la clase virtuosa, quienes como una religión fundamentalista tendrían la autoridad moral de dirigir a la sociedad y la dirección de la sociedad, para autores como Berlín supone mano dura, supresión republicana y desde luego imposición. De más está si quiera comentar que aquel es el tipo de autores a los que no sólo se lee con reticencia, no es raro que produzcan hasta un cierto desprecio.

Pero no sólo escritores como Berlín y su conservadurismo platónico llevado al extremo provocan dolores de estómago en los amantes de la libertad, hay autores liberales que también los provocan. Una de ellas es Ayn Rand, para Rand y los randianos u objetivistas la igualdad es el peligro básico de la libertad, en su visión el ser humano debe renunciar a esa finalidad social con el fin de alcanzar su propia evolución. Sería ilégitimo en tanto que inclúso un rico mermara parte de sus ingresos por efecto de impuestos en pro de la sociedad. Quienes tienen no deben renunciar a lo que ganaron, es el self-made man llevado al extremo: "vive de tu propio trabajo o muere de hambre", para la sociedades anglosajonas, estos son principios más asumidos.

Sabemos sin embargo que ni Rand, ni Berlín, ni mucho menos los viejos socialistas o colectivistas presentan razones que pesen más que otras para alcanzar el añorado "bienestar de la sociedad". El rico y hasta el pobre deben renunciar a parte de sus ingresos en sociedad, porque sin esos ingresos no se desarrollarían proyectos sociales: no existiría seguridad social (no habrían carceles, ni policías, ni hospitales y escuelas públicas para quienes no tienen los ingresos suficientes) y sin seguridad social ricos y pobres vivirían más inseguros, además no habría salud ni educación, pilares básicos de la vida cívica. Hasta el país más desarrollado quedaría amenazado de retornar a la vida feudal o de convertirse en una sociedad de estílo africano.

Si seguimos a Berlín, quedaríamos estancados una vez más en el feudalismo y las insurrecciones surgirían por doquier. La mano dura de las dictaduras no es considerada opción por nadie que tenga más de dos dedos de frente, ni siquiera para quienes viven del lado de la moneda de los poderosos. Y el socialismo, tal como lo entendió Marx, Engels, o más extremo aún: Mao, Castro, Lenin y Stalin no es tampoco ninguna monedita de oro. Supongo que el siglo XX ya quedó bien atrás con la caída del muro de Berlín y la congelación definitiva de la Guerra Fría, la lucha del nuevo milenio es congeniar los principios occidentales que hoy colisionan más que nunca en el mundo globalizado con los viejos órdenes fundamentalistas y las muchas tiranías que hasta el día de hoy persisten.

El camino a la libertad lo seguimos andando, algunos inclúso ya no lo asumismos como algo colectivo, sino como una gestión bastante más introspectiva, evolución personal a la manera de Siddharta o Demian (Herman Hesse) o de algún personaje autobiográfico de los libros de Henry Miller. ¿Y la igualdad?, cada sociedad sabe bien hasta donde le aprieta el zapato. Alcanzar la libertad personal, asumo, es desarrollar los mayores grados de tolerancia, tolerancia y fraternidad no sólo hacia quienes la vida puso en nuestro camino, también hacia el propio medio: el cuidado y la valoración del medio ambiente se convierten en prioridades fundamentales. Y por supuesto con tales virtudes asumidas, no hay quien pretenda ser ni mandador ni mandado (importando poco a que lado se cargó más la balanza de su existencia), sino persona, persona que hace respetar su espacio y respeta el de los demás, no pretende explotar ni inhumanizar al prójimo y deposita en la sociedad sus energías para volcarla en un orden más justo, cuya igualdad parta de la premisa de que cercanamente nadie esté desvalido de salud, techo, entornos seguros, buena educación y las más dignas condiciones de vida, de ahí en adelante que destaquen los que mejor aprovechen sus virtudes, y el resto que trabaje en ello.

martes, 13 de octubre de 2009

Motivaciones de un escritor concurrente

La escritura es un acto de expresión, en estos días: resistido por muchos, asistido por pocos y de vital importancia para la minoría restatante.
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Claramente no pretendo hablar aquí de la manera habitual de comunicarnos en medio de esta era de tecnologización e ignorancia elevada al cubo (más del 70% de lo que la gente hace en Internet, es tiempo perdido o no les aporta nada), no hablo de la cotidiana gestión de envíar mails, ni de escribir un par de líneas en Twitter por que está de moda o de pasarse la vida en Messenger, desde luego que no. Hago mención del arte de escribir, de expresar ideas, creencias, valores o sentimientos en los formatos más tradicionales; como historias de vida, diarios de campo, biografías y autobiografías, ensayos, cuentos, poesía, manuales, instructivos, cartas, reflexiones, etcétera.
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El arte de escribir, aquello tan honesto como auténtico, continúa cediendo terreno a cuanta otra actividad cultural o recreacional existe o surge de la nada, y ya no hay vuelta atrás, por fortuna debo argumentar. Y es que es no es concebible que en un mundo - supuestamente - más informado, letrado o culto, por este sólo hecho se cultive además, un mayor amor por la escritura entre las personas. Hoy más que siempre, las señales parecen apuntar a lo contrario.
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Escribir, como hacen los verdaderos escritores, resume una síntesis de varios actos previos como son contemplar, analizar, experimentar, indagar, vivir en carne propia ciertas experiencias y sobretodo: leer, pero no me refiero con ello a una lectura laxa de los diarios, algunas revistas, ciertos libros y ya... hablo de una lectura interpretativa, que exija al lector-escritor una postura precedente (más o menos flexible), para luego abrirse espacio en los mares de la información adquirida.
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Finalmente el escritor auténtico, tiene presente también lo siguiente: escribir no se trata de adoctrinar a otros, como tampoco de dar prioridad a la idea de comunicar una enseñanza o un punto de vista valioso que deba ser recogido por sus justos destinatarios. Un escritor virtuoso escribe primero que nada para él mismo, pretendiendo aclarar sus propias ideas, ordenarlas y ratificarlas, plasmando de tal manera sus pensamientos y evitándose el desgaste de dejarlos girar constantemente en aquella caja negra que es la actividad mental.
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Rescato las palabras del escritor argentino Pedro Mairal: "La escritura es un tributo":
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La escritura es un tributo, la manera de, no sé si de devolver, pero sí de asimilar, de entender, tener la ilusión de que todo el caos entra en una suerte de orden lírico o poético. Que es falso también: es a su vez un caos, pero hay una sensación de que escribir te redime un poco. Eso es lo que me pasa con la escritura, me hace sentir bien. Por eso me siento bien cuando escribo, porque siento que hice lo que tenía que hacer y yo siento que lo que tengo que hacer es escribir.
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