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lunes, 9 de enero de 2012

The Self Made Man (El Hombre Auto Hecho)

No existe obra alguna en esta vida, que no haya sido edificada con base en la voluntad, la obstinación, la búsqueda de la belleza, del equilibrio y de la harmonía, la devota entrega, un plan trazado -y rigurosamente ejecutado- y el correcto manejo del tiempo y de las fuerzas destinadas a hacer realidad el sueño (organización).

Así mismo, Dios trazó el Universo bajo los principios de la matemática pura y hermética que no deja nada al azar (ni tiempo, ni dimensión, ni espacio), cada loma, cada llano, cada cristal de nieve, los mares, las especies, el hombre... consciente este último del principio universal, se hizo arquitecto, constructor y albañil de la gran obra humana (réplica imperfecta de la divina) para aprecio y usufructo de sus pares y como legado a su descendencia. A ella se sumaron operarios, compositores, artistas, diseñadores, escritores, entretenedores, alquimistas y científicos: toda la raza humana invitada a aportar su grano de arena... el Partenón, el Foro Romano, La Capilla Sixtina, los instrumentos del Luthier, la música de los juglares, la Mecánica Cuántica, la Teoría de la Relatividad... todo es un humano devenir, una oda, una interpretación que hace el hombre de lo divino.

Una vez descubres las herramientas con las cuales has de construírte a ti mismo, comienza tu aporte a la gran edificación humana. Tributo a Dios (Deísmo) y a la sociedad en su conjunto (sin distinciones de razas, credos, culturas, religión ni países) a quienes te debes primero: te iluminaron y desde tiempos inmemoriales develaron las técnicas y herramientas que tu mismo has de poner en manos de quienes te sucedan. Porque nada nace en el vacío, salvo la voluntad (Dios hecho verbo), el hombre auto-hecho es resultante de una voluntad de vida y construcción interna-externa sobre la estructura perfectible e inacabada del SER, síntesis de todo lo humano y lo divino.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La verdad de los árabes

Varios meses atrás escribí un texto titulado "Falsas apreciaciones sobre el Mundo Árabe", que en términos muy generales expresaba la idea de que "la árabe" no es realmente una comunidad homogénea, ni religiosa, ni racial, ni mucho menos políticamente hablando, como sí parecen suponer los medios de comunicación de masas, rendidos históricamente a una propaganda "occidentalista" (por no emplear el término imperialista) y a toda una cuña de conceptos etnocéntricos, topicismos e ignorantes prejuicios.

Rendido yo también a una impronta atomista -tan connatural a la metafísica liberal- he creído más tiempo de la cuenta y de manera totalmente errónea, que los hechos políticos de Egipto, Libia o Marruecos devienen en una lógica absolutamente independiente a las realidades de Siria, Líbano, Jordania, etcétera o que la existencia o no existencia de un Estado Palestino, puede ser un hecho ajeno a la estabilidad y persistencia de otros Estados árabes y autónomos de la región.- Nada más sesgado y apartado de la realidad.

Y es que pese a estar divididos en más de una decena de Estados artificiales y en muchas más comunidades étnicas y religiosas diferentes, continúa existiendo y persistiendo la Nación Árabe, basada en una identidad común que se sobrepone a las distancias de fe, de raza y de procedencia histórica. Esta idea de comunidad, conocida entre sus gentes como la Umma (hijos de una misma madre) corresponde a nuestra "feliz idea" de la autodeterminación de los pueblos, aunque evidentemente los nefastos Estados imperialistas de Gran Bretaña y Francia de fines del Siglo XIX, jamás habrían permitido a los árabes formar un Estado único desde el Magreb (Norte de África) al Maqrech (Cercano Oriente Asiático), un Estado árabe pluralista y legítimo, con una proyección geoestratégica envidiable (Hacia el Mediterráneo, el Mar Rojo y el Atlántico, las rutas de África y la India) y acceso al 80% de los recursos petroleros del mundo, para provecho no de monarquías títeres injertadas en Arabia Saudí o los Emiratos, sino de toda la comunidad árabe de Medio Oriente.

Tres comunidades confesionales árabes: drusos de Siria, cristiano-maronitas del Líbano, judíos de Yémen

Mucho antes de las conquistas territoriales del Profeta Muhammad (Mahoma) y de los primeros hombres del Corán, los árabes ya estábamos instalados en la historia... registrados en ella como caldeos, asirios, babilonios, amorreos, hicsos, cananeos, fenicios, hebreos y otra decena de naciones del mismo origen: los "hijos de Sem", los semitas. Naciones por naturaleza migrantes y en tanto cosmopolitas, curtidas tempranamente en la diversidad y en el contacto con todos los pueblos de la tierra (Griegos, romanos y bizantinos hacia el Mediterráneo y Occidente, hititas, escitas, eslavos, búlgaros y circasianos hacia el norte de Siria, el Cáucaso y Anatolia, persas, indoarios y asiáticos turcomanos o magiares hacia el este, beréberes y africanos hacia las tierras del Sahara y al sur, en la Península Arábiga) es por esa razón que nuestra gente es también bastante diversa en el fenotipo y otro tanto ocurre con las expresiones culturales y lingüísticas, costumbres y demás, muy diversificadas. Pero si en algo sí se parecen los árabes del Islam, con los cristianos árabes (maronitas, ortodoxos, asirios y coptos), los judíos (mizrahim, ashkenazis, sefaradíes, romaniot o samaritanos) y demás comunidades de habla semítica en Medio Oriente, es en su exacerbada espiritualidad.

Las tres principales religiones de Oriente Próximo y occidente (Cristianismo, Islam y Judaísmo), provienen todas de aquel complejo micro-Universo sobre el que existieron Cristo, Muhammad, Elías y Abraham. El culto al Dios único es una concepción gnóstica que precede toda idea de la autodeterminación -y del liberalismo- y que emergió entre las "naciones del libro" y fue por ellas regada en el resto del planeta, a través de los migrantes judíos dispersos en el Imperio Romano (particularmente, los primeros cristianos), en el corazón del África Negra y hasta en el Sudeste Asiático, por medio de los comerciantes islámicos. Un cánon gnóstico, bien arraigado en las comunidades árabe y judía, es la búsqueda de la verdad por medio de la dialéctica (conversación existencialista) y el respeto hacia los ancianos, depositarios del conocimiento patrimonial. En sus ocho primeros siglos, el Islam, dueño y señor de Medio Oriente configuró una Umma (comunidad) absolutamente heterogénea, con tolerancia a las religiones y costumbres de los pueblos conquistados, así como también a las de los gentiles o extranjeros.

A diferencia de Europa, Medio Oriente en tiempo de los dominadores árabes jamás estuvo cerrado al contacto con otras culturas: conservaron sus factorías y siguieron comerciando en sus tierras los europeos, la cantidad de gentiles superaba por 10 a la de los mismísmos dominadores árabes, por tanto el Islam original se vio en la obligación de forjar una cultura religiosa tremendamente tolerante, cosmopolita y de un matiz escolástico y civilizatorio sólo comparable con Roma. Florecieron en aquellos años la filosofía, la arquitectura, la aritmética, la astrología, los estudios musicales, la química, la botánica y la medicina, además de la transcripción de textos persas, griegos e incluso chinos e hindúes que siglos más tarde llegarían a Europa por medio de eruditos judíos en exilio, fraguando la era del humanismo y culminando en el Renacimiento. Pero toda gloria toca su fin, y esta sucedió con la llegada de los embrutecidos turcomanos, una confederación de pueblos mongoloides, provenientes de las estepas centroasiáticas y que fueron reclutados en un principio como ejércitos de protección fronteriza. Los turcos se internaron tanto en la civilización árabe-pérsica que ya en el Siglo XIV reemplazaron al dominador árabe, aunque a diferencia de estos, no destacarían por su tolerancia, sino por sus crueldades, ortodoxia religiosa islámica (suní) y por oprimir a las sociedades al límite del paroxismo.

Fueron los turcos y no los árabes quienes cerraron las fronteras del Medio Oriente (y las rutas hacia la India) a los europeos. Producto de aquel quiebre gatillan las cruzadas, con la excusa de recuperar los santos territorios bíblicos y Jerusalén (pero en realidad para no perder el acceso a las especias y a las riquezas de Asia) y Cristóbal Colón planea dar la vuelta al mundo -poniendo en práctica su teoría de que el planeta tiene forma esférica- para llegar a la India desde el este, sin depender de despóticas negociaciones con los turcos; tal eventualidad permitió el descubrimiento de un nuevo continente: América. Es a partir de las cruzadas que se forja también el ideario separatista de oriente y occidente, a lo que poco ayuda el hermetismo de los dominadores turcos que en los años venideros, sojuzgan cruelmente a las poblaciones de cristianos árabes, europeos y judíos residentes o se les fuerza a la conversión, se suprime también la práctica de la escolástica, se persigue a los hombres de ciencia, a los gnósticos y quienes se niegan a seguir la religión de una manera ritualista. Las ciencias, las artes y el humanismo que en otros tiempos florecieron en el cosmopolita oriente, lo harán llegado el Siglo XV en la Europa Renacentista con sus Dante, Petrarca, Giotto, Da Vinci, Downald y Monteverdi.

Y así, a pesar de su cercanía geográfica y de un histórico contacto que se extiende a la era neolítica. Europa y Medio Oriente (con sus millones de árabe-parlantes), evolucionaron de espaldas una a la otra. Europa germinando el modernismo y los principios de la diversidad, y Medio Oriente acaudillado por las castrantes políticas de sus gobernantes otomanos. Con la llegada de los siglos XIX y XX, arremete en Europa y el mundo entero el fenómeno de los nacionalismos, cayeron los imperios tradicionales, se repartieron sus dominios los imperios económicos y así como germinó el Sionismo entre los judíos ashkenazíes de Europa Central (en respuesta al Nacional Socialismo y al racismo pan-germánico), también germinó el Pan-Arabismo o Nacionalismo Árabe en Oriente Medio, como reivindicación de los árabes sobre las tierras que comprendían sus antiguos califatos, antes del denigrante arribo de los turcos. En cada uno de los nacientes Estados post-otomanos, el Islam pasa a convertirse también en bandera de lucha ante a los embates de la modernidad, tornándose en muchos casos fundamentalista, por el lógico miedo y reticencia a ser absorbidos por Occidente y caer presa de toda una suerte de fenómenos ajenos a su realidad, como son las corrientes ideológicas del liberalismo, del capitalismo y del socialismo.

Curioso resulta pensar que el estigma de los nacionalismos exacerbados (fenómeno típicamente europeo) terminara germinando las contemporáneas pugnas entre árabes y judíos (en otros tiempos asimilados en la Umma). De un lado, tenemos un Pan-Arabismo que reclama que todos los Estados comprendidos entre Marruecos-Omán y Siria-Sudán, deben ser árabes, con el fin de consolidar a futuro un sólo Estado-nación pluralista, pero unificado en la lengua y cultura árabe común, además de tener por religión oficial al Islam. La contraparte: un Estado Judío, basado también en la idea de que los judíos, pese a su heterogeneidad racial y cultural (más marcada incluso que en los árabes) tienen derechos históricos sobre las tierras de Israel, cosa que no incomodaría a los árabes de no estar aquel Estado insertado en el corazón mismo del Mundo Árabe-Musulmán y representar en su existencia, una de tantas dilaciones achacables al imperialismo británico. Después de todo por muy hijos de Abraham que se sientan, la mayor parte de los habitantes de Israel no dejan de ser colonos y en su mayoría europeos: una especie de cruzados modernos, triunfantes sobre las tierras de Saladino.

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viernes, 6 de mayo de 2011

Falsas apreciaciones sobre el "Mundo Árabe"

Llama la atención que a raíz de la muerte (o "ajusticiamiento") de Osama Bin Laden, los medios de comunicación de masas hayan especulado tanto sobre potenciales reacciones de causa-efecto que podrían llegar a ocurrir en los países del mal llamado "Mundo Árabe", como si esta fuera una región simple de analizar en tales términos o que "lo árabe" constituyera una especie de identidad supranacional tan fuerte que se sobrepone a la metafísica del Estado o de las naciones.

Conviene poner luz sobre conceptos mal empleados: el árabe no es una raza, ni una cultura en particular, sino simplemente un idioma que se extiende desde Marruecos a Omán, en ningún caso se trata de una comunidad homogénea, por tanto emplear el término con liviandad, como hacen muchos medios inescrupulosos e ignorantes, es tan descabellado como suponer que los 350 millones de hispano parlantes en el mundo, formamos todos parte del mismo colectivo, de manera que un boliviano es el equivalente exacto de un español o un cubano lo mismo que un chileno. Yo diría que es más disparatado aún y sería comparable a suponer que los portugueses y los suecos (por ejemplo), deben tener muchos patrones en común, por el sólo hecho de pertenecer en el papel a Europa, algo absolutamente ridículo. De esta manera hablar de "Mundo Árabe" es inexacto y aberrante, además de prestarse a muchas confusiones, ya que un criterio tan básico como el idioma oficial de un Estado - o de varios -, no es dato suficiente para que pretendamos comprender dentro de un todo, una suma de realidades concretas y complejas.

Si los 800 años de dominación árabe en España no hubieran terminado tan abruptamente con la reconquista cristiana, probablemente el árabe sería hoy lengua oficial del país, al menos en la región de Andalucía, que perteneciera al Califato de Córdoba. Así sea dicho, España o parte de ella sería considerada perteneciente al "Mundo Árabe", aunque 800 años de arabización no hubieran pesado más que los miles de años de historia europea y mediterránea de este país de la Europa Septentrional.

Otros territorios corrieron con menos suerte que España a la hora de librarse de la islamización y arabización, creando factores de resistencia hasta hoy persistentes y así al menos se comprende la accidentada historia de países como el Líbano, que tras siglos de romanización y adhesión al Imperio Bizantino, terminó siendo capturado en el siglo VII por los conquistadores árabes que impusieron el Islam como religión privilegiada (y excenta de algunos tributos) y el árabe como lengua oficial... a lo largo de los siglos los cristianos del Líbano nunca cortaron los lazos con occidente y las muchas pugnas internas que ha librado el país a lo largo de los años, son un fiel reflejo de su crisis identitaria, producto de la diversidad a la que ha estado sujeta la región desde tiempos inmemoriales.

En las imágenes, seis diferentes fenotipos de los árabes: 1) Un druso de Siria, con evidentes rasgos nórdicos y blondismo, 2) Un cristiano del Líbano de frecuente aspecto dinárico o alpinoide, 3) Un beduino de jordania, típico caucásico semita o mediterráneo, 4) Un bereber de Marruecos, 5) Un habitante de Yémen (árabe puro), 6) Nubio de Egipto (mezcla de bereber con raza negra)

Conservo fresca en la memoria palabras de mi papá y de una amiga que en situaciones distintas me expusieron la siguiente idea: "si los árabes se unieran, otro gallo cantaría" y aunque esto ha ocurrido eventualmente - por ejemplo en la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando una confederación de estados árabes, constituída por Egipto, Siria, Jordania e Irak decidió enfrentarse sin éxito al Estado de Israel - la idea o el concepto no es más que una simple utopía, algo tan idealista como el sueño bolivariano y la supuesta "fraternidad latinoamericana", la cual tuvo su periodo de prueba con la Guerra de las Malvinas de 1982, aunque en tal caso ni siquiera existió unanimidad en la condena diplomática de nuestros países, ni brotaron sentimientos de latinidad para expulsar de territorio sudamericano a un estado imperialista, que recordaba en todo la histórica imposición europea sobre nuestro terruño. Tales utopías parece que sólo caben en corazones románticos o cabezas un tanto retrógradas como la de Hugo Chávez.

Evidentemente, el orden de cosas destacado arriba tiene más posibilidades de ocurrir en casos puntuales donde existe un sentido de identidad común y hermandad bastante amplio entre las naciones, como por ejemplo el caso de la Alemania de la posguerra y Austria, España y Portugal o Argentina-Uruguay, la situación de los estados árabes, sin embargo es muy distinta y esto puede deberse a toda suerte de fricciones internas que no permiten a los gobiernos expresar decisiones unánimes en materia de política internacional ni diplomacia, como así mismo el hecho de que muchos estados fueron desde el principio mal delimitados por la política idealista de autodeterminación de Roosvelt, que dividió naciones que tenían bastante cohesión y unió a otras que tenían poco o nada en común, y por sobretodo a que más allá de una lengua en común, no existen muchos más criterios que definan la identidad árabe. El esquema racial del segundo cuadro de este post, pone en evidencia física este enfoque de análisis.

De los estudios de Carleton S. Coon, Cavalli-Sforza y otros clásicos genetistas y antropólogos raciales, se deriva que en términos étnicos la región árabe-parlante, consistente en parte de Medio Oriente y el Norte de África, puede ser dividida en a lo menos otras seis o siete sub-regiones, las cuales son: 1) Costas mediterráneas de Noráfrica, 2) Sahara y Libia, 3) Egipto, 4) el Levante árabe (Siria, Líbano y Palestina), 5) Irak-Jordania y 6) la Península Arábiga. Cada una de estas regiones se encuentra bien demarcada histórica, cultural y genéticamente, sin embargo esta clasificación es por lo bajo simplista e inútil, puesto que en el "Mundo Árabe" y el Medio Oriente en general, son otros criterios los que mandan y tienen mucho más peso que los hilos de la sangre o de la historia, particularmente lo tocante a la religión. En el sur del Líbano por ejemplo, los grupos chiítas se identifican mejor con el Estado de Irán (país no árabe que tiene por oficial esta religión) que con otras facciones religiosas de su misma raza o país, como son por ejemplo los cristianos libaneses, los musulmanes sunitas o los drusos. Razones como esta implican que la guerra civil sea una amenaza latente y que la identidad libanesa (unicidad en la cultura, la política o la raza) quede relegada a un segundo plano.

Como pueden apreciar, el concepto "Mundo Árabe" deviene en tanta complejidad que no corresponde aventurarse a emplearlo a tontas y locas, sin conocer los mínimos patrones históricos y culturales que pesan en la idea de identidad común de los árabes (árabes parlantes). Y mucho más complejo aún es abrirse al concepto de Medio Oriente y extender el mapa geopolítico a estados como Israel, Irán, Turquía, Armenia y un etcétera que puede prolongarse a todos los estados de Asia Central, dependiendo de cuanto estiremos el chicle conceptual. Como respuesta a un escrito que leí esta mañana en la BBC Online y que tenía por título "La muerte de Osama Bin Laden no genera muchas protestas en el Mundo Árabe", sólo me queda replicar: ¿Esperaban que sí? y ¿En báse a qué criterio de lo árabe?, además de aplicar una simple analogía: Si se considera natural que los árabes del mundo quieran tomar represalias por la muerte de Bin Laden, caído en un operativo norteamericano, ¿Porqué ningún latinoamericano vengó entónces la muerte del Ché Guevara o la de otros tantos disidentes nuestros que en su momento se encargó de eliminar la CIA?.- GENERALIZACIONES E IGNORANCIA, el periodismo estúpido y etnocentrista de siempre que no es capaz de profundizar ni ver más allá.

jueves, 20 de enero de 2011

El aprendizaje y la enseñanza son más vastos que la oratoria

Sin importar quienes seamos, la actividades que realicemos a diario o la visión del mundo que tengamos, para todos sin excepción: la finalidad de la vida es un eterno y constante aprendizaje.
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Somos la especie más evolucionada e inteligente de este planeta, pero no estamos parados sobre ningún gran abismo, ni hemos construído realmente nada, pisamos un pedastal muy sólido de 5000 a 7000 años de cultura, de innovaciones, creencias y paradigmas. Somos la herencia de los sumerios, de los egipcios, de los antiguos chinos, de los griegos, los romanos, los persas, etc., etc.. No habría existido la era de la computación, de no haberse inventado miles de años ántes el Ábaco, ni Internet de no existir la escritura o la imprenta, los vehículos vinieron mucho después de las carretas y todo transporte tiene su orígen en un gran canasto con dos rudimentarias ruedas empujadas por una yunta de bueyes.
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La gracia de ser humano, es que somos esponjas cerebrales y espirituales ávidas de información, cualquiera nos puede cargar de aquella dósis de sabiduría que tanto necesitamos para sobrevivir en el mundo de las ideas, de los discursos y las creencias. A mí no me cabe la menor duda de que todo es falso o al menos: un acuerdo tácito de credibilidad social, la realidad no es más que una "ilusión colectiva" (en palabras de Philip K. Dick) y el pasado, presente y futuro de nuestra civilización humana, no más que un gran discurso. Entre relativistas, probablemente engruese las primeras filas, pero también sostengo que todo es "fiduciario", y funcionamos de semajante manera en este plano al mundo de la banca, de las inversiones, la bolsa: el mundo del dinero, el cual es menos tangible que las trasacciones hechas en su nombre
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Todo es fiduciario, sí, porque el mundo entero es un constructo edificado sobre una base de ideas, que evolucionan e involucionan constantemente. Que la Tierra era redonda y giraba en torno al Sol, sabían de sobra los antiguos ciudadanos de las polis griegas, plano y centro de todos los fenómenos astrológicos, creyó el retardado hombre medieval, y hoy en día si nadie nos hubiese mostrado desde temprana edad evidencias de que el planeta es redondo y el Universo está en expansión, no tendríamos porqué creerlo. Como ven, todo es un negocio de fe, no estamos seguros de nada, pero le creemos a los chamanes del presente (al científico, profesor, filósofo, economista, experto de todas las lides) aquel que dice saber más que nosotros y cuyo saber está avalado por otros que en algún momento dijeron saber más que él.
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Sin embargo, a lo que voy es a lo siguiente: ni mil aulas de clases, ni mil profesores, ni mil escuelas o institutos, nos pueden enseñar más que la propia vida, ni nosotros aprender nada de nadie, sino comenzamos por comprendernos a nosotros mismos. No hay enseñanza que no devenga de las preguntas, el aprendizaje autárquico siempre superó al docente, porque ahí están los libros para el sediento de conocimientos, ahí están los discos, para el músico que absorbe melodías, los ingredientes para el gastrónomo, las galerías para el artista, los manuales para el técnico y el mundo entero, para quien quiera observarlo o encontrar algo puntual en el, ya sea fijándole los ojos del poeta o ejerciendo el método científico. Todo está en observar.
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La vida por sí misma no te los dá los títulos que necesitas rendir para conseguir buenos trabajos, ni las ganancias (de manera directa al menos no) que requieres para sobrevivir en esta selva, pero te dá a tí mismo y a tu entorno, el Universo del cual crearás un microcosmos en donde formular preguntas y buscar las respuestas necesarias. La escuela de la vida, es infinitamente superior a la oratoria, a tal punto que no trascendieron más los pensadores institutanos, que los grandes filósofos existenciales: Cristo, Platón, Aristóteles, Confusio, Séneca, Virgilio, Averroes o Rosseau; aprendices de la vida, formuladores de preguntas sustanciales y no simples y cuadrados escolásticos.
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lunes, 27 de diciembre de 2010

Alerta!: Pseudo-nazis o pseudo-imbéciles en la cúpula de los servicios públicos

HEIL PIÑA!!!
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"No trabajo con negros" fue la sentencia esgrimida por el flamante Director del Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS) de Arica, un tal Patricio Piña para desvincular de la institución al trabajador José Corvacho, un supuesto afro-descendiente.
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Observándolo sólo superficialmente, no se necesita hacer ningún análisis racial riguroso ni de índices cefálicos o morfología física para determinar que Piña (que efectivamente está mal de) es igual o más mestizo que el propio Carvacho, probablemente la mezcla nortina por excelencia de antepasados aimarás o incaicos con inmigrantes españoles de las primeras generaciones, por lo común arribados de las comarcas más pobres del sur de España como son por ejemplo, los villorrios de Andalucía o Extremadura y que por su baño mediterráneo o su cercanía al Norte de África, no eran precisamente los ejemplares más blancos de Europa.
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Sea como sea, el racismo es una estupidéz del porte de un buque, más aún en pleno siglo XXI, más aún en un país como Chile, cuya piscina genética es muy compleja, pero en la que finalmente termina primando un elemento mestizo (en la mayoría de la población) por sobre cualquier aporte extranjero reciente, y finalmente, un país donde también se dan las lógicas más extrañas o únicas, al igual que en el resto de Sudamérica. Sin ir más lejos, en mi caso personal, mi sangre es producto de la unión de inmigrantes libaneses con italianos del norte (friulanos), cantabros españoles y más de algún antepasado indígena, lo que en suma me da la exclusividad de ser chileno, un ser que sólo podría haber nacido en esta tierra, en la América libre y receptiva. Ejemplos como este, suman y siguen.
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José Carvacho, el funcionario segregado.

El problema de gente como Piña, responde a un mal endémico de nuestro país, ligado a una trágica falta de identidad: el sentirnos gente que "vino de paso", que es menos de aquí que el mapuche considerado inferior o el peón que nunca debiera aspirar a mejores condiciones de vida o a independizarse del yugo de los poderosos, pues de otra manera se iría a pique todo un (histórico) sistema de injusticias. En pocas palabras, somos protagonistas de un arribismo tan grande, que hoy por hoy se encuentra expandido en todas direcciones y por tanto, no es extraño que nos segregemos entre nosotros, motivados por lo que sea, incluyendo una insana aspiración a pertenecer a ordenes raciales "supuestamente" superiores. No me digan que nadie ha escuchado una típica acotación de vieja estúpida como la de "que bonito el niñito, nació blanquito".

Mucha gente en este país (tal vez demasiada), reniega de su historia y pretende ser otra cosa. No entiendo de otra manera que existan aquí grupos "neo-nazis" copados por cabezas negras o racistas tacuacos y de piel bronceada o estúpidos que suponen que a medida que escalan socialmente, les cambia también el pelo, les mejora la propia raza o puede que la de sus hijos. Desde toda época, nuestro verdugo psicológico (citando a Faucault) ha estado abierto de piernas a la impronta europea, como sino fueramos otra cosa, sino los hijos ilegítimos de un continente que en el último tiempo le hizo más mal que bien a la historia universal.

Muy peligroso me parece que tipos como Piña puedan ser directores en servicios públicos, ¿Cómo llegó a sortear los exámenes psicológicos?, ¿Cómo puede estar ligado alguien con aquellos pensamientos a una institución que vela por el trabajo social y la solidaridad?. Se le exigió la renuncia, pero jamás debió ocupar tal posición, el próximo paso debiera ser reculturizarlo, enseñarle qué es Chile, o simplemente los tipos de razas, entre los que él de seguro no figura como fenotipo puro, no es caucásico, ni Carvacho de raza negra, ambos son mestizos y de alguna manera en este país (como en el resto del mundo) lo es también cada uno de nosotros, ya sea barriobajero o de clase alta.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Gente

Son la principal motivación en los estudios de cientistas sociales (c. políticos, historiadores, sociólogos, antropólogos, etcétera), el motor del mundo. Bandera de lucha de utopismos, pragmatismos y mercantilismos políticos, principal proclama del liberalismo humanista y quienes unidos "hacen la fuerza" e individualmente se bastan por sí solos para cambiar el curso de la historia de las sociedades.
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La gente, convergencia de visiones y conceptos, generalización sesgada y absolutista, un individuo metáforico o Leviatán dotado de vida propia, eterna y variable. Desde que el mundo es mundo, la imposibilidad de conocer el alcance de la sociedad, ha permitido que unos pocos con la sagacidad de zorros y el oportunismo de hienas, lleguen a decir: "estoy con la gente" o "soy el velador del pueblo" (POPULISMO puro) y se tomen la cabeza de las sociedades: el rey, el dictador, el político y en general la clase dirigente, gobiernan desde siempre sobre la confusión y reparten y SE REPARTEN la torta ecónomica hecha con el fruto nuestro trabajo, a partir de los impuestos. Nosotros no los pusimos ahí, sólo nos dieron la posibilidad de discriminar o elegir entre candidatos, por ello jamás interiorizamos si requeríamos realmente o no de regentes, aunque la milenaria evolución de las sociedades nos ha llevado a la opción de un SI.
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El vocablo: "Gente", no se limita a un sólo colectivo, sino muchos, tanto como personas hay en el mundo, a cada cual atribuímos una interpretación instrumental vacía y prejuiciosa: los pobres, los ricos, profesionales, asalariados, clase alta, clase media, media alta, media baja, baja, menesterosos, ABC1, C2, C3... laicos, creyentes, aborígen, nacional, forastero, turista, etcétera. Les cedemos un lugar particular en el universo, casi siempre presionados por códigos culturales y peligrosas monomanías: y así tenemos, por ejemplo, el cómo Latinoamérica, una cultura mancillada desde sus orígenes, continúa abierta de piernas al forastero (primordialmente al europeo), o como en cualquier otro lugar del mundo, también al rico, cerrandole la puerta en la cara al indígena, al mestizo, al vulnerado, al pobre.
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Aquí, no somos una sociedad liberal, porque no hemos desarrollado un humanismo verdadero, similar al de nuestros pares europeos y norteamericanos. Prevalece menos la idea de individuo, que la de colectivo y todo entra en la gran confusión del GENTÍO, al cual los zorros pretenden conquistar siempre con promesas de un futuro más próspero, que en la práctica sólo es fructífero al bolsillo de los que maman de las arcas estatales, esos por lo general son la clase política, verdadera aristocracia que en Chile y el resto de Sudamérica, no pocas veces corresponde a los decendientes de históricas familias que por tradición ligaron la política con negociosos liosos (contactos de poder, información privilegiada). Sus cabecillas son como las monarquías europeas, todos relacionados entre sí (ya sean políticos de izquierda o de derecha), gesticulan y hacen la "parada" de que compiten y que sus visiones son contrapuestas e inconciliables, cuando en realidad hasta cargan los mismos genes de la bisabuela por negocio de la endogamia.
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Hay quienes se dicen "gente" y se encasillan en grupos de poder, para ellos los demás son gentuza, gentuza utilizable, a la que se necesita conquistar fugazmente para hacer girar el impostado motor de la democracia y ganarle las elecciones al "primo" o al "amigo" del partido contrario, pues sorpresa: el contricante también forma parte de la misma familia, del grupo, de la "cosa nostra". Así se mueve la política en Sudamérica y por cierto también en Chile, si entendemos por política el arte de administrar el poder, la diferencia entre este continente y el primer mundo, es que aquí el poder no necesariamente lo ostenta quien ha llegado limpiamente arriba, está en manos de los de siempre y el que viene de muy abajo difícilmente logre escalar, pues se encontrará con sendos muros.
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Esto no es muy distinto de la realidad de la India, donde persiste una segregación milenaria, sostenida por patrones culturales que dan fundamento a los históricos vejámenes de la dominación. Desde tiempos coloniales, Sudamérica también perpetuó su red de estratificación en castas altas, bajas, "parias" y muchos niveles de por medio, y al igual que en el país asiático, la segregación funciona en base a clasismo y racismo. Inclúso hemos llegado a abrazar subliminalmente la jodida idea de que mientras más európide o blanco es un sudamericano, más opciones tiene de pertenecer a los estratos sociales altos, sucediendo todo lo contrario con quien exhiba en sus rasgos el pasado de la etnia, las señas de la raza original, todos ellos pasaron a convertirse en los "parias" de nuestra sociedad, a los que inclusive el Estado continúa poniéndoles un pie encima. Con el declive de la esclavitud, en Estados Unidos los afroamericanos lograron anglozajonizarse y jugar el mismo juego de los blancos, abrirse sus espacios y emprender... al sur del mundo, estas distancias fueron suprimidas en las constituciones más no en la mente de las personas.
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Independiente de las razones que esgrima el inamovismo: "GENTE", es mucho más que la suma de los niveles sociales, de las razas, de las religiones, de los fenotipos o de las culturas. La gente es un mar de incertidumbre, pero a la vez una variable constante, en ese mar encontramos buenos y malos exponentes, personas en las cuales se puede confiar y otros que serán factores de desiluciones y de desgracias sociales. Afortunadamente hay de todo y para todas las valoraciones, el chiste está en remover las visiones prejuiciosas y los sesgos, dejar de decir GENTE y decir PERSONA, porque el concepto de GENTE es confuso, irracional y se apresta al aprovechamiento de las clases populistas-dirigentes, en cambio PERSONA es un concepto mucho más ético, progresista y en él radica la dimensión metafísica del ser humano, el ser humano que puede cambiar el mundo, enmendar sus errores y marchar hacia adelante, sin que su credo, color de piel o estatus socio-económico actual, signifique algún tipo de impedimento.
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La sociedad es en todos los sitios una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros.
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(RALPH W. EMERSON)

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martes, 26 de octubre de 2010

Neo-orientalismo: La revancha de las ideas

De la Ciencia Política, tres de mis temáticas favoritas son las siguientes: 1) El dualismo Estado/individuo (en mi caso, visto desde la óptica liberal); 2) Las relaciones élite/sociedad y las estructuras de dominación y 3) la creación de identidad: ciudadanía o nacionalismo. Esferas indispensables para comprender cualquier estado de las relaciones político-sociales y a la vez muy interdependientes.
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Quienes siguen este blog (si es que los hay), habrán notado probablemente, que en los más de dos años que llevo escribiendo de manera independiente en esta bitácora, el tema más abordado ha sido sin duda el primero y al cual achaco siempre como corolario inmediato a los otros dos. Es después de todo el Estado el ente responsable de la "mistificación" o de la creación de "símbolos" identitarios, una institución espuria manejada por un cerebro elítico que pretende dar coherencia a una historia de pertenencia e identidad racial o cultural, muchas veces fundamentada en meras mentiras o verdades a medias, incomprobables o de un eco muy lejano con el fin de mantener aquel statu quo tan antiguo como el propio hombre y presente desde las estructuras tribales: la realidad de un "doble estamento": el de los gobernantes y el de los gobernados, diferencias nada sutiles a las que continúan aportando las distancias económicas, la falta de oportunidades, el racismo y la tradición nobiliaria, entre otras muchas variables.
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Como chileno, como sudamericano y así mismo como descendiente directo de inmigrantes, nació temprano en mí el inusual interés de enfocarme gran parte de mi vida en estas materias. Al estudiarlas, no creo estar indagando a un "otro", sino más bien enfocándome en mi mismo y en la extensa historia forjada tras de mí. De esta manera es probable que mi comprensión de doctrinas relativamente modernas como son el "orientalismo" o su secuela actual: el "neo-orientalismo" toquen una fibra más sensitiva que cerebral. Más aún tomando en cuenta que dos de mis cuatro abuelos son de orígen libanés.
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Pero ¿Qué es el orientalismo?, ¿A que refiere este concepto?, ¿Es otro"ismo" ideológico?, ¿Un orgullo y veneración de lo oriental o de lo asiático como tantos erróneamente suponen?, la respuesta es un tajante NO. Edward Said, fue tal vez el primer autor en enarbolar la bandera del orientalismo, para luego prenderle fuego y echar por el suelo toda la horda de prejuicios que lo constituyen. Desde su punto de vista, "orientalismo" es una construcción intelectual occidental fundada en reflexiones y tópicos ignorantes, imputados a las tradiciones y a la cultura de quienes habitan el otro lado del hemisferio. De esta manera, similar a la sarta de mentiras con que se tiende a constuír el sentido de pertenencia de las naciones, el orientalismo vendría a ser otro tipo de construcción, una de tipo etnocéntrico y hacia fuera, hacia todo lo extranjero, en especial: lo no europeizado, lo no judeo-cristiano, lo no democrático, etcétera, exagerando en tales casos todo aquello que resulte pintoresco o grotesco, tachándolo con cierto aire de superioridad. Del otro lado, reviene la actitud contraria: el occidentalismo, la animadversión prejuiciosa hacia todo lo occidental, algo de lo que también escribió mucho Said.
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No es extraño imaginar que en un mundo donde persisten tales criterios, el conflicto esté siempre latente, especialmente en países donde deben lidiar dos religiones o cosmovisiones distintas, algo que en el actual estadio de globalización que vivimos, es una realidad cada vez más palpable y preocupante, especialmente en el primer mundo. Y ahí tenemos a Sarkozy tratando de impedir el uso de la "burka" entre las mujeres islámicas o la amenazas de quema en masa del Corán de parte de un pastor evangélico (así son los fundametalistas religiosos, un verdadero asco!), a raíz de la construcción de una Mezquita en las cercanías de "la zona cero".
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La ignorancia es la única llama del espíritu que prende hasta con agua, por esa razón todo lo "indocto" es tan grandilocuente; especialmente aquello en lo que ha mediado una especie de adoctrinamiento o lavado de cerebro, como ocurre justamente con el nacionalismo exacerbado y la religión. En medio de esta selva y haciendo justicia a la verdad como el filósofo (que no se conforma con ver el contorno de las sombras), surjen desde la vereda de la experiencia, con un pie en el Levante y otro en los Estados Unidos (actual cuna de la metafísica occidental), escritores como los que quiero presentar hoy, todos de orígen palestino o libanés, con un interés en común: mutilar el etnocentrismo, poniendo en evidencia la excesiva carga idealista que corre tras los bastimentos del orientalismo y del occidentalismo, analogamente.
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Conozcamos parte de sus biografías.
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EDWARD SAID (1935-2003)
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Muchos le llaman el "padre del orientalismo", aunque en tales casos el concepto está mal dimensionado. Said, no era un abanderado del "espíritu oriental", sino más bien un analista que con flagrantes argumentos históricos y denunciando el peso de los hechos, plasmó en sus libros, entrevistas y ensayos; la fragilidad de los dogmas de occidente en relación a medio oriente y viceversa. Una serie de inexactitudes arrastradas desde la antiguedad o la Edad Media; periódo en que ambas regiones se consideraron enemigos religiosos y se atribuyeron de manera mutua una serie de "mitos" denigrantes.
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Said nació en una familia cristiano-palestina de Jerusalén, que tras la ocupación israelí se vió obligada a emigrar primero a El Cairo (Egipto) y luego a los Estados Unidos, de estos eventos provino su tacto cosmpolita, como así mismo no fue extraño que desarrollara cierta enemistad hacia el sionismo, al que habría considerado como otro constructo nacionalista fundado en la pertenencia más religiosa que racial de los judíos del mundo, llamados a hacer nuevamente patria en Medio Oriente.
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Además de prolífico tratadista y filósofo, Said fue también activista político y músico docto, llegando a entablar gran amistad con el pianista argentino Daniel Barenboim, sobrellevando en este sentido cualquier prejuicio estúpido que desúne, como son la política o la raza (Barenboim es hijo de inmigrantes judíos) y tendiendo un puente a través del arte, juntos formaron luego una orquesta exclusivamente constituída por jóvenes árabes y judíos: la West-Eastern Divan, llamada en parte a romper el hielo entre ambas naciones, unidas por el hilo de la historia y un orígen más común de lo que se cree.
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En sus últimos años de vida, se instaló un tiempo en los territorios palestinos, para empaparse entre quienes consideró "su gente" en el polvorín del activismo. De estos años se intenta opacar la parte pacifista de su biografía, recalcando un hecho en particular: cierto día se vió preso de un arrebato de ira al ver como unos tanques israelíes pasaban por encima de propiedades palestinas, como uno más de los civiles descontentos, Said comenzó a lanzarles piedrazos desde cierta distancia. Falleció el 2003, dejando tremendas obras como "Orientalismo" de 1978, "Cultura e Imperialismo" del 93 y "El fin del proceso de paz" del 2000, de gran cuantía para analistas interesados en el conflicto árabe-israelí.
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RASHID KHALIDI

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Escritor e historiador neoyorkino, de padre palestino y madre libanesa. A Khalidi se le reconoce como continuador del legado de Edward Said y en tanto como uno de los máximos exponentes del neo-orientalismo. Debido a su religión musulmana y a que se manifiesta abiertamente como anti-sionista, lo que no es equivalente (necesariamente) del antisemitismo, ha generado una y otra vez ronchas entre sus detractores, en especial las élites judías de EEUU, de conocida influencia en el Gobierno y los medios de comunicación.
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En su libro "Identidad Palestina", Khalidi reconoce que aquel nacionalismo es relativamente nuevo y nacido prácticamente de la nada, construído en base a las circunstancias de una recolonización hebraica durante el siglo pasado y que incomodó tal vez de manera tardía a los árabes de la región. De la opresión del pueblo israelí, nacería finalmente la verdadera identidad palestina, forjada en la impotencia, el dolor y la desdicha común de tener que convivir con una nación más poderosa, que paulatinamente les fue ganando terreno y desplazándolos de la que siempre habrían considerado "su tierra" (eso finalmente no es tan así) o tierra de los árabes y tratándolos en el intertanto como un escollo a sus fines.
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Según Khalidi, en general todos los nacionalismos árabes son de creación muy reciente y en parte inducidos por la influencia europea en la región, en su condición de ex-protectorados. De hecho así como el nacionalismo libanés busca la individualidad, desligándose del resto de pueblos de lengua árabe (palestinos, sirios, jordanos, etcétera) para formularse sobre un pasado fenicio, el nacionalismo palestino se fundamentaría en otra inexactitud: tomando la nación su nombre de los "philistinos" o "filisteos", aquella extinta civilización enemiga y opresora de los antiguos judíos y a la que según el mito perteneciera el gigante Goliat, decapitado posteriormente por el Rey David.
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Para Khalidi, e igualmente para quien escribe estas líneas, la idea de una identidad árabe es también muy confusa, debido a la muy improbable homegeneidad racial y cultural de los pueblos que manejan aquel idioma, de hecho el árabe no es más que eso: una lengua y no una raza, como así mismo no toda la gente que habla español son ibéricos. Otro de los criterios presto a confusión del orientalismo, guarda relación con la religión: en particular, la percepción occidental del islam, una religión en plena expansión, vista por muchos postapocalípticos como "semillero de maldad", pero que en el fondo posee tantas aristas que enumerarlas no viene al caso y será tarea para un próximo post. El islam ultraconservador y el islam progresista varía de país en país y de región en región, de tal manera que un shiíta en Malasia no es el equivalente a un occidentalizado sunita en Estambúl o de un converso europeo en Lóndres.
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Finalmente, hay que destacar que Rashid Khalidi es un amigo cercano de Barack Obama, lo que en otro tiempo trajo algunos contratiempos al Presidente afro-americano, debido al siempre persistente lobby judío y su tendencia a satanizar a todo aquel que se muestre en franca oposición a sus estrategias o políticas. Cito a continuación palabras textuales del autor: "El que los israelíes se dediquen a maltratar a otro pueblo (a los palestinos) resulta a todas luces paradójico, puesto que muchos descienden de víctimas de la persecución, los pogroms y los campos de concentración".
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JAMES ZOGHBY
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Académico libanés-americano y presidente del prestigioso Arab American Insitute. De naturaleza muy conservadora y a diferencia del crítico constructivista anterior (Khalidi), bastante apegado también al nacionalismo americano.
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Zoghby encarna una importante posición, en representación de la estimable y no tan pequeña comunidad árabe de los Estados Unidos, también lo hace como portavoz de los países de orígen, extendiendo aquel puente tan necesario para la conciliación de los pueblos.
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Humanista, doctor en economía y experto en religiones, ha canalizado su lucha contra el etnocentrismo de occidente, mediante fórmulas liberales destinadas a minimizar la discriminación y a fomentar el conocimiento multicultural. Sin ir más lejos, la comunidad árabe en Estados Unidos tiene la misma data en aquel país que la de inmigrantes italianos, judíos y europeos orientales, todas por igual, vistas en menos en un primer momento como aporte formativo y valórico a la sociedad americana o consideradas apenas como "mano de obra barata", pero que sin embargo, en muy poco tiempo dieron vuelta tal persepción ayudando a fortalecer la cultura (tornándose inclúso ultra-nacionalistas) y al desarróllo económico sostenido del país.
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Los árabes llegados principalmente de países como Líbano o Siria, ayudaron a engrosar las listas de profesionales, empresarios y académicos, al punto de que algunos de sus descendientes lideran hoy grandes firmas nacionales como Apple (en el caso de Steve Jobs). En un mundo tan globalizado, pero a la vez tan segregador, gente como Zoghby pretende destacar el gran valor de la diversidad y el cómo después de tantas décadas, el aporte inmigrante continúa vigorizando al progreso americano, así mismo se vuelve a mirar atrás, a los hermanos de sangre que quedaron lejos, desprovistos muchos de iguales oportunidades para surgir en la vida, opacados además por la ignorancia y los prejuicios occidentales que ellos a toda costa están dispuestos a borrar, con ningún mejor respaldo que el de sus propios ejemplos y éxito.
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martes, 12 de octubre de 2010

Día de la raza (que mal chiste)

Patria = Pertenencia = Nación ≠ Raza (Etnia)
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"El racismo es la forma más baja, burda y primitiva de colectivismo. Es la idea de atribuír un significado moral, social o político al linaje genético de un hombre... Lo que significa en la práctica, que este será juzgado no por su propio carácter y acciones, sino por los personajes y acciones de un colectivo de antepasados" (Ayn Rand).
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Hoy 12 de octubre, las naciones americanas celebran al unísono el "Día de la raza", una concepción que comienza a tomar forma a principios del siglo pasado, como una respuesta fundamentalmente latinoamericana a toda esa suerte de nacionalismo e intransigencia étnica enferma de la que se vieron presos por décadas los Estados europeos y que terminaría en una serie eventos por todos conocidos: estallido del nazismo en Alemania, el holocausto judío y la Segunda Guerra Mundial. En suma: la exterminación de cerca de 70 millones de personas a lo largo y ancho de todo el viejo continente, en su mayoría civíles como siempre.
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Cuando esta celebración comenzó a gestarse en nuestro continente, lo hizo proyectando el "orgullo de raza" sobre el colectivo mestizo (fusión indígeno-europea), una simple y llana trivialidad conceptual o generalización absurda, puesto que no toda América es mestiza, el mestizaje no reviste los mismos niveles en todos los países, como así mismo coexisten aquí descendientes de todos los linajes del planeta, habiendo prevalecido el elemento europeo fundamentalmente entre las elites locales, que los mantuvieron casi inalterados por siglos. Sus elevadas condiciones de vida, continúan contrastando enormemente con las más precarias de la mayoría de la gente, esto ha dado pie a la idea de muchos autores de que Latinoamérica jamás se libró del todo del yugo europeo, pues al final del día todo lo que recuerde a Europa sigue gozando de privilegios.
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Lo contrario ocurre, por ejemplo, con las enormes poblaciones de orígen africano arrivadas con la esclavitud desde el siglo XVI, a pesar de contar hoy con plenas libertades civiles, continúan siendo las más castigadas por el sistema y las que con mayor dificultad logran ascender en la escala socio-económica de sus países, inclúso donde tienden a ser mayoría (particularmente en el caso de Brasil), esto debido a la persistencia del semptiterno orden racista con que los colonos portugueses y españoles estructuraron el continente, similar en todo al orden de castas de la India. En países como Chile y Costa Rica, la exclusión histórica ha operado principalmente sobre las gentes de orígen nativo: mapuches o brirís.
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Más allá de la triste evidencia, debemos comprender que el racial es un criterio cada vez más en deshuso, especialmente porque en ninguna latitud del planeta se puede hablar de "razas puras", sino más bien de la sobrevivencia del fenotipo (aspecto físico), resultante de los azares de una recombinación genética. Debieramos en cambio mentalizarnos más en el concepto de metafísica: la mística de un pueblo o nación, impuesta a cualquier tipo de homogeneidad y que en general es la resultante de una diversidad de cosmovisiones. De esta manera cuando hablamos de la famosa "espiritualidad alemana", "el espíritu americano (EEUU)" o de la "identidad judeo-cristiana", estamos conscientes de que son conceptos excepcionales y no replicables, que refieren a algo que va mucho más allá de la raza, un "algo" forjado por el refinamiento de la cultura.
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Dicho sea de paso, el Día de la raza en Latinoamérica debiera mejor llamarse el "Día de todos los pueblos y culturas", tal como lo comprenden los argentinos, así referenciamos mejor a la "gran metafísica" que unifica a las naciones del continente, cuyos eventos históricos y niveles de desarrollo político, económico y cultural, continúan siendo semejantes. Este orden de cosas, creanme, es mucho más espeso que la sangre que corre por nuestras venas.
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