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martes, 17 de mayo de 2011

Exhortaciones de Jacob Zuma: Una risible caricatura de la política

La semana pasada, el singular Presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, advirtió a los electores de su nación que de no votar por su partido en las elecciones municipales, serían castigados por sus ancestros.

No pretendo hacer aquí un cuestionamiento de tipo cultural, sólo resaltar lo curioso de esta noticia que más allá de su boceto supersticioso, nos habla de como funciona el espíritu político en todos los niveles, como así mismo las ansias por conservar el poder. Es claro que Zuma en su intento por evitar el avance de la oposición (el cual desde luego podría poner en jaque el propio cargo), esbozó esta advertencia - infantil desde nuestro punto de vista - para generar el mismo efecto que los grandes líderes políticos y espirtuales del mundo consiguen de mil maneras a diario: impactar a la ciudadanía y persuadir consciencias.

Difícilmente un discurso sobre los ancestros o castigos desde del más allá, podrían influír en las determinaciones electorales de países como el nuestro, aunque claramente en el contexto de África, es del todo comprensible. Aquí en cambio nuestros políticos (oficialistas o de oposición) sacan partido o intentan manipularnos empleando otro orden de ideas y conceptos reinantes en la opinión pública, tales como promesas de incremento en los puestos de trabajo, control a la puerta giratoria y hoy por hoy regulación ciudadana a los temas del Medio Ambiente. Los contextos pueden cambiar muchísimo, la política en cambio presenta los mismos patrones en todas partes.

sábado, 23 de enero de 2010

Defíname progresismo, por favor!

No es un misterio para nadie que el 2009 en Chile fue un aJustificar a ambos ladosño marcado por las presidenciales y que el discurso viciado y demagógico de los candidatos terminó "lateando" al chileno promedio, aburrido de las falsas promesas, de las cazerías de brujas, sonrrisistas falsas y de los lindos proyectos de toda una vida. En medio de todo ese clima propagandístico, alzamiento de manos y promesas de cambio (ja!) no tardaron en surgir los abanderados del "progresismo" y del "bienestar social", curiosamente todos los candidatos lo eran y todos se acusaban entre sí de no serlo.
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¿Pero qué es el progresismo?, ¿Qué es ese imán que tanto atrae la atención pública y del que nadie quiere verse despojado?. Curiosamente la palabra "progresismo", que suena tan vacía y manoseada en estos días hace referencia a la ontología liberal, difusa actualmente en la más amplia gama de partidos políticos chilenos, desde la derecha al socialismo (ambiguo, puesto que el liberalismo es anti-colectivista), pasando desde luego por el radicalismo.

Progresismo es asumir las transformaciones sociales y avanzar en dirección a ellas, pretendiendo fortalecerse de las mismas y no temer a los cambios que implican los nuevos tiempos, en especial en un mundo globalizado, donde estos son constantes e instantáneos. El referente de "bienestar social" para el progresismo no es el colectivo, sino el conjunto de individuos cuyos intereses y motivaciones son las llaves al futuro, los que jamás se cohiben ni limitan, sólo se potencian. El progresismo no uniformiza, no pretende educar a la sociedad en base a un ideal superior, ni llevar a cabo políticas (populistas) como entregar un millón de empleos mediocres, porque entiende que las personas no son conformistas y viven pensando en alcanzar un nivel superior de vida. Eso es progresismo.

Desafortunadamente, no existen muchos referentes progresistas en la política chilena, y en el discurso la palabra es llamativa, pero poco convincente. La UDI definitivamente no es progresista, como tampoco lo son el Partido Socialista, ni la Democracia Cristiana, ni otro puñado de partidos históricos. Progresista es un pequeño tercio de Renovación Nacional, y hacia la izquierda: una pequeña parte del Partido Por la Democracia (en su momento constituído también por ciertos liberales de tradición que el año 89 votaron por la opción NO) y algún que otro radical, pues ellos fueron los verdaderos progresistas chilenos en sus gobiernos de mediados del siglo XX.

Veinte años de la Concertación en el poder fueron parcialmente progresistas, y si Chile es un país bien posicionado en la región se lo debemos a la visión y el trabajo de políticos con esa idea en mente. Los últimos años del gobierno militar también tuvieron cierto matiz progresista, más allá de que fuera este una de las más extenuantes dictaduras del continente, pero transformar radicalmente un país estatista (y estancado) como era Chile hasta los años setenta, en un exitoso experimento neo-liberal, si bien no dejó de ser una apuesta arriesgada, fue desde luego una iniciativa tremendamente progresista, en miras al nuevo contexto global. De todas maneras, si llevamos el progresismo sólo a terreno económico, radica el peligro de que termine convirtiéndose en un arma de doble filo y es aquí donde insisto en marcar un alto y profundizar en el análisis..

Progresismo no consiste en repartir pan y circo al pueblo, mientras el empresariado se echa medio país al bolsillo. Privatizar y neoliberalizar aún más nuestro país ya no cabe en una lógica progresista, sino en una avanzada oligárquica sin frenos (típica de país subdesarrollado), una canallada para reasegurar a un reducido porcentaje de chilenos o lo que es peor a un pequeño puñado de familias o consorcios como los mayores accionistas del país. Que el falso progresismo no nos engañe: privatizar parte de las empresas nacionales por pequeño que sea el porcentaje, es entregar en bandeja el país a muy pocos que con poco pretenden dejar conforme a una sociedad entera. Agua, electricidad y cobre, en un país de economía fundamentalmente primaria, son recursos estratégicos y como tales debieran continuar en buena medida regulados por el Estado en representación de nuestra titularidad. Cierto es que pensar así no es ser fiel a la ontología liberal, pero apostar a lo contrario es ser criminal e inclúso estúpido puesto que en este país se enrriquecen cada día más unos pocos y el resto: cagaste te mandó saludos!.
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Un progresismo de nuevo orden considera además otras variables aún no tomadas demasiado en serio por nuestros gobiernos: ¿le suena a alguien la palabra crecimiento sustentable?. En los últimos veinte años los gobiernos de la Concertación movieron los hilos lo suficiente para asegurar estabilidad, seguridad y dignidad en las relaciones empleador-obrero, pero poco se centraron en la flexibilidad de la económica en pro de un fin que siempre debe proyectarse a mediano y largo plazo: el pleno empleo, y las falencias están a la vista: el desempleo en nuestro país en el último tiempo ha bordeado el 10%, en algunas regiones la situación es crítica, corolario inmediato de todo ello: incremento de la delincuencia y del narcotráfico. De todas maneras es más difícil ser objetivo en este punto, el pleno empleo puede que hasta suene a utopía, pero salarios dignos y buenas condiciones de trabajo, jamás debieran serlo. La otra gran deuda con el progresismo de nuevo orden y que no creo que sea saldada en el próximo gobierno es todo lo relativo al medio ambiente. Diez años más que dejen hacer y deshacer al empresariado con nuestros recursos naturales y minerales y Chile no tardará en convertirse en un desierto.
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Así es que ¿hasta cuando nos hablan de progresismo los políticos?. El progresismo con el que se llenan la boca era necesario hace 20 años, esa visión hoy día no corre. Ya una vez que se reapartan el chancho y del dicho al hecho, atrás dejen las promesas de campaña, propongo que dejemos a los políticos en su mundo, haciendo negocios políticos y que el verdadero progresismo, lo ejerzamos nosotros en desmedro de toda esa manga de buitres, zorros y lobos en piel de oveja, sean los que hace una semana perdieron el dominio de 20 años de poder o en su defecto, aquellos que por votación democrática se hicieron de la jugera para estrujar el país por los próximos cuatro años. CARROÑEROS todos.
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Termino con una cita:

"Quiero ser amenaza para los que se alzan contra los principios de
justicia y de derecho; quiero ser amenaza para todos aquellos que
permanecen ciegos, sordos y mudos ante las evoluciones del momento
histórico presente sin apreciar las exigencias actuales para la grandeza
de este país".
(Arturo Alessandri Palma, 25 de abril de 1920)
Eso es progresismo

sábado, 13 de junio de 2009

En busca del liberalismo perdido...

Arturo Alessandri Palma, "El León de Tarapacá". Máximo ícono del liberalismo chileno.
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Hace casi tres meses, cuando subí mi último post a La Bitácora Liberal, a propósito del día internacional contra la discriminación y el racismo, la política chilena marchaba al ritmo heredado desde fines del año pasado, afloraban sin embargo los primeros aletazos perceptibles de la crisis económica mundial y un llamado general a la calma hacia los empresarios y las familias en general.
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En la carrera política, hace no mucho se había bajado por propia determinación el estrafalario Sr. Farkas, que aunque era una verdadera burla al pueblo (y por cierto su extraño personaje, una burla hacia el mismo) con su particular populismo y triplicada aura clientelista, había logrado incomodar a más de un político tradicional y me atrevería a decir que muchos en la Alianza temieron que con el paso del tiempo, Mr. Farkas se convirtiera en el candidato de una "tercera vía", destinada desde luego a beneficiar finalmente a los atornillados de la Concertación.
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Libre el camino de todo el teatro farkista, verdadero voladero de luces y típica humorada tercermunista (que ocultaba desde luego la convicción de un outsider contra-partidista), la Concertación tenía que empezar a mover sus mejores piezas y así ganar terreno en contra del candidato afianzado de la Alianza por Chile.
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Además del auto-proclamado candidato por la Democracia Cristiana, el otrora Senador Frei, se habían barajado nombres como el de Ricardo Lagos (otro que quería repetirse el plato), su hijo Ricardo Lagos Weber, que por supuesto tiene el "gran mérito" de ser el hijo de su padre y nada más, el Panzer (o 'Panza') y por ahí otros que querían asomar la ñata como el patético de Camilo Escalona y un descarriado Alejandro Navarro que no sumaban ni la raya para la suma.
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Finalmente una especie de pre-primarias fue peleada en esta, la sexta región, entre el candidato Frei y su contendiente por el partido radical, José Antonio Gómez. Bastante bullada luego del numerito del "bichi" Escalona, un digno político poblacional.
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Por este mismo tiempo, el senador Flores se paseaba por todos lados con Piñera y los aliancistas, en una insólita "vuelta de chaqueta", que en algo recordaba las declaraciones de "bacheletismo-aliancista" que hiciera alguna vez el bufoncillo de Joaquín Lavín. Por su lado Zaldivar y los colorines, seguían transmitiendo con el cuento de siempre: la convicción de ser una tercera fuerza que más que decidir las elecciones, podrían inclúso ganarlas (Cueeeeeeeeeeckkkkkk!!), como si algunos desencantados de la D.C. nunca aprendieran, el mismo numerito alguna vez lo hizo un tal Arturo Frei Bolivar y pasó luego a la historia por una simple trivialidad, adjudicable a tener el jingle más estúpido en una campaña política.
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En los meses siguientes, algo extraño pasó, la balanza concertacionista que de mala gana parecía conformarse con la figura de Frei candidato, se empezó inclinar nuevamente hacia el ala izquierdista, el responsable: un disléxico engominado, mejor conocido como Marco Enríquez-Ominami comenzó a crecer con fuerza en las encuestas y luego a afianzar su candidatura, más allá del cobijo de la Concertación.
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Candidato jóven, alternativo y supuestamente LIBERAL (ja!), Enríquez-Ominami vino para reencantar a jóvenes y adultos con la política, para encaminarlos luego hacia la luz del progreso, no a partir de su experiencia (la cual no es sólo poca, es simplemente nula), sino en base a sus ganas, visión de futuro y esfuerzo. El hijo de un mirista, un autoproclamado progresista que se compara con Obama, que se presenta como la llave que abrirá las puertas de un nuevo Chile!... En pocas palabras, el actual escenario es tan semejante al de 1970 que llega a estremecer. Estamos frente a un nuevo Salvador Allende, a un utopista inexperto, a un "pipiolo", pero no en la acepción política del término, más bien en su carga despectiva.
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Atrás está quedando Eduardo Frei, el mal menor sin duda o al menos así es para los que creemos en la política seria, en la tradición y la estabilidad de los modelos, más allá de cuan liberales o conservadores nos estimemos. Este nuevo engendro de la política del descontento, está lejos de ser el político moderno, liberal y visionario que algunos declaran y muy por el contrario, es simple y llanamente un "CHANTA" (dicho en buen chileno), un tipo que no ha hecho una carrera política respetable, no sigue un programa definido ni mucho menos aporta nada. Asegura no contrariar el modelo económico actual, pero como el común de los socialistas, se cree con la posibilidad de configurarlo a su manera, poniendolo al servicio del Estado, de un gobierno que con el paso de los años es cada vez menos próspero (pues la economía chilena se ha estancado) y en cambio, cada vez más parasitario.
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Pero más allá de todo el bluff que rodea la figura de este aparecido Marco Enríquez-Ominami, lo que más me molesta sin duda, es el gesto de unos cuantos politiquillos y gente de los medios que ni siquiera se arrugan al dar a Enríquez-Ominami el apelativo de liberal. ¿Liberal en qué?, en lo moral podría ser, pero eso simplemente no basta para considerarse liberal en el sentido convencional de la palabra... un liberal jamás pondrá al Estado por sobre la economía, ni aquí ni en ningún país del mundo, comprende que ambos responden a dos realidades independientes, que deben desarrollarse en libertad para luego complementarse. Además, es el "atomismo" y no el "colectivismo" la verdadera tendencia de lo liberal, Marco Enríquez-Ominami y toda su colectividad no pueden ser más ajenos a esta visión.
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Tristemente el único y verdadero Partido Liberal chileno desapareció el año 66 al haber perdido fuerzas por más de treinta años y visto obligados sus sostenedores a rehubicarse en las filas del Partido Conservador, desde ahí la historia de la derecha chilena ha sido una sóla, una con fricciones internas muy marcadas, donde los liberales (más cercados en Renovación Nacional) no han tenido pocas tentativas de reformar una facción única y bien definida en lo político, aunque lamentablemente sin mucho éxito.
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El Partido Liberal gobernó Chile ántes y después de la Guerra Civil de 1890, cuando Chile tuvo oportunidad de nivelarse con los países más prósperos del mundo y el salitre (nuestro oro blanco) aportaba más ganancias per cápita que la que tenían países como Suecia.
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Luego de la explosión social y de irreversibles cambios en su proceso a nivel mundial, fué la jerarquía Alessandri la encargada de reconquistar la estabilidad del país, en la primera parte del siglo XX."Sin una economía próspera resultará vana la más avanzada legislación social", fué la gran sentencia liberal que legara "El León de Tarapacá" a todas las generaciones precedentes en la política, aunque algunos quisieron olvidarlo, particularmente entre 1970-1973. Resulta curioso, sin embargo, escuchar un discurso de nuestra presidenta socialista reconociendo la trascendencia de estas palabras, repitiéndolas tal cual y poniéndo a la economía en el lugar que le corresponde. Ellos, los socialistas reformados, bien lo han entendido... un díscolo como Enríquez-Ominami, no me queda muy claro.
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Sea como sea, este 11 de diciembre todo se decide en las urnas. Frei, Piñera, Arrate, el díscolo, Zalvidar y quién (es) se quiera subir al carro en los próximos meses, se estarán disputando el añorado cargo de Doña Gordi... mientras tanto espero no ver a políticos en ejercicio haciendo campaña por los suyos, ni mucho menos a la Presidenta, porque de más está decir que ese es el tipo de cosas que restan seriedad a la política, aunque que lamentablemente sean el plato de cada elección. Para todos los efectos conviene tener en claro además que: "candidato liberal, no existe, no en esta campaña", Sebastián Piñera es lo más cercano ideológicamente hablando, pero desafortunadamente de gobernar lo hará junto a la UDI, por lo que se subentienden varias barreras y pesos en contra de cualquier iniciativa demasiado jugada, aunque de todas maneras este sea el menor de los males.
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Todos los grandes males siguen pesando sin duda por el lado de la Concertación. Ya es hora de sanear el aire de la política nacional, abrir las ventanas y echar fuera las moscas que han comido y cagado por 20 años sobre la misma torta. Basta de Frei, de díscolos y de colorines... es hora de que las cosas vuelvan a un buen curso, de dejar de tapar hoyos y caminar nuevamente y de una vez por todas hacia el crecimiento económico, nuestra principal prioridad.
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jueves, 18 de diciembre de 2008

Vicios del discurso doctrinario

El discurso es mucho más que un mensaje y simple interconexión de frases, conceptos, palabras e ideas que pretenden comunicar algo a alguien en un determinado momento y lugar. El discurso es un recurso vital, una simplificación de la realidad que compone cada individuo en el trayecto de su vida.
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Mientras se es niño, nuestro discurso es el mismo de nuestros padres: su visión de la política, la realidad del país y la contingencia pasa a ser también la nuestra. Pero es dado que a medida que maduramos, desarrollemos una perspectiva propia, alimentada siempre por la temprana influencia del hogar, como asimismo de nuestra propia exposición al medio y experiencias. En consecuencia llega una edad en que desarollamos nuestro propio discurso, por lo que es adivinable y legítimo que cada ser humano que habita este planeta posea su propio discurso y lo desarrolle en total libertad.
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Nuestro discurso es nuestra propia doctrina, entendiéndose la doctrina como un sistema de postulados aplicables a la realidad y comprobados por via del método científico o a veces llevados simplemente a cabo mediante el idealismo (en el caso de doctrinas que fracasaron irremisiblemente como el comunismo Soviético y otras tantas que nunca tuvieron éxito). Es asi como ciertas doctrinas son fagocitadas por nuestro discurso y aunadas de tal forma de crear una armadura personal con la que enfretamos el mundo de la información, de las ideas y salimos victoriosos o derrotados del mismo - dependiendo siempre de la carga de idealismo que posea nuestro discurso.
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Doctrinaria es la filosofía de la política, la economía y la religión. En todo discurso se fusionan las tres cosas. Asi el nazismo tenía una carga de misticismo religioso, proteccionismo económico pro industrialización y su política era anti-liberal, militarizada y fascista. El nazismo concretado se convirtió en un destructivo totalitarismo, semejante al de la Unión Soviética, salvo que sus motivaciones eran antagónicas y se irgió también como el anti-comunismo.
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Múltiples transfiguraciones de discurso y doctrina se instalaron y pretenden seguir haciéndolo a sangre y fuego en distintos puntos del planeta con un discurso impersonal que no permite convivencia alguna con interpretaciones, ni libertades liberales, ni invididualismo alguno. Busca en cambio erguirse casi como un paradigma social, apelando en todos los casos al espíritu tribal o comunitario, sobre el que exalta la metafísica del "pueblo", "la raza" o "la nación", es decir el confuso bien común en todas sus manifestaciones instrumentales.
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En relación a lo anterior más palpables han sido los casos del facismo/nazismo alemán, italiano y japonés de la Segunda Guerra Mundial y el comunismo soviético, como también los simples autoritarismos de cariz militar (Chile 1973-1989, Cuba 1959- a la fecha, etcétera) o religioso -sólo piensese en el Medio Oriente y particularmente en la realidad de paises como Irán en tiempos del Ayatollah Khomeini o actualmente con la carrera de los caudillos religiosos islámicos por tomarse el poder en Líbano (donde cerca de la mitad de la población es crisitiana y un porcentaje no menor de los musulmanes son moderados), Palestina, Irák, Afganistán o incluso Turquía, el país más liberal (liberal entre comillas) de la región.
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Sin embargo, no perdamos de vista lo siguiente: "La democracia es también un discurso" y un discurso igualmente peligroso, aunque menos peligroso que las doctrinas revisadas en el parrafo anterior y que se instalaron con base en la violencia ilegítima. Se define la democracia como "el gobierno del pueblo por el pueblo", por ende impone la percepción de pueblo (nación, raza [razas], sociedad de iguales, etcétera) a la de individuo. La economía del Estado, no es la economía de mercado, sino una alteración de la misma, en que el Estado se las da de Robin Hood adueñandose de parte del capital de quienes lo producen, para repartirlo a quienes nada tuvieron que ver en dicha producción, pues la democracia al igual que otras mil doctrinas tribales, entiende que el hombre como individuo es instrumento de "los hombres" como conglomerado, dando legitimidad en cierto sentido a este tipo de robo.
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Dijo alguna vez un autor liberal y ultra-capitalista: "Si el Estado existe para defenderme de los robos y aportarme mínimas protecciones o subenciones, ¿no es factible que si yo prescindo de su ayuda, por poder costearme todo aquello que el Estado me ofrece y con mejor calidad y cobertura, este (El Estado) también prescinda de mis impuestos, de aquella significante merma que sigue haciendo a mi capital?".
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La pregunta en definitiva es: ¿Pueden los ricos prescindir del Estado y a la vez el Estado permitirse que alguien de él prescienda?. Simplemente la pregunta tiene dos respuestas, una afirmativa y otra negativa: Los ricos sí pueden prescindir del Estado, pero el Estado jamás podrá prescindir de los ricos, los ricos no necesitan del Estado, el Estado en cambio si necesita de los ricos. Y si no existieran los ricos o los ricos se aislaran de las garantías estatales, ciertamente el Estado gravaría con impuestos muy superiores a los no ricos y no tardaría en producirse en cada país una nueva revolución francesa. Al Estado cada cual aporta según su bolsillo, pero el Estado nunca devuelve (por lo general no a todos) en la misma medida en que es retribuído y lo más triste de todo es que nada puede evitar la existencia de la corrupción y que con ella, los fines "altruistas" de la existencia del Estado alimenten a más parásitos de los que se tenía previsto. Se alimenta de los impuestos toda una clase política (en muchos casos prescindible) y una manga de carroñeros a ellos cercanos.
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La corrupción no sólo se plasma en el ultraje a las arcas fiscales, también lo hace destinando recursos de forma innecesaria a gente que hace un trabajo inncesario, teniendolo además en consideración. En consecuencia un gobierno justo debe promover un Estado pequeño. Todo Estado pequeño requiere de menos recursos para ser eficiente, gravando a la vez con menos impuestos a la nación.
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La única respuesta posíble a este abuso presente en las democracias occidentales y muy particularmente de las democracias occidentales de segundo órden (como las sudamericanas) es la reducción del aparataje estatal, desde la burocracia a las cúpulas políticas. El discurso doctrinario y altruista (de falsedad absoluta) nunca desapareció realmente. Su imposición actual apunta a hacerse de la economía política, rompiendo con ello los límites de la economía real, la economía pura: el libre mercado.
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Desprendiendo y simplificando cierta idea transversal a los economistas de la escuela austríaca (contemporánea de Hayek); El libre mercado permite a más personas gozar del auge de la economía, sin embargo cuando el Estado interviene la economía, todos estos beneficios que podrían llegar a más personas pasan a ser concentrados por un pequeño grupo al alero del Estado. En concecuencia oligopolios, monopolios e inflexibilidades en el mercado, no apuntan al fin altruista fundante original del organismo estatal, sino a un vicio de acomodo para determinados grupos que dominarán la economía, a la vez que serán "los amiguitos del Estado" y de las clases políticas.- El argumento de fuerza de estos grupos, es justamente escusarse en los argumentos fundantes del Estado.
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"De manera implícita, acrítica y por omisión, la economía política aceptó como axiomas propios los principios básicos del colectivismo" (Ayn Rand).
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Volviendo a la idea del discurso: En todo régimen político se impone un discurso doctrinario, en los regímenes de terror esta imposición es más evidente y castiga fuertemente la disidencia. En el discurso democrático se entiende la convivencia de muchos discursos, pero en el fondo manda la idea del "gobierno del pueblo por el pueblo", condiciéndose tarde o temprano con la libertad individual e imponiendo los preceptos tribales, mismos que han gobernado la mayoría de los discursos doctrinales desde la antiguedad clásica hasta nuestros días. Sólo el liberalismo pleno escapa de esta lógica, pero su peligro radica en llegar a la absoluta anarquía y a que no exista acuerdo o convergencia, el llamado "pacto social".
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Aún así, sigue siendo legítimo que cada persona tenga su propio discurso, aunque este se oponga al establishment. Pensar como revolucionario, no te convierte necesariamente en uno y es lo que hay que entender: La mayor parte de los cambios sociales no se logran via imposición violenta, sino desgastando los viejos pilares desde el interior y armando paciencientemente los nuevos. Las personas hacen el cambio, pero desde dentro, no desde fuera del establishment, a lo que yo llamo "la revolución responsable", "revolución en paz" o "revolución liberal". Sin embargo hay que tener un máximo de cuidado con los discursos doctrinarios y en especial con el de la democracia, en el se encuentran ocultos los intereses de las clases más poderosas, que quieren todo el poder para sí, muy por sobre nuestra libertad y oportunidades.-
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Lenin en la plaza pública
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