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viernes, 22 de julio de 2011

Mauricio Rojas Mullor: De mirista a parlamentario liberal en Suecia

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Partes: 2, 3, 4 y 5

Esta es una entrevista que yo invitaría a escuchar y ver atentamente a todos, independiente de su inclinación política. Mauricio Rojas Mullor, historiador económico y autor del libro Pasión por la libertad: el liberalismo integral de Mario Vargas Llosa, fue uno de tantos chilenos que se vió obligado a emigrar del país el año 73 por presiones políticas y el miedo a perder la propia vida tras el golpe de Estado de la época.

El año 74 se internó en la comunidad sueca y entró en contacto con inmigrantes europeos, oprimidos por las dictaduras izquierdistas de Polonia y la Unión Soviética, razón que le hizo cuestionar sus posturas revolucionarias utópicas, a tal punto de abrazar una idea de la libertad como proceso perfectible del "día a día" propia del empirismo liberal y ajena del todo a las ideologías totalitarias que sacrifican al ser humano con la excusa de crear un mejor futuro colectivo.

En esta entrevista del 2007 con el argentino Carlos Mira, Rojas Mullor discute pasajes de su libro Historia de la Crisis Argentina en el que traza una línea de tiempo que va desde los años '20 hasta el hecatombe financiero del 2001, alumbrando los elementos que pusieron en jaque durante esos ochenta años, el proceso de industrialización argentino y su acceso al primer mundo. Entre los elementos que hacían posible a la Argentina convertirse en el Estado más pujante de Sudamérica, destaca el arribo de un gran contingente de nuevos inmigrantes entre los siglos XIX y XX, que ayudó a destrabar en parte las clásicas estructuras de dominación (el peonaje feudal racista) que aún perpetúan en el continente las clases aristocráticas. Estas estructuras históricas devinieron en los años '30 a través de las prácticas clientelistas y el caudillismo o lo que Rojas Mullor tiende a llamar la "política de estancia".

Los múltiples fracasos en la economía y en la política argentina, como así mismo la animadversión popular al capitalismo, obedece a que el país siguió la misma suerte del resto del continente, pese a que alguna vez formó parte de los países desarrollados. La arbitraria repartición de las tierras en tiempos de la dominación española (que dejó las grandes haciendas en poder de las familias aristocráticas) y de los recursos asociados a estas en desmedro de una población acaudillada y creciente -más aún con la inmigración- truncaron un natural proceso de "capitalismo popular" (a la norteamericana) en Argentina y el resto de la región. Responde a este marco histórico que todos los procesos revolucionarios posteriores, de la izquierda o de la derecha, más que suprimirlo, terminaran por reactivar el estatus quo de la injusticia o que los grandes latifundistas de ayer se transmuten en los consorcios capitalistas de hoy: literalmente en manos de unas pocas familias.

miércoles, 13 de julio de 2011

"Si la injusticia forma parte de los problemas inherentes a la máquina de gobierno, dejémosla funcionar, que funcione: quizá desaparecerán ciertamente las asperezas y la máquina se desgastará. Si la injusticia tiene una cuerda, una polea, una soga o un eje exclusivamente para ella misma, entonces se podría considerar si el remedio no sería peor que la enfermedad, pero si es de tal naturaleza que requiere que usted sea el agente de injusticia para otro, entonces, digo, ¡viole la ley! que su vida sirva de freno para parar la máquina. Lo que debo hacer es ver a cualquier precio que no me presto para fomentar el mal que condeno"

"El Estado jamás confronta intencionalmente el sentido intelectual general del hombre, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está armado con ingenio ni honestidad superior, sino con fuerza física superior. Yo no he nacido para ser obligado. Respiraré a mi propia manera. Veamos quién es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene una multitud? Sólo pueden forzarme quienes obedecen una ley superior a mí. Me obligan a llegar a ser como ellos. No sé de hombres que sean obligados a vivir de tal o cual manera por masas de hombres. ¿Qué clase de vida sería esa? Cuando encuentro un gobierno que me dice: Su dinero o su vida, ¿por qué he de apurarme a darle mi dinero? Puede estar en un gran apuro y no saber qué hacer; no puedo ayudar en esto. Que se ayude a sí mismo; que haga como hago yo. No vale la pena lloriquear por él. Yo no soy responsable del eficaz funcionamiento de la maquinaria de la sociedad. No soy el hijo del ingeniero. Percibo que, cuando una bellota y una castaña caen juntas, una no permanece inerte para ceder paso a la otra, sino que ambas obedecen sus propias leyes germinando, brotando, creciendo y floreciendo como mejor pueden hasta que una llega a ensombrecer y destruir a la otra. Si una planta no puede vivir de acuerdo con su naturaleza, muere; lo mismo sucede con el hombre.

Nunca me negué a pagar el impuesto de carretera porque estoy tan deseoso de ser buen vecino como de ser mal súbdito; y en cuanto al sostenimiento de las escuelas, participo educando ahora a mis conciudadanos. No es en relación al particular punto en la cuenta de impuestos que me niego a pagarla. Sencillamente quiero negar mi lealtad al Estado, retirarme y mantenerme realmente apartado de él. No me interesa trazar el recorrido de mi dólar, aunque pudiera, que hasta puede comprar a un hombre o un mosquete para matar a alguien -el dólar es inocente- sino me preocupa trazar los efectos de mi lealtad. En verdad, declaro en silencio la guerra al Estado a mi manera, aunque siempre haré el uso y conseguiré la ventaja que de él pueda, como suele suceder en tales casos"


Tratado liberal sobre la Desobediencia Civil (1849)

lunes, 4 de julio de 2011

Capitalismo y liberalismo en el Tercer Mundo


El presente es un ensayo amplio que cubre varias aristas de una misma temática, por esta razón y dada su inusual extensión lo ofrezco además como archivo en .pdf (descarga
aquí) para que pueda ser leído y profundizado más allá del breve lapso que concita la revisión de un post normal.

I

Hoy es más patente que nunca el hecho de que la sociedad global avanza hacia las disposiciones de un "capitalismo depredador" mundializado, supresor de la espiritualidad y de la fraternidad comunitaria. El materialismo es la nueva religión occidental, internacionalizada a través del brazo imperialista del bloque de países industrializados, que para mantener su estatus de liderazgo, deben desde luego procurar el neutralismo y estancamiento del Tercer Mundo, sofocar subliminal o manifiestamente el progreso económico de los países pobres, que por otra parte ya no son considerados exclusivamente como los portadores de las materias primas, sino también como una "maquinaria proletaria" que junto con encarnar el principal engranaje de la industria (y a un bajo precio) se ha tornado en una masa consumidora, esclava del débito a las empresas transnacionales de productos y a las élites económicas que pululan entorno al sector del retail.

Perder buena parte de tu vida en sacrificadas jornadas de trabajo por un sueldo regular o más bien miserable, para luego destinar en su totalidad aquel poco ingreso mensual al abusivo interés crediticio de los reducidos grupos económicos nacionales y/o extranjeros que se llevan las ganancias al bolsillo o invierten fuera del país (la creciente fuga de capitales), es la insostenible realidad que enfrenta hoy el Tercer Mundo, y que en este preciso momento ha reventado por todos lados. Ejemplos resaltan a la vista: las prolongandas marchas en España y Grecia a raíz de la precariedad en los puestos laborales y el bajo ingreso, marchas de los estudiantes chilenos por democratizar el ingreso a la educación (el gran valor liberal) y arrebatar este legítimo derecho de manos impropias que se acabronaron hace tiempo con este bien público, ofreciéndolo como servicio de acceso exclusivo - al menos en lo tocante a la excelencia - al mejor postor.

A cada segundo vemos como la impotencia de comprenderse fuera del sistema y alejados de la mano del desarrollo, explosiona de diferentes maneras en el Tercer Mundo, ej: retrospectiva a la religión y a las glorias del pasado el el Mundo Árabe e islámico, además de polarización, fundamentalismo y terrorismo contra intereses de los Estados capitalistas (ej: ataque a las embajadas) y de las élites dominantes rendidas a su yugo o compradas por intereses a las que sólo ellas tienen acceso en detrimento de la nación estancada y empobrecida. En Latinoamérica, la escalada del resentimiento social, el incremento del armamentismo y del narcotráfico como respuesta a la falta de posibilidades y forma de acceso a la gran aspiración capitalista, como así mismo una creciente desaprobación a la clase política tradicional - independiente si militan en la izquierda o en la derecha - se tornan en las señales de un alarmante descontento que pone en hilo de duda el funcionamiento de las instituciones y en jaque el futuro del Estado y de la política.

Tal cual los tiempos del Imperio Romano, el planeta sigue siendo epicentro de la dominación y de un distanciamiento inconciliable entre los pocos miles que configuran el quintil de los poderosos y el gran grueso de la población global, la salvedad es que hoy en día los recursos no son conducidos a Roma, sino canalizados a los países industrializados y en especial a los del Atlántico Norte, mismos que dieron origen a la organización territorial del Estado-Nación tras la parcelación de Europa Occidental en unos cuantos reinos de élite germánica y sometidos a la institución del feudalismo. Tras el triunfo, las externalidades y los estragos de la Revolución Industrial, el modelo de Estado-Nación fue exportado por las nuevas potencias capitalistas que fragmentaron el mapa mundial bajo la excusa de una política de autodeterminación de los pueblos, la cual desde luego apuntó a sus propios intereses y no a la armonía con los países explotados. Esta antojadiza repartición del Tercer Mundo tuvo como garante primero a la Sociedad de Naciones y décadas más tarde a la ONU que en palabras del realista y honesto Trasímaco, no vendrían a ser realmente organismos velatores de la paz o de la justicia global, sino más bien instrumentos planificados para satisfacer las demandas del más fuerte.

II

En este nuevo contexto de sociedades privilegiadas y sociedades explotadas, la democracia como tal aviene sólo a los países ricos, mientras que en los pobres no es más que un discurso con mucho eco: una especie de pretensión o ensayo. Aquellos Estados en posición de influir - aunque sea débilmente - en las condiciones de la economía global y que puedan sustentar los mínimos derechos y demandas internas, son caldo de cultivo propicio para los principios democráticos verdaderos y acordes a la era en curso, al resto sólo podemos mencionarlos como democracias incompletas, fallidas, impopulares, etcétera.

En realidad un Estado democrático es aquel que ya no necesita reestructurarse y donde los derechos y demandas civiles están ampliamente cubiertos, como así mismo las nuevas visiones y necesidades son constantemente agendadas conforme avanzan los tiempos, producto de la movilización social, la correcta representación política de los diferentes grupos en el Congreso y de un espíritu societal pluralista y libertario. Diferente tónica la de gran parte de los países en el Tercer Mundo que se consideran así mismos revolucionarios, pues en ellos queda todo por hacerse, configurar no sólo las instituciones sino también la comunidad, sus valores y sus límites, en ellos el libertarianismo y el espíritu progresista que abraza y promueve los cambios sociales, ha sido históricamente reemplazado por una ética constitucionalista y por la sacralización de las leyes, para enmarcar los derechos de la comunidad (con más prohibiciones, responsabilidades civiles y ambiguedades que libertades plenas) y de esta manera mantener la estabilidad de las cada vez más despóticas élites.

La razón por la cual el Tercer Mundo continúa orbitando en torno al discurso socialista y beneficiando las tendencias comunitarias se debe a que en él han fracasado todos los proyectos nacionales claves hacia el desarrollo, más no por carencias propias sino por la incompetencia y el boicot de las élites locales, más tendentes a interactuar con el Primer Mundo que a volcarse al fervor nacionalista. La recurrente satanización que hacen del liberalismo algunos taciturnos intelectuales del Tercer Mundo responde a su conexión de facto con el capitalismo (y por ende el imperialismo actual), producto de que ambos son valores generados por la ética protestante y en tanto achacables al occidentalismo. Sin embargo basta con revisitar los principios de Smith, Locke, Emerson o Weber para percatar que dicha ética no tiene que ver del todo con el utilitarismo materialista sino más bien con el espíritu práctico, con la voluntad emprendedora y la valoración de la realidad objetiva, todo lo cual desde luego pasa por satisfacer ciertas demandas materiales del hombre, pero también por cubrir necesidades espirituales que guardan relación con la identificación comunitaria, el intelecto o la paz mental.

Muchos de los primeros liberales como Thomas Jefferson o los escritores chilenos Blest Gana y José Joaquín Vallejo hicieron patente su condena del materialismo, a la par del clasismo y del racismo de la época, los cuales en su visión no eran más que discursos tendientes a prolongar el estatus esclavista del hombre y por tanto la naturaleza pre-ilustrada de las sociedades. Las ideas que dan fuerza al liberalismo son la razón, la libertad, la independencia, la pluralidad, la voluntad y el contrato (voluntad pactada), de sus pregorragativas sobre la libertad de expresión y pensamiento se tomaron partido a principios del Siglo XX ideologías mucho más radicales como el comunismo y el socialismo y hasta a los más impropios nazismo y fascismo, basados en la idea nietzscheana del Súper Hombre (a todas luces liberal) a quien en el caso alemán colgaron como atributo la raza aria germánica, en la Italia de Mussolini el orgullo por la antigua Roma y en el caso de los turcos post-otomanos, un espíritu panturiano. Ya sea de manera reaccionaria o progresiva, todas las ideologías que coparon los últimos dos siglos tienen fundamento en el liberalismo.

III

En la Ética Protestante y El Espíritu del Capitalismo, Max Weber dejó en manifiesto que la acumulación no es propia de las sociedades protestantes, sino más bien de las mediterráneas (pautadas por las religiones católico romana, cristiano ortodoxa e islámica y todas las tradiciones que les antecedieron), no es de extrañar que dentro de este submundo (del cual por rebote forma parte también Latinoamérica), el capitalismo renuncie a su esencia liberal y a la idea del emprendimiento limpio, para confundirse en un cúmulo de vicios como son la sociedad fragmentada y el materialismo elítico, eterno símbolo de estatus en sociedades que emergieron en torno a la diferencia y donde los hombres jamás fueron considerados del todo iguales.

En el norte de Europa de donde provienen la ética protestante y el verdadero espíritu del capitalismo, las desigualdades fundantes (de raza y estratificación laboral o social) no son tan marcadas como en el sur y en el mediterráneo, un bloque que desde siempre conoció la dominación histórica de reducidos grupos, que bajo pancartas como la pureza de la raza o la descendencia de los linajes colonizadores, se las arreglaron siempre para anichar las mejores parcelas de poder, pulverizando a nivel psicológico el principio de la igualdad en las masas, esto en parte implica también el nacimiento de más organizaciones deshonestas en el sur del mundo (tales como La Cosa Nostra) que en el norte, las cuales a la vez engloban una sublevación de tipo político contra la dominación, tal Al-Qaeda o Hezzbollah del nuevo milenio, contraatacando intereses del actual imperio.

El capitalismo en el Tercer Mundo, ciertamente continúa operando en favor de las élites y tal vez sólo porque esas élites no se sienten parte del proyecto nacional que están llamadas a liderar o por otra parte han trasladado sus lealtades a los Estados industriales que mantienen en vigencia su negocio, olvidándose de su función nacionalista en la política y en la economía. Tristemente esta realidad no puede cambiar de la noche a la mañana, pues de alguna manera mientras más pobre es un país, más paulatino será su distanciamiento del desarrollo y aunque emerjan de vez en cuando elementos revolucionarios dentro de la élite, y comprometidos con un proyecto nacional verdadero (personajes como Hugo Chávez, Mahmud Ahmadineyad o Gamal Abdel Nasser) estos tarde o temprano se verán aislados y tornarán impopulares en su propio domonio, ya que si bien tienen poder de enclaustrar a sus países temporalmente, no logran ningún avance en concreto si no pueden influir en el Sistema Internacional ni negociar nada con él.

El sino de los Estados revolucionarios es que sólo terminan perjudicándose a si mismos, bloqueados y boicoteados por las potencias. Su revolución es el precio del hambre. Por tanto el estancamiento del tercer mundo no puede solventarse con una erradicación de los principios liberales, sino todo lo contrario, conviene madurarlos: bombardear a las sociedades del Tercer Mundo con ideas sobre la autodeterminación, el gran valor del ahorro y del trabajo y la supresión de mitos paralizantes e irracionales (religión, tradición, privilegios, inmovilismo etcétera), romper con la ignorancia, la resignación y el conformismo es la única manera de compactar la distancia entre el pueblo y sus élites, jugar el juego de los poderosos y con sus propias bases (como el esclavo que dejaba de serlo tras conseguir el título de ciudadano romano) es el único camino posible para nacionalizar el desarrollo, que hoy por hoy sólo están gozando las élites económicas y políticas en el oriente y occidente pobre.

Siempre han coexistido dos mundos (hemisférico e industrializado) no sólo a nivel de los Estados sino en los Estados mismos. Por lo tanto el quiebre élite/sociedad en el Tercer mundo no es algo que debamos adjudicar al imperialismo moderno sino más bien a la propia historia, aunque no es menos cierto que las disposiciones actuales han complejizado la relación de fuerzas y amplificado aún más las distancias económicas y sociales, de ahí el creciente descrédito a la clase dirigente en nuestros países. Por otra parte la mejor evidencia de que el capitalismo (totalitarismo económico) y el liberalismo (ideología de la determinación individual) no siempre van de la mano, se ve expresada hoy en día en el Tercer Mundo con el creciente auge del primero y del decaimiento discursivo del segundo y esta razón es muy simple: ni la democracia ni el liberalismo pueden prosperar donde no exista plena igualdad de derechos ni transversalidad de oportunidades para todos los niveles de la sociedad, en cambio el capitalismo prolifera en cualquier contexto, y en aquellos donde la igualdad esté en tela de juicio, será cercado exclusivamente por las clases privilegiadas.

IV

Para renacer en el Tercer Mundo, el liberalismo debe desmarcarse de los logros y fracasos del pasado. En algún momento su ética universalista, integracionista y humanista terminó cediendo terreno al constitucionalismo, transmutándose luego la ley en marco sagrado de la vida social. Para mantenerse en el poder, las élites la han hecho repetar con autoridad de hierro, replegando las fuerzas represivas en todo momento que el pueblo, presionado por sus angustias, decide sublevarse. Esta es una de las razones por las cuales muchos pensadores y tratadistas impugnan al liberalismo ser causa de los males del Tercer Mundo, aunque para los liberales revisionistas y de tradición como Hayek, es un error considerar que el liberalismo muere en la constitución, ya que las leyes no deben ser jamás de largo aliento, sino ir variando conforme el contexto.

Es un impulso conservador y anti-liberal el inmacular las leyes o mantener en vigencia constituciones polvorientas y caducas, liberal en cambio es consolidar la voluntad y el progreso ético, espiritual y material del hombre a lo largo de todas las generaciones, sin un ápice de apego a la idea de atemporalidad. Todo constitucionalismo férreo es un discurso viciado y peligroso como lo es la interpretación ortodoxa o purista ley religiosa (llámese Islam, Cristianismo o Judaísmo), ningún orden que prive de márgenes libertad y cambio, puede ser considerado nunca liberal.

Toda defensa del liberalismo, debe comenzar por separar las aguas y menguar las potenciales conexiones (dadas por lógicas por muchos autores) con el capitalismo. Cabe analizar por otro lado si realmente la actual crisis del Tercer Mundo tiene más que ver con el capitalismo que con la insostenible - e histórica - condición de sociedades bipolares, engendradas bajo un estatus de diferencia que nunca fue del todo solventado. Curiosamente hasta en Estados Unidos, donde hasta bien avanzados los años '60 existía una manifiesta segregación hacia el pueblo afroamericano, la actual integración política, económica y social de las diferentes naciones está al día de hoy más consolidada que en muchos Estados de Latinoamérica, algunos de ellos menos complejos en el crisol racial como el propio Chile, con su trascendental clasismo y atropello de la raza autóctona. No cabe duda de que no es el capitalismo, sino un viejo orden (racista y discriminatorio) el que no ha permitido en estos confines ni la movilidad social ni la integración de los históricamente rezagados al desarrollo.

Más torcida aún la situación de países como Arabia Saudita o el pequeño sultanato de Brunei, creados a la medida de monarcas escandalosamente ricos (dueños de toda la producción nacional) que se echan al bolsillo sociedades paupérrimas en lo económico. El capitalismo que no está provisto de espíritu, puede que haya triunfado aquí con más fuerza que en ninguna otra parte del Tercer Mundo, pero el ímpetu liberal en cambio, ha sido del todo erradicado, ya que su lucha fundante es también la lucha contra los privilegios económicos arbitrariamente creados en favor de una clase nobiliaria, amiga de los discursos racistas y del amparo de la religión como arma manipuladora de las conciencias y supresora de la disidencia.

El liberalismo que emergió con la Revolución Francesa y la Independencia Americana, vino de la mano con los principios ilustrados y la masonería mundial. Explotó en Francia particularmente como la sublevación del Tercer Estado frente a la dominación psicológica, social y económica del clero y la nobleza que se pretendieron depositarios raciales de los últimos dominadores: francos y normandos, vale decir, el liberalismo que es producto de la ética protestante y de la ilustración nació con un fin claro: suprimir las franquicias aristocráticas y terminar para siempre con el despreciable discurso de raza y la viciada ética religiosa. Su lucha logró liberar buena parte de Europa, más no tuvo igual repercusión en los países septentrionales, donde el discurso de la dominación y la diferencia, reemergieron bajo nuevas formas. Tristemente Latinoamérica forma parte de aquellas regiones donde los mayorazgos no lograron ser extirpados.

Conclusión

La crisis del liberalismo en los países hemisféricos en parte es causa del despojo económico y tecnológico en el que subsisten 3/4 partes del planeta. No es muy factible creer ni en la libertad ni en el potencial de la propia voluntad cuando el entorno es peligroso y está surtido de pobreza, así mismo hablar de democracia en los mismos términos empleados en la Europa Occidental, en los países anglosajones o en las pujantes economías del Sudeste Asiático, es una verdadera aberración conceptual si lo llevamos al contexto del Tercer Mundo, escenario de una constante tirantez entre el régimen de derecho y el antiguo orden: racista, clasista y determinista con que fueron estructurados los Estados de esta parcela del mundo y antes que ellos los imperios en los que formaron parte.

La imposición de una minoría con privilegios económicos, culturales y sociales sobre la gran base de una población homogénea en condiciones de vida o sobrevivencia se llama a todas luces "dominación", aunque naturalmente ninguna sociedad podría sobrevivir racionalmente sin este marco de referencia: los mejores están llamados a ser políticos y representar al pueblo, una reina de belleza destaca sobre la media nacional, un hombre de negocios sabe como desmarcarse de la pobreza y un gran deportista no puede perder su cupo entre los mediocres.

Naturalmente no todos somos iguales, sin embargo cuando la virtud del carácter de unos pocos pasa a institucionalizarse como don hereditario o beneficio de un grupo particular, tal élite ya no está sujeta a la idea de progresismo liberal sino anclada en el antiguo orden, constantemente combatido en los países desarrollados (dentro de los cuales pancartas como "nothing is impossible" "do it" y "self made man" aún refuerzan la idea de que el esfuerzo compensa el cambio) pero resistido sin éxito en un Tercer Mundo, cada vez más ahogado en el pesimismo y en la búsqueda infructuosa de una alternativa capital al progreso y el estancamiento. En esta lógica progresan como respuestas radicales, el fundamentalismo religioso en los países islámicos o el comunismo trasnochado en varios puntos de Latinoamérica. Sabemos de sobra que el resentimiento es peligroso y esto ya quedó de manifiesto con la crisis y llegada del Tercer Reich a la Alemania herida en su orgullo tras la Primera Guerra Mundial y hoy por hoy con las redes del terrorismo islámico que operan dentro y fuera del Tercer Mundo y que cambiaron el curso de la historia tras los ataques del 11-S.

El actual espaldarazo entre liberalismo y Tercer Mundo va mucho más allá de las inconciliables distancias socioeconómicas o lo que para Marx es la histórica lucha del proletariado con la clase burguesa, viste a mi parecer matices que sobrepasan lo netamente económico. Pues como bien expresó Jotabeche en su momento: "los pobres han de ser indefectiblemente liberales" ya que a diferencia de lo que muchos piensan y otros tantos autores sostienen, el liberalismo no es bandera de lucha de quienes tienen sus vidas resueltas, sino de aquellos que pretenden cambiar el mundo, y tan importante como esto último: cambiarse a sí mismos.

Ser liberal es romper con el viejo orden y no procurarlo como hacen las ambiciosas élites de los países en desarrollo, que fagocitan para sí buena parte de la acumulación capitalista. Aquel que presenta como escusa los orgullos de raza y la segregación cultural, religiosa, económica y de todo tipo para mantener el estatus de injusticia, será siempre un declarado enemigo del liberalismo como también lo son comunistas, socialistas y nacionalistas, ya que en la visión liberal todo colectivismo peligra con convertirse en base de la segregación misma. El liberalismo es el cénit del humanismo, filosofía que comprende que al hombre sólo lo definen el carácter y sus acciones, no algo tan fuera de lugar y de sus posibilidades como el color de la piel o las creencias que cultural y epocalmente le tocó abrazar.

El liberalismo - reitero - no es el equivalente del capitalismo, menos de ese capitalismo depredador que hace más estragos en sociedades pobres (y afectadas en su más profunda autoestima por la eterna convicción de que existen ciudadanos de primera, segunda y hasta de tercera clase y que la gran mayoría no tiene ni tendrá nunca las mismas oportunidades), es a mi parecer un modo de ver la vida, que implantado en las mentes mutiladas del Tercer Mundo podría revivirlas y cambiar para siempre su forma de desenvolverse en torno a las oportunidades presentes.

Debo acotar que este cambio de mentalidad pasa por ahogar toda traza de superstición o rito involuntario, elevar el espíritu práctico, pensar en el ahora, restar importancia a las corrupciones del mercado, la política o a cualquier otra escusa institucional que signifique una traba mental a nuestros objetivos, desterrar también mitos sacro-santos que a los ojos de la ciencia y del hombre racional de nuestros tiempos, no vendrían a ser más que un cúmulo de promesas y leyendas incomprobables. El liberalismo es la dignificación del SER por sobre cualquier contexto o circunstancia. Mucho antes que éxito, riqueza material y proyección social el hombre debe ganarse así mismo y abrazar su autoestima ante cualquier eventualidad, quien ya haya saldado este paso sabe de sobra lo que quiere, lo que tiene y lo que puede lograr e inclúso está muy por sobre los miramientos del bien y el mal que emplean (aún con éxito) como medio de dominación las religiones y el fundamentalismo ético de la ley. No en vano escribió hace dos décadas Emerson que la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.

martes, 26 de octubre de 2010

Neo-orientalismo: La revancha de las ideas

De la Ciencia Política, tres de mis temáticas favoritas son las siguientes: 1) El dualismo Estado/individuo (en mi caso, visto desde la óptica liberal); 2) Las relaciones élite/sociedad y las estructuras de dominación y 3) la creación de identidad: ciudadanía o nacionalismo. Esferas indispensables para comprender cualquier estado de las relaciones político-sociales y a la vez muy interdependientes.
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Quienes siguen este blog (si es que los hay), habrán notado probablemente, que en los más de dos años que llevo escribiendo de manera independiente en esta bitácora, el tema más abordado ha sido sin duda el primero y al cual achaco siempre como corolario inmediato a los otros dos. Es después de todo el Estado el ente responsable de la "mistificación" o de la creación de "símbolos" identitarios, una institución espuria manejada por un cerebro elítico que pretende dar coherencia a una historia de pertenencia e identidad racial o cultural, muchas veces fundamentada en meras mentiras o verdades a medias, incomprobables o de un eco muy lejano con el fin de mantener aquel statu quo tan antiguo como el propio hombre y presente desde las estructuras tribales: la realidad de un "doble estamento": el de los gobernantes y el de los gobernados, diferencias nada sutiles a las que continúan aportando las distancias económicas, la falta de oportunidades, el racismo y la tradición nobiliaria, entre otras muchas variables.
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Como chileno, como sudamericano y así mismo como descendiente directo de inmigrantes, nació temprano en mí el inusual interés de enfocarme gran parte de mi vida en estas materias. Al estudiarlas, no creo estar indagando a un "otro", sino más bien enfocándome en mi mismo y en la extensa historia forjada tras de mí. De esta manera es probable que mi comprensión de doctrinas relativamente modernas como son el "orientalismo" o su secuela actual: el "neo-orientalismo" toquen una fibra más sensitiva que cerebral. Más aún tomando en cuenta que dos de mis cuatro abuelos son de orígen libanés.
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Pero ¿Qué es el orientalismo?, ¿A que refiere este concepto?, ¿Es otro"ismo" ideológico?, ¿Un orgullo y veneración de lo oriental o de lo asiático como tantos erróneamente suponen?, la respuesta es un tajante NO. Edward Said, fue tal vez el primer autor en enarbolar la bandera del orientalismo, para luego prenderle fuego y echar por el suelo toda la horda de prejuicios que lo constituyen. Desde su punto de vista, "orientalismo" es una construcción intelectual occidental fundada en reflexiones y tópicos ignorantes, imputados a las tradiciones y a la cultura de quienes habitan el otro lado del hemisferio. De esta manera, similar a la sarta de mentiras con que se tiende a constuír el sentido de pertenencia de las naciones, el orientalismo vendría a ser otro tipo de construcción, una de tipo etnocéntrico y hacia fuera, hacia todo lo extranjero, en especial: lo no europeizado, lo no judeo-cristiano, lo no democrático, etcétera, exagerando en tales casos todo aquello que resulte pintoresco o grotesco, tachándolo con cierto aire de superioridad. Del otro lado, reviene la actitud contraria: el occidentalismo, la animadversión prejuiciosa hacia todo lo occidental, algo de lo que también escribió mucho Said.
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No es extraño imaginar que en un mundo donde persisten tales criterios, el conflicto esté siempre latente, especialmente en países donde deben lidiar dos religiones o cosmovisiones distintas, algo que en el actual estadio de globalización que vivimos, es una realidad cada vez más palpable y preocupante, especialmente en el primer mundo. Y ahí tenemos a Sarkozy tratando de impedir el uso de la "burka" entre las mujeres islámicas o la amenazas de quema en masa del Corán de parte de un pastor evangélico (así son los fundametalistas religiosos, un verdadero asco!), a raíz de la construcción de una Mezquita en las cercanías de "la zona cero".
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La ignorancia es la única llama del espíritu que prende hasta con agua, por esa razón todo lo "indocto" es tan grandilocuente; especialmente aquello en lo que ha mediado una especie de adoctrinamiento o lavado de cerebro, como ocurre justamente con el nacionalismo exacerbado y la religión. En medio de esta selva y haciendo justicia a la verdad como el filósofo (que no se conforma con ver el contorno de las sombras), surjen desde la vereda de la experiencia, con un pie en el Levante y otro en los Estados Unidos (actual cuna de la metafísica occidental), escritores como los que quiero presentar hoy, todos de orígen palestino o libanés, con un interés en común: mutilar el etnocentrismo, poniendo en evidencia la excesiva carga idealista que corre tras los bastimentos del orientalismo y del occidentalismo, analogamente.
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Conozcamos parte de sus biografías.
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EDWARD SAID (1935-2003)
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Muchos le llaman el "padre del orientalismo", aunque en tales casos el concepto está mal dimensionado. Said, no era un abanderado del "espíritu oriental", sino más bien un analista que con flagrantes argumentos históricos y denunciando el peso de los hechos, plasmó en sus libros, entrevistas y ensayos; la fragilidad de los dogmas de occidente en relación a medio oriente y viceversa. Una serie de inexactitudes arrastradas desde la antiguedad o la Edad Media; periódo en que ambas regiones se consideraron enemigos religiosos y se atribuyeron de manera mutua una serie de "mitos" denigrantes.
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Said nació en una familia cristiano-palestina de Jerusalén, que tras la ocupación israelí se vió obligada a emigrar primero a El Cairo (Egipto) y luego a los Estados Unidos, de estos eventos provino su tacto cosmpolita, como así mismo no fue extraño que desarrollara cierta enemistad hacia el sionismo, al que habría considerado como otro constructo nacionalista fundado en la pertenencia más religiosa que racial de los judíos del mundo, llamados a hacer nuevamente patria en Medio Oriente.
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Además de prolífico tratadista y filósofo, Said fue también activista político y músico docto, llegando a entablar gran amistad con el pianista argentino Daniel Barenboim, sobrellevando en este sentido cualquier prejuicio estúpido que desúne, como son la política o la raza (Barenboim es hijo de inmigrantes judíos) y tendiendo un puente a través del arte, juntos formaron luego una orquesta exclusivamente constituída por jóvenes árabes y judíos: la West-Eastern Divan, llamada en parte a romper el hielo entre ambas naciones, unidas por el hilo de la historia y un orígen más común de lo que se cree.
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En sus últimos años de vida, se instaló un tiempo en los territorios palestinos, para empaparse entre quienes consideró "su gente" en el polvorín del activismo. De estos años se intenta opacar la parte pacifista de su biografía, recalcando un hecho en particular: cierto día se vió preso de un arrebato de ira al ver como unos tanques israelíes pasaban por encima de propiedades palestinas, como uno más de los civiles descontentos, Said comenzó a lanzarles piedrazos desde cierta distancia. Falleció el 2003, dejando tremendas obras como "Orientalismo" de 1978, "Cultura e Imperialismo" del 93 y "El fin del proceso de paz" del 2000, de gran cuantía para analistas interesados en el conflicto árabe-israelí.
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RASHID KHALIDI

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Escritor e historiador neoyorkino, de padre palestino y madre libanesa. A Khalidi se le reconoce como continuador del legado de Edward Said y en tanto como uno de los máximos exponentes del neo-orientalismo. Debido a su religión musulmana y a que se manifiesta abiertamente como anti-sionista, lo que no es equivalente (necesariamente) del antisemitismo, ha generado una y otra vez ronchas entre sus detractores, en especial las élites judías de EEUU, de conocida influencia en el Gobierno y los medios de comunicación.
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En su libro "Identidad Palestina", Khalidi reconoce que aquel nacionalismo es relativamente nuevo y nacido prácticamente de la nada, construído en base a las circunstancias de una recolonización hebraica durante el siglo pasado y que incomodó tal vez de manera tardía a los árabes de la región. De la opresión del pueblo israelí, nacería finalmente la verdadera identidad palestina, forjada en la impotencia, el dolor y la desdicha común de tener que convivir con una nación más poderosa, que paulatinamente les fue ganando terreno y desplazándolos de la que siempre habrían considerado "su tierra" (eso finalmente no es tan así) o tierra de los árabes y tratándolos en el intertanto como un escollo a sus fines.
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Según Khalidi, en general todos los nacionalismos árabes son de creación muy reciente y en parte inducidos por la influencia europea en la región, en su condición de ex-protectorados. De hecho así como el nacionalismo libanés busca la individualidad, desligándose del resto de pueblos de lengua árabe (palestinos, sirios, jordanos, etcétera) para formularse sobre un pasado fenicio, el nacionalismo palestino se fundamentaría en otra inexactitud: tomando la nación su nombre de los "philistinos" o "filisteos", aquella extinta civilización enemiga y opresora de los antiguos judíos y a la que según el mito perteneciera el gigante Goliat, decapitado posteriormente por el Rey David.
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Para Khalidi, e igualmente para quien escribe estas líneas, la idea de una identidad árabe es también muy confusa, debido a la muy improbable homegeneidad racial y cultural de los pueblos que manejan aquel idioma, de hecho el árabe no es más que eso: una lengua y no una raza, como así mismo no toda la gente que habla español son ibéricos. Otro de los criterios presto a confusión del orientalismo, guarda relación con la religión: en particular, la percepción occidental del islam, una religión en plena expansión, vista por muchos postapocalípticos como "semillero de maldad", pero que en el fondo posee tantas aristas que enumerarlas no viene al caso y será tarea para un próximo post. El islam ultraconservador y el islam progresista varía de país en país y de región en región, de tal manera que un shiíta en Malasia no es el equivalente a un occidentalizado sunita en Estambúl o de un converso europeo en Lóndres.
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Finalmente, hay que destacar que Rashid Khalidi es un amigo cercano de Barack Obama, lo que en otro tiempo trajo algunos contratiempos al Presidente afro-americano, debido al siempre persistente lobby judío y su tendencia a satanizar a todo aquel que se muestre en franca oposición a sus estrategias o políticas. Cito a continuación palabras textuales del autor: "El que los israelíes se dediquen a maltratar a otro pueblo (a los palestinos) resulta a todas luces paradójico, puesto que muchos descienden de víctimas de la persecución, los pogroms y los campos de concentración".
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JAMES ZOGHBY
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Académico libanés-americano y presidente del prestigioso Arab American Insitute. De naturaleza muy conservadora y a diferencia del crítico constructivista anterior (Khalidi), bastante apegado también al nacionalismo americano.
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Zoghby encarna una importante posición, en representación de la estimable y no tan pequeña comunidad árabe de los Estados Unidos, también lo hace como portavoz de los países de orígen, extendiendo aquel puente tan necesario para la conciliación de los pueblos.
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Humanista, doctor en economía y experto en religiones, ha canalizado su lucha contra el etnocentrismo de occidente, mediante fórmulas liberales destinadas a minimizar la discriminación y a fomentar el conocimiento multicultural. Sin ir más lejos, la comunidad árabe en Estados Unidos tiene la misma data en aquel país que la de inmigrantes italianos, judíos y europeos orientales, todas por igual, vistas en menos en un primer momento como aporte formativo y valórico a la sociedad americana o consideradas apenas como "mano de obra barata", pero que sin embargo, en muy poco tiempo dieron vuelta tal persepción ayudando a fortalecer la cultura (tornándose inclúso ultra-nacionalistas) y al desarróllo económico sostenido del país.
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Los árabes llegados principalmente de países como Líbano o Siria, ayudaron a engrosar las listas de profesionales, empresarios y académicos, al punto de que algunos de sus descendientes lideran hoy grandes firmas nacionales como Apple (en el caso de Steve Jobs). En un mundo tan globalizado, pero a la vez tan segregador, gente como Zoghby pretende destacar el gran valor de la diversidad y el cómo después de tantas décadas, el aporte inmigrante continúa vigorizando al progreso americano, así mismo se vuelve a mirar atrás, a los hermanos de sangre que quedaron lejos, desprovistos muchos de iguales oportunidades para surgir en la vida, opacados además por la ignorancia y los prejuicios occidentales que ellos a toda costa están dispuestos a borrar, con ningún mejor respaldo que el de sus propios ejemplos y éxito.
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lunes, 26 de abril de 2010

Donde muere el liberalismo

Herencia de la ilustración francesa y del iluminismo, corolario inmediato del renacimiento. La doctrina liberal posicionó al ser humano, en el espacio que ántes ocupaba la omnipotencia de Dios y sus representantes terrestres: el Rey, la nobleza, el papado, el clero, etcétera.
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Accionar burgués en el curso de la historia, el liberalismo nació como movimiento urbano, ligado a banqueros, comerciantes y funcionarios del Estado. Levantó en armas la revolución y vino a enarbolar por primera vez la bandera de la igualdad y de los derechos humanos, arrasando con estamentos y privilegios, le tumbó también los pilares al estatus racista en occidente y acabó nominalmente con la esclavitud. La república fue su legado a la humanidad, lo mismo que la "autodeterminación de las naciones" su propósito más ambicioso.
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Pero el liberalismo es burgués por donde se mire, es reaccionario y enérgico defensor de la ley y fenece bajo su imperio, la constitución política lo contiene, es su biblia de vida, deja de existir en el terreno de lo "inconstitucional". Surgió como veladora ontología del individuo por sobre la supremacía estatal y las distintas formas de colectivismo (comunismo, religión, socialismo), pero cayó por igual en la trampa, dejando de luchar donde la ley ya no enmarca, sin importar que en paises como el nuestro, "quien hace la ley, dispone el privilegio" y los privilegios desde luego, son monopolio de una clase parasitaria tan detestable como la que tuvo que enfrentar el liberalismo en sus orígenes.
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Ahí donde muere el liberalismo (bajo el imperio de la ley), un concepto más moderno ha venido a rondarlo, es la palabra "libertario", asociada en algunos países del primer mundo a la izquierda, pese a ser secuela irrestricta de las auténticas bases del liberalismo. El libertarianismo desprecia todo tipo de privilegios chupasangres (de forma transversal a las distintas clases sociales), y se alza como bandera de lucha ahí donde la ley acomoda a "los muchos" o "los pocos con poder", para hacer valer el principio de la individualidad y redireccionar a la democracia.
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Donde la ley es incompleta o confusa frente a la igualdad de género, resurgirá la pancarta libertaria del feminismo. Cuando afecte a minorías étnicas, religiosas o sexuales, sus defensores estarán adscritos a la ideología. El libertarianismo es la perfección del credo liberal, una mediación constante entre anarquía y democracia, entre insurrección frente al status y acuerdo, una dialéctica que conjuega descontento y poder, su finalidad última es hacer públicas las injusticias o vacíos legales, e instalar su lucha en las agendas de gobierno.
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Donde muere el liberalismo, es donde mismo tiene posibilidades de renacer, en nuevas "fisuras generativas" que den pie al rediseño instutucional, para evolución certera de la democracia, vocación liberal por excelencia. Es necesario hoy en día hacerse cargo de la palabra "libertario", verdadero sinónimo de progresismo. Esta bitácora no se reconoce así misma como liberal, sino más bien libertaria.

martes, 30 de diciembre de 2008

Terroristas y mercenarios. La determinación hace la diferencia

Que la guerra es un negocio, ya es una apreciación muy pasada de moda, pero que no deja de ser verdad. La guerra es un simple instrumento, instrumento mediante el cual los intereses económicos y de poder de grupos privilegiados, son defendidos a costa de la sangre y sufrimientos de inocentes víctimas, mientras quienes se ensucian las manos y arriesgan sus vidas, son cándidos e ignorantes, unos pobres idealistas a quienes se hace fácil lavarles el cerebro con la religión o con el Estado (ambos ideales valen una somera mierda) y por otro lado puede que se trate de verdaderos desalmados, carroñeros dispuestos a correr todo tipo de suerte con tal de recibir una mísera paga, y en este caso ya no hablaríamos de soldados comunes ni corrientes, esas pobres almas quijotescas, sino de mercenarios, una especie de sicarios sin patria.
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TERRORISTAS
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Un guerrillero palestino

Terroristas vascos
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El terrorismo, provenga de donde provenga, es en mi opinión la más indigna imágen de la guerra o del conflicto. Terrorista es aquel que lucha por la liberación de su pueblo, patria o nación o de su gente, reconociendo a sus comunes entre quienes comparten una misma historia, un mismo territorio, una lengua en común, raza (concepto complejo, porque no existen las razas puras) o religión. Reconoce en cambio entre sus enemigos a quienes no comparten rasgos culturales afines, sea la religión o inclúso una visión de sociedad. Ese enemigo necesariamente debe estar disputando algun recurso que el terrorista considera propiedad de su colectivo, pudiendo ser tierras, recursos minerales, etcétera.
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El conflicto palestino-israelí, la disidensia euskerra, las diversas guerras que enfrentaron a los Estados de la ex-Yugoslavia en los noventa o incluso el enclaustramiento mapuche, son el más claro ejemplo de un caldo de cultivo para el terrorismo.
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El terrorista surge en un clima de odio y sufrimiento, por lo general ha visto a familiares o amigos perder la vida bajo ataque, interiorizando como efecto calmante el cúmulo de ideales (terrenales y épicos) de su Estado fallido o en ciernes (en el caso palestino). Están dispuestos a vivir una vida más breve y a autoinmolarse a título de lo que dicen defender, pero sin antes provocar el mayor daño al enemigo. Reconocen un honor morir como mártires, por lo tanto actúan como juguetes, instrumentos y armas vivientes al servicio de otros hombres, menos de ellos mismos.
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A algunas personas les gusta hacer diferencias entre el terrorismo común y el terrorismo de Estado. A mi en cambio todo terrorismo me parece que es terrorismo de Estado, desde el momento mismo en que estos pobres e ingenuos mártires, llamados terroristas, no actúan por moral propia, son absolutamente manipulados por el establishment y el establishment por lo general aplaude y honrra tales actos de estupidéz humana.
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MERCENARIOS
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Representación de los jenizaros, mercenarios turcos que dieron auge al Imperio Otomano.

Mercenarios modernos. Un batallón filipino de soldados a sueldo en Irak.
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El mercenario es el opuesto del terrorista. No los mueve a estos más moral, ni motivación que el beneficio propio. Sirven a un Estado sólo en la medida que reciban una buena paga, siendo sus lealtades siempre el elemento más débil y que puede jugar en contra de quienes clamaron sus servicios.
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¿Cuando surge un mercenario?; Al mercenario lo hace la oportunidad y como su negocio es la guerra, existe para suplir el espacio de aquellos ciudadanos que no pretenden defender a su Estado, porque han perdido su fe en él o porque simplemente no les interesa morir en nombre de tontos ideales falsos e impuestos. Asi los civilizados romanos en el ocaso del Imperio Romano de Occidente, tenían otras mil ocupaciones artísticas e intelectuales, pero en ningún caso la guerra, siendo suplido este vacío de las tropas latinas (antaño el orgullo de aquel imperio) por barbaros de orígen celta, eslavo, libio, germano, árabe o asiático y como eran mercenarios, sus lealtades fueron débiles, encontraron muchas veces mejores motines uniéndose a los pueblos enemigos y se volvieron progresivamente contra Roma.
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Asi ocurrió también con el imperio islámico a mano de los árabes, que tras depender de mercenarios centro-asiáticos (ancestros de los actuales turcos), terminó siendo absorvido por los mismos, una raza de bárbaros decendiente de los hunos, los medos, los escitas y los pueblos indomables de las estepas. De esta forma surgió el Imperio Otomano, el más semptiterno en la historia de la humanidad.
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Pero de migrantes mercenarios se configuró también nuestra propia historia. Los primeros españoles en llegar a América, no fueron todos evangelizadores, ni mucho menos nobles trotamundos, sino cazarecompensas, buscadores de oro y exclavistas de primera, que se creyeron con el derecho legítimo de urtar, ultrajar y denigrar tanto las básicas como también las más avanzadas culturas y civilizaciones que aquí ya existían.
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LAS DIFERENCIAS NO SON SUTILES
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De esta manera, el mercenario vendría a ser la versión más pobre y denigrada del "capitalista de guerra" y el terrorista en cambio es un verdadero patriota que nos demuestra que el altruismo sincero en algunos casos sí existe, pero es infértil y carece de todo sentido. Un hombre que vive para fines que no son los propios, no vive realmente. Pero el terrorista nace y muere en un clima de hostilidad y es díficil (sino imposíble) querer comprender el funcionamiento de su mente e ideas desde fuera de aquel contexto.
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Asi y todo, mercenarios o terroristas, ambos son detestables. Porque la guerra es desde todos los puntos de vista aborrecible. Por tanto quienes tienen por función en la vida matar (aunque sólo quepa como una posibilidad) a otros seres humanos, debieran vivir como vivieron los verdugos en la Edad Media, ignorados por toda la humanidad y ocultos entre las sombras, para surgir sólo cuando la sociedad les diera el permiso (ilegítimo) de actuar. En mi opinión ser militar y vivir para la guerra, es una actividad que denigra a la especie humana. Tristemente son los primeros en ser sacrificados como carne de cañón de los ejércitos y de las naciones, y cuando así ocurre, terminan con poco más que un pobre reconocimiento sobre lápidas de mármol.
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