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jueves, 20 de octubre de 2011

GADAFI HA MUERTO. Permítanme dudarlo

Con la agudeza característica de los eruditos en Política Internacional, la semana recién pasada -en una magistral clase dictada en la Universidad de Chile- el profesor trasandino: Ricardo Elía sentenció lo que no es más que una gran verdad respecto a la relación del Imperialismo (en otros tiempos británico y actualmente norteamericano) con los tiranos del Tercer Mundo y particularmente de Oriente Medio, ellos dirían lo siguiente: "Nosotros los creamos, nosotros los elimamos" y cuanto más óptimo si dichos esperpentos son megalomaníacos, porque qué mejor subterfugio que ese para invadir los países, abanderizados en una falsa voluntad democratizadora, que dicho sea de paso nunca se consolida.

Bueno, sólo basta con revisar la historia más reciente para darle la razón a tan avezado catedrático:
  • Saddam Husein [Irak] (1937-2006): Aliado del régimen norteamericano en los años '80 (particularmente en la guerra con Irán de aquella década). Dos décadas más tarde, Estados Unidos lo sentenció a pena capital bajo los cargos de genocidio, violación a los derechos humanos y producción de armas de destrucción masiva (más tarde se comprobaría la no veracidad de este cargo, utilizado como escusa para invadir el país árabe).
  • Osama Bin Laden [Arabia Saudita] (1957-2011): Aliado del régimen norteamericano en la resistencia afgana contra la Unión Soviética en los años '80. Dos décadas más tarde, Estados Unidos dictó orden de capura internacional, bajo los cargos de liderazgo de la -supuestamente existente- red terrorista Al Qaeda, autoría intelectual en múltiples atentados a embajadas americanas durante los años '90 y el ataque a las Torres Gemelas del año 2001.
De más está decir que ni Irak ni Afganistán habían conocido épocas de mayor inestabilidad política y social que la actual (¿dónde está la bendita democracia que preconizaron hace ya casi una década?). La invasión norteamericana y la penetración de fuerzas de la ONU, han sido simplemente nefastas y continuarán siéndolo mientras persistan los intereses imperialistas en la región. ¿Qué se espera para Libia?. "Liberación y democracia" aseguró con su ya característica y patética verborrea el cínico de Obama.

lunes, 4 de julio de 2011

Capitalismo y liberalismo en el Tercer Mundo


El presente es un ensayo amplio que cubre varias aristas de una misma temática, por esta razón y dada su inusual extensión lo ofrezco además como archivo en .pdf (descarga
aquí) para que pueda ser leído y profundizado más allá del breve lapso que concita la revisión de un post normal.

I

Hoy es más patente que nunca el hecho de que la sociedad global avanza hacia las disposiciones de un "capitalismo depredador" mundializado, supresor de la espiritualidad y de la fraternidad comunitaria. El materialismo es la nueva religión occidental, internacionalizada a través del brazo imperialista del bloque de países industrializados, que para mantener su estatus de liderazgo, deben desde luego procurar el neutralismo y estancamiento del Tercer Mundo, sofocar subliminal o manifiestamente el progreso económico de los países pobres, que por otra parte ya no son considerados exclusivamente como los portadores de las materias primas, sino también como una "maquinaria proletaria" que junto con encarnar el principal engranaje de la industria (y a un bajo precio) se ha tornado en una masa consumidora, esclava del débito a las empresas transnacionales de productos y a las élites económicas que pululan entorno al sector del retail.

Perder buena parte de tu vida en sacrificadas jornadas de trabajo por un sueldo regular o más bien miserable, para luego destinar en su totalidad aquel poco ingreso mensual al abusivo interés crediticio de los reducidos grupos económicos nacionales y/o extranjeros que se llevan las ganancias al bolsillo o invierten fuera del país (la creciente fuga de capitales), es la insostenible realidad que enfrenta hoy el Tercer Mundo, y que en este preciso momento ha reventado por todos lados. Ejemplos resaltan a la vista: las prolongandas marchas en España y Grecia a raíz de la precariedad en los puestos laborales y el bajo ingreso, marchas de los estudiantes chilenos por democratizar el ingreso a la educación (el gran valor liberal) y arrebatar este legítimo derecho de manos impropias que se acabronaron hace tiempo con este bien público, ofreciéndolo como servicio de acceso exclusivo - al menos en lo tocante a la excelencia - al mejor postor.

A cada segundo vemos como la impotencia de comprenderse fuera del sistema y alejados de la mano del desarrollo, explosiona de diferentes maneras en el Tercer Mundo, ej: retrospectiva a la religión y a las glorias del pasado el el Mundo Árabe e islámico, además de polarización, fundamentalismo y terrorismo contra intereses de los Estados capitalistas (ej: ataque a las embajadas) y de las élites dominantes rendidas a su yugo o compradas por intereses a las que sólo ellas tienen acceso en detrimento de la nación estancada y empobrecida. En Latinoamérica, la escalada del resentimiento social, el incremento del armamentismo y del narcotráfico como respuesta a la falta de posibilidades y forma de acceso a la gran aspiración capitalista, como así mismo una creciente desaprobación a la clase política tradicional - independiente si militan en la izquierda o en la derecha - se tornan en las señales de un alarmante descontento que pone en hilo de duda el funcionamiento de las instituciones y en jaque el futuro del Estado y de la política.

Tal cual los tiempos del Imperio Romano, el planeta sigue siendo epicentro de la dominación y de un distanciamiento inconciliable entre los pocos miles que configuran el quintil de los poderosos y el gran grueso de la población global, la salvedad es que hoy en día los recursos no son conducidos a Roma, sino canalizados a los países industrializados y en especial a los del Atlántico Norte, mismos que dieron origen a la organización territorial del Estado-Nación tras la parcelación de Europa Occidental en unos cuantos reinos de élite germánica y sometidos a la institución del feudalismo. Tras el triunfo, las externalidades y los estragos de la Revolución Industrial, el modelo de Estado-Nación fue exportado por las nuevas potencias capitalistas que fragmentaron el mapa mundial bajo la excusa de una política de autodeterminación de los pueblos, la cual desde luego apuntó a sus propios intereses y no a la armonía con los países explotados. Esta antojadiza repartición del Tercer Mundo tuvo como garante primero a la Sociedad de Naciones y décadas más tarde a la ONU que en palabras del realista y honesto Trasímaco, no vendrían a ser realmente organismos velatores de la paz o de la justicia global, sino más bien instrumentos planificados para satisfacer las demandas del más fuerte.

II

En este nuevo contexto de sociedades privilegiadas y sociedades explotadas, la democracia como tal aviene sólo a los países ricos, mientras que en los pobres no es más que un discurso con mucho eco: una especie de pretensión o ensayo. Aquellos Estados en posición de influir - aunque sea débilmente - en las condiciones de la economía global y que puedan sustentar los mínimos derechos y demandas internas, son caldo de cultivo propicio para los principios democráticos verdaderos y acordes a la era en curso, al resto sólo podemos mencionarlos como democracias incompletas, fallidas, impopulares, etcétera.

En realidad un Estado democrático es aquel que ya no necesita reestructurarse y donde los derechos y demandas civiles están ampliamente cubiertos, como así mismo las nuevas visiones y necesidades son constantemente agendadas conforme avanzan los tiempos, producto de la movilización social, la correcta representación política de los diferentes grupos en el Congreso y de un espíritu societal pluralista y libertario. Diferente tónica la de gran parte de los países en el Tercer Mundo que se consideran así mismos revolucionarios, pues en ellos queda todo por hacerse, configurar no sólo las instituciones sino también la comunidad, sus valores y sus límites, en ellos el libertarianismo y el espíritu progresista que abraza y promueve los cambios sociales, ha sido históricamente reemplazado por una ética constitucionalista y por la sacralización de las leyes, para enmarcar los derechos de la comunidad (con más prohibiciones, responsabilidades civiles y ambiguedades que libertades plenas) y de esta manera mantener la estabilidad de las cada vez más despóticas élites.

La razón por la cual el Tercer Mundo continúa orbitando en torno al discurso socialista y beneficiando las tendencias comunitarias se debe a que en él han fracasado todos los proyectos nacionales claves hacia el desarrollo, más no por carencias propias sino por la incompetencia y el boicot de las élites locales, más tendentes a interactuar con el Primer Mundo que a volcarse al fervor nacionalista. La recurrente satanización que hacen del liberalismo algunos taciturnos intelectuales del Tercer Mundo responde a su conexión de facto con el capitalismo (y por ende el imperialismo actual), producto de que ambos son valores generados por la ética protestante y en tanto achacables al occidentalismo. Sin embargo basta con revisitar los principios de Smith, Locke, Emerson o Weber para percatar que dicha ética no tiene que ver del todo con el utilitarismo materialista sino más bien con el espíritu práctico, con la voluntad emprendedora y la valoración de la realidad objetiva, todo lo cual desde luego pasa por satisfacer ciertas demandas materiales del hombre, pero también por cubrir necesidades espirituales que guardan relación con la identificación comunitaria, el intelecto o la paz mental.

Muchos de los primeros liberales como Thomas Jefferson o los escritores chilenos Blest Gana y José Joaquín Vallejo hicieron patente su condena del materialismo, a la par del clasismo y del racismo de la época, los cuales en su visión no eran más que discursos tendientes a prolongar el estatus esclavista del hombre y por tanto la naturaleza pre-ilustrada de las sociedades. Las ideas que dan fuerza al liberalismo son la razón, la libertad, la independencia, la pluralidad, la voluntad y el contrato (voluntad pactada), de sus pregorragativas sobre la libertad de expresión y pensamiento se tomaron partido a principios del Siglo XX ideologías mucho más radicales como el comunismo y el socialismo y hasta a los más impropios nazismo y fascismo, basados en la idea nietzscheana del Súper Hombre (a todas luces liberal) a quien en el caso alemán colgaron como atributo la raza aria germánica, en la Italia de Mussolini el orgullo por la antigua Roma y en el caso de los turcos post-otomanos, un espíritu panturiano. Ya sea de manera reaccionaria o progresiva, todas las ideologías que coparon los últimos dos siglos tienen fundamento en el liberalismo.

III

En la Ética Protestante y El Espíritu del Capitalismo, Max Weber dejó en manifiesto que la acumulación no es propia de las sociedades protestantes, sino más bien de las mediterráneas (pautadas por las religiones católico romana, cristiano ortodoxa e islámica y todas las tradiciones que les antecedieron), no es de extrañar que dentro de este submundo (del cual por rebote forma parte también Latinoamérica), el capitalismo renuncie a su esencia liberal y a la idea del emprendimiento limpio, para confundirse en un cúmulo de vicios como son la sociedad fragmentada y el materialismo elítico, eterno símbolo de estatus en sociedades que emergieron en torno a la diferencia y donde los hombres jamás fueron considerados del todo iguales.

En el norte de Europa de donde provienen la ética protestante y el verdadero espíritu del capitalismo, las desigualdades fundantes (de raza y estratificación laboral o social) no son tan marcadas como en el sur y en el mediterráneo, un bloque que desde siempre conoció la dominación histórica de reducidos grupos, que bajo pancartas como la pureza de la raza o la descendencia de los linajes colonizadores, se las arreglaron siempre para anichar las mejores parcelas de poder, pulverizando a nivel psicológico el principio de la igualdad en las masas, esto en parte implica también el nacimiento de más organizaciones deshonestas en el sur del mundo (tales como La Cosa Nostra) que en el norte, las cuales a la vez engloban una sublevación de tipo político contra la dominación, tal Al-Qaeda o Hezzbollah del nuevo milenio, contraatacando intereses del actual imperio.

El capitalismo en el Tercer Mundo, ciertamente continúa operando en favor de las élites y tal vez sólo porque esas élites no se sienten parte del proyecto nacional que están llamadas a liderar o por otra parte han trasladado sus lealtades a los Estados industriales que mantienen en vigencia su negocio, olvidándose de su función nacionalista en la política y en la economía. Tristemente esta realidad no puede cambiar de la noche a la mañana, pues de alguna manera mientras más pobre es un país, más paulatino será su distanciamiento del desarrollo y aunque emerjan de vez en cuando elementos revolucionarios dentro de la élite, y comprometidos con un proyecto nacional verdadero (personajes como Hugo Chávez, Mahmud Ahmadineyad o Gamal Abdel Nasser) estos tarde o temprano se verán aislados y tornarán impopulares en su propio domonio, ya que si bien tienen poder de enclaustrar a sus países temporalmente, no logran ningún avance en concreto si no pueden influir en el Sistema Internacional ni negociar nada con él.

El sino de los Estados revolucionarios es que sólo terminan perjudicándose a si mismos, bloqueados y boicoteados por las potencias. Su revolución es el precio del hambre. Por tanto el estancamiento del tercer mundo no puede solventarse con una erradicación de los principios liberales, sino todo lo contrario, conviene madurarlos: bombardear a las sociedades del Tercer Mundo con ideas sobre la autodeterminación, el gran valor del ahorro y del trabajo y la supresión de mitos paralizantes e irracionales (religión, tradición, privilegios, inmovilismo etcétera), romper con la ignorancia, la resignación y el conformismo es la única manera de compactar la distancia entre el pueblo y sus élites, jugar el juego de los poderosos y con sus propias bases (como el esclavo que dejaba de serlo tras conseguir el título de ciudadano romano) es el único camino posible para nacionalizar el desarrollo, que hoy por hoy sólo están gozando las élites económicas y políticas en el oriente y occidente pobre.

Siempre han coexistido dos mundos (hemisférico e industrializado) no sólo a nivel de los Estados sino en los Estados mismos. Por lo tanto el quiebre élite/sociedad en el Tercer mundo no es algo que debamos adjudicar al imperialismo moderno sino más bien a la propia historia, aunque no es menos cierto que las disposiciones actuales han complejizado la relación de fuerzas y amplificado aún más las distancias económicas y sociales, de ahí el creciente descrédito a la clase dirigente en nuestros países. Por otra parte la mejor evidencia de que el capitalismo (totalitarismo económico) y el liberalismo (ideología de la determinación individual) no siempre van de la mano, se ve expresada hoy en día en el Tercer Mundo con el creciente auge del primero y del decaimiento discursivo del segundo y esta razón es muy simple: ni la democracia ni el liberalismo pueden prosperar donde no exista plena igualdad de derechos ni transversalidad de oportunidades para todos los niveles de la sociedad, en cambio el capitalismo prolifera en cualquier contexto, y en aquellos donde la igualdad esté en tela de juicio, será cercado exclusivamente por las clases privilegiadas.

IV

Para renacer en el Tercer Mundo, el liberalismo debe desmarcarse de los logros y fracasos del pasado. En algún momento su ética universalista, integracionista y humanista terminó cediendo terreno al constitucionalismo, transmutándose luego la ley en marco sagrado de la vida social. Para mantenerse en el poder, las élites la han hecho repetar con autoridad de hierro, replegando las fuerzas represivas en todo momento que el pueblo, presionado por sus angustias, decide sublevarse. Esta es una de las razones por las cuales muchos pensadores y tratadistas impugnan al liberalismo ser causa de los males del Tercer Mundo, aunque para los liberales revisionistas y de tradición como Hayek, es un error considerar que el liberalismo muere en la constitución, ya que las leyes no deben ser jamás de largo aliento, sino ir variando conforme el contexto.

Es un impulso conservador y anti-liberal el inmacular las leyes o mantener en vigencia constituciones polvorientas y caducas, liberal en cambio es consolidar la voluntad y el progreso ético, espiritual y material del hombre a lo largo de todas las generaciones, sin un ápice de apego a la idea de atemporalidad. Todo constitucionalismo férreo es un discurso viciado y peligroso como lo es la interpretación ortodoxa o purista ley religiosa (llámese Islam, Cristianismo o Judaísmo), ningún orden que prive de márgenes libertad y cambio, puede ser considerado nunca liberal.

Toda defensa del liberalismo, debe comenzar por separar las aguas y menguar las potenciales conexiones (dadas por lógicas por muchos autores) con el capitalismo. Cabe analizar por otro lado si realmente la actual crisis del Tercer Mundo tiene más que ver con el capitalismo que con la insostenible - e histórica - condición de sociedades bipolares, engendradas bajo un estatus de diferencia que nunca fue del todo solventado. Curiosamente hasta en Estados Unidos, donde hasta bien avanzados los años '60 existía una manifiesta segregación hacia el pueblo afroamericano, la actual integración política, económica y social de las diferentes naciones está al día de hoy más consolidada que en muchos Estados de Latinoamérica, algunos de ellos menos complejos en el crisol racial como el propio Chile, con su trascendental clasismo y atropello de la raza autóctona. No cabe duda de que no es el capitalismo, sino un viejo orden (racista y discriminatorio) el que no ha permitido en estos confines ni la movilidad social ni la integración de los históricamente rezagados al desarrollo.

Más torcida aún la situación de países como Arabia Saudita o el pequeño sultanato de Brunei, creados a la medida de monarcas escandalosamente ricos (dueños de toda la producción nacional) que se echan al bolsillo sociedades paupérrimas en lo económico. El capitalismo que no está provisto de espíritu, puede que haya triunfado aquí con más fuerza que en ninguna otra parte del Tercer Mundo, pero el ímpetu liberal en cambio, ha sido del todo erradicado, ya que su lucha fundante es también la lucha contra los privilegios económicos arbitrariamente creados en favor de una clase nobiliaria, amiga de los discursos racistas y del amparo de la religión como arma manipuladora de las conciencias y supresora de la disidencia.

El liberalismo que emergió con la Revolución Francesa y la Independencia Americana, vino de la mano con los principios ilustrados y la masonería mundial. Explotó en Francia particularmente como la sublevación del Tercer Estado frente a la dominación psicológica, social y económica del clero y la nobleza que se pretendieron depositarios raciales de los últimos dominadores: francos y normandos, vale decir, el liberalismo que es producto de la ética protestante y de la ilustración nació con un fin claro: suprimir las franquicias aristocráticas y terminar para siempre con el despreciable discurso de raza y la viciada ética religiosa. Su lucha logró liberar buena parte de Europa, más no tuvo igual repercusión en los países septentrionales, donde el discurso de la dominación y la diferencia, reemergieron bajo nuevas formas. Tristemente Latinoamérica forma parte de aquellas regiones donde los mayorazgos no lograron ser extirpados.

Conclusión

La crisis del liberalismo en los países hemisféricos en parte es causa del despojo económico y tecnológico en el que subsisten 3/4 partes del planeta. No es muy factible creer ni en la libertad ni en el potencial de la propia voluntad cuando el entorno es peligroso y está surtido de pobreza, así mismo hablar de democracia en los mismos términos empleados en la Europa Occidental, en los países anglosajones o en las pujantes economías del Sudeste Asiático, es una verdadera aberración conceptual si lo llevamos al contexto del Tercer Mundo, escenario de una constante tirantez entre el régimen de derecho y el antiguo orden: racista, clasista y determinista con que fueron estructurados los Estados de esta parcela del mundo y antes que ellos los imperios en los que formaron parte.

La imposición de una minoría con privilegios económicos, culturales y sociales sobre la gran base de una población homogénea en condiciones de vida o sobrevivencia se llama a todas luces "dominación", aunque naturalmente ninguna sociedad podría sobrevivir racionalmente sin este marco de referencia: los mejores están llamados a ser políticos y representar al pueblo, una reina de belleza destaca sobre la media nacional, un hombre de negocios sabe como desmarcarse de la pobreza y un gran deportista no puede perder su cupo entre los mediocres.

Naturalmente no todos somos iguales, sin embargo cuando la virtud del carácter de unos pocos pasa a institucionalizarse como don hereditario o beneficio de un grupo particular, tal élite ya no está sujeta a la idea de progresismo liberal sino anclada en el antiguo orden, constantemente combatido en los países desarrollados (dentro de los cuales pancartas como "nothing is impossible" "do it" y "self made man" aún refuerzan la idea de que el esfuerzo compensa el cambio) pero resistido sin éxito en un Tercer Mundo, cada vez más ahogado en el pesimismo y en la búsqueda infructuosa de una alternativa capital al progreso y el estancamiento. En esta lógica progresan como respuestas radicales, el fundamentalismo religioso en los países islámicos o el comunismo trasnochado en varios puntos de Latinoamérica. Sabemos de sobra que el resentimiento es peligroso y esto ya quedó de manifiesto con la crisis y llegada del Tercer Reich a la Alemania herida en su orgullo tras la Primera Guerra Mundial y hoy por hoy con las redes del terrorismo islámico que operan dentro y fuera del Tercer Mundo y que cambiaron el curso de la historia tras los ataques del 11-S.

El actual espaldarazo entre liberalismo y Tercer Mundo va mucho más allá de las inconciliables distancias socioeconómicas o lo que para Marx es la histórica lucha del proletariado con la clase burguesa, viste a mi parecer matices que sobrepasan lo netamente económico. Pues como bien expresó Jotabeche en su momento: "los pobres han de ser indefectiblemente liberales" ya que a diferencia de lo que muchos piensan y otros tantos autores sostienen, el liberalismo no es bandera de lucha de quienes tienen sus vidas resueltas, sino de aquellos que pretenden cambiar el mundo, y tan importante como esto último: cambiarse a sí mismos.

Ser liberal es romper con el viejo orden y no procurarlo como hacen las ambiciosas élites de los países en desarrollo, que fagocitan para sí buena parte de la acumulación capitalista. Aquel que presenta como escusa los orgullos de raza y la segregación cultural, religiosa, económica y de todo tipo para mantener el estatus de injusticia, será siempre un declarado enemigo del liberalismo como también lo son comunistas, socialistas y nacionalistas, ya que en la visión liberal todo colectivismo peligra con convertirse en base de la segregación misma. El liberalismo es el cénit del humanismo, filosofía que comprende que al hombre sólo lo definen el carácter y sus acciones, no algo tan fuera de lugar y de sus posibilidades como el color de la piel o las creencias que cultural y epocalmente le tocó abrazar.

El liberalismo - reitero - no es el equivalente del capitalismo, menos de ese capitalismo depredador que hace más estragos en sociedades pobres (y afectadas en su más profunda autoestima por la eterna convicción de que existen ciudadanos de primera, segunda y hasta de tercera clase y que la gran mayoría no tiene ni tendrá nunca las mismas oportunidades), es a mi parecer un modo de ver la vida, que implantado en las mentes mutiladas del Tercer Mundo podría revivirlas y cambiar para siempre su forma de desenvolverse en torno a las oportunidades presentes.

Debo acotar que este cambio de mentalidad pasa por ahogar toda traza de superstición o rito involuntario, elevar el espíritu práctico, pensar en el ahora, restar importancia a las corrupciones del mercado, la política o a cualquier otra escusa institucional que signifique una traba mental a nuestros objetivos, desterrar también mitos sacro-santos que a los ojos de la ciencia y del hombre racional de nuestros tiempos, no vendrían a ser más que un cúmulo de promesas y leyendas incomprobables. El liberalismo es la dignificación del SER por sobre cualquier contexto o circunstancia. Mucho antes que éxito, riqueza material y proyección social el hombre debe ganarse así mismo y abrazar su autoestima ante cualquier eventualidad, quien ya haya saldado este paso sabe de sobra lo que quiere, lo que tiene y lo que puede lograr e inclúso está muy por sobre los miramientos del bien y el mal que emplean (aún con éxito) como medio de dominación las religiones y el fundamentalismo ético de la ley. No en vano escribió hace dos décadas Emerson que la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.

domingo, 8 de mayo de 2011

Salafistas contra coptos: Egipto después de Mubarak

En Medio Oriente, mientras más minoritaria es una facción religiosa, más descriminada resulta en el juego de poderes políticos. Esta ecuación debemos asociarla a la inexistencia de criterios democráticos básicos, sin los cuales simplemente se termina imponiendo "el principio de la mayoría". El principal problema, sin embargo, no radica en que a las religiones en desventaja no quede mayor opción que la de "agachar el moño", surge fundamentalmente cuando dos facciones con semejantes cuotas de poder e influencia dentro del país, compiten por imponer sus propios modelos de sociedad.

En Irak, por ejemplo, los musulmanes sunitas y su contraparte: los chiítas, han luchado durante siglos por imponer su cosmovisión dentro de aquel micromundo político y social. Mientras la minoría cristiana (en torno al 7%) queda a la deriva de aquella pugna de poderes. Durante los años en que Sadam Hussein llevó a cabo su dictadura militar, los sunitas se impusieron duramente y a pulso de represión sobre los chiítas, a tal nivel que Hussein concretó el genocidio de dos millones de kurdos, quienes además de chíitas son de raza irania o persa (doblemente despreciados). Luego de la intervención norteamericana y de la caída del régimen de Sadam, la tortilla se dió vuelta y hoy son los chiítas quienes dirigen el gobierno y establecen las reglas del juego, con el peligro de convertir aquel país no en un satélite más de los intereses norteamericanos, sino en una sociedad donde las influencias de Irán - país musulmán chiíta por excelencia y declarado enemigo de occidente - entren por la puerta grande.

Otro caso emblemático es el del Líbano. Hasta hace un par de décadas este país dividido entre oriente y occidente, era gobernado por dos facciones principales: cristianos maronitas y musulmanes sunitas, el resto (chiítas, cristianos ortodoxos, armenios, drusos, etcétera) debía acomodarse al teje y maneje del sistema constituído en la interacción de los dos grupos religiosos más fuertes. Pasado los años, sin embargo, la población chiíta se incrementó notablemente, ya fuera por los altos índices de nacimiento en las familias musulmanas (en que un padre puede tener y procrear con varias esposas) o por la alta inmigración palestina presionada por el conflicto árabe-israelí, lo cierto es que llegó un momento en que no sólo los cristianos pasaron de gozar privilegios a estar en desventaja, también les ocurrió lo mismo a los musulmanes sunitas. Esta nueva lógica rompió un equilibrio de años y con ello el Líbano ha pasado por distintos periódos de crísis, algunas bastante caóticas.

En otros países no árabes del Medio Oriente, como Turquía, Irán e Israel, las minorías religiosas también resultan fuertemente castigadas por el sistema. En Turquía, considerado un modelo democrático a pesar de todas sus limitaciones, cristianos y judíos han acusado constantemente al gobierno de vulnerar sus derechos y de tratarlos como ciudadanos de segunda clase. Aquel es un país fundamentalmente islámico, aunque parte de su población se considera agnóstica, en algunos casos influenciadas por el ateísmo occidental y en otros bajo el influjo del escepticismo marxista que logró imperar en gran parte de la Europa Oriental.

Israel es otro caso alarmante, un país con fronteras abiertas a todos los judíos del mundo, pero muy cerradas para gentes de otras religiones y razas, e inclúso descriminatorio con un grupo de judíos en particular: los judíos árabes o judíos palestinos (aquellos que siempre vivieron allí) y mucho más arbitrario con las minorías cristianas y por sobre todo musulmanas, las cuales no se atreven a emigrar a los territorios palestinos o simplemente viajar fuera de los márgenes del país, porque saben que de hacerlo podrían perder su derecho a regresar a la que siempre ha sido su tierra y su patria. En Irán por su parte, el fundamentalismo islámico se ha instalado en las altas cúpulas del poder, imponiendo tolerancia cero a comunidades religiosas que por siglos han vivido allí como judíos persas, musulmanes sunitas, cristianos y los pocos zoroastrianos (religión originaria de Irán y la más antigua del mundo) que aún quedan y viven al hilo de la persecusión.

Sacerdotes coptos

Radicales salafistas

Dentro de este contexto tan común en Medio Oriente, Egipto no constituye la excepción, en aquel país existe un 10% de población cristiana (llamados cristianos coptos) y cuyo orígen racial es la mezcla de antiguos colonos europeos (bizantinos, griegos, anatólicos, etcétera) con las poblaciones pre-árabes que habitaron antiguas ciudades costeras como la de Alejandría, esta población ha sido siempre blanco de ataques racistas o religiosos de parte de todos los restantes grupos islámicos, tales como sunitas, chiítas y por sobretodo: salafistas, una facción radical u ortodoxa dentro del islamismo que no permite terceras interpretaciones de las escrituras ni amoldar la religión a los nuevos contextos internacionales.

Hoy por hoy dentro de la anarquía reinante en Egipto, los salafistas quieren imponer un gobierno a su medida y alejar al país del escenario mundial (a la manera de Libia o Corea del Norte) y para ello han optado por cortar el hilo más delgado, comenzando por sofocar la influencia que puedan ejercer los cristianos coptos. Es claro que dentro de un micro-clima islámico y radicalizado, la visión copta representa una total disidencia y se sobreentiende más amena a los intereses de occidente, como una especie de peligroso puente u obertura.

El sábado recien pasado la violencia - tónica común desde la renuncia de Mubarak - volvió a instalarse en las ciudades egipcias, aunque esta vez cobró sus primeras víctimas cristianas: 12 coptos fueron muertos por actos de odio e intolerancia llevados a cabo por grupos salafistas. ¿Qué nos dice todo esto?, a mi modo de ver que Egipto se encamina hacia cualquier parte, menos hacia una democracia como previeron algunos ilusos analistas, avanza claramente hacia un reordenamiento de tipo religioso, donde una vez más se comienza a imponer la lógica de Medio Oriente en que los grupos más fuertes o numerosos ejercercen todo tipo de arbitrariedades sobre las minorías. Serán los cristianos desde luego quienes terminen pagando los platos rotos de esta revolución que ya se salió de todo margen y que se prevee no terminará en nada bueno.

Después de Mubarak, Egipto no se convirtió en un lugar mejor ni va en camino de serlo, más bien todo lo contrario, ya no hay quien imponga orden y la ley de la selva es lo único en latencia. Lastimosamente las grandes potencias de occidente dieron un empujón definitivo a esta crisis, con fines netamente instrumentales y lo mismo continúan haciendo algunos cuantos kilómetros hacia el oeste, poniendo más leña al fuego en los conflictos de Libia. Lo curioso es que esta política ya había fracasado estrepitosamente en Irak y en muchos otros lugares donde han querido internacionalizar los patrones de democracia y libertad, que funcionan de las mil maravillas en sus paises de economías sólidas y opciones de pluralismo e igualdad plena, pero que lamentablmente se desarrollan a puros "saltos y peos" en terruños más desventajosos como nuestra Latinoamérica (el occidente pobre) y que con mayor razón serán difíciles de madurar en sociedades y culturas radicalmente distintas como las del Medio Oriente, las cuales evolucionaron aisladas y ajenas a todos aquellos valores que creemos tener tan en la cima quienes nos decimos occidentales.

domingo, 3 de abril de 2011

Democracia en Medio Oriente: ¿Es Turquía el modelo a seguir?

Hoy temprano en la mañana, me topé con un interesante debate en Televisión Española, relativo a las potenciales realidades que depara la institucionalidad en los países árabes, que en días precedentes reivindicaron un agudo quiebre con las clases dirigentes.

Los panelistas: una analista española y un profesor árabe, experto en la materia, concluyeron que no habrá vuelta atrás en el proceso democratizador, luego de las muy bulladas revueltas y sublevación popular, acecidas en las principales ciudades de Egipto y Libia. Y es que siguiendo su análisis, el régimen de Muamar Gadafi tendría los días contados, sin embargo su porfía y grandilocuencia en el cargo (apoyada por muchos libios), podría ser detonante de una próxima gran guerra, primero civil - como ya está ocurriendo - y luego internacional, a lo que la actual presencia de fuerzas norteamericanas y europeas contribuye sobremanera.

La caída de viejos régimenes tanto en Libia como en Egipto, sería a todas luces inminente, sin embargo la principal preocupación internacional al analizar el proceso, es que este en lugar de prosperar hacia nuestro concepto occidental de democracia, involucione a un status en el cual el fundamentalismo islámico comience a llenar todas las fisuras, reemplazando el actual orden cívico y político y enclaustrando aún más a aquellas sociedades que han comenzado a abrir sus ojos al mundo moderno.

En medio de esta incertidumbre, el nombre de un viejo actor (ya retirado de la región) ha vuelto a surgir como salvaguarda o esperanza del proceso democratizador, este actor es Turquía, décadas atrás llamado el "Gigante enfermo de Europa", cuna del último gran imperio que dominó en sus siglos más prósperos buena parte de Europa, las tierras del Levante (Siria, Líbano, Palestina), Irak, Irán, los países de la península árabiga y buena parte de los norafricanos, incluyendo Egipto y Libia. Irónico, que un país que genera tantos anticuerpos en las naciones de Medio Oriente, que coartó por siglos las libertades de sus gentes y no permitió la natural evolución desde una forma de organización tribal a otra democrático-liberal tanto en Europa Oriental (donde fracasan las democracias) como en el Cáucaso y el mundo árabe, sea hoy el modelo a seguir de países que vivencian una crisis institucional y falta de credibilidad y soporte de sus gobernantes.

¿Ataturk o Khomeini?, en mi opinión el futuro no sólo de Egipto y Libia, sino de todo el Medio Oriente se condensa en esta simple pregunta: ¿Qué se terminará imponiendo finalmente?: ¿La dureza de un régimen civil, basado en el viejo precepto "la letra con sangre entra" o la reivindicación de los valores eclesiásticos y del caudillismo religioso?

La democracia turca comenzó como un proceso de reinfrestructura revolucionaria, tras la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial y su consecuente pérdida de territorios. Fue un proceso dirigido por los militares ilustrados (y en general masones), entre los que Kemal Ataturk destacó como caudillo, formulando leyes occidentalizantes, destinadas a fomentar la educación secular, la industrialización del país y el auge del sector servicios. Décadas después de inciado el proceso con relativo éxito: Turquía es el único país que podríamos considerar una nación islámica y a la vez democrática, que a pesar de los recientes reflotes de fundamentalismo religioso contra el orden secular, sigue prosperando como tal, se afiata en el tiempo y crece económicamente y hasta tiene posibilidades de engrosar en un futuro no muy lejano la lista de países que constituyen la Unión Europea.

Desde luego, Turquía encarna un ejemplo mucho más positivo que el de Irán, piedra en el zapato y amenaza latente para la estabilidad regional. Sin embargo hay una serie de razones por las cuales yo personalmente no la consideraría un ejemplo tan directo, comenzando por el hecho no menor de que al igual que Irán, Turquía no es un país árabe, y que a diferencia de Irán, en los años de reivindicación nacionalista ejerció políticas hostiles contras las poblaciones árabes de Anatolia (segregación racista hasta hoy prexistente), no obstante menos hostil que la adoptada contra judíos sefardíes y la nación armenia, población sobre la cual cometió uno de los peores genocidios de la historia reciente. En segundo lugar Turquía, a diferencia de Irán, ya no tiene los ojos puestos en Medio Oriente, su enfoque descansa casi del todo en Europa, o al menos es así en lo que respecta a la clase política, de la cual una pequeña parte es además de orígen balcánico (familias macedónicas, búlgaras, griegas, ucranianas, etcétera), y la terecera razón es tal vez la más determinante: Turquía es un aliado estratégico y económico de los EEUU.

El análisis que presencié hoy en TVE estuvo sin duda interesante, pero como ya dejé explicitado, tengo para objetarle lo tocante a Turquía. Creo que en este sentido, la realidad es menos amable y se nos presenta en la siguiente encrucijada: 1) o los países que hoy viven la crisis política, inician una carrera lenta pero segura a la democracia, que desde luego duraría varias décadas y terminaría en un proceso - al menos en el mediano plazo - totalmente distinto al esperado por los muy optimistas analistas internacionales, ya que desde luego se requiere transformar no sólo instituciones, sino crear nuevos valores/hábitos y curtirlos, o 2) será Irán y no Turquía el modelo que termine por imponerse. Irán cuna número uno del fundamentalismo islámico, país que pretende convertirse en la principal potencia política y económica de la región y que exhibe la peligrosa osadía de desafiar al Sistema Internacional y a las potencias occidentales con el desarrollo de armamento nuclear, con comenzar "una guerra total" contra Israel y con levantar en armas a muchos países que tiene como satelites: Siria, los rebeldes chiítas del sur del Líbano e Irak, inclúidos simpatizantes kurdos del este de Turquía.


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viernes, 11 de febrero de 2011

Democracia y gobiernos impopulares

En las horas precedentes a la escritura de este post, el presidente de Egipto: Hosni Mubarack, renunció al mandataje del país árabe/africano. A estas horas el mundo sigue atento a ese proceso.
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El leviatán egipcio finalmente se ha pronunciado, salió a las calles, protestó, dejó de asistir a sus lugares de trabajo, congeló la economía durante semanas boicoteando al gobierno de manera caótica. Es el demos el que ha hablado, es el demos el que tiene siempre la última palabra. No tienen más peso en este sentido los políticos, que los portavoces sociales, los intelectuales que congregan masas y la gente común, que es la primera en reconocer cuando las cosas marchan mal.
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Hoy muchos hablan de un "triunfo de la democracia", algo curioso para un país que apenas congrega y está en condiciones de asegurar los mínimos derechos fundamentales, un país donde la religión y el fundamentalismo (la peor gangrena de las sociedades en oriente) le siguen ganando la partida al individuo, donde la razón del hombre, sigue siendo anulada por el espíritu del Estado y las leyes divinas, un país como tantos otros, cansado de cargar el "hiyab" de sus antepasados y al que no le basta con mirar 4000 años atrás para conformarse y decir: "eramos grandes, la civilización de las pirámides y de los faraones".
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Me alegro por Egipto, hoy es un gran día para el tercer mundo, Medio Oriente comienza a respirar cambios, esperanzas y así mismo desafíos. Los caudillos morales, aquellos cobardes que se ocultan en las falsas escrituras, en los crédulos y en los inmolados, hoy menos que nunca son la "vaca sagrada" de nadie, Egipto logró derrocar un mal gobierno, pasando por encima de cientos de imanes que pretendieron poner freno a la mente disidente. Hacia delante, el camino a seguir, es sin embargo bastante extenso y sinuoso y me atrevo a decir que Egipto caerá una y otra vez en lo mismo. Ya esperan por hacerse con el poder otros diez Mubarack, mientras la promesa de una democracia plena, seguirá cayendo a piso una y otra vez por el propio peso de la historia, de eso sabemos mucho los latinoamericanos.
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Todas las democracias del tercer mundo no son tal, sino más bien un proyecto, idea, un experimento. Debemos comprender que como mínimo, definen democracia las libertades civiles y la igualdad jurídica, pero sin crecimiento económico y oportunidades globales para todos los ciudadanos de un país (incluyendo a los inmigrantes) esta no puede prosperar. Si no es es más bien discreta la brecha entre ricos y pobres, y sin la existencia de una clase media amplia y pujante: no habrá remedio que evite a los gobiernos seguir siendo patriarcales, arbitrarios e instables.
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Democracia no se limita a la práctica del voto popular y a las elecciones periódicas, democracia va de la mano con el triunfo de las ideas liberales y humanistas (por esa razón un Estado teologizado, no puede aspirar a ser también democrático), dando prioridad al precepto de que el ciudadano no tiene barreras, ni materiales ni del espíritu, y que siempre tendrá posibilidades de prosperar a menos que no esté dispuesto a trabajar arduamente por sus fines.
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Tristemente, no hay muchas posibilidades de que las democracias (verdaderas y no simplemente nominales) prosperen en el tercer mundo y de existir algunos proyectos más exitosos que otros, siempre claudicarán ante la amenaza interna del descontento y la anarquía. Las democracias deben ir de la mano con el desarrollo económico, el incremento de la educación y el libre emprendimiento del hombre. A falta de estos factores, surgen más temprano que tarde regimenes impopulares, como el Medio Oriente y Egipto ha conocido muchos. En ciertos casos, estos son una mejor alternativa a seguir o continuar que las "falsas democracias", orbitadas siempre por el caos, al ser comprendidas de manera mucho más moderna y progresista por los ciudadanos, y de otra muy distinta por los políticos, curtidos en el arte de "salir del paso", hacer promesas de largo aliento, sacarse la foto, simular y mentir.
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miércoles, 29 de diciembre de 2010

El mundo post-liberal

En el mundo post-liberal nadie reprime sus instintos, mide sus palabras o se cuida de atropellar la sensibilidad del resto. El consumismo se ha convertido en pan de cada día, porque te valoran casi exclusivamente por lo que posees materialmente, y mientras más moderno, actual y caras sean tus propiedades, más gente se te sumará en el camino, queriendo obtener su tajada.
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Eres esclavo de las financieras y de los bancos, otro pobre y triste imbécil que vive para pagar deudas. Cada día, semana, mes y año te ultrajan el bolsillo, te roban en intereses el excedente de tu trabajo y a tí parece no importarte mucho, mientras la gente falsa te siga rodeando, tu fin en la vida: ser popular (sin ser interesante, inteligente, ni práctico) se sigue consumado, pero cuando ya no puedas sostener tu castillo en la nube, revendrá la desesperanza y ostigará la alternativa del suicidio, te darás cuenta de cuan verdad es aquello que no desconoces desde tus instintos: cuando llevas una vida superifical, si ya no tienes nada que ofrecer, los bolseros: supuestos amigos, desaparecen. Aquel que llega sin que lo llamen, parte sin que lo echen.
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En el mundo post-liberal, la amistad en edad adulta, es un mero lobby, el compromiso prácticamente no existe o tiene una existencia hoy por hoy muy fugaz. ¿Quién piensa en matrimonio ántes de los 30 o 35 años?, ¿Quién pide perdón a Dios por el adulterio, el pensamiento impropio o la desviación sexual? si hasta la verguenza desapareció de este ciclo. ¿Matrimonio para toda la vida?, ¿Proyectos de larga data?, ja!.
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Por donde se mire, el mundo post liberal es una porquería, pero es lo que nos tocó vivir, la señal de nuestros tiempos. Y así como para el hombre medieval era común condenar a muerte a una mujer poco convencional, bajo el rótulo de bruja, el hombre post-moderno sino tiene chequera o tarjeta de crédito, simplemente no existe. Pero ojo, no condenemos la época, si el problema radica más que nada en nosotros, la vida en todo tiempo y lugar es como un tango de Gardel: pesimista, triste y gris, y hoy como siempre sólo abundan sonrisas en el rostro del hombre simple, del niño, del ingenuo.
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En este mundo post-liberal, post-valórico y post-espiritual, personalmente hay días que prefiero desconectarme, mantenerme al márgen, dejarlo correr sin mí, buscar una playa desierta, visitar algun país o cultura lejana, milenaria, estar rodeado de gente noble y hasta arcaica, en lugar de quedarme pegado en la cintura del reloj de arena de nuestros tiempos, ahogándome cada vez más con la falsedad de los cánones populares.
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En medio de un mundo neo-darwiniano (puesto que el poder lo sigue comprando todo), es que pretendo la difícil misión de ser un verdadero liberal, no seguir el curso de la corriente, ni tampoco nadar en contra. Obstinadamente, aveces solo, aveces acompañado, yo sabré seguir por mi camino, bienvenidos sean quienes busquen una libertad plena.
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martes, 26 de octubre de 2010

Neo-orientalismo: La revancha de las ideas

De la Ciencia Política, tres de mis temáticas favoritas son las siguientes: 1) El dualismo Estado/individuo (en mi caso, visto desde la óptica liberal); 2) Las relaciones élite/sociedad y las estructuras de dominación y 3) la creación de identidad: ciudadanía o nacionalismo. Esferas indispensables para comprender cualquier estado de las relaciones político-sociales y a la vez muy interdependientes.
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Quienes siguen este blog (si es que los hay), habrán notado probablemente, que en los más de dos años que llevo escribiendo de manera independiente en esta bitácora, el tema más abordado ha sido sin duda el primero y al cual achaco siempre como corolario inmediato a los otros dos. Es después de todo el Estado el ente responsable de la "mistificación" o de la creación de "símbolos" identitarios, una institución espuria manejada por un cerebro elítico que pretende dar coherencia a una historia de pertenencia e identidad racial o cultural, muchas veces fundamentada en meras mentiras o verdades a medias, incomprobables o de un eco muy lejano con el fin de mantener aquel statu quo tan antiguo como el propio hombre y presente desde las estructuras tribales: la realidad de un "doble estamento": el de los gobernantes y el de los gobernados, diferencias nada sutiles a las que continúan aportando las distancias económicas, la falta de oportunidades, el racismo y la tradición nobiliaria, entre otras muchas variables.
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Como chileno, como sudamericano y así mismo como descendiente directo de inmigrantes, nació temprano en mí el inusual interés de enfocarme gran parte de mi vida en estas materias. Al estudiarlas, no creo estar indagando a un "otro", sino más bien enfocándome en mi mismo y en la extensa historia forjada tras de mí. De esta manera es probable que mi comprensión de doctrinas relativamente modernas como son el "orientalismo" o su secuela actual: el "neo-orientalismo" toquen una fibra más sensitiva que cerebral. Más aún tomando en cuenta que dos de mis cuatro abuelos son de orígen libanés.
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Pero ¿Qué es el orientalismo?, ¿A que refiere este concepto?, ¿Es otro"ismo" ideológico?, ¿Un orgullo y veneración de lo oriental o de lo asiático como tantos erróneamente suponen?, la respuesta es un tajante NO. Edward Said, fue tal vez el primer autor en enarbolar la bandera del orientalismo, para luego prenderle fuego y echar por el suelo toda la horda de prejuicios que lo constituyen. Desde su punto de vista, "orientalismo" es una construcción intelectual occidental fundada en reflexiones y tópicos ignorantes, imputados a las tradiciones y a la cultura de quienes habitan el otro lado del hemisferio. De esta manera, similar a la sarta de mentiras con que se tiende a constuír el sentido de pertenencia de las naciones, el orientalismo vendría a ser otro tipo de construcción, una de tipo etnocéntrico y hacia fuera, hacia todo lo extranjero, en especial: lo no europeizado, lo no judeo-cristiano, lo no democrático, etcétera, exagerando en tales casos todo aquello que resulte pintoresco o grotesco, tachándolo con cierto aire de superioridad. Del otro lado, reviene la actitud contraria: el occidentalismo, la animadversión prejuiciosa hacia todo lo occidental, algo de lo que también escribió mucho Said.
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No es extraño imaginar que en un mundo donde persisten tales criterios, el conflicto esté siempre latente, especialmente en países donde deben lidiar dos religiones o cosmovisiones distintas, algo que en el actual estadio de globalización que vivimos, es una realidad cada vez más palpable y preocupante, especialmente en el primer mundo. Y ahí tenemos a Sarkozy tratando de impedir el uso de la "burka" entre las mujeres islámicas o la amenazas de quema en masa del Corán de parte de un pastor evangélico (así son los fundametalistas religiosos, un verdadero asco!), a raíz de la construcción de una Mezquita en las cercanías de "la zona cero".
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La ignorancia es la única llama del espíritu que prende hasta con agua, por esa razón todo lo "indocto" es tan grandilocuente; especialmente aquello en lo que ha mediado una especie de adoctrinamiento o lavado de cerebro, como ocurre justamente con el nacionalismo exacerbado y la religión. En medio de esta selva y haciendo justicia a la verdad como el filósofo (que no se conforma con ver el contorno de las sombras), surjen desde la vereda de la experiencia, con un pie en el Levante y otro en los Estados Unidos (actual cuna de la metafísica occidental), escritores como los que quiero presentar hoy, todos de orígen palestino o libanés, con un interés en común: mutilar el etnocentrismo, poniendo en evidencia la excesiva carga idealista que corre tras los bastimentos del orientalismo y del occidentalismo, analogamente.
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Conozcamos parte de sus biografías.
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EDWARD SAID (1935-2003)
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Muchos le llaman el "padre del orientalismo", aunque en tales casos el concepto está mal dimensionado. Said, no era un abanderado del "espíritu oriental", sino más bien un analista que con flagrantes argumentos históricos y denunciando el peso de los hechos, plasmó en sus libros, entrevistas y ensayos; la fragilidad de los dogmas de occidente en relación a medio oriente y viceversa. Una serie de inexactitudes arrastradas desde la antiguedad o la Edad Media; periódo en que ambas regiones se consideraron enemigos religiosos y se atribuyeron de manera mutua una serie de "mitos" denigrantes.
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Said nació en una familia cristiano-palestina de Jerusalén, que tras la ocupación israelí se vió obligada a emigrar primero a El Cairo (Egipto) y luego a los Estados Unidos, de estos eventos provino su tacto cosmpolita, como así mismo no fue extraño que desarrollara cierta enemistad hacia el sionismo, al que habría considerado como otro constructo nacionalista fundado en la pertenencia más religiosa que racial de los judíos del mundo, llamados a hacer nuevamente patria en Medio Oriente.
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Además de prolífico tratadista y filósofo, Said fue también activista político y músico docto, llegando a entablar gran amistad con el pianista argentino Daniel Barenboim, sobrellevando en este sentido cualquier prejuicio estúpido que desúne, como son la política o la raza (Barenboim es hijo de inmigrantes judíos) y tendiendo un puente a través del arte, juntos formaron luego una orquesta exclusivamente constituída por jóvenes árabes y judíos: la West-Eastern Divan, llamada en parte a romper el hielo entre ambas naciones, unidas por el hilo de la historia y un orígen más común de lo que se cree.
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En sus últimos años de vida, se instaló un tiempo en los territorios palestinos, para empaparse entre quienes consideró "su gente" en el polvorín del activismo. De estos años se intenta opacar la parte pacifista de su biografía, recalcando un hecho en particular: cierto día se vió preso de un arrebato de ira al ver como unos tanques israelíes pasaban por encima de propiedades palestinas, como uno más de los civiles descontentos, Said comenzó a lanzarles piedrazos desde cierta distancia. Falleció el 2003, dejando tremendas obras como "Orientalismo" de 1978, "Cultura e Imperialismo" del 93 y "El fin del proceso de paz" del 2000, de gran cuantía para analistas interesados en el conflicto árabe-israelí.
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RASHID KHALIDI

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Escritor e historiador neoyorkino, de padre palestino y madre libanesa. A Khalidi se le reconoce como continuador del legado de Edward Said y en tanto como uno de los máximos exponentes del neo-orientalismo. Debido a su religión musulmana y a que se manifiesta abiertamente como anti-sionista, lo que no es equivalente (necesariamente) del antisemitismo, ha generado una y otra vez ronchas entre sus detractores, en especial las élites judías de EEUU, de conocida influencia en el Gobierno y los medios de comunicación.
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En su libro "Identidad Palestina", Khalidi reconoce que aquel nacionalismo es relativamente nuevo y nacido prácticamente de la nada, construído en base a las circunstancias de una recolonización hebraica durante el siglo pasado y que incomodó tal vez de manera tardía a los árabes de la región. De la opresión del pueblo israelí, nacería finalmente la verdadera identidad palestina, forjada en la impotencia, el dolor y la desdicha común de tener que convivir con una nación más poderosa, que paulatinamente les fue ganando terreno y desplazándolos de la que siempre habrían considerado "su tierra" (eso finalmente no es tan así) o tierra de los árabes y tratándolos en el intertanto como un escollo a sus fines.
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Según Khalidi, en general todos los nacionalismos árabes son de creación muy reciente y en parte inducidos por la influencia europea en la región, en su condición de ex-protectorados. De hecho así como el nacionalismo libanés busca la individualidad, desligándose del resto de pueblos de lengua árabe (palestinos, sirios, jordanos, etcétera) para formularse sobre un pasado fenicio, el nacionalismo palestino se fundamentaría en otra inexactitud: tomando la nación su nombre de los "philistinos" o "filisteos", aquella extinta civilización enemiga y opresora de los antiguos judíos y a la que según el mito perteneciera el gigante Goliat, decapitado posteriormente por el Rey David.
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Para Khalidi, e igualmente para quien escribe estas líneas, la idea de una identidad árabe es también muy confusa, debido a la muy improbable homegeneidad racial y cultural de los pueblos que manejan aquel idioma, de hecho el árabe no es más que eso: una lengua y no una raza, como así mismo no toda la gente que habla español son ibéricos. Otro de los criterios presto a confusión del orientalismo, guarda relación con la religión: en particular, la percepción occidental del islam, una religión en plena expansión, vista por muchos postapocalípticos como "semillero de maldad", pero que en el fondo posee tantas aristas que enumerarlas no viene al caso y será tarea para un próximo post. El islam ultraconservador y el islam progresista varía de país en país y de región en región, de tal manera que un shiíta en Malasia no es el equivalente a un occidentalizado sunita en Estambúl o de un converso europeo en Lóndres.
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Finalmente, hay que destacar que Rashid Khalidi es un amigo cercano de Barack Obama, lo que en otro tiempo trajo algunos contratiempos al Presidente afro-americano, debido al siempre persistente lobby judío y su tendencia a satanizar a todo aquel que se muestre en franca oposición a sus estrategias o políticas. Cito a continuación palabras textuales del autor: "El que los israelíes se dediquen a maltratar a otro pueblo (a los palestinos) resulta a todas luces paradójico, puesto que muchos descienden de víctimas de la persecución, los pogroms y los campos de concentración".
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JAMES ZOGHBY
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Académico libanés-americano y presidente del prestigioso Arab American Insitute. De naturaleza muy conservadora y a diferencia del crítico constructivista anterior (Khalidi), bastante apegado también al nacionalismo americano.
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Zoghby encarna una importante posición, en representación de la estimable y no tan pequeña comunidad árabe de los Estados Unidos, también lo hace como portavoz de los países de orígen, extendiendo aquel puente tan necesario para la conciliación de los pueblos.
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Humanista, doctor en economía y experto en religiones, ha canalizado su lucha contra el etnocentrismo de occidente, mediante fórmulas liberales destinadas a minimizar la discriminación y a fomentar el conocimiento multicultural. Sin ir más lejos, la comunidad árabe en Estados Unidos tiene la misma data en aquel país que la de inmigrantes italianos, judíos y europeos orientales, todas por igual, vistas en menos en un primer momento como aporte formativo y valórico a la sociedad americana o consideradas apenas como "mano de obra barata", pero que sin embargo, en muy poco tiempo dieron vuelta tal persepción ayudando a fortalecer la cultura (tornándose inclúso ultra-nacionalistas) y al desarróllo económico sostenido del país.
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Los árabes llegados principalmente de países como Líbano o Siria, ayudaron a engrosar las listas de profesionales, empresarios y académicos, al punto de que algunos de sus descendientes lideran hoy grandes firmas nacionales como Apple (en el caso de Steve Jobs). En un mundo tan globalizado, pero a la vez tan segregador, gente como Zoghby pretende destacar el gran valor de la diversidad y el cómo después de tantas décadas, el aporte inmigrante continúa vigorizando al progreso americano, así mismo se vuelve a mirar atrás, a los hermanos de sangre que quedaron lejos, desprovistos muchos de iguales oportunidades para surgir en la vida, opacados además por la ignorancia y los prejuicios occidentales que ellos a toda costa están dispuestos a borrar, con ningún mejor respaldo que el de sus propios ejemplos y éxito.
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jueves, 12 de noviembre de 2009

Los "marxistas" mataron a Marx

No cabe duda que la historia del pensamiento filosófico occidental, ha sido manchada por muchas tergiversaciones y malos acomodos, puesto que el idealismo siempre choca con la discordante realidad y una vez que se comprueba la no compatibilidad de ambas esferas, han sido los llamados "gentiles" de la sociedad (basandose en la percepción platónica del ser humano), militares o revolucionarios, quienes en posición de armamento y hasta de cierto poder económico, impusieron sus utopías en experimentos sociales llevados a cabo "a sangre y fuego" en distintos países del globo.
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El siglo XX evidenció un verdadero mosaico de dictaduras a lo largo y ancho del tercer mundo, como también de totalitarismos en la Europa continental, que lejos de alcanzar justicia, paz y estabilidad u otros objetivos engrandecedores del espíritu o la nación, está más que claro que concibieron todo lo contrario.
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Carl Marx, el muy repudiado y amado personaje del cuadro, a pesar de lo controversial, no fué menos importante para la historia de la filosofía occidental que Kant, Spinoza, Saint Simon o Thomas Moore. Culto y de una lucidez avanzada para su tiempo (similar al caso de Max Weber), reflejó una certera filantropía hacia la clase obrera europea y (desde el punto de vista acotado de la época) mundial. Los planteamientos de Marx, reducidos en buena parte a su "materialismo histórico": el cómo la sociedad humana evolucionó de forma natural al capitalismo, en función de una jerarquía de los medios de producción que a la larga generó la abismal distancia entre los privilegios del capitalista y la dependencia del obrero, no es más que una constatación de la realidad a la que luego el autor judío-alemán agregó la especulación de que el capitalismo mostrará tarde o temprano sus falencias (en los países industrializados) y será radicalmente reemplazado por un sistema de producción socialista, donde la clase obrera, además del trabajo, tome posesión de los medios y establezca una especie de comunitarismo en estas sociedades avanzadas, otrora capitalistas.
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La quimera marxista como todo mundo sabe, no se hizo ningún eco en los países industrializados donde Marx sugirió que debieran ocurrir los cambios, sino en el tercer mundo agrícola y primario, donde las condiciones industriales no estaban para nada consolidadas. La revolución de octubre de 1917 en la Rusia Zarista fue el primer gen del marxismo, utópica ideología que satanizó la figura de Marx en el centralismo estatal. Con el paso del siglo, el marxismo soviético (marxismo-lenninimo) se expandió a las arenas más obvias de Europa oriental y Asia central, como así mismo hacia los países más impensados en África y America Latina, el más semptiterno de todos los casos: Cuba.
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Esos marxistas tercermundistas eran el pueblo en armas, que demostraron el alcance destructivo que puede llegar a tener la filosofía, una vez que un grupo de locos pretende sacarla del papel y llevarla a cabo en el mundo real, aunque de todas formas fué esta la lógica impositiva del siglo XX, similar a lo que ocurrió con otros planteamientos como por ejemplo, el de los nazis en la Alemania hitleriana, el más ruinoso fascismo en Italia e inclúso la muy conservadora y nacionalista "doctrina de seguridad nacional" de la España franquista, esquema trasladado luego a Sudamérica por los Gobiernos Militares de derecha en Brasil, Chile y Argentina durante los años sesenta y setenta.
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Volviendo al viejo y manoseado Marx, creo que para comprender la perspicacia de sus planteamientos y el altruismo de sus intereses, es necesario repensarlo, pero ajeno al desarrollo del siglo XX y a la interpretación revolucionaria de esos fundamentalistas autoreferidos como "marxistas" (la mayoría una manga de ignorantes y ágrafos). El marxismo no es Marx, es tan sólo una desdichada interpretación. Lennin por ejemplo, a pesar de sus cualidades de estratega y gran erudito, sacó a Marx y Engels de contexto, y más evidentes fueron aún los acomodos de Castro, Mao, Stalin o Salvador Allende, tipos que no pueden ser celebrados como intelectuales fieles a Marx, a lo mucho sólo como hombres de convicción y lucha, pero por lo demás, bastante errados en sus planteamientos, ya que si pretendieron alcanzar la añorada igualdad social, se contradijeron estrepitosamente en el método, haciendo caso omiso a la idea de progresión en Marx (pensada además para los países industrializados) y pasando a llevar un valor fundamental en el ser humano y del conjunto societal: la libertad.

Smith, Marx, Schumpeter y Keynes. En vida se hubieran entendido (probablemente) mucho mejor de lo que sus seguidores y retractores suponen.

Marx supuso que el capitalismo tocaría su fín siendo reemplazado por un comunitarismo productivo, desarrollado tras un procéso natural y por reinvindicación obrera en la posisión de los medios, aunque por desgracia mencionó también la palabra "dictadura del proletariado", que propugnaron con énfasis pero sin ningún éxito concreto (para el poppolo) los marxistas del siglo XX, que quisieron acelerar el proceso en el mundo entero y se vieron metidos en una utopía destinada al fracaso. Al decir verdad la idea de Marx no contradice los planteamientos de ciertos autores liberales progresistas, entre ellos el gran Joseph Schumpeter; dado que la evolución del capitalismo en un mundo occidental e industrializado guia justamente a un mayor equilibrio en la sociedad, donde tiende a mermar el gran capital, las distancias de clases se aunan y la prosperidad no está adscrita a la clase en la que se nace, sino al trabajo y esfuerzo individual.
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Diría Schumpeter, algo así como: "Será el capitalismo el que cimente finalmente las bases del socialismo, pero contrario a lo que sostiene Marx, no porque esté destinado al fracaso, sino porque su éxito logrará una marca mayor: que se logre una mejor distribución del capital y los ingresos, los trabajadores tengan acceso a acciones de sus propias empresas e inclúso se estará más cerca de los índices del pleno empleo. En una sociedad de este tipo, el individuo podrá desenvolverse de manera igualitaria y estará en posesión de mayores oportunidades". Demás está decir que en Europa occidental (que jamás tuvo gobiernos "marxistas"), la lógica schumpetariana ya ha sido consolidada o está muy cerca de lograrse, no así en el tercer mundo y en Europa Oriental, ahogados entre el caos de las utopías marxistas y un estatismo estéril.
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domingo, 1 de noviembre de 2009

Globalización, lo bueno y lo malo

Ántes de irme de lleno al post, aprovecho de dejar unas cuantas cosas en claro: 1) Esto es La Bitácora Liberal, pero por lo mismo no significa que sea el blog de un derechista a ultranza, ciertamente me acomoda mucho el planteamiento político/económico de la derecha de mi país, o las derechas sudamericanas en general, pero otra parte, los planteamientos éticos de la filosofía liberal, no los considero compatibles con las prácticas históricas de esta derecha "pacata" y siniestra que ha traicionado sus propios principios, principios burgueses de progreso y enrriquecimiento, (fundados en una actitud liberal básica que nos movilizó a ser independientes del órden europeo feudal y de los viejos estamentos adscritos como un acto de vital necesidad en pleno siglo XIX), tratando de perpetuar en nuestros países un órden oligárquico inamovible en desmedro de los emprendedores de la clase media y con favoritismo a toda gran riqueza establecida, mejor aún si es capital extranjero y mejor aún si acecha con echarse al bolsillo medio país.
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Nuestros señores políticos, títeres sin cabeza y simples ejecutores de estos planteamientos acomodados, no han sido ni serán capaces jamás de demarcar terreno, no tienen peso suficiente frente al $. Por eso 2) Esta bitácora pretende reflejar también todo un descontento y frustación que comparto con otros tantos millones de chilenos (y principalmente los jóvenes) hacia la estancada clase política chilena, frente a la cual las promesas no bastan: ni MEO, ni Piñera, ni nadie barrerá con ella y a lo mucho será debilmente parchada. 3) Los planteamientos que mueven este blog son más filosóficos y economicistas que netamente políticos, aquí pesa más un espíritu práctico y existencialista que toda la pasta ideológica que ha polarizado al país y al continente, basándose en falsas percepciones, engañosas maquinaciones, metidas de miedo, infundadas odiosidades hechas historia y especulaciones varias.
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Y finalmente 4) No me preocupa que cuatro pelagatos lean este blog, personas que respeto y valoro lo hacen y con eso me basta, pero también no dejen de tener en cuenta que no escribo para ninguno de ustedes en particular, soy tan individualista que lo hago más que nada para mi mismo (como expliqué dos post más abajo), para aceitar la pluma que pocas veces ha cesado. No soy un verdadero apasionado de la política, y aunque lo intentado, tampoco lo soy de la filosofía, ni poseo tantos argumentos como para pretender cambiar tu punto de vista (a mi me importa un bledo lo que pienses)... mi único móvil es escribir, porque amo hacerlo, tanto como amo la música, a los animales, las mujeres, la naturaleza, la cerveza, caminar, ir al gimnasio, ver una buena película, leer a Herman Hesse, etcétera.
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Aclarado lo anterior, voy de lleno al post de hoy: Globalización, lo bueno y lo malo
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Viñeta positivista
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Hay conceptos que pueden llegar a polarizar inconciliablemente las posturas; globalización, en sentido estricto, es uno de los tantos que nos lo demuestra.
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Partiré con dar mi propia impresión sobre el concepto: Para mí no es algo bueno ni malo, modificable ni mucho menos evitable, es meramente un dato. Tampoco lo considero un fenómeno actual, ligado a la sociedad de masas y a la era de la información, a lo mucho estas aceleraron el procéso, pero globalización como tal siempre ha existido, es una tendencia de lo humano, en su cariz más liviano: de nuestro interés por lo cosmopolita o de interactuar con otros (de distintos países o culturas) o asi mismo un reflejo del mercantilismo, la más elaborada e interactiva de las actividades humanas y que debe ser tan antigua como la prostitución.
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Sus detractores, que vayan cumplando desde ya a Roma, a los fenicios y a los propios europeos por la existencia de tan odiado concepto, pues fueron ellos los grandes adalides de lo que es la globalización, varios siglos ántes Cristo. Los que lo tienen 100% a favor, me provocan por otro lado cierta desconfianza, no puedo dejar de pensar en la mayoría de ellos como tipos subyugados a todo lo extranjero, gente que prefiere celebrar "Haloween" a rememorar solemnemente a sus muertos un 1 de noviembre como es verdadera tradición nuestra (de los pueblos hispánicos), la sandéz típica en muchas de nuestras mujeres (en la mayor parte de los casos, de finos y hermosos rasgos mediterráneos) de aclararse el cabello o de platinarlo sólo por seguir un modelo impuesto de la belleza nórdica, algo que la naturaleza no les dió. Ejemplos de este tipo suman y siguen.
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Como he dicho, para mi la globalización es un mero dato, no hay mucho que pueda objetarle, no al concepto en sí, pero sí a la gente estúpida que fagocita todo lo que esta le ofrece y aquellos que elevan todas sus banderas de lucha en contra de la misma, nadando siempre contra la corriente, más perdidos que el Teniente Bello. Yo como tú y como casi todos, soy también producto de la globalización, por mis venas corre sangre inmigrante, hablo una lengua y manejo una cultura que no era la natural de mis abuelos, buena parte de lo que soy lo he adquirido aquí, en la tierra que me vió nacer, pero la sangre también tira e indudablemente siento apego hacia otras culturas y realidades, a las que no quiero perder de vista jamás, porque me corresponden por legítimo derecho, pero así mismo sé bien lo que soy y lo que anhelo, no pretendo seguir modelos extranjeros de vida, ni le rindo honores a culturas por las que no sienta pertenencia (ni a gringos, ni alemanes, ni a brasileños, ni a tibetanos, africanos, mexicanos o lo que sea que no soy yo).
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Me gustan mucho los vehículos americanos, la tecnología digital japonesa, la comida árabe, el rock anglo, la artesanía prehispánica y las películas del neorealismo italiano, entre otros, pero no me llama verdaderamente la atención vivir o aculturalizarme en alguno de los países referidos... me encantaría radicar un tiempo en Turquía o en España, conocer de costa el mediterráneo y manejarme en unos cuatro idiomas, pero eso no significa que no ame a mi país, las particularidades del continente sudamericano y de su gente, me encanta esta Babilonia de todas las razas, culturas y pueblos. Aprecio mucho el multiculturalismo, y en su defecto detesto todo tipo de nacionalismos y de reivindicaciones étnicas, como la llevada a cabo por el pueblo mapuche, que ha preferido el camino de la violencia en pos de su autonomía.
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Soy partidario del principio de la diferencia, es cierto que en un país debieramos manejar los mismos códigos (sintonizar en una misma frecuencia), pero hoy por hoy, tu manera de vestir, tus tendencias ideológicas y hasta tu religión, debieran ser de tu incuestionable elección. La globalizacíón actual reviste el gran problema de uniformar en laicisismo y de haber occidentalizado casi a la fuerza a medio planeta, pocos tienen reparos actualmente en dar espacios al plano espiritual, la vida simple de antaño o de vanagloriarse de lo propio, ántes de mirar hacia fuera, a modelos masivos y preestablecidos de cultura.
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La globalización de fines del siglo XX y principios del XXI, tiene todos los colores de la bandera norteamericana, como si tres o cuatro mil años de historia occidental pertenecieran a un solo país, descartando de frentón todo lo que la cultura oriental más antigua y llena de sabiduría práctica ha aportado al mundo.

No dejo de pensar que los primeros pasos de la brillantéz humana se dieron en China, en la India, en Babilonia o en Egipto, países que de alguna manera hoy son considerados ajenos y hasta enemigos de esta globalización occidentalizante, siempre en movimiento.

Los árabes o los persas que legaron al mundo, siglos de prosperidad y el mayor avance histórico en los campos de la filosofía, las letras, la matemática, la religión, química, medicina y arquitectura, son considerados hoy por el patrón de fundo norteamericano, como una piedra en el zapato, culturas molestas que se resisten sumarse al carro de la occidentalización y aunque se hace patente que en muchos de sus argumentos quedaron estancadas en la edad media, ¿Qué apego pueden tener a la globalización?, ¿Qué interés puede sucitar la globalización y el progreso en una tribu rural mongólica en el norte de China o en un labrador ucraniano, en un pescador malayo, un ovejero andalúz, un pirquinero nortino o un trabajador cubano de las plantaciones de tabaco?, peligros muchos, seguridades pocas.

La globalización debiera limitarse a ser un fenómeno exclusivamente urbano, hay formas de vida ancestrales ya probadas que se resisten al cambio y es justo que lo hagan. El "yo seré tal cosa porque mi padre y mi abuelo y el padre de mi abuelo lo fueron" es una lección llena de inamovismo, pero que se corresponde mejor a las formas de vida simple y cotidiana de viejos órdenes sociales reacios al cambio y la inestabilidades del mundo moderno. Cada cual tiene derecho a velar por el lado de la moneda en que le tocó vivir.

Lo argumentos que no comparto definitivamente con ciertos detractores de la globalización, apuntan a los clásicos vicios nacionales latinoamericanos: estatismo y clientelismo, aquel parasitismo de ciertos nacionales que recuerdan con nostalgia "tiempos mejores" en que apenas terminados sus estudios básicos o medios estaban listos para comenzar a trabajar en la empresas estatales desde el inicio de su juventud, hasta una muchas veces prematura jubilación, periodo en medio del cual pudieron ser los empleados más mediocres o menos productivos, pero el trabajo no había manera de perderlo.

El Estado actual (y aquí hago lucimiento de mis convicciones liberales) debe ser necesariamente pequeño y flexible, dejando el emprésito nacional reducido únicamente a sectores estratégicos y a los recursos naturales (minería, energía, agua, etcétera). Un Estado que promueve el parasitismo colectivo, simplemente no avanza. Como toda empresa privada, el Estado debiera procurar en sus filas trabajadores responsables y dedicados, si esto siempre fuera así, Chile y Latinoamérica en general, podrían pretender algún día estar a la altura de los países occidentales más avanzados.

Para finalizar, reitero la idea de que la globalización no es ni buena ni mala, ni necesaria o descartable, no es más que un simple dato. Está ahí, continuará presente y siempre ha estado, sólo debemos aprender a llevarla. Pero como todo en la vida su existencia, trae aparejada cosas positivas y otras tantas negativas, que tienen más que ver con la globalización como medio o puente hacia la interacción o el reflejo de todo nuestro actuar humano, en lo engrandecedor tanto como en las pequeñeces.

Aspectos Positivos de la Globalización

  1. Procura la eficiencia y el progreso económico en los países, como bien han demostrado los logros y fracasos de las décadas recientes. Las economías más cerradas son por lo general las más parasitarias (socialmente) y las menos eficientes, productivas y por ende poco competitivas, destinadas a altos niveles de inflación, pobreza, corrupción y otros males endémicos.
  2. Nos muestra que el mundo es mucho más amplio que nuestro metro cuadrado, la diversidad de puntos de vista, manifestaciones culturales, creencias y formas de vida, en pocas palabras la trascendencia tanto del perspectivismo como del relativismo en todo órden de cosas.
  3. Aboga por el individuo y no por el colectivo: Deja abierto un gran campo de posibilidades que pueden alcanzar las personas centrándose en sus propias capacidades y anhelos, más allá de la mística social, de los lazos familiares, de la monocultura, los nacionalismos, etcétera.
  4. Nos fascilita la vida porque el cambio es constante, la tecnología actual no es estática y evidencia frecuentes mejoras, la información está siempre disponible, tan sólo basta con buscarla (y descartar los datos y fuentes menos ortodoxas).
  5. Para su esencia mercantilista no hay imposíbles: Siempre que tengas dinero y ganas, podrás tener lo que quieras de cualquier rincón del planeta: comer platos exóticos de algún país muy lejano, manejar un vehículo de última tecnología europea, viajar a cualquier parte, amoblar tu casa con souvenirs y decoración propia de cualquier cultura o de muchas culturas a la vez, etcétera.
  6. Agreguen las ventajas que les parezcan.

Aspectos Negativos de la Globalización

  1. Provoca una incómoda inestabilidad en quienes pretenden que las cosas no cambien, que las tecnologías del trabajo, competencias y requerimientos sean siempre los mismos o que el trabajo sea una fuente inagotable y muy segura.
  2. La globalización como la conocemos hoy, carga la bandera de la "nueva occidentalización", descarta la vida simple, la espiritualidad, la fe religiosa, la mística (lazos) social y familiar, de las culturas preoccidentales o del antiguo órden occidental centroeuropeo y mediterráneo.
  3. Aboga por el individuo y no por el colectivo: Tiene fundamentos demasiado egoístas, al punto de que quien no da prioridad así mismo, corre el peligro de no avanzar y quien no esté dispuesto a pasar por encima del vecino, arriesga con perder sus opciones.
  4. Nos complica la vida, la hace más estresante, nuestro tiempo se acorta, debemos estar siempre actualizados en información y en tecnología sino quedaremos irremisiblemente atrás. Y ya que nadie es imprescindible, muchos otros estarán en posición de reemplazarnos.
  5. Su escencia mercantilista pasa por alto muchas cosas: No tienes derecho a disfrutar de las ventajas materiales de la globalización si tu billetera está vacía, el materialismo hace tiempo desplazó la via espiritual y hasta el respeto por la vida y los recursos naturales. Todos los tipos de contaminación existentes son resultado del actual procéso globalizador... los países más pobres y desprovistos de políticas visionarias, son los que por lo general pagan los platos rotos.
  6. Agreguen las desventajas que les parezcan.

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