viernes, 11 de febrero de 2011

Democracia y gobiernos impopulares

En las horas precedentes a la escritura de este post, el presidente de Egipto: Hosni Mubarack, renunció al mandataje del país árabe/africano. A estas horas el mundo sigue atento a ese proceso.
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El leviatán egipcio finalmente se ha pronunciado, salió a las calles, protestó, dejó de asistir a sus lugares de trabajo, congeló la economía durante semanas boicoteando al gobierno de manera caótica. Es el demos el que ha hablado, es el demos el que tiene siempre la última palabra. No tienen más peso en este sentido los políticos, que los portavoces sociales, los intelectuales que congregan masas y la gente común, que es la primera en reconocer cuando las cosas marchan mal.
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Hoy muchos hablan de un "triunfo de la democracia", algo curioso para un país que apenas congrega y está en condiciones de asegurar los mínimos derechos fundamentales, un país donde la religión y el fundamentalismo (la peor gangrena de las sociedades en oriente) le siguen ganando la partida al individuo, donde la razón del hombre, sigue siendo anulada por el espíritu del Estado y las leyes divinas, un país como tantos otros, cansado de cargar el "hiyab" de sus antepasados y al que no le basta con mirar 4000 años atrás para conformarse y decir: "eramos grandes, la civilización de las pirámides y de los faraones".
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Me alegro por Egipto, hoy es un gran día para el tercer mundo, Medio Oriente comienza a respirar cambios, esperanzas y así mismo desafíos. Los caudillos morales, aquellos cobardes que se ocultan en las falsas escrituras, en los crédulos y en los inmolados, hoy menos que nunca son la "vaca sagrada" de nadie, Egipto logró derrocar un mal gobierno, pasando por encima de cientos de imanes que pretendieron poner freno a la mente disidente. Hacia delante, el camino a seguir, es sin embargo bastante extenso y sinuoso y me atrevo a decir que Egipto caerá una y otra vez en lo mismo. Ya esperan por hacerse con el poder otros diez Mubarack, mientras la promesa de una democracia plena, seguirá cayendo a piso una y otra vez por el propio peso de la historia, de eso sabemos mucho los latinoamericanos.
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Todas las democracias del tercer mundo no son tal, sino más bien un proyecto, idea, un experimento. Debemos comprender que como mínimo, definen democracia las libertades civiles y la igualdad jurídica, pero sin crecimiento económico y oportunidades globales para todos los ciudadanos de un país (incluyendo a los inmigrantes) esta no puede prosperar. Si no es es más bien discreta la brecha entre ricos y pobres, y sin la existencia de una clase media amplia y pujante: no habrá remedio que evite a los gobiernos seguir siendo patriarcales, arbitrarios e instables.
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Democracia no se limita a la práctica del voto popular y a las elecciones periódicas, democracia va de la mano con el triunfo de las ideas liberales y humanistas (por esa razón un Estado teologizado, no puede aspirar a ser también democrático), dando prioridad al precepto de que el ciudadano no tiene barreras, ni materiales ni del espíritu, y que siempre tendrá posibilidades de prosperar a menos que no esté dispuesto a trabajar arduamente por sus fines.
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Tristemente, no hay muchas posibilidades de que las democracias (verdaderas y no simplemente nominales) prosperen en el tercer mundo y de existir algunos proyectos más exitosos que otros, siempre claudicarán ante la amenaza interna del descontento y la anarquía. Las democracias deben ir de la mano con el desarrollo económico, el incremento de la educación y el libre emprendimiento del hombre. A falta de estos factores, surgen más temprano que tarde regimenes impopulares, como el Medio Oriente y Egipto ha conocido muchos. En ciertos casos, estos son una mejor alternativa a seguir o continuar que las "falsas democracias", orbitadas siempre por el caos, al ser comprendidas de manera mucho más moderna y progresista por los ciudadanos, y de otra muy distinta por los políticos, curtidos en el arte de "salir del paso", hacer promesas de largo aliento, sacarse la foto, simular y mentir.
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miércoles, 2 de febrero de 2011

Resúmen Semanal: Egipto en las calles y credibilidad del gobierno (chileno) a la baja

Tercer post del año, indicativo de que he tenido un poco abandonado este blog o tal vez que he retomado el ritmo de años anteriores al 2010. Lo único cierto es que no puedo escusarme en decir que en estos primeros días del año, no han ocurrido hechos o noticias que no me generaran la necesidad de comentarlas en su momento, muchas cosas me provocaron ruido en el transcurso del mes de enero: más de una lectura, algún mal oficio, el descaro de la oposición política local, la soberbia de muchos de nuestros actuales personeros, el clima de inestabilidad y potencial cambio institucional en países del Medio Oriente, con particular atención de mi parte a la situación del Líbano con el Hezbollah político, etcétera.
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Aún así, yo jamás abandono el barco, siendo La Bitácora Liberal uno de mis proyectos más queridos, equivalente a leer tu propio diario de vida (cosa que nunca tuve ni me intersó siquiera) y descubrir cuánto has cambiado, crecido, aprendido e inclúso involucionado con el pasar del tiempo, porque las ideas son fútiles y tienden a variar, ya sea por la necesidad de amoldarse a nuevos contextos o simplemente porque maduran junto con nosotros. A medida que se acumulan más datos, menos peso tienen las viejas convicciones. Una persona incólume en cuanto a las ideas, no es un ser humano común ni verdadero, sino más bien otra idea, una estructura sin espíritu (como Stalin o como Hitler), las ideas flotan, se mueven, crecen, se desarrollan, multiplican, mueren y también resucitan, porque el fenómeno que las ha originado: el hombre, es víctima de lo cíclico y tropieza más de una vez con las mismas piedras y escollos.
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En estos días del nuevo año, de una cifra que a ratos parece tan futurista: 2011, seguimos siendo los mismos que hace 10, 20, 50, 100 y 2000 años atrás, el elástico está muy tirante, pero sigue siendo el mismo elástico de siempre o como dirían nuestros vecinos argentinos: nos han cambiado muchas veces el collar, para ponerselo al mismo perro. Sin embargo, de vez en cuando, al igual que Cristo, hay que aprender a leer "la señal de los tiempos" y hoy: 2 de febrero de 2011, no podemos ya negar que algo está cambiando, o amenaza con hacerlo de manera casi estruendosa.
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Más de dos semanas nos llevan invadiendo los medios, con imágenes de protestas en Túnez, Yemen y hoy por hoy: Egipto. Cuando todavía quedaba 2010, múltiples amagos revolucionarios y anarquistas se registraron en Grecia, Bulgaria, Turquía, Líbano, desde luego Palestina y otros tantos estados de la cuenca del Mediterráneo Oriental, todo ello producto de una tirantéz incociliable entre las influencias occidentales (democracia, tolerancia, necesidad de mayor participación ciudadana, modernidad, apertura, transparencia), versus el peso de la tradición (llámese ortodoxia religiosa, llámese Estado dirigido), en medio de esos dos mares oscila la revolución y mientras más grande se hace la distancia y más intolerables las diferencias, más fuerte será el choque.
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Lo que ha ocurrido en Egipto (y continúa sin que se vislumbre un pronto final) sería en palabras de Francis Fukuyama: la gran fricción entre una sociedad que avanza hacia el mundo post-histórico, versus una estructura de poder, todavía inmersa en los anales de la historia, en todo lo que en occidente se apunta como antiguo, corrupto y en deshuso; hablo de los vicios de un Estado islámico, que sólo a ratos declara atisbos de democracia (más no de poliarquía, como exigen los tiempos) y que por lo tanto, no está a la altura de las demandas y verdaderas necesidades del pueblo egipcio.
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Los señores políticos, sentados en sus cómodos asientos de cuero, marchando a ritmo de protocolos y discursos, confiando más de la cuenta en las fuerzas de coersión y orden, para mantener una falsa estabilidad local, ya no son fagocitados por las sociedades actuales, tampoco y mucho menos en países en crísis como Egipto y varios o casi todos los de la región, en los que una incalculable diversidad de fuerzas y de cosmovisiones pretende ser parte del juego político y alcanzar sus respectivas cuotas de poder: fuerzas pro-occidentales, agnósticas en lo religioso, cristianos coptos, islámicos moderados, islámicos disidentes y la gente de siempre, aquellos que no se tiñen de ningún color, pero protestan con toda razón cuando no hay trabajo ni nada que echarle a la olla, desde luego son ellos quienes piden la destitución de un apernado, incompetente y hace tiempo lejano: Hosni Mubarak.
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La crisis en Egipto, forma parte del actual cisma de Medio Oriente y de los países norafricanos. Sociedades homogéneas en el conflicto, puesto que en ellas se encuentra más instalada que en ningún otro lugar del planeta, el desgastante contraste entre el mundo histórico y el post-histórico, entre lo occidental y lo oriental, entre la poliarquía y el feudalismo, entre todo lo paternal y caudillezco (moral, política, cultural y religiosamente hablando) en fricción con un nuevo orden de ideas: desteleogizadas y más humanistas.
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Hoy ni en Egipto, ni en Túnez y prácticamente en ninguna parte, el poder puede ostentar con facilidad la manipulación de las masas, ni emplear con éxito el terror, sin encontrarse irremisiblemente con el gran contrapeso del "nuevo ciudadano", aquel que no se conforma con vivir al día y agradecer por sus miserias al Dios del Estado. Aplaudo la actitud de los egipcios, que decidieron levantarse frente al mal gobierno, aún poniendo en peligro sus vidas. Ser disidente en Medio Oriente, equivale a ponerse una pistola en la cabeza, estar en el ojo del huracán y gracias al estallido egipcio, esta triste realidad puede que comience a cambiar.
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Volviendo a la realidad local, es de público conocimiento que en las recientes encuestas: nuestro flamante Presidente Sebastián Piñera ha tocado el punto más bajo de su popularidad con 41 puntos porcentuales de aprobación: bajísimo y alarmante, pero que no es sinónimo de que el Gobierno esté operando mal, sino única y exclusivamente del mal manejo mediático de sus personeros y en particular del mandatario, frente a la vil prensa que todo puede exagerar y desvirtuar.
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Este gobierno le ha dado unos buenos puntapies en el trasero a la administración anterior, ¿Quién lo podría en duda?, el país ha vuelto a crecer como nunca y los empleos siguen al alza. Sin embargo, un pequeño detalle nos hace ruido: Sebastián Piñera no tiene el carisma de Michelle Bachelet (alias "La Gordi") y a la gente, al votante, pareciera que esto es mucho más que un simple detalle de menor importancia.

¿Qué le juega en contra a Piñera?: probablemente muchas cosas, comenzando por su manejo mediático que es pésimo, su discurso mal armado y retrogrado, algo que he recalcado aquí desde su época de candidato, le aflora además un espíritu populista, que por suerte a la mayoría cae mal (sino esto sería Argentina y cualquier Robin Hood, un peronista), ejemplos de esto último, sobran como el oportunismo de sacar el jugo al tema de los mineros y mostrar hasta el cansancio el bendito papel con el escrito de "estamos bien los 33". A ello debemos sumar papelones que dejan entrever su soberbia, como el del helicóptero o su vinculación a negocios que naturalmente levantarían sospechas, algo que finalmente ocurrió con sus acciones de Colo-Colo, frente a la salida de Mayne-Nichols/Bielsa.

No es menos cierto tampoco, que los chilenos cargamos con cierto complejo de infantes, y por muy insuficiente que sea su rol, siempre estamos dispuestos a perdonarle todo a mamá o a la figura materna (Bachelet), mejor aún si pone cara de compungida, o que somos altamente sumisos frente a la tosquedad del taita (Ricardo Lagos). Sebastián Piñera, no cubre ninguno de los dos perfiles anteriores, al contrario: es un político gerencial, y todos sabemos cuanto odio le tiene el ciudadano común a los criterios de empresa: ahorro, previsión, eficacia, crecimiento, desarrollo.

Finalmente y esto tengo que decirlo: es imposíble esperar cifras satisfactorias en las encuestas, si dos de los tres nuevos ministros son Evelyn Matthei y Andrés Allamad, fichajes impopulares por donde se mire. La primera, hija de un miembro de la antigua Junta de Gobierno, una señora que siempre ha manifestado parquedad y actitudes contrarias en materias sociales como la del sueldo ético, se torna incomprensible que justamente a ella se le haya confiado una cartera tan en boga como es el Ministerio del Trabajo, honestamente para no creerlo. Y en el caso de Allamand, con políticos como él, ¿cómo no detestar la política?, hasta ántes de ser ministro se dedicó a dilapidar la figura del Presidente y hoy que tiene una participación protagónica en el Gobierno: "calleuque el loro", qué monumento a la inconsecuencia!. No son de extrañar para nada entónces los resultados de esta encuesta.

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jueves, 20 de enero de 2011

El aprendizaje y la enseñanza son más vastos que la oratoria

Sin importar quienes seamos, la actividades que realicemos a diario o la visión del mundo que tengamos, para todos sin excepción: la finalidad de la vida es un eterno y constante aprendizaje.
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Somos la especie más evolucionada e inteligente de este planeta, pero no estamos parados sobre ningún gran abismo, ni hemos construído realmente nada, pisamos un pedastal muy sólido de 5000 a 7000 años de cultura, de innovaciones, creencias y paradigmas. Somos la herencia de los sumerios, de los egipcios, de los antiguos chinos, de los griegos, los romanos, los persas, etc., etc.. No habría existido la era de la computación, de no haberse inventado miles de años ántes el Ábaco, ni Internet de no existir la escritura o la imprenta, los vehículos vinieron mucho después de las carretas y todo transporte tiene su orígen en un gran canasto con dos rudimentarias ruedas empujadas por una yunta de bueyes.
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La gracia de ser humano, es que somos esponjas cerebrales y espirituales ávidas de información, cualquiera nos puede cargar de aquella dósis de sabiduría que tanto necesitamos para sobrevivir en el mundo de las ideas, de los discursos y las creencias. A mí no me cabe la menor duda de que todo es falso o al menos: un acuerdo tácito de credibilidad social, la realidad no es más que una "ilusión colectiva" (en palabras de Philip K. Dick) y el pasado, presente y futuro de nuestra civilización humana, no más que un gran discurso. Entre relativistas, probablemente engruese las primeras filas, pero también sostengo que todo es "fiduciario", y funcionamos de semajante manera en este plano al mundo de la banca, de las inversiones, la bolsa: el mundo del dinero, el cual es menos tangible que las trasacciones hechas en su nombre
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Todo es fiduciario, sí, porque el mundo entero es un constructo edificado sobre una base de ideas, que evolucionan e involucionan constantemente. Que la Tierra era redonda y giraba en torno al Sol, sabían de sobra los antiguos ciudadanos de las polis griegas, plano y centro de todos los fenómenos astrológicos, creyó el retardado hombre medieval, y hoy en día si nadie nos hubiese mostrado desde temprana edad evidencias de que el planeta es redondo y el Universo está en expansión, no tendríamos porqué creerlo. Como ven, todo es un negocio de fe, no estamos seguros de nada, pero le creemos a los chamanes del presente (al científico, profesor, filósofo, economista, experto de todas las lides) aquel que dice saber más que nosotros y cuyo saber está avalado por otros que en algún momento dijeron saber más que él.
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Sin embargo, a lo que voy es a lo siguiente: ni mil aulas de clases, ni mil profesores, ni mil escuelas o institutos, nos pueden enseñar más que la propia vida, ni nosotros aprender nada de nadie, sino comenzamos por comprendernos a nosotros mismos. No hay enseñanza que no devenga de las preguntas, el aprendizaje autárquico siempre superó al docente, porque ahí están los libros para el sediento de conocimientos, ahí están los discos, para el músico que absorbe melodías, los ingredientes para el gastrónomo, las galerías para el artista, los manuales para el técnico y el mundo entero, para quien quiera observarlo o encontrar algo puntual en el, ya sea fijándole los ojos del poeta o ejerciendo el método científico. Todo está en observar.
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La vida por sí misma no te los dá los títulos que necesitas rendir para conseguir buenos trabajos, ni las ganancias (de manera directa al menos no) que requieres para sobrevivir en esta selva, pero te dá a tí mismo y a tu entorno, el Universo del cual crearás un microcosmos en donde formular preguntas y buscar las respuestas necesarias. La escuela de la vida, es infinitamente superior a la oratoria, a tal punto que no trascendieron más los pensadores institutanos, que los grandes filósofos existenciales: Cristo, Platón, Aristóteles, Confusio, Séneca, Virgilio, Averroes o Rosseau; aprendices de la vida, formuladores de preguntas sustanciales y no simples y cuadrados escolásticos.
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sábado, 15 de enero de 2011

Dios y el Hombre (No existe religión que esté de por medio)

La relación de Dios hacia los seres humanos, tal vez se asemeja en algo a la del hombre (justo) con los animales: Los observa y al domesticarlos: protege, provee de alimento y condiciones, hogar y cuidados. De vez en cuando también, los alecciona y corrije, la diferencia está dada en que la inteligencia del animal no es infinitamente inferior a la del hombre y puede percatarse perfectamente de su dependencia y necesidad del ser más evolucionado, en cambio el hombre, es tan rudimentario frente a la naturaleza divina (y tan insignificante como una hormiga frente a los misterios del Universo), que ha olvidado que es un producto más de la creación y no su dominador. El hombre con su arrogancia y limitación congnitiva, por lo general ignora que la existencia no es una mera coincidencia, sino un milagro, "el fruto de la mente de un creador".
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La ley de los hombres para respeto (y miedo) a Dios, también llamada religión: no es más que la ley de los hombres para sublimar la figura omnipotente del Estado, nada más ad hoc a la mentalidad medieval, castrada intelectual y espiritualmente, una realidad que temo, sigue presente no sólo en las sociedades más arcaicas, continúa siendo "pan de cada día" aquí y en todas partes. Dios es más grande que el Estado, que el hombre y que sus tontas leyes juntas, e inclúso gobierna sobre el bien y el mal, que unidos y confundidos, como en Abraxas: divinidad andrógina, constatemente construyen hacia el futuro nuevas vías, nuevos mundos, a los que no debemos de temer, sino procurar.-
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¿Por qué seguir buscando a Dios donde no está, entre los ruines muros de la turbia moral eclesiástica, en el tortuoso camino del despojo, el ascetismo o la abstinencia, en la guerra por las cifras y los recursos oculta bajo un falso cariz de "Guerra Santa"?, ¿Por qué buscarlo entre los crédulos, los mal nacidos (que instrumentalizan la fe) y aquellos que pretenden acallar sus pútridas conciencias, si primero hemos de comenzar la búsqueda en nosotros mismos?. Recuerda que Dios está en todas partes y no entre los pederastas cuadrados con el Vaticano o en el "nido de ratas" copado de Pastores estafadores, llamados Iglesias Evangélicas o entre imanes y mezquitas, ni tampoco en el lejano Tíbet. Dios no es patrimonio de nadie, el Universo te pertenece como a todos nosotros, por el sólo hecho de existir en él.
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miércoles, 5 de enero de 2011

Felicidad


"Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias".


John Locke

(1632 - 1704)


miércoles, 29 de diciembre de 2010

El mundo post-liberal

En el mundo post-liberal nadie reprime sus instintos, mide sus palabras o se cuida de atropellar la sensibilidad del resto. El consumismo se ha convertido en pan de cada día, porque te valoran casi exclusivamente por lo que posees materialmente, y mientras más moderno, actual y caras sean tus propiedades, más gente se te sumará en el camino, queriendo obtener su tajada.
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Eres esclavo de las financieras y de los bancos, otro pobre y triste imbécil que vive para pagar deudas. Cada día, semana, mes y año te ultrajan el bolsillo, te roban en intereses el excedente de tu trabajo y a tí parece no importarte mucho, mientras la gente falsa te siga rodeando, tu fin en la vida: ser popular (sin ser interesante, inteligente, ni práctico) se sigue consumado, pero cuando ya no puedas sostener tu castillo en la nube, revendrá la desesperanza y ostigará la alternativa del suicidio, te darás cuenta de cuan verdad es aquello que no desconoces desde tus instintos: cuando llevas una vida superifical, si ya no tienes nada que ofrecer, los bolseros: supuestos amigos, desaparecen. Aquel que llega sin que lo llamen, parte sin que lo echen.
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En el mundo post-liberal, la amistad en edad adulta, es un mero lobby, el compromiso prácticamente no existe o tiene una existencia hoy por hoy muy fugaz. ¿Quién piensa en matrimonio ántes de los 30 o 35 años?, ¿Quién pide perdón a Dios por el adulterio, el pensamiento impropio o la desviación sexual? si hasta la verguenza desapareció de este ciclo. ¿Matrimonio para toda la vida?, ¿Proyectos de larga data?, ja!.
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Por donde se mire, el mundo post liberal es una porquería, pero es lo que nos tocó vivir, la señal de nuestros tiempos. Y así como para el hombre medieval era común condenar a muerte a una mujer poco convencional, bajo el rótulo de bruja, el hombre post-moderno sino tiene chequera o tarjeta de crédito, simplemente no existe. Pero ojo, no condenemos la época, si el problema radica más que nada en nosotros, la vida en todo tiempo y lugar es como un tango de Gardel: pesimista, triste y gris, y hoy como siempre sólo abundan sonrisas en el rostro del hombre simple, del niño, del ingenuo.
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En este mundo post-liberal, post-valórico y post-espiritual, personalmente hay días que prefiero desconectarme, mantenerme al márgen, dejarlo correr sin mí, buscar una playa desierta, visitar algun país o cultura lejana, milenaria, estar rodeado de gente noble y hasta arcaica, en lugar de quedarme pegado en la cintura del reloj de arena de nuestros tiempos, ahogándome cada vez más con la falsedad de los cánones populares.
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En medio de un mundo neo-darwiniano (puesto que el poder lo sigue comprando todo), es que pretendo la difícil misión de ser un verdadero liberal, no seguir el curso de la corriente, ni tampoco nadar en contra. Obstinadamente, aveces solo, aveces acompañado, yo sabré seguir por mi camino, bienvenidos sean quienes busquen una libertad plena.
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lunes, 27 de diciembre de 2010

Alerta!: Pseudo-nazis o pseudo-imbéciles en la cúpula de los servicios públicos

HEIL PIÑA!!!
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"No trabajo con negros" fue la sentencia esgrimida por el flamante Director del Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS) de Arica, un tal Patricio Piña para desvincular de la institución al trabajador José Corvacho, un supuesto afro-descendiente.
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Observándolo sólo superficialmente, no se necesita hacer ningún análisis racial riguroso ni de índices cefálicos o morfología física para determinar que Piña (que efectivamente está mal de) es igual o más mestizo que el propio Carvacho, probablemente la mezcla nortina por excelencia de antepasados aimarás o incaicos con inmigrantes españoles de las primeras generaciones, por lo común arribados de las comarcas más pobres del sur de España como son por ejemplo, los villorrios de Andalucía o Extremadura y que por su baño mediterráneo o su cercanía al Norte de África, no eran precisamente los ejemplares más blancos de Europa.
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Sea como sea, el racismo es una estupidéz del porte de un buque, más aún en pleno siglo XXI, más aún en un país como Chile, cuya piscina genética es muy compleja, pero en la que finalmente termina primando un elemento mestizo (en la mayoría de la población) por sobre cualquier aporte extranjero reciente, y finalmente, un país donde también se dan las lógicas más extrañas o únicas, al igual que en el resto de Sudamérica. Sin ir más lejos, en mi caso personal, mi sangre es producto de la unión de inmigrantes libaneses con italianos del norte (friulanos), cantabros españoles y más de algún antepasado indígena, lo que en suma me da la exclusividad de ser chileno, un ser que sólo podría haber nacido en esta tierra, en la América libre y receptiva. Ejemplos como este, suman y siguen.
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José Carvacho, el funcionario segregado.

El problema de gente como Piña, responde a un mal endémico de nuestro país, ligado a una trágica falta de identidad: el sentirnos gente que "vino de paso", que es menos de aquí que el mapuche considerado inferior o el peón que nunca debiera aspirar a mejores condiciones de vida o a independizarse del yugo de los poderosos, pues de otra manera se iría a pique todo un (histórico) sistema de injusticias. En pocas palabras, somos protagonistas de un arribismo tan grande, que hoy por hoy se encuentra expandido en todas direcciones y por tanto, no es extraño que nos segregemos entre nosotros, motivados por lo que sea, incluyendo una insana aspiración a pertenecer a ordenes raciales "supuestamente" superiores. No me digan que nadie ha escuchado una típica acotación de vieja estúpida como la de "que bonito el niñito, nació blanquito".

Mucha gente en este país (tal vez demasiada), reniega de su historia y pretende ser otra cosa. No entiendo de otra manera que existan aquí grupos "neo-nazis" copados por cabezas negras o racistas tacuacos y de piel bronceada o estúpidos que suponen que a medida que escalan socialmente, les cambia también el pelo, les mejora la propia raza o puede que la de sus hijos. Desde toda época, nuestro verdugo psicológico (citando a Faucault) ha estado abierto de piernas a la impronta europea, como sino fueramos otra cosa, sino los hijos ilegítimos de un continente que en el último tiempo le hizo más mal que bien a la historia universal.

Muy peligroso me parece que tipos como Piña puedan ser directores en servicios públicos, ¿Cómo llegó a sortear los exámenes psicológicos?, ¿Cómo puede estar ligado alguien con aquellos pensamientos a una institución que vela por el trabajo social y la solidaridad?. Se le exigió la renuncia, pero jamás debió ocupar tal posición, el próximo paso debiera ser reculturizarlo, enseñarle qué es Chile, o simplemente los tipos de razas, entre los que él de seguro no figura como fenotipo puro, no es caucásico, ni Carvacho de raza negra, ambos son mestizos y de alguna manera en este país (como en el resto del mundo) lo es también cada uno de nosotros, ya sea barriobajero o de clase alta.

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