lunes, 10 de mayo de 2010

¿El quinto gobierno de la Concertación?

¿Cuáles son los lineamientos del nuevo gobierno?, pregunta recurrente en estos días, que ha dado pie a una retórica (a mi parecer) de lo más absurda.
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Hay quienes acusan al gobierno de "inacción", de estar enfrentando la crisis post-telúrica con soluciones pragmáticas heredadas de los gobiernos anteriores con la probable intención de aplacar a la oposición. Se ha hablado incluso de que este gobierno no pretende "quedar mal con nadie", moviéndose de esta manera por un terreno muy peligroso, exaltando la oposición interna que pueda significarle la vocería de la UDI y de los múltiples prelados políticos de sus filas, y es justamente lo que hemos visto en las últimas dos semanas a partir de toda la algarabía generada por el alza de impuestos a las empresas privadas y al tabaco.
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La sed de poder de algunas gentes y la ignorancia de otros, temieron o pretendieron que "el cambio" de gobierno viniera aparejado de una revolución radical y absoluta a todo el sistema público, como si el Estado fuera un trofeo o la copa del mundial de fútbol o algo por estilo, una mercancía a usufructo del portador, por el periodo de cuatro años. La política no es sólo el arte de administrar el poder o como supuso Trasímaco, en analogía a la justicia: "lo que conviene al más fuerte", política consiste en un diálogo constante entre posturas convergentes, fricción, acuerdos y negociación, es la base de toda democracia o proceso pluralista y quien no lo entienda así, no ha logrado suprimir la lógica de amigos/enemigos que se a fue a pique con la Guerra Fría hace ya dos décadas completas.
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Ilusos derechistas y cínicos concertacionistas los que clamaron que "el cambio" sería realmente un cambio y no como se dice vulgarmente: "una manito de gato", una simple pintura de fachada. Nuevas caras, nueva gente (o más bien las mismas caras y las mismas gentes pero pasando de actores secundarios a papel protagónico), más las instituciones continúan intactas y funcionando, la manera de hacer política es la misma, de votar y aprobar las leyes, de conducir la justicia y la economía, nada de eso ha cambiado, va a cambiar, ni debiera cambiar, son una radiografía de nuestra sociedad, potencialidades e intereses.
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En los gobiernos modernos, sanos y verdaderamente democráticos, derecha o izquierda no implican diferencia alguna, el timón lo podría dirigir cualquiera de estas dos fuerzas, pero al final del día: gobierno lo hacemos todos. Si el gobierno no está a la altura de las circunstancias sea del color que sea, se irá en picada, si responde en cambio a la radiografía de los intereses sociales del momento, no correrá peligro alguno y su aprobación subirá más rápido que la espuma.
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¿Es el gobierno de Sebastián Piñera una nueva manera de hacer política?, ¿el quinto gobierno de la Concertación como algunos se aventuran a decir?, en absoluto. Quienes imaginaron un escenario contrario, recalco, son bastante cínicos o en su defecto más que ilusos, un tanto necios. Se trata de un gobierno sin "sesgos partidistas" está más que claro. Soy testigo de que a muchos derechistas con los que me relaciono a diario les incomodaron los nombramientos de militantes concertacionistas en las cúpulas de los servicios públicos, las SEREMIS o incluso ciertas intendencias, pero pesar de sus berrinches, el gobierno hizo extremadamente bien (como ninguno anterior) en privilegiar las aptitudes profesionales y la trayectoria de los selectos, frente al vil cuoteo político, que en el pasado inmediato dio pie al compadrazgo, la rapiña y al oportunismo de múltiples funcionarios que hasta el día de hoy se cubren las espaldas mutuamente.
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El nuevo gobierno pretende tender puentes, ser más funcional y hasta ecuménico que su contraparte concertacionista, todo esto apuntando hacia un ideado centro político, frente al cual se complica la social democracia (cuyo discurso plenario, pierde fuerzas), se abanderan los progresistas, la izquierda radical y la derecha radical se sienten cercadas. En medio de su necesidad de reestructuración, la Concertación apunta a la falta de lineamiento del actual gobierno, acusación por lo bajo: ambigua y también un tanto desesperada. La Unión Demócrata Independiente, por su parte, siendo gobierno, presiente un frío espaldarazo y hasta exalta sus diferencias con el partido de la "pequeña burguesía" e histórica contraparte: Renovación Nacional, verdadera facción gobernante, a la cual debemos atribuir por mérito doctrinario buena parte de la orientación política de los primeros días.
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Evaluaciones cruzadas que no concluyen en nada, descrédito y contrapropaganda, "otra cosa es con guitarra" señores, la ruleta rusa de la política genera incluso risa y hasta el momento no habíamos tenido oportunidad de verlo tan claro (no, tras 20 años gobernados por una misma facción) una oposición que todo lo critica, pero que se encuentra extremadamente desacreditada a pulso de su gestión más reciente (en las horas y días que secundaron al terremoto) y la de los últimos años y un gobierno que exalta todos sus logros, inclúso las nimiedades.
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Los 20 años de la Concertación en el poder se transfiguraron finalmente en un incómodo fantasma que hoy reemplaza a los 17 de gobierno militar, de ambos se hereda mucho, de sus errores un montón, pero ante el espejo público más vale hacer la vista gorda y pretender que es falsa aquella sentencia de "todo tiene relación con todo", para aparentar que se ha partido de cero y que las distancias (oposición-gobierno) son inconciliables, cuando la idea más sana es justamente tender a lo contrario, a blandir el dichoso puente. En fin, así funciona y seguirá funcionando este negocio, lo importante es no abanderarse prematuramente ni sustentar una fe de erratas.