jueves, 18 de marzo de 2010

William Cooper y su cruzada contra el "Nuevo Orden Mundial"

Siendo muy honesto, confieso que las teorías conspirativas y la desconfianza tanto a los gobiernos como a la maraña de los poderosos que (supuestamente) dominan sus cuerdas desde las sombras, siempre me han llamado la atención y a la vez me provocan rechazo. Aquella paranoia tan metida en los genes de la sociedad norteamericana, muchas veces ha reflejado atisbos de genialidad, por ejemplo en autores como Philip K. Dick y su ficción especulativa de tintes políticos libertarios y abiertamente maldicientes de la adminstración de Richard Nixon en los setenta, escritos en los que es posíble rescatar la lucidez de un trasfondo filosófico lioso, pero de óptimos matices y con base fundamental en el mito de las cavernas de Platón: "La realidad que se nos presenta ante nuestros ojos, es un espejismo maquinado en el que viven y mueren a gusto los ignorantes o conformistas y del que sólo logran descubrir su trasfondo los privilegiados".
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Otras tantas veces, esta paranoia institucionalizada acaba en el terreno baldío del sin sentido, y he aquí donde emergen mis restricciones frente a las múltiples teorías conspirativas que han emergido a lo largo de la historia, algunas comprobadas, otras muy estimables y otras bastante desafortunadas también. El pueblo norteamericano, a diferencia de nosotros, los vecinos del sur, es un pueblo de oradores, cicerones que se se van a la batuta de sus propias reflexiones y experiencias de vida, temerosos de que algún otro pretenda meterles el dedo en la boca, no son los borregos o siervos que buscan y asumen al caudillo, más bien cada uno de ellos es su propio caudillo y al constituírse esa sociedad como una sociedad de caudillos (algo muy lógico al ser los inmediatos decendientes de los salvajes e individualistas colonos del medio oeste) todos en cierto sentido enarbolan un discurso personal, sin dejarse amancillar fácilmente por las ideas de otros. Es por esa razón que son una sociedad tan liberal (en el sentido más existencialista del término) y a la vez esa ha sido su propia trampa china que les ha autoimpuesto la imágen de sociedad "iluminada" en condición legítima de modelar al lúgubre tercer mundo.
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Así sea dicho, cada "iluminado" norteamericano es un líder de opinión en potencia, y sin importar que tan iletrados o ignorantes puedan ser algunos de ellos, todos adhieren a esta suerte de opiniones subjetivas personales y se permiten hablar y desconfiar de las más variadas instituciones o realidades, por lo que muchas veces es evidente que las teorías conspirativas - que como dije están muy metidas en la idiosincracia popular norteamericana y se expanden a todos los terrenos imaginables (religión, política, ufología, etnicismo, etcétera) - son en algunos de sus reconocidos predicadores sociales, demasiado discutibles. Ese no parece ser el caso de Milton William Cooper (1943-2001), escritor y comunicador radial californiano, famoso por revelar en los múltiples discursos que dió a lo largo de su país, la irrestricta e imperceptible conformación de un Gobierno Mundial, gobierno secreto, maquinado por los grupos de poder en avenencia con la masonería global y por tanto cargado de matices anticlericales, occidentalizantes y homogeneizadores en lo social y cultural, esta última una condición despreciada tanto por la liberalizada sociedad norteamericana como por el más tradicionalista tercer mundo.
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Polémico símbolo masón velado en el dólar americano. En letras latinas, promueve el Nuevo Orden Mundial.

Se sabe que la constitución de un Gobierno Mundial ha sido la utopía de muchos filósofos y tradistas políticos occidentales, en armonía con sus intereses más nobles e idealistas, y entre ellos destaco al humanista francés Jacques Maritain. Sin embargo lo que William Cooper y sus seguidores achacaron a este Nuevo Orden (Masón) en ciernes fue una evidente cualidad de desmitificación, desclerización y ocultamiento de sórdidas intenciones, disfrazadas de libertades individuales, pero con miras a crear una sociedad de masas mundial, sociedad de individuos-números o individuos-consumidores, que finalmente llegarían a constituírse en el engranaje de la gran máquina empresarial del poder, pudiendo la maraña de los poderosos decidir nuestros destinos como si fueramos los peones en un juego de ajedréz. Por lo tanto, la disidencia en este mundo, vendría a ser el factor indeseable, disidencia que hoy emerge por todos lados, desde los fundamentalismos religiosos del cercano oriente a las revueltas sociales focalizadas en otros puntos del planeta y que han sido acalladas duramente por la intervención de este pre-Gobierno Mundial o imperio mundial, cuyo principal promotor son desde luego (en la visión de Cooper) los Estados Unidos.
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Siendo fríos, la perspectiva de William Cooper no parece ser del todo perturbada o al menos si es connatural al espíritu crítico de su escencia norteamericana (de lo que hablaba ántes), todo parece indicar que estuvo bien encausada, por que este comunicador, definido como "el locutor radial más peligroso de los Estados Unidos" por el propio Bill Clinton al haber ventilado algunos secretos de Estado, murió asesinado el 6 de noviembre de 2001, pocos días después del atentado de las Torres Gemelas, el cual previó y del que entregó también interesantes conjeturas como la de que Bin Laden (un líder tercermundista, jamás atrapado por la potencia número 1 del mundo, raro no?) sería un agente de la CIA, argumento que puede constrastarse con el hecho de que alguna vez fue un importante aliado de Norteamerica en su lucha contra la Unión Soviética en Afganistán. De esta manera, dicho atentado, en la visión conspirativa de William Cooper significaría la llave o principal argumento con el que el pre-Gobierno Mundial entraría a invadir el país asiático buscando acallar la disidencia y crear de esta manera, otro foco peón en miras de un mundo nuevo plagado de pacíficos borregos-consumidores pro occidentales.



Partes 2, 3, 4, 5 y 6

La autoría del asesinato de Cooper, se le atribuyó a un organismo de la policía secreta del país del norte. Tal vez sabía demasiado (ocupando la frasesita clishé), el hecho es que este comunicador las tenía muy claras a la hora de ejercer sus libertades ciudadanas, invitando a su colectividad y seguidores a buscar y comunicar la verdad más objetiva (mejor aún siendo polémica), como recalca hasta el cansancio en este discurso de más de media hora pronunciado en 1994 en Michigan. William Cooper utilizó la radio, y sembró la idea de que otros también se dedicaran a la radiodifusión "disidente", como también a la prensa escrita independiente. Hoy no cabe duda, de que gracias a Internet, estamos plagados de sectarios (columnistas, blogueros y poadcasters) que han seguido su ejemplo, con el sino lamentable de llegar tan sólo a unos pocos.

Al menos si esos pocos logran abrir los ojos, queda expandida la esperanza de escapar en masa de las cavernas platónicas, aunque para ello valga desconfiar de una vez por todas del sentido común. El gran peligro: todo puede llegar a parecer una conspiración, de hecho, vivimos en un mundo de imágenes intrascendentes, manipulables y tratadas hasta decir basta.