martes, 22 de marzo de 2011

No razones la vida, simplemente disfrútala!

El símbolo del pez: la primera señal del cristianismo en tiempos de la persecusión romana y que a diferencia de la macrabra cruz (que representa sacrificio, resignación y sufrimiento) enfatiza el "milagro de la multiplicación" de los panes y de los peces en el que Cristo nos quizo demostrar que la pobreza y las limitaciones materiales pueden solventarse en la abundancia de la FE y la entrega a los demás: esto constituye dejar a un lado el pensamiento pequeño e individualista y compartir la bienaventuranza con quienes te rodean.
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¿Qué cuantía puede tener la vida de una persona cuyo único fin en mente es satisfacerse así mismo?: El equivalente del suicidio, un sin sentido absoluto. No estoy proponiendo aquí el ser altruista o filántropo; quienes viven más para los demás que para sí mismos o se ofrecen como mártires de las causas perdidas: de todos ellos yo desconfío y los considero manga de charlatanes o en su defecto simplemente idiotas. Sin embargo no es menos cierto que estamos aquí para empujar el mismo carro.
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Cargamos el "alma del mundo" (no comulgo con Coelho, pero estoy empleando un término suyo), somos una pequeña luz en la gran luminaria del Universo, algo así como las pequeñas ampolletitas en el juego de luces del árbol de Navidad. Si una de estas ampolletitas llega a quemarse, pondría en jaque la perfección del sistema, pero difícilmente dejen de iluminar todas al mismo tiempo, porque en conjunto aquel juego fue hecho para un fin superior al de la existencia de cada luz por separado y nosotros como ellas estamos aquí para iluminar al mundo, confortarnos a nosotros mismos, siendo aportativos a los demás y a un fin superior que aún desconocemos, pero que descubriremos en el camino de la vida. "Ama mucho y serás mucho, ama poco y serás nada" escuché decir una vez a uno de los pocos sacerdotes de vocación que conozco.
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El sentido de la vida no es más que este: vivir! para iluminar al TODO y poder brillar con mucha intensidad en el trozo de éter que nos destinó Dios, dejar bien impreso el testimonio de nuestra existencia, TRASCENDER! y para trascender es necesario emplear todos los elementos a nuestra disposición, embebernos de nuestra generación y del legado de todas las que trascendieron hasta este punto. La historia ha sido forjada por los más diversos tipos de personalidades que trazaron su nombre en ella: santos, dictadores, asesinos, profetas, artistas, etcétera, sin embargo todos ellos tienen algo en común: vivieron para sí mismos, y con tanta intensidad que pudieron externalizar su influjo en el mundo entero, dejando una huella que duraría años, décadas e inclúso siglos y que hasta logró condicionar nuestro contexto.
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Así mismo, nosotros también podríamos engrosar la lista de quienes trascienden, y están en nosotros los medios y el modo. Mentalizarnos en cómo quisieramos que nos recordaran nuestros hijos, nuestros nietos y quienes sólo por tradición oral y cultural podrían saber que exisitimos. A muchos les dará lo mismo ser recordados como seres despreciables con tal de haber figurado (gente como Adolph Hitler, Stalin, Charles Manson o Mark David Chapman) o de lo contrario por haber traído un mensaje de alegría y esperanza a este mundo, tal como hacen los músicos o los artistas... dejo fuera del ejemplo al hombre de religión, porque la religión (a diferencia de la espiritualidad) deviene en más cosas malas que buenas para el mundo, leyes humanas disfrazadas de divinas, castigo, inmolación, represión, abstinencia de actos y sentimientos y mucha hipocrecía: HOY, AYER Y SIEMPRE!
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Somos dueños de nuestro destino y podemos tomar el camino que estimemos pertinente. Uno de los que yo he decidido para mi persona, por ejempo, es el de convertirme en escritor o en el peor de los casos tratadista (pues teorizar y citar es para perdedores del lenguaje y la comunicación). Tal vez muy poca gente tendría la osadía de leerme, aunque mi fin es justamente ese.- No tendría interés alguno de consolidarme dentro del mainstream, pues según yo la palabra "popular" - y sobretodo en literatura - simboliza mediocridad, ya que quienes respaldan tal criterio de popularidad, no tienen ideas y convicciones propias, es la masa que necesita de un referente, de un mentor o de un caudillo, semejante a los consumidores de las grandes carteleras cinematográficas (y para quienes el cine arte o cine independiente, al no lograr portadas no existe), o quienes dicen seguir el último grito de la moda, dictada desde luego por las multitiendas o que escuchan música muy oreja y de poco nivel, pero que según ellos es buena por el hecho de sonar en radios y en la televisión abierta.
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Como alguien que lee y lee mucho, desprecio a los Coelho, a los Dan Brown y a las Isabel Allende y en lo personal, ningún libro de los que figura en las primeras listas de venta me ha impresionando nunca en lo más mínimo, ninguno me dejó algún mensaje de peso, nada para reflexionar hoy ni mañana. Uno de mis fines como escritor, sería que al leerme, la gente vibrara con la misma intensidad que yo lo hago cuanto tengo en mis manos lecturas como el Valis de Philip K. Dick, Trópico de Capricornio de Henry Miller, Jesús. Hijo del Hombre de Khalil Gibrán, The Fountainhead y Atlas Shrugged de Ayn Rand, Problemas Materiales Soluciones Espirituales de Bhaktivedanta Swami o el Demian de Herman Hesse. Eso ya es ponerse una vara demasiado alta, aunque sino hacemos tal, estamos destinados a la mediocridad.
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Si a diferencia de mí, lo tuyo no es la literatura, sino tal vez algún deporte, la música, la tecnología, las ciencias, la psicología, la política, la moda, etcétera, este mensaje vale para tí de todas maneras: "No razones demasiado la vida (¿Para qué vivir formulando preguntas sin respueta?), primero que nada disfrútala", vivir no es razonar, vivir es HACER, hacer lo que nos compete y lo que hemos decidido libre y esporádicamente. Si hemos de razonar en algunos momentos, hágamoslo por diversión, por arte.
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La mística consiste en disfrutar la vida, no en analizarla demasiado, además los tipos que razonan y meditan más de la cuenta: sólo lo hacen por medir los pro y los contra de sus acciones. Son los modernos esclavos del "discurso pertinente" o "discurso social", de lo políticamente correcto, vale decir los débiles que viven condicionados por el qué dirán. Si hay algo metafísico que debieras no olvidar jamás es lo siguiente: una Mente Superior (y no el azar) fue quien dispuso que estuvieras aquí AHORA y que en esta existencia que te ha correspondido, no seas una piedra ni un insecto o algún animal inferior, en cuyo caso sería comprensible el "instinto de manada". En tu caso: eres un ser humano y tus propias verdades son las que te mueven.
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Tampoco es necesario alabar a Dios todo el tiempo, ni pensar en él como si fuera un rey que gobierna a millas de distancia sobre nuestras cabezas, en un Olimpo griego. Dios no está en ninguna parte que no podamos indicar más que en nosotros mismos y su plenitud no es otra sino el AMOR (la sustancia que construye vida). Para qué querer decifrar la existencia de aquello que no ves por medio de la ciencia o la fe, simplemente sé agradecido del misterio de la vida y para agradecer tal milagro, ház lo que te venga en mente cuando quieras y como quieras, sin esgrimir explicaciones ni disculpas. Ten en cuenta además que "El vecino es un reflejo reencarnado de nosotros mismos" como sostuvo alguna vez Khalil Gibrán: procura por tanto que tus actos estén en armonía con el universo.- Hacer las cosas bien equivale a poner toda tu PASIÓN y energía en ellas, no anulando, pero sí externalizando el YO, colocándolo en la posición del otro, como un observador crítico de tí mismo.
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